miércoles, 11 de noviembre de 2015

La difícil tarea de la colaboración

RaidellAvello, Josep M. Duart y Victoria I. Marín
Especial para BlogCued




“…hay muchas personas que creen que pueden hacerlo todo a solas, pero hay muchas que creen que pueden hacer poco sin la compañía de alguien…”

El tema de la colaboración sigue ganando espacio en la investigación científica educativa y psicopedagógica. Y es que hay estudiantes que disfrutan hacer las actividades a solas pero hay muchos que creen que pueden hacer poco sin la compañía de otros. En nuestra opinión, esta es una de las causas por la cual se hace difícil y complejo alcanzar el éxito en las actividades de aprendizaje colaborativas que se desarrollan en el contexto escolar, tanto de manera presencial como a través de entornos virtuales, y es que no basta con hacer una planificación instruccional rigurosa, utilizar contenidos actualizados y de muy buena factura, implementar sistemas y tecnologías actuales y avanzadas de interacción, usar estrategias pedagógicas bien fundadas, hace falta, además, tener en cuenta una serie de factores psicosociales que son tan importantes como estos para lograr los objetivos de aprendizaje y educativos, en una tarea colaborativa. 

Un estudiante coaccionado por el entorno educativo a colaborar con sus compañeros, frecuentemente es un estudiante angustiado, desanimado y que presenta dificultades ante la tarea de aprendizaje. Lo cierto es que somos personas y este hecho nos condiciona a vivir en sociedad, pero eso no es sinónimo de que todo lo tenemos que hacer en colectividad. La planificación del aprendizaje tiene que tener en cuenta los estilos de aprendizaje de los estudiantes, y sus preferencias ante el estudio, balancear las actividades individuales y colaborativas, y sobre todo actividades que realmente requieran y sea útil hacerlas en conjunto. 

La colaboración académica es una habilidad social muy importante en la actualidad (y desde siempre), por tanto hay que enseñar a los estudiantes a colaborar en actividades de aprendizaje, que no es lo mismo que jugar juntos como naturalmente ocurre, por ejemplo, en edades tempranas, donde incluso también se presentan problemas (Castellanos, 2009). Lo esencial aquí, es  que como cualquier otra habilidad, la colaboración, necesita práctica, no solo para quien la ejecuta, o sea, los estudiantes, sino que los docentes, adicionalmente, necesitan práctica y experiencias en su implementación y monitoreo y, desafortunadamente, al igual que ocurre en la medicina, en el deporte, en la política, etc., gran parte se consigue, necesariamente, por ensayo y error (Avello y Marín, 2016, en prensa).

Y es que no podemos utilizar robots en laboratorios y observar como realizan una actividad en colaboración, pues la harán a la perfección, el “problema”, o más bien, la complejidad está en que somos personas, con nuestras diferencias y criterios, que muchas veces dificultan la comunicación y el entendimiento mutuo. A pesar de todo eso, es indiscutible que muchas tareas se realizan mejor en grupos y se logra alcanzar un mejor aprendizaje de nuestros estudiantes cuando se realiza de esa manera, y prueba de ello lo brindan las innumerables investigaciones que se publican al respecto, tanto en entornos presenciales como virtuales (Avello y Duart, 2016, en prensa). 

En las investigaciones que hemos consultado, aplicadas en entornos presenciales y virtuales, se puede sintetizar que para el éxito de una tarea de aprendizaje colaborativa se tengan en cuenta aspectos como el grado de familiaridad de los miembros, el grado de complejidad de la tarea y su relación con la carga cognitiva individual y grupal, monitoreo, autorregulación y regulación social, número ideal de integrantes del grupo, composición, herramienta usada, sincronicidad, división de la tarea, entre otros. 

Dentro de estas investigaciones, que alertan sobre la complejidad de la tarea colaborativa e investigan algunos de los factores claves, resaltan:

-- Hernández, González y Muñoz (2014), quienes plantean que la colaboración puede conducir al aprendizaje, pero para ello es necesario planificar adecuadamente el trabajo colaborativo, esta planificación debe atender a los aspectos pedagógicos, organizativos y tecnológicos;

-- Janssen, Erkens, Kirschner, y Kanselaar (2009), indican que la familiaridad (amistad, conocidos con anterioridad) influye en varios aspectos de la colaboración en línea, destacando que los estudiantes con una relación familiar mayor (conocidos con anterioridad) se sienten más confortables expresando sus criterios y desacuerdos con los demás miembros del equipo, por lo que se relaciona con un grupo más crítico y activo y la interacción se realiza más fluida, eficiente y positiva en el proceso de comunicación y colaboración;

-- Järvelä (2015) y su equipo de investigación de la Universidad de Oulu, plantean cómo la colaboración puede estar afectada en el desempeño del grupo si no existe una adecuada autorregulación y regulación social, y evidencian con sus hallazgos que el tiempo dedicado a regulación de la colaboración está relacionado con un mejor desempeño de la tarea;

-- Kirschner, Paas, y Kirschner (2009) insisten en la complejidad de la tarea y su relación con la carga cognitiva individual y grupal, estos advierten que la selección de la tarea es esencial, porque no todas las tareas son adecuadas para llevarlas a cabo en grupos, como ya se había comentado con anterioridad;

-- por último, y sin ánimo de exhaustividad, encontramos a Brindley, Walti, y Blaschke (2009), quienes comentan la importancia del monitoreo y control de la tarea colaborativa y proponen que el docente debe estar disponible para ofrecer retroalimentación frecuente, así como información general y personalizada durante la mayor parte del proceso colaborativo.

Por otra parte, se pueden plantear diferentes tipos de estrategias de aprendizaje colaborativo, teniendo en cuenta la planificación previa necesaria y la dificultad implicada en cada una de ellas (Hernández-Leo, Asensio-Pérez, Dimitriadis, & Villasclaras, 2010; Pozzi & Sugliano, 2006).

Por ejemplo, una técnica de aprendizaje colaborativo puede ser el rompecabezas o puzle, en el que cada alumno en un grupo se especializa en un problema y, tras una fase de discusión y consenso entre los especialistas del mismo problema, vuelve a su grupo inicial para enriquecer el producto final. La pirámide o bola de nieve, como otra estrategia de aprendizaje colaborativo, también consiste en diferentes fases a través de las cuales, de mayor a menor cantidad de grupos, se llegan a consensos sobre determinados problemas o situaciones. Una técnica sencilla y muy utilizada es la de la lluvia de ideas o brainstorming, para fomentar la creatividad y el surgimiento de ideas para trabajar con problemas o situaciones. 

Otras técnicas más complejas son el juego de roles o simulación, o el estudio de casos. Otros, como la revisión o evaluación entre pares, forman parte de estrategias de aprendizaje colaborativo y al mismo tiempo de evaluación formativa para el alumnado, gracias al feedback de sus compañeros. 

Evidentemente, todas estas técnicas son aplicables tanto a nivel presencial como a través de diferentes herramientas tecnológicas. De hecho, algunas de esas estrategias de aprendizaje colaborativo se han podido redefinir o sofisticar mediante el uso de tecnologías. Hablamos, por ejemplo, de la recomendación social a través de comentarios o votaciones, el uso de wikis para el desarrollo de un producto final, el uso de webquests como propuesta didáctica para la búsqueda de información en internet, la escritura colaborativa, y otras muchas (Avello & Marín, 2016, en prensa). 

A manera de conclusión, podemos decir que el aprendizaje colaborativo sigue siendo, por su complejidad ya comentada, un área de investigación permanente dentro de la educación. Además, el avance de la tecnología digital ha creado nuevos entornos que favorecen en gran medida la interacción social, para los cuales, al igual que en entornos presenciales, se requiere de preparación por parte de estudiantes y docentes, para que las tareas en colectividad sean efectivas y preparen a los estudiantes a enfrentarse a un mundo cada vez más necesitado de COLABORACIÓN.

Referencias
Avello, R., & Duart, J. M. (en prensa, 2016). Nuevas tendencias de aprendizaje colaborativo en e-learning. Claves para su implementación efectiva. Estudios Pedagógicos.
Avello, R., y Marín, V. I. (en prensa, 2016). La necesaria formación de los docentes en aprendizaje colaborativo. Profesorado: Revista de Currículum y Formación del Profesorado.
Brindley, J. E., Walti, C., & Blaschke, L. M. (2009). Creating effective collaborative learning groups in an online environment. International Review of Research in Open and Distance Learning, 10(3), 1–18.
Castellanos, A.V. (2009). El sujeto grupal en la actividad de aprendizaje: una propuesta teórica. Tesis de Doctorado. Universidad de La Habana, Cuba.
Hernández, N., González, M., & Muñoz, P. (2014). La planificación del aprendizaje colaborativo en entornos virtuales. Comunicar, XXI(42), 25-33. Doi: 10.3916/C42-2014-02
Janssen, J., Erkens, G., Kirschner, P. A., & Kanselaar, G. (2009). Influence of group member familiarity on online collaborative learning. Computers in Human Behavior, 25(1), 161-170. doi:10.1016/j.chb.2008.08.010
Järvelä, S. (2015). El papel de la investigación sobre aprendizaje autorregulado en el desarrollo del aprendizaje colaborativo asistido por ordenador. Infancia y Aprendizaje, 38(2), 279-294. Doi:10.1080/02103702.2015.1016747
Kirschner, F., Paas, F., & Kirschner, P. (2009). A cognitive load approach to collaborative learning: United brains for complex tasks. Educational Psychology Review, 21, 31–42.  doi:10.1007/s10648-008-9095-2
Pozzi, F., & Sugliano, A. M. (2006). Using collaborative strategies and techniques in CSCL environments. En A. Méndez-Vilas et al. (Eds.), Current Developments in Technology-Assisted Education, 1 (pp. 703-709). Badajoz: FORMATEX.








lunes, 9 de noviembre de 2015

La filosofía educativa de los MOOC y la educación universitaria

Escribe: Lorenzo García Aretio

Escribía yo en el Editorial de RIED (18,1), titulada “MOOC: tsunami, revolución o moda pasajera“, que son millones de ciudadanos en el mundo que hasta hoy han seguido algún MOOC (Massive Open Online Course). Son cientos de miles los que en este momento están inscritos en alguno de estos cursos. Podemos ser más o menos críticos con los MOOC, pero, por los efectos que se estaban produciendo entonces, no fue desatino total el término de tsunami con que Brooks (2012) en un artículo en el New York Times (3- 5-2012) calificaba a estos cursos masivos, abiertos y en línea. Los señalaba como el tsunami de los campus, como el fenómeno que va a cambiar a la universidad para siempre y de golpe. No ha sido, no va a ser así, pero sí que ha conmovido algunos cimientos de muchas instituciones de educación superior. Por eso, bien merecerá la pena que también en RIED ampliase la reflexión y análisis sobre los MOOC. Si realizáramos un estudio de los artículos publicados en los últimos tres/cuatro años en las diferentes revistas científicas relacionadas con los ámbitos de la educación o de las tecnologías, observaremos que en muchas de ellas ha habido, con mayor o menor reiteración, referencias a este asunto. Algunas de estas revistas han dedicado, vienen dedicando, monográficos relacionados con los MOOC. ¿Y una revista que atiende fundamentalmente a entornos no presenciales de enseñanza y aprendizaje como la RIED?
La RIED ya abordó en su Vol. 17,1, (Entornos abiertos en la nueva educación a distancia), como monográfico, parte de esta problemática. Pero ahora, en el Vol. 18,2, de julio de 2015, la RIED publicó otro monográfico dedicado a algunas de las dimensiones y problemática de los MOOC. ¿Por qué lo hicimos?
MOOC2El alcance del fenómeno MOOC traspasó con inmediatez fronteras, para convertirse en una magnitud insospechada en el ámbito educativo superior y de la formación laboral. La literatura de mayor o menor rigor académico que puebla hoy la Red resulta inagotable e inabarcable en lo referente a este fenómeno. Insertando el término MOOC en Google Scholar aparecen miles de registros, artículos y libros, referidos a este término. Y en esas lecturas nos encontraremos de todo, los fanáticos de estas propuestas, los críticos radicales, los críticos sin argumentos, los que aportan razonamientos sólidos basados en la investigación, sean a favor o en contra, los que sus opiniones las basan en el mero negocio, los que hablan de los MOOC sin saber sobre ellos, etc.
Del tsunami de Brooks de mayo de 2012, se pasó a la calificación del 2012 como el año de los MOOC. Así lo denominó a finales de ese año Pappano (2012) en el The New York Time en su artículo “The Year of the MOOC”. Con la misma fecha (Regalado, 2012) se publicaba en una revista del MIT el artículo “The Most Important Education Technology in 200 Years“. Sin embargo, el propio The New York Times, un año después (Lewin, 2013) señalaba en otro artículo (After Setbacks, Online Courses Are Rethought) que los MOOC deberían ser repensados. Así, en solo un año, los MOOC pasaron de ser la solución para todo a plantear serias dudas y preguntas. De hecho, el propio Siemens (2013), se preguntaba si podríamos calificar a 2013 como el año anti-MOOC ¿Y qué sucedió en 2014 y 2015? Pues que aumentaron las críticas, descalificaciones y varapalos incesantes a los MOOC. Unas con más y otras con menos fundamentos y acierto. ¿Qué sucederá en, 2016, 2017…?
De la manos de los coordinadores del Monográfico (Vol. 18,2 de RIED) sobre “La filosofía educativa de los MOOC y la educación universitaria”, Dres. Vázquez-Cano y López Meneses,desgranamos el contenido de los artículos que se centran en la temática. Ellos, con la ilusión y reminiscencia inherente de la especie humana por intentar explorar, observar e indagar nuevos horizontes, presentan una serie de estudios científicos relevantes y significativos elaborados por docentes universitarios de gran trayectoria profesional, relativos al emergente ecosistema abiótico de los MOOC con la intención de avivar una necesaria reflexión socio-educativa colectiva que promueva un desarrollo sostenible de la Ciudadanía social.
En una primera instancia, el profesor Julio Cabero Almenara de la Universidad de Sevilla, esboza de una forma acertada en su artículo: “Visiones educativas sobre los MOOC, la incorporación de los MOOC desde una vertiente realista a la praxis universitaria, donde pueden brillar con luz propia nuevas estrategias instruccionales en el escenario de aprendizaje MOOC, como los “Entornos Personales de Aprendizaje” (PLE) o el modelo de la “Clase Invertida” (“Flipped Classroom”). En el crepúsculo del artículo se vislumbra que el movimiento MOOC se puede asumir como una tecnología más que los docentes disponen para crear una verdadera escenografía virtual para la formación de la sociedad del conocimiento.
Posteriormente, los profesores de la UNED, Alejandro Rodríguez-Ascaso y Jesús González Boticario en su artículo: “Accesibilidad y MOOC: Hacia una perspectiva integral” señalan que los MOOC ofrecen oportunidades inéditas para el aprendizaje a personas que previamente se enfrentaban a limitaciones para acceder al mismo por motivos económicos, de tiempo, de distancia, de titulación previa, de género, etc. Sin embargo, no parece que este nuevo paradigma educativo haya nacido con vocación de ofrecer educación accesible a los estudiantes con discapacidad. En este sentido, el manuscrito científico plantea los diferentes aspectos en los que los MOOC presentan obstáculos a los estudiantes con diversidad funcional y propone una metodología de diseño centrado en el usuario que permite identificar, mediante escenarios, los problemas detectados y los retos existentes, así como afrontar las soluciones en versiones refinadas de dichos escenarios, en las que se integran los servicios propuestos teniendo en cuenta los actores, procesos y condiciones implicadas.
RIED 1.1Seguidamente las profesoras María Esther Del Moral y Lourdes Villalustre de la Universidad de Oviedo en su artículo: “MOOC: ecosistemas digitales para la construcción de PLE en la Educación Superior” nos explicitan que independientemente de la taxonomía de MOOC, los diferentes tipos de cursos privilegian las actividades, sean formativas y/o sociales, buscando que los estudiantes asuman el control y gestión de su propio aprendizaje. Desde esta perspectiva, los MOOC pueden actuar como catalizadores para la creación de Entornos Personales de Aprendizaje al permitir conectar una serie de recursos y sistemas dentro de un espacio gestionado personalmente. Para ello, se elabora un instrumento que pretende determinar la calidad de los MOOC como escenarios propicios para la construcción de un PLE, integrado por 30 ítems agrupados en cinco dimensiones de análisis: acceso y organización de contenidos, mecanismos para propiciar el aprendizaje, comunicación social y formativa, creación y publicación de elaboraciones personales y colaboración en tareas de producción colectiva. En última instancia, se afronta la calidad de los MOOC como un ecosistema digital versátil y personalizable, capaz de responder a las demandas de los usuarios, permitiéndoles organizar su propio aprendizaje de forma divergente y creativa atendiendo a sus preferencias cognitivas, que contempla un eficaz sistema de comunicación para facilitar el intercambio de información y la elaboración colaborativa del conocimiento.
En el ecuador del monográfico, los profesores José Ignacio Aguaded y Rosario Medina de la Universidad de Huelva presentan el artículo titulado: “Criterios de calidad para la valoración y gestión de MOOC” en el que se sumergen en identificar los ejes vertebradores que aseguran los índices de calidad y de la gestión de los MOOC, realizando una interesante cartografía desde los distintos organismos (estatales y mundiales) que se encargan de la industria de la educación y de establecer los criterios de calidad para la gestión del diseño instruccional y la evaluación de la educación online. Desembocando hacia la estandarización de un modelo pedagógico de los Cursos Online, Masivos y Abiertos donde la excelencia y el valor sean cuestiones imprescindibles para la valoración de la calidad.
En la misma línea discursiva sobre calidad MOOC, se presentan otros dos artículos el primero de ellos, titulado: “Validación del Cuestionario de evaluación de la calidad de cursos virtuales adaptado a MOOC”, elaborados por los profesores Santiago Mengual, Rosabel Roig y Carmen Lloret de las Universidades de Valencia y Alicante. En él muestran la necesidad de abordar estudios sobre la calidad pedagógica de los MOOC. El objetivo prioritario es validar un cuestionario para la evaluación pedagógica de los MOOC adaptando el cuestionario de evaluación de cursos virtuales (Arias, 2007). Y cristalizan la siguiente idea sobre los MOOC que, aun siendo una tendencia dentro del e-learning, nacen en otro contexto y poseen características que los hacen distintos de los cursos virtuales tradicionales. Es por ello que, entre ambos tipos de modelos, existen elementos comunes y elementos distintos, y como tales deben ser evaluados. Se concluye que bastaría con introducir adaptaciones en la relación de dimensiones propuestas en el cuestionario que tuvieran en cuenta las especificidades de los MOOC.
El segundo trabajo vinculado con el hábitat de la calidad MOOC fue realizado por los profesores Miguel Baldomero y José Luis Salmerón con el título: “La valoración de MOOC: una perspectiva de calidad”. Consiste en una interesante investigación que analiza la calidad normativa de cinco cursos MOOC de la plataforma EdX a través del instrumento EduTool®, un instrumento que surge como fruto de una Tesis Doctoral y bajo los auspicios de la norma UNE 66181:2012. Se estudian las ponderaciones de los subfactores de cada una de las dimensiones de esta norma sobre la Gestión de la Calidad de la Formación Virtual a los MOOC mediante lógica difusa. En ese sentido, para medir la calidad de la citada plataforma, se seleccionaron por muestreo no probabilístico intencional los cursos más relevantes que estaban disponibles en el segundo trimestre del año 2014. Los resultados analíticos muestran que, de forma general, la calidad de la media de los MOOC analizados en la plataforma se sitúa por encima de la puntuación que describe el mínimo exigido por la herramienta (50%). Por último, manifiestan la necesidad de un mayor número de investigaciones sobre algunos indicadores de calidad de evaluación en cursos online.
Cierra el monográfico el artículo realizado por los profesores Carlos Castaño, Inmaculada Maiz y Urtza Garay de la Universidad del País Vasco, con el título: “Percepción de los participantes sobre el aprendizaje en un MOOC”. La percepción de los estudiantes se evalúa a través del cuestionario TAM (Technology Acceptance Model), adaptado al contexto de aprendizaje en un curso online abierto y masivo. Se analizan tres variables asociadas a la percepción de los estudiantes sobre el aprendizaje en el curso: el nivel académico de los participantes, el tipo de participación en el curso y la variable género. Aunque la percepción de los estudiantes en la utilidad, motivación y facilidad de uso de un curso MOOC es alta, se observa que el estudiantado no de grado percibe más positivamente la metodología con la que se trabaja en un MOOC. Asimismo, con respecto a los resultados obtenidos, estos cursos muestran una buena aceptación por parte de los estudiantes en contextos universitarios reglados, y sugieren una mayor aceptación en entornos de aprendizaje ligados a la formación continua y al desarrollo profesional.
En fin, concluimos, las ocurrencias deberían dejarse para otros ámbitos. Los MOOC ni son la solución a todos los males educativos del momento, ni tampoco la trampa o el mero negocio, ni solo novedad pasajera o sueño de una noche de verano. La propia investigación los va poniendo en su lugar (García Aretio, 2015).

Tomado de Contextos universitarios mediados con permiso de su autor

viernes, 6 de noviembre de 2015

De la investigación a la guía práctica de la #EducaciónDigital

Escribe Cristóbal Suárez Guerrero


El 7 de octubre de 2015, en la Biblioteca Nacional de España, se presentó la Guía Práctica de la Educación Digital. Se trata de la parte más visible de un trabajo que brevemente quiero contar.

En junio de 2014 recibí la invitación para elaborar un libro blanco sobre el uso de las tabletas en el aula en el marco del proyecto Samsung Smart School en España. La idea me pareció magnifica, ya que se trababa de una buena forma de integrar muchas ideas a las que le venía dando vueltas, cooperar con personas que podrían desarrollarlas e integrar varias líneas de investigación educativa en las que estaba trabajando en un documento que podría ser útil para, primero, comprender el estado del arte sobre este tema y, segundo, añadir una (otra) visión pedagógica para encarar algunos problemas en el desarrollo educativo con tecnología.

Sin embargo, la idea de elaborar un libro blanco dio un giro, para mejor. Luego de mucha conversación entre el equipo de responsabilidad corporativa de Samsung, que impulsa el proyecto Samsung Smart School, y el equipo delINTEF Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que respalda el proyecto, se optó por darle un sentido mucho más práctico al original libro blanco y convertirlo, así, en una guía. La idea final fue preparar una guía que aportara recomendaciones pedagógicas pero sobre la base de la investigación educativa.

El trabajo de la guía implicó un diseño de la investigación que se fue afianzando con la primera toma de contacto con un centro participante del proyecto (diciembre de 2014) y se afianzó mucho más con el “I Encuentro docentes Samsung Smart Schools” (marzo de 2015). 

En general, prepara una guía significó la oportunidad de trabajar en dos aspectos importantes para la práctica educativa en el marco del proyecto Samsung Smart School. Por un lado, conocer cómo es la práctica educativacon tabletas en las aulas en el que la aplica el proyecto (cómo es) y, desde esta evidencia, cómo se podría mejorar y potenciar esa práctica a través de una serie de recomendaciones pedagógicas (cómo puede ser). 

La idea para mí, y para el equipo de la Universitat de València que conformé con Carmen Lloret-Catalá y Santiago Mengual-Andrés, era redonda. Bajo el paraguas de la guía podríamos articular la investigación con el trabajo experto en un tema al que todos nosotros habíamos trabajado. También contamos con la especial colaboración de David Álvarez que aporto su buen juicio en el capítulo 4. 

Así, desde diciembre de 2014 hasta septiembre de 2015 trabajamos centrados en dos objetivos:
Recuperar datos sobre la dinámica, los retos y las tendencias educativas que se deriven de la aplicación del proyecto Samsung Smart School.
Extraer conclusiones y recomendaciones sobre la incorporación pedagógica de la tecnología en el aula para proponer modelos de uso educativo con tecnología.
Se trataba, pues, de obtener evidencias para desde ahí formular recomendaciones. Fruto de este trabajo surge la Guía Práctica de la Educación Digital, unas 168 páginas donde se puede encontrar el siguiente contenido:

Prólogo de Francesc Pedró (UNESCO)
Cap. 1: A modo de introducción
Cap. 2: Ecosistema educativo con tecnología: “Samsung Smart School”
Cap. 3: “Samsung Smart School” desde la práctica docente
Cap. 4: Construcción del aula con tecnología. Recomendaciones desde “Samsung Smart School”
Cap. 5: Lo que hemos aprendido en “Samsung Smart School”
Anexo: Ejemplos de integración curricular

Con la investigación se buscó estudiar únicamente la tableta en el aula, ni tampoco probar que se aprender mejor -o peor- con una tableta. La idea, en pocas palabras, fue conocer que había cambiado en la cultura educativa del aula desde la visión de seis aspectos:
  • Finalidad  educativa
  • Enfoque pedagógico
  • Organización contenidos y actividades
  • Recursos didácticos
  • Espacio y tiempo
  • Evaluación del aprendizaje
Aunque no explicaré aquí a fondo la metodología de investigación (se puede ver esto en detalle en el Capítulo 3 de la Guía o ver la siguiente presentación, aquí debajo).


Sin embargo, a fin de tener una idea del objeto de investigación, las seisdimensiones de estudio y la metodología basada en tres análisis: la opinión docente, la práctica educativa y las unidades didácticas, se puede ver el siguiente gráfico.


Producto de esta investigación se detectaron 13 dificultades o berraras en el uso educativo de las tabletas en el aula entre niveles: alumnos, docentes y contexto educativo. Estas son:



En torno a los alumnos:
Situación 1: Seguridad digital
Situación 2: Falta de alfabetización digital para el aprendizaje 
Situación 3: Dar el salto cualitativo, recuperar el juego como parte del aprendizaje

En torno a los docentes:
Situación 1: Aspectos técnicos
Situación 2: Carga extra de trabajo
Situación 3: Nuevos enfoques pedagógicos para el aprendizaje móvil entre la escuela y hogar
Situación 4: Nuevos roles docentes
Situación 5: El tándem “contenidos y actividades”
Situación 6: Tecnocentrismo
Situación 7: Rigidez del currículo
Situación 8: La evaluación

En torno al contexto educativo:
Situación 1: Resistencia familiar
Situación 2: La soledad del innovador

Todas las recomendaciones que contiene Guía Práctica de la Educación Digital buscan dar alternativas de solución o mejora en cada una de estas 13 situaciones detectadas en la investigación. 

Pare ello, cada una de las recomendaciones presenta cuatro aspectos:
Además de dar las gracias a Samsung y al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, así como a las comunidades autónomas que integran el proyecto, por confiar en nosotros, quiero agradecer a todos los profesores participantes del proyecto por su trabajo y empeño en la educación. Especial agradecimiento a Francesc Pedró por preparar el sugerente prólogo. En general, creo que para todos esta Guía ha representado un reto educativo ilusionante.

Si quieres descargar la guía la puedes encontrar aquí.

Para citar esta trabajo te recomendamos:
Suárez-Guerrero, C., Lloret-Catalá, C. y Mengual-Andrés, S. (2015).Guía Práctica de la Educación Digital. España: Samsung España. Recuperado de 
http://www.samsung.com/es/educaciondigital/LIBRO_SAMSUNG.PDF 

Tomado de Educación y virtualidad con permiso de su autor 

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Yo, curator

Escribe Marta Torán


Sí, eso soy: “curadora de contenidos”. Significa que busco, selecciono, comento y comparto… contenido que me interesa y que encuentro en la Web.
He escrito algunos artículos sobre esto, pero quiero centrarme en este post en las motivaciones que hacen que dedique parte de mi tiempo a “convertirme en un filtro”.
He convertido en hábito la necesidad de estar al día en mi trabajo. Estar al día significa identificar a las personas interesantes que publican en la red (artículos, ponencias, informes, libros…). Nos cuentan qué están investigando, qué están leyendo, interactúan con otras personas interesantes que, como ellos, publican… Y yo, tirando del hilo…
Leer no basta. A mí no, por lo menos. Aunque leo mucho y rápido. Tengo una selección de lugares interesantes que visito solo si hay novedades. “Me asomo” y de un vistazo identifico si hay algo que “deba” leer. El interés propio es quien dirige mi elección: Lo que más necesito es lo que encuentro.
Pero como leer no basta, decía, colecciono. Guardo lo que leo y me gusta. Lo clasifico para encontrarlo otra vez, para relacionarlo con otras lecturas, para conectarlo con otras personas… Me obligo a escribir una nota breve que resuma el contenido o que destaque lo que más me ha interesado. Además, elijo aquellas palabras que hacen que yo identifique ese contenido, ahora y dentro de un año, cuando quiera volver a él. Este proceso es clave para aprenderporque me obliga a reflexionar, a relacionar… Con la práctica esto también se hace rápido y es muy efectivo. Por ejemplo, cuando asisto a una reunión, visito a un cliente, imparto un curso, puedo recordar y citar algunos de “mis tesoros” que leí ayer mismo o hace tiempo. O cuando quiero documentarme para realizar un trabajo, recurro a mis propias fuentes sin tener que empezar de cero por la cajita enigmática de Google.
En resumen y hasta ahora: la cosa empieza por la necesidad de aprender, de actualizarte, de no quedarte atrás… Y os aseguro que funciona.
No me quiero olvidar del “criterio”. Si tu rutina incluye elegir, cada vez elegirás mejor. Es algo automático. Identificas lo que tiene valor y descubres enseguida lo que está mal hecho. Tener criterio te ahorra mucho tiempo, sin duda.
Ahora voy a cerrar el círculo. ¿Puede que lo que yo hago interese a otros? Es fácil compartirlo y hacerlo público y los beneficios son inmensos. De repente tu aprendizaje se enriquece mucho más porque tienes el poder de la interacción. Compartir significa que se inicia una conversación. Las personas interesantes empiezan a hablar contigo. ¿No es genial?
Otra de mis motivaciones es enseñar. Me gusta explicar esto y ayudar a otras personas a encontrar su propio modelo de auto-aprendizaje, a perder la “timidez digital” y a utilizar las redes sociales para cuestiones menos frívolas. Me gusta hacer regalos.
Como podéis comprobar no hay tecnología en este artículo, no he hablado de herramientas. Hay muchas y yo también he elegido las que mejor se adaptan a mi rutina. 
Pero eso no es lo más importante. Si quieres convertirte en curador…
Descubre tus motivaciones
Incluyo en este artículo el Hangout “Curate the curators” en el que participé el pasado mes de junio con algunas de esas personas interesantes. A todas las encontré en la red. Hablamos de curación de contenidos para el #eduPLEmooc del INTEF.



Tomado de Reflexiones sobre aprendizaje con permiso de su autora

lunes, 2 de noviembre de 2015

¿Serán posibles, algún día, políticas generalizadas de Recursos Educativos Abiertos? (15,4)

Escribe: Lorenzo García Aretio


Recursos_Educacionais_Abiertos_(REA)Hoy deseo aproximarme al trabajo de David Annand, publicado en IRRODL (Vol. 16,5) y titulado “Developing a Sustainable Financial Model in Higher Education for Open Educational Resources”Aunque básicamente referido a instituciones norteamericanas, puede servirnos de pretexto para reflexionar sobre el fenómeno.
Las expectativas surgidas tras el nacimiento del movimiento en torno a los Recursos Educativos Abiertos (REA) fueron grandes. Ya señalaba yo hace ahora dos años en este post, que los OER (Open Educational Resources) o Recursos Educativos Abiertos (REA) fueron calificados así en 2002 por la UNESCO en el Forum on Open Courseware, aunque entonces como sucedáneo de los contenidos de código abierto, software abierto, conceptos ya utilizados pocos años antes. Desde entonces se fue afianzando esta corriente.
Así en 2012, en el marco del 2012 World Open Educational Resources (OER) Congress, la UNESCO publicó la Paris OER Declaration. Ahí se refiere a los REA como aquellos materiales para la enseñanza, el aprendizaje y la investigación soportados en cualquier medio digital, que son de dominio público o han sido publicados bajo una licencia abierta que permite el acceso libre, su uso, la adaptación y la redistribución por parte de otros sin coste económico y con escasas o nulas restricciones. De esta manera el hecho de compartir, adaptar y difundir el conocimiento se podría hacer una realidad.
Pero, de acuerdo con Annand,  no conviene confundir los REA con la enseñanza y aprendizaje abiertos, con la educación a distancia, dado que para éstos se precisa de diseños pedagógicos apropiados que contemplen diferentes variables curriculares, cuestiones ajenas a los recursos educativos abiertos. No son MOOC porque hablar/escribir de MOOC es o debería ser hacer referencia a Cursos, con todo lo que ese término significa, aunque sí es cierto en que son más cercanos en cuanto a la apertura (con sus matices) y a su característica de soporte digital. Tampoco se trata de cualquier tipo de publicación o recurso abierto en la web, sin finalidades educativas. Se trata, por tanto, de materiales para la enseñanza y el aprendizaje.
Pero, ¿cómo se articulan políticas nacionales e institucionales para hacer posibles esos repositorios de recursos abiertos, de recursos gratuitos? El autor al que nos referimos en este post revisa algunas serias resistencias, riesgos u obstáculos al desarrollo de este movimiento, tales como: ¿cómo garantizar su calidad?, ¿cómo controlar la propiedad intelectual, los derechos de autor?, ¿cómo mantener la reputación sobre un REA que pudiera quedar obsoleto?, ¿cómo convencer para “regalar” los mejores conocimientos?, ¿cómo encontrar tiempo para localizar y evaluar el material?, ¿cuánto conocimiento técnico se precisa para manejar determinados REA?…
mit ocwResulta evidente que se hacen precisos recursos económicos para sacar adelante una política de Recursos Educativos Abiertos. Es decir, hace falta financiación, dinero, para poder ofrecer algo que será gratuito. Y cierto que las instituciones públicas, que funcionan gracias a los presupuestos de las administraciones públicas, podrían obligarse a que la producción de materiales y recursos didácticos para la enseñanza pudieran ofrecerse como recursos abiertos, como objetos de aprendizaje, con las licencias que fuesen precisas.
Pero, claro, solicitar a una Universidad que incentive un sistema de recursos educativos abiertos, generados por sus cuerpos docentes y unidades de producción, con el fin de regalarlo al resto de la sociedad, puede resultar una tarea más que complicada y poco convincente para los responsables de esas instituciones.
Nuestro autor, Annand, presenta en su trabajo numeroso modelos de financiación de proyectos relacionados con los REA, poniendo de manifiesto las dificultades financieras para el sostenimiento de estas políticas de abrir los recursos producidos a toda la comunidad. Parecen imprescindibles una financiación pública o unos apoyos económicos. vía subvenciones, procedentes de otras instituciones, organismos o empresas.
Sin embargo, habría que valorar cuánto dinero se gastan los estudiantes en textos u otros materiales de estudio, o cuánta parte de las becas (en el caso de alumnos becados) ha de dedicarse a la adquisición de estos recursos. Si se juntan todos esos dineros y se dedican ordenadamente a la producción, localización o evaluación de REA, quizás podríamos jugar con otros escenarios. Más allá de que para todo esto existirán resistencias también por parte de las empresas editoras y productoras de materiales que podrían ver afectados sus negocios o por parte de las mismas universidades que cuentan con unidades de producción y venta al público de esos materiales.
Algunas investigaciones mostradas en el trabajo de referencia, muestran que los estudiantes se encuentran más satisfechos que los propios profesores con el uso de los REA, más allá de que les suponen un significativo ahorro, los llegan a valorar como pedagógicamente válidos y equivalentes a los recursos convencionales.
¿Los gobiernos podrían exigir a las universidades públicas el asumir este tipo de políticas de recursos abiertos?, ¿pero entonces, y la libertad de cátedra que otros argumentarían? Otra alternativa que sugiere nuestro autor sería la de aumentar las tasas de forma que parte de ellas pudieran dedicarse a este objeto y siempre al estudiante le supondría menor costo que el necesario en contextos convencionales.
A pesar de todas las resistencias y obstáculos, en el trabajo que venimos refiriendo, el autor argumenta de que existen tendencias muy favorables a la adopción más generalizada de REA que, a su vez, propiciarían una mayor democratización en el acceso a la educación.
OER3Sin embargo, mientras la cultura universitaria no cambie, será complicado generalizar estas políticas de REA. Mientras que los docentes e investigadores no estén convencidos y cuenten con estímulos suficientes para ello, será complicada la generalización, más allá de proyectos puntuales de pequeños grupos o equipos docentes determinados.
A pesar de todo, si el conocimiento es un bien público, si la tecnología nos permite producir, almacenar. compartir, reutilizar y construir juntos, si los gobiernos y organismos públicos están cada vez más convencidos de las bondades de contar con potentes repositorios de REA, si se asume cada vez más la cultura de las licencias abiertas y continúa sin parar la penetración de las tecnologías móviles, nos encontramos en la situación perfecta para un futuro prometedor de los Recursos Educativos Abiertos.
¿Podríamos imaginar unos escenarios generalizados de REA en las universidades de nuestros países?, ¿habría que basar esas políticas en la generosidad o buena voluntad de determinados equipos docentes?, ¿podrían valorarse consorcios universitarios, asociaciones, convenios, etc., que supusiese aunar finanzas y recursos humanos para organizar esos repositorios?, ¿por qué no tratar de integrar los numerosos repositorios existentes hoy?, ¿qué otras resistencias o intereses contrarios a estas políticas?

Tomado de Contextos universitarios mediados con permiso de su autor