martes, 23 de febrero de 2016

Innovamos para aliviar la enseñanza


Escribe Carlos Magro


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¿Cómo estudian tus alumnos?, ¿Cómo son tus clases?, ¿En torno a quién giran tus clases?, ¿Quién compone y cómo funciona el claustro?
La situación actual de nuestras universidades es de una crisis que apenas si se halla en sus comienzos.”
Las transformaciones profundas que han padecido o que están padeciendo las sociedades contemporáneas exigen transformaciones paralelas en la educación nacional. Ahora bien, aunque sentimos la necesidad de cambios, no sabemos exactamente cuáles han de ser éstos.”
Cualquiera de nosotros firmaría estas afirmaciones. Las dos encajan perfectamente con nuestra situación actual. La educación superior lleva años en medio de una profunda crisis y nuestra sociedad cambia tanto y tan rápido que nadie duda tampoco sobre la necesidad cada vez más urgente de que se produzcan cambios en la educación.
Cualquiera de nosotros pensaría que las dos frases son recientes y, sin embargo, las dos fueron dichas hace más de 100 años. La primera, por Francisco Giner de los Ríos hacia 1900 en sus Escritos sobre la universidad española (pdf), la segunda, por el sociólogo francés Emile Durkheim en su libro Pedagogía y sociología de 1902.
Desde entonces, el mundo ha cambiado mucho. Pero la educación también. Nada más lejos de mi intención aquí que defender la idea tan habitual hoy de que la educación no ha cambiado nada en los últimos cien años, de que seguimos educando de la misma manera que se educaron nuestros abuelos. Nada más lejos que alinearme junto a los abanderados del cambio disruptivo que alzan sus argumentos contra un supuestamente homogéneo sistema educativo tradicional, un modelo de educación industrialprusiano dicen unos, transmisivo otros. Contra una educación bancaria al estilo de Paulo Freire que aún hoy predominaría en la mayoría de las aulas del mundo cuando, en realidad, no tenemos muy claro qué significa eso de educación industrial. Ni siquiera si realmente existe.
Lo que sí es cierto es que estamos ante una de las grandes revoluciones de la historia de la humanidad y que debemos asumir, con Castells, que “hemos cambiado para siempre la forma en que nos comunicamos, nos informamos, trabajamos, nos relacionamos, amamos o protestamos”. También es cierto que “nuestra sociedad ha efectuado una radical transformación de la idea de saber, hasta el punto de que cabría denominarla con propiedad la sociedad del desconocimiento” (Innerarity), que hemos cambiado nuestra relación con la información y el conocimiento, que nos sobra información y que nos falta conocimiento y que saber significa “poder dar una respuesta a la pregunta acerca del qué y el porqué”(Innerarity). Algo que, por cierto, ya dijo en 1930 Ortega y Gasset hablando sobre la misión de la universidad. Para Ortega, la universidad debía transmitir “el sistema de ideas sobre el mundo y la humanidad que el hombre de entonces poseía” de cara a ayudarle a dirigir efectivamente su existencia.
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Más que en la sociedad del conocimiento, vivimos en la sociedad del aprendizaje y aunque el aprendizaje, elcómo aprendemos, ha cambiado enormemente en las últimas décadas, es verdad que el Sistema educativo y las instituciones educativas (el cómo enseñamos, qué enseñamos, dónde lo hacemos, a quién enseñamos, quién lo hace y quién gestiona el aprendizaje) lo ha hecho de manera bastante más lenta. La academia, decíanJim Groom y Brian Lamb hace unos años, “se muestra extrañamente complaciente en medio del tumulto…La innovación en la docencia es marginal, de modo que las estructuras básicas de currículo y evaluación no han sufrido variación alguna.” De alguna manera, sin ser cierta la afirmación de que nada ha cambiado en los últimos 100 años, si es verdad que se está produciendo un desajuste cada día mayor entre lo que necesitamos y lo que (ob)-tenemosEl cambio es más lento de lo que nos gustaría y, desde luego, mucho más de lo que necesitaríamos.
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Una de las razones de este lento cambio puede ser precisamente el gran éxito de nuestras instituciones de enseñanza al menos en términos de estabilidad y pervivencia. También es útil, como sostiene Larry Cuban, recurrir al concepto de conservadurismo dinámico para explicar cómo la educación en el último siglo es lamezcla permanente entre lo viejo y lo nuevo, la continuidad y el cambio. No es cierto que nada cambie. Cuban critica la ceguera de muchos reformadores educativos que ven las instituciones educativas como estructuras complicadas e ineficientes en lugar de verlas como las estructuras complejas que son y que como tales avanzan gracias a la tensión continua entre cambio y estabilidad. Tampoco podemos olvidar, como ha señalado George Couros recientemente que de lo que hablamos es de una profesión construida sobre la relación entre personas por lo que las variables con las que un profesor o un maestro se enfrenta cada día son infinitas. Para hablar de cambio y educación nos vale el dicho de que vamos lentos porque vamos lejos.
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Ante esta situación las preguntas que debemos hacernos son del tipo ¿Cómo debe ser la educación cuando tanto el aprendizaje como el conocimiento están por todos lados?¿Cómo podemos transformar la educación para hacerla más relevante y adecuada a nuestro entorno y a nuestros tiempos?¿Cómo debe ser la educación en la sociedad del aprendizaje? o ¿Cómo debe ser la universidad en la sociedad del aprendizaje?.
Es claro que vivimos bajo el paradigma del cambio. En el ámbito de la educación superior los tres grandes desafíos son la presión de la globalización; los cambios en la oferta y la demanda los cambios en la financiación.
El sector se encuentra en un contexto caracterizado por el aumento de la competencia; la marketinización de la enseñanza; la madurez de las tecnologías, las infraestructuras y las herramientas; y una dinámica creciente de “consumerización”. Un contexto en donde es preciso atender a los cambios en las motivaciones personales para el aprendizaje, en las metodologías utilizadas, en los lugares donde aprendemos, en lo que es necesario aprender, en los contenidos, en los mecanismos de acreditación del aprendizaje.
La educación superior debe ser capaz de responder a la abundancia de recursos (y contenidos) y de redes de relación, al surgimiento de nuevas formas de evaluación y de acreditación, a las nuevas formas de aprendizaje formal, no formal e informal, al aprendizaje online e híbrido, a las tecnologías personales en el aprendizaje, a la relevancia de lo abierto, al impacto de los medios sociales y su capacidad para cambiar las formas e interaccionar, generar y disponer de ideas e información y al incremento del uso de los datos y del análisis de los mismos para mejorar la experiencia y la personalización del aprendizaje.
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La educación superior debe ser capaz de dar respuesta a los cambios en los procesos de aprendizaje. “Aprender hoy es ser capaces de buscar, recopilar y filtrar los datos, ser capaces de trabajar colaborativamente para sacarles el mejor provecho, ser capaces de compartirlos y comunicarlos” (Antonio Lafuente, Andoni Alonso y Joaquín Rodríguez. Todos sabios). Aprender hoy es aprender a pensar, a hacer y a conectar.
Más que respuestas debemos ser capaces de hacernos preguntas. ¿Para qué aprendemos?; ¿Qué aprendemos?; ¿Cómo aprendemos?; ¿De quién y con quién aprendemos?; ¿Quién aprende?; ¿Dónde aprendemos?; ¿Quién reconoce lo aprendido?.
Para adaptarse a las necesidades de la sociedad actual, las instituciones de educación superior deben flexibilizarse y desarrollar vías de integración de las tecnologías de la información y la comunicación en los procesos de formación”, dice Jesús Salinas. “Para entender estos procesos de cambio y sus efectos, así como las posibilidades que para los sistemas de enseñanza-aprendizaje conllevan los cambios y avances tecnológicos, conviene situarnos en el marco de los procesos de innovación” continúa. Necesitamos innovación, necesitamos innovarPero en educación siempre hemos necesitado innovarEn educación siempre hemos querido y hemos soñado con innovarDe hecho en educación siempre hemos innovado, pero en demasiadas ocasiones hemos equiparado esa innovación con innovación tecnológica.
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Desgraciadamente ha sido común entre muchos reformadores la idea de que si introducimos la tecnología en el aula, ésta sería utilizada y si es utilizada, entonces, transformaría la educación” (Seymour Papert)Y eso nos ha llevado al fracaso. Hemos fracasado cada vez que hemos creído que la innovación en educación era solo una cuestión tecnológica. Hemos fracasado cada vez que hemos creído que la palanca del cambio educativo era la tecnología. La innovación “sólo surge cuando los profesores ponen las Tecnologías de la Información al servicio de nuevas formas de aprendizaje abierto y colaborativo en lugar de conformarse con hacer lo mismo de siempre de manera diferente. La innovación exige un gran esfuerzo tanto individual como colectivo y requiere también del apoyo y el reconocimiento institucional” (Creative Classrooms).
Aún así y a pesar de la lecciones aprendidas, en los últimos años hemos asistido de nuevo a una explosión de innovación tecnológica en educación. Es difícil seguir el ritmo de aparición de nuevos retos tecnológicos, tendencias y tecnologías emergentes. La educación parece sometida a la urgencia de la novedad continua. Claramente nos sobran tendencias y corremos el riesgo de sucumbir a la parálisis por exceso. Corremos el riesgo de que al final nada cambie porque no sepamos decidirnos o porque continuemos haciendo lo mismo de siempre pero con otro aspecto. Parecería que nos sobra tecnología y nos falta pedagogía*Que nos sobra innovación y nos falta acción.
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Pero si innovar en educación no es sinónimo de innovación tecnológica…¿Qué es innovar entonces?. ¿Qué es innovación educativa?.
Aunque podríamos recurrir a definiciones más canónicas a mi me gusta mucho la de Joan Rué para quien “innovar significa conocer lo existente, pero también asumir el riesgo de pensar vías distintas, explorar e investigar. Significa también la habilidad de trabajar con otros, de saber comunicarse”.
La innovación no sería tanto una cuestión de estar constantemente inventando cosas nuevas como de ser capaces de cambiar los modelos existentes para adaptarse a las condiciones cambiantes del entorno. En el caso de la educación, la innovación es nuestra capacidad de adaptar el aprendizaje a las cada vez más cambiantes demandas profesionales y vitales que todos experimentamos. Y debería llevarnos a un cambio que aporte valor y que solucione problemas concretos. La innovación debe además tener “beneficiarios”.
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En 2014, la Unión Europea publicó el informe Study on Innovation in Higher Education con el objetivo de analizar el impacto de la innovación sobre el sector de la Educación Superior. En concreto el estudio trata de identificar los principales desafíos del sector; las diferencias regionales y de contexto respecto a la innovación; los actores implicados; los principales resultados que se pueden esperar; y las barreras a la innovación. El estudio se ha articulado en torno a tres grandes ejes: 1. los cambios en la enseñanza y el aprendizaje; 2. la tecnología y las mejoras en los resultados de los estudiantes; 3. la globalización y la internacionalización. Los autores han identificado una serie de conclusiones: que la innovación necesita gestión, que es necesario formación en innovación, que la innovación es un círculo virtuoso y que los cambios provocados por la innovación no son radicales sino progresivos. Y también que en los procesos de cambio, la tecnológica facilita pero no es la innovación y ayuda a pasar de una visión centrada en la universidad, los departamentos, los profesores a otra centrada en los estudiantes y que la innovación nos permite tanto hacer cosas nuevas como hacer lo de siempre pero mejor.
Bien, pero ¿cómo lo hacemos?, podemos aún preguntarnos. Parece claro que es necesario un cambio integral de los procesos de aprendizaje. “Los objetivos de aprendizaje, los currículos, las estrategias docentes, la didáctica y la evaluación deben cambiar para que esta oportunidad tecnológica sea beneficiosa”, nos diceÓscar Valiente González. “La solución está en actuar simultáneamente desde el cambio pedagógico, el cambio tecnológico y la gestión del cambio organizacional”, dice por su parte Michael Fullan después de treinta años estudiando el cambio educativo. Para ser efectiva, la innovación en la Educación Superior, debe estar vinculada a las tecnologías de aprendizaje, las aproximaciones pedagógicas, los procesos y los cambios organizativos. “El cambio fundamental en el aprendizaje sólo se producirá si abordamos los cambios en las prácticas docentes y en la dotación de recursos a nivel institucional. En otras palabras, debemos esforzarnos por diseñar aulas y escuelas innovadoras, no sólo experiencias innovadoras de aprendizaje individuales” (Decoding learning)
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El cambio vendrá cuando comprendamos que éste debe ser pedagógico, tecnológico y cultural. Cuando el profesor actúe como un agente del cambio, impregnando el sistema con una actitud de visión con sentido. El cambio debe ser algo esperado y los maestros formados y empoderados para actuar como agentes del mismo.Con mentalidad innovadora. Trabajando en equipo. Liderando el cambio. Siendo la punta del lápiz (The pencil metaphor) pero también ayudando a aquellos que solo necesitan un empujón para embarcarse en el cambio.Creando una cultura de la innovación (Building a culture of innovation. pdf)
Y recuerden, que “lo innovador no está en la tecnología, sino en cómo afecta ésta al acceso, la generación y la aplicación del conocimiento (Manuel Castells)”, que la innovación nunca sucede mientras estamos hablando de ella y, sobre todo, que innovamos para aliviar la enseñanza (Ángela Ruiz Robles en una entrevista para TVE).
NOTA 1: Este texto se corresponde con la ponencia del pasado martes 23 de junio en el marco de las III Jornadas de Innovación de la Universidad Francisco de Vitoria. Aprovecho para felicitar por la iniciativa y dar la enhorabuena por el desarrollo a todo el equipo de Innovación educativa de la UFV. Dejo a continuación elvídeo de la ponencia y la presentación completa que utilicé.




*NOTA: Empieza a ser un lugar común el afirmar que la tecnología sin pedagogía no transforma la educación. Los últimos años de historia de la tecnología educativa y de los sucesivos fracasos al pretender cambiar la educación desde la palanca exclusiva de la tecnología dan validez a la afirmación. La situación, sin embargo, deja de ser tan clara. Cada vez es más difícil pretender cualquier cambio en la actividad que sea sin tecnología. En este sentido cada vez es más importante entender bien ambas, tecnología y pedagogía para impulsar el cambio. La tradicional incomprensión entre tecnólogos y pedagogos debe resolverse. Figuras como Seymour Papert es un buen ejemplo de este diálogo fructífero. En esta línea me parece muy recomendable la Guía de la tecnología educativa de Audrey Watters que intenta precisamente responder a tres preguntas. Qué deberían los tecnólogos saber sobre educación, qué deberían los pedagogos saber sobre tecnología, que deberían los estudiantes saber sobre tecnologías educativas.


Tomado de co.labora.red con permiso de su autor

lunes, 22 de febrero de 2016

Buenas prácticas en gestión de la educación a distancia. Los retos (16,3)

Escribe Lorenzo García Aretio



CarolinaJunto a la Profesora visitante, Carolina Schmitt, de Brasil, que viene colaborando con la CUED y con la RIED, ofrecemos este Programa de Radio Nacional de España (Radio 3), dirigido por M.José Rivera.
La educación a distancia ha transformado el contexto de la educación superior en muchos y diferentes países en las últimas décadas. Instituciones de carácter presencial integran también en sus propuestas formativas distintas modalidades de cursos a distancia, tanto en enseñanzas regladas como en formación permanente. A pesar de los avances en su implantación, por ejemplo en Brasil, son muchos los retos pendientes, en especial el refuerzo de la credibilidad basada en la calidad de la enseñanza y en la adecuada gestión de los recursos. Desde la Cátedra UNESCO de Educación a Distancia de la UNED se promueve la docencia e investigación, la información sobre los avances tecnológicos al servicio de la educación y la difusión de buenas prácticas.

Tomado de Contextos universitarios mediados con permiso de su autor

Citar así esta entrada:
García Aretio, L. (15/02/2016). Buenas prácticas en gestión de la educación a distancia. Los retos (16,3). Contextos universitarios mediados. (ISSN: 2340-552X). Recuperado dehttp://aretio.hypotheses.org/1967.

jueves, 18 de febrero de 2016

La brecha universidad escuela


Separada de la práctica, la teoría es puro verbalismo inoperante; desvinculada de la teoría, la práctica es activismo ciego. Es por esto mismo que no hay praxis auténtica fuera de la unidad dialéctica acción-reflexión, práctica-teoría»  (Freire)
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Parece claro que si la formación de los nuevos docentes no se articula, y vincula, mediante programas entre las Facultades de Educación  y los centros educativos, tanto en la actividad de investigación educativa como en las prácticas escolares…seguimos teniendo un problema: Una brecha que distancia la Universidad y la Escuela.
Son innumerables las ocasiones en las que unos y otros, profesores y alumnos universitarios, maestros y centros escolares, nos quejamos de esta desconexión. Dos son las brechas existentes: Por un lado la dicotomía teoría y práctica; por otro la inexistencia de centros de prácticas de las innovaciones escolares. Es la hora de establecer una vía directa entre las facultades de educación y las escuelas, que alimente una práctica de calidad y retroalimente la investigación educativa eficaz y eficiente.
La dicotomía teoría y práctica
Parece obvio que la investigación educativa no puede existir únicamente por y para la producción investigadora. ¿Podríamos dar sentido a la investigación científica y tecnológica sin una finalidad concreta de ser aplicada? En estas disciplinas, cada pequeña nueva evidencia de mejora, progreso o tendencia se incorpora inmediatamente al acervo cultural y profesional de cualquier profesional del ámbito de la salud o la tecnología: retroalimentación constante.
Las facultades de educación no pueden seguir caminado  de espaldas a la realidad de los centros educativos. Las escuelas no deben seguir viviendo sin un diálogo continuo con la Universidad en búsqueda de respuestas  ¿Pueden los prácticos enquistarse en una praxis reconocidamente obsoleta y no ser capaces de investigar sobre su propia actividad? ¿Los grados en educación infantil, primaria, pedagogía, educación social, y los másteres en educación secundaria, están proporcionando la formación de calidad que se presupone necesaria a los maestros y profesores del siglo XXI?: La transformación educativa comienza aquí.
Cerrando otra brecha
BRECHA-03-INED21
Si la investigación es clave para liderar la transformación educativa que necesita  la sociedad actual, me surge un  listado de interrogantes (que abren esa profunda brecha que separa Universidad y Escuela)  tan extenso que no cabría en este artículo.
¿Se pueden aprender metodologías horizontales explicadas desde didácticas instructivas y jerárquicas?¿Es coherente hablar de los alumnos como centro de la acción educativa  desde posiciones basadas en currículos determinados y cerrrados? ¿Es posible aprender sobre evaluación participativa cuando las guías docentes marcan desde el inicio las técnicas e instrumentos para evaluar y examinar? ¿Se pueden desarrollar competencias siendo las clases voluntarias y lo único obligatorio conitue siendo el examen? ¿Podremos aprender cómo desarrollar la empatía y la inteligencia emocional en un aula, sin empatía hacia el alumnado y desde el habitual trato frío y distante en las aulas universitarias? 
Las escuelas y las Facultades de educación deben mirarse de frente… deben gustarse y encontrarse
Hay varios ejemplos, que a mi modo de ver, encierran algunos de los errores  que estamos intentando visibilizar.
Sinceramente, echo de menos un sistema articulado, como observo (mi labor docente de maestro se desarrolla en un hospital) que se hace en medicina, entre escuelas y universidad. Es impensable una Facultad de medicina sin un hospital de referencia universitaria. ¿Sería posible un colegio ( o una docena) de prácticas universitario, que sirviera tanto para poner en práctica real los resultados procedentes de la investigación educativa universitaria, como para potenciar las mejores metodologías aplicadas a contextos reales?
El proceso que se hace, observo que va justo al revés: recurrir mucho a la escuela para obtener datos que evidencien las mejoras educativas que alimenten investigaciones cuyo destino son artículos especializado en revistas especializadas de investigación educativa, pero utilizar poco la investigación para mejorar la práctica real en la escuela y, por añadidura, los aprendizajes de sus alumnos.
Si invirtiéramos  el proceso, la acción investigadora universitaria se transformaría, no sólo en un  potente sistema de mejora de la calidad educativa de un país, de mejora social (cuando tanto se habla de RSC)  y de fuente reales  donde beber las políticas educativas, si no por añadidura, una mejora de la reputación  y del ranking de cada Facultad a base de aumentar publicaciones en revistas indexadas JCR y de impacto.
Los nuevos centros piloto
Sí,  hablamos de nuevos “centros piloto”, de nuevas “escuelas anejas”. Al desaparecer, hace una veintena de años, la figura de “Escuelas Anejas de las Normales de Magisterio” seguramente se esfumó  con ellas la posibilidad de llevar a cabo algo aproximado a la posibilidad de ese modelo del que hablamos y que no ha sido sustituido por ningún otro. ¿Es momento de repensarlo?
Las prácticas escolares (como una asignatura más)  no son suficientes porque no vinculan las prácticas a centros y tutores que desarrollan contrastadas experiencia de calidad educativa. Así, de los alumnos de prácticas que tutorizo, en sus evaluaciones finales, sólo 2 de cada 10 alumnos manifiestan que “de mayor” le gustaría ser un maestro/a como el  tutor/a que ha tenido. Si la Universidad selecciona a todos sus profesores en baremos de supuesta calidad, ¿por qué dejar una parte importante de la docencia de los alumnos universitarios de educación (los prácticum) al arbitrio del voluntarismo de centros, maestros  y maestras  sin selección previa?: Elegir a los mejores modelos reales también será un paso importante para mejorar el sistema educativo.
Modelos de aprendizaje de calidad
Es necesario elegir como modelos de aprendizaje a centros y docentes que desarrollen tanto  líneas metodológicas emergentes  como aplicaciones de calidad contrastada a la resolución de los problemas más acuciantes de la escuela (cultura, motivación, interés, gestión de conflictos, evaluación…) y que sirvan de modelo para los docentes nóveles y, de paso,  de desarrollo para los docentes añejos.
 Sí, es cierto que la cantidad ingente de matriculados en las Facultades de Educación, no podrían ser  absorbidos sólo por centros seleccionados.  El dilema está servido: ¿Cantidad o calidad?
En algún momento se debe producir la ruptura coherente del círculo vicioso. Coincido los que opinan que Finlandia no debe ser el espejo del cambio educativo, pues la sociedad española no es la sociedad finlandesa. Pero quizás sí su sistema de selección de los mejores alumnos de hoy para ser los mejores docentes del mañana: el prestigio de la profesión docente está exigiendo evidencias y medidas que persigan la calidad en la formación y selección del profesorado.
La Universidad debe promover y ser partícipe del cambio que el sistema educativo está pidiendo a gritos. Su impulso se me antoja decisivo en la situación de transición en la que nos encontramos: el cambio de paradigma de la enseñanza, en otros tiempos apoyada en el trío teoría-conocimiento-enseñanza, a un modelo soportado por el  triángulo práctica-creación-aprendizaje.
5 medidas para cerrar la brecha escuela – universidad
1
Crear programas articulados que vinculen las Facultades de Educación  y los Centros educativos.
2
Que la investigación educativa emane y se devuelva a las aulas como origen real y finalidad de mejora social.
3
Unir teoría y práctica universitaria como elemento imprescindible de coherencia pedagógica y desarrollo de competencias de la formación inicial de profesores y maestros.
4
Seleccionar a los centros de prácticas que desarrollen metodologías emergentes y a los tutores de calidad como modelos en formación del futuro docente.
5
Establecer medidas de equilibrio de la cantidad, calidad y necesidades con la admisión, formación y selección de nuevos docentes.
Mirarnos el ombligo constantemente no es bueno… ni saludable: produce tortícolis y visión reducida.



Tomado de INED 21 con permiso de su autor

lunes, 15 de febrero de 2016

Flipped Learning y las Matemáticas con Khan Academy. Un nuevo informe de investigación


Acaba de aparecer un nuevo informe a pequeña escala y de carácter cualitativo sobre la implantación del enfoque Flipped en un conjunto de escuelas británicas, realizado por una agencia externa, independiente, a las escuelas llamada National Foundation for Educational Research entre cuyos objetivos está el ofrecer evidencias para la excelencia educativa, colabora en el informe NESTA, una fundación para la innovación.
El estudio se llevó a cabo en el curso 2014-15 en nueve escuelas de Inglaterra y Escocia, y a los profesores se les pidió que utilizasen recursos de la plataforma Khan Academy en el proceso de enseñanza de las Matemáticas que fuesen relevantes para su currículo.
El informe de 42 páginas se incluye más abajo. Es muy fácil de leer y los mensajes son claros. Aquí reproduzco algunos de los contenidos en el sumario ejecutivo de dicho informe.
Impacto en la enseñanza y en el aprendizaje
La implantación del flipped learning supuso más tiempo para:
  • practicar y aplicar los conocimientos y destrezas adquiridos
  • formular preguntas y elaborar discusiones de mayor nivel cognitivo
  • fomentar el aprendizaje colaborativo
  • favorecer un aprendizaje independiente guiado por el propio estudiante
  • apoyo individualizado
  • incrementar el conocimiento de los estilos de aprendizaje preferidos por cada alumno

Impacto en la implicación del estudiante, su aprendizaje y sus destrezas

En relación con las Matemáticas los estudiantes incrementaron:
  • su compromiso con el aprendizaje
  • sus conocimientos y comprensión de la materia
  • su confianza
  • la consciencia respecto de sus fortalezas y debilidades
  • sus destrezas para el aprendizaje autónomo
  • su progreso en la materia y sus logros en la misma
También señala el informe algunos retos a la hora de implantar este enfoque pedagógico, entre los que se encuentran:
  • El acceso a la tecnología
  • La identificación de los recursos online adecuados
  • La falta de participación de los alumnos en el trabajo previo a la clase
  • Las propias preferencias tanto de profesores como alumnos por la enseñanza cara a cara frente a la enseñanza remota.
Estas limitaciones fueron superadas en algunos casos, pero en algunos otros supusieron una limitación para un mayor impacto del Flipped Learning.
Hay muchos otros resultados interesantes que te animo a descubrir por tí mismo. Lo que parece claro es que la experiencia, una vez más, es positiva pero como sabemos bien, no todo es blanco o negro en la educación y aquí se aprecia claramente. Una adecuada formación de los profesores parece esencial.

viernes, 12 de febrero de 2016

Un llamado a la evolución de las revistas científicas digitales (parte II)

Escribe Carlos Bravo Reyes



El pasado año publiqué en mi blog la primera parte de esta entrada, donde hice un pequeño análisis y desde el punto de vista de un usuario común de la estructura de las revistas científicas en formato digital.  En dicha entrada comenté que varias de estas revistas migraron a dicho formato,  manteniendo su esquema de cuando se publicaban en papel, con poca evolución al mundo digital. Es difícil encontrar revistas donde se introduzcan códigos Qr, elementos de realidad aumentada e incluso enlaces a videos que demuestren parte del trabajo que se explica en el artículo. Tampoco tienen aplicaciones para su lectura en dispositivos móviles.

A un año de dicho trabajo retomo mi pesquisa sobre las publicaciones científicas, añadiendo un elemento omitido en el anterior comentario, que es la forma de recepción, seguimiento y publicación de estas revistas, en otras palabras el proceso de edición.

El número de publicaciones científicas crece cada día y con ello surgen numerosos índices, bases de datos y otras formas de clasificar las revistas, a veces más confusas que lo esperado en las formas de clasificación. Estas inclusiones en diferentes bases de datos eleva el ego de varias revistas, mientras en otras lo ven como un reconocimiento a sus autores.

Cómo es el proceso de recepción, seguimiento y publicación de las revistas digitales.

Para responder a esta pregunta realicé una indagación en los datos que Google Académico presenta de las cien revistas en español con mayor índice h5.  

Para no revisar todas las revistas, lo que no creo necesario en esta entrada, realicé una selección al azar. Tomé las revistas que por su orden de importancia terminaban en tres y seis. Puede parecer un error estadístico, sí es que alguien quiere cuestionar la indagación, pero me sirvió para gestionar mi búsqueda. En la revisión tomé en cuenta los siguientes parámetros: 

  • El artículo se puede leer y descargar en formato PDF. 
  • La revista dispone de otro formato diferente al PDF. 
  • El PDF es similar a un texto escrito en un procesador de texto. 
  • El PDF contiene columnas como un típico documento impreso.  
  • La revista utiliza un sistema de edición de publicaciones.

Los resultados de la revisión.

Descarga directa del artículo en PDF. De las 20 revistas tomadas en cuenta, 19 permiten de manera directa la descarga en PDF, la única que no lo admite es debido a que se debe abonar para su subscripción. Es probable que entre las revistas no analizadas, en especial las que pertenecen al ámbito de la salud se encuentren otras que requieran de suscripción.

La revista dispone de otro formato diferente al PDF. Del grupo estudiado, la mitad de las revistas también se pueden leer en formato HTML, mientras que el resto solo en PDF. Llama la atención que ninguna de las revistas incluidas en el estudio ofrece el formato EPUB y mucho menos se adaptan a su lectura en dispositivos móviles. Son revistas como señalamos en el comentario anterior que migraron al campo digital y mantienen su estructura analógica.

El PDF es similar a un texto escrito en un procesador de texto. En este punto un poco más de la mitad de la muestra de revistas guarda similitud con un texto plano escrito en cualquier procesador de texto. Los artículos que revisé de algunas de estas publicaciones no contienen en su cuerpo enlaces a otros sitios Web, que no sean los de la bibliografía.

El PDF contiene columnas como un típico documento impreso. El resto de las revistas no citadas en el anterior punto mantienen sus artículos en al menos dos columnas. Todos conocemos lo incómodo de leer este tipo de trabajo en dicho formato, más propio del material impreso que del digital. Por supuesto que estas revistas tampoco tienen adaptaciones para su lectura en medios móviles.

La revista utiliza un sistema de edición de publicaciones. Este es el punto más débil de muchas de las revistas estudiadas. Dos de ellas tienen un sistema de edición similar al OJS, cinco emplean este sistema, en tres de ellas no pude detectar el tipo de sistema y el resto utilizan el proceso tradicional de enviar mediante el correo electrónico el artículo al revisor y este lo evalúa según una planilla.

Como muchas revistas siguen manteniendo los patrones de la edición impresa es probable que sea una de las razones por las que varias de ellas aún no utilizan un sistema de edición electrónico. El OJS, (open journal system) es un sistema abierto de edición de revistas, que facilita la transparencia en todo este proceso. Los editores reciben la publicación y la pasan a los revisores, estos envían sus comentarios y todo el proceso es visible para los involucrados, mientras que a los articulistas se les envían las recomendaciones o el rechazo de su trabajo y son los encargados de subir la nueva versión.

En el sistema tradicional, la transparencia en el proceso editorial es poca, el micro equipo de dirección, a veces solo una persona encargada de la mayor parte del trabajo, quita artículos, coloca otros y aunque no dudamos de la veracidad del trabajo, es probable encontrar irregularidades (fraudes) en algunos trabajos como pude constatar en la revisión mencionada.

Algunas revistas de las consultadas en este índice, mantienen normas de publicación anticuadas, como el pedir los artículos en discos de 3,5 pulgadas o en formato de Word Perfect o incluso por correo postal. Algunas ellas no tienen sus sitios Web actualizados y varias de las que emplean el sistema OJS aún no están al día en sus artículos.

Irregularidades en las revistas y en Google Académico.

De las cien revistas con el índice h5 que oscila entre 34 y 11 de las que como comenté seleccioné solo 20, hallé que dos de ellas aunque tienen nombres e índices diferentes repiten los mismos artículos en Google Académico. Se trata de las revistas Interuniversitaria de Formación del Profesorado  y Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas ambas apuntan a los mismos trabajos, aunque son revistas diferentes. Este error de la clasificación de Google Académico puede dejar a la vista otras fallas, que los estudiosos de este tema habrán descubierto.

Entre las revistas a las que revisé algunos de sus trabajos, encontré que más de uno guarda similitud con artículos publicados en revistas que no se encuentran en esta clasificación. Algunos tienen títulos iguales con autores diferentes, en otra revista hallé que un trabajo que se publicó en el 2012 y que aparece en el índice fue previamente publicado en 1987. También encontré en más de una ocasión que un trabajo escrito en inglés se traduce al español y se publica como un nuevo trabajo. Con esta pequeña indagación los elementos detectados me hacen preguntarme sí este índice de Google Académico es totalmente confiable y sí refleja con exactitud la realidad del valor de los trabajos citados.

Algunas conclusiones.

Como pregunté en la primera entrada sobre este tema, cuál es el impedimento de las revistas a modificar su estructura para acercarse al verdadero formato digital. Por qué el enlace a un video casi no se toma en cuenta en un trabajo científico si todos conocemos que es una prueba documental de alto valor testimonial. Por qué varias revistas limitan las imágenes o las reducen a formatos de baja resolución o en blanco y negro. Por qué ninguna de las revistas consultadas emplea el formato EPUB, o por qué la mayoría solo están disponibles para una lectura en la pantalla de la computadora y no en un dispositivo móvil.

Por qué ninguna de las revistas que revisé emplean códigos Qr o elementos de realidad aumentada, será posible seguir confiando en el índice h5 de Google, si con una revisión a la ligera detecté errores y plagios. Son preguntas para los expertos

Tomado de 366-días con permiso de su autor