Por Ángel Fidalgo

Cuando pensamos en Esparta solemos imaginar guerreros, escudos y batallas. Sin embargo, la característica más importante de aquella sociedad no era la guerra en sí misma. Lo verdaderamente singular era que toda la sociedad estaba orientada hacia un objetivo común: formar guerreros. La educación, el reconocimiento social, el honor e incluso la forma de entender el éxito personal giraban alrededor de ese propósito.
La historia nos muestra que las sociedades alcanzan sus mayores logros cuando son capaces de alinear a sus ciudadanos en torno a un objetivo compartido. Esparta eligió la guerra. Otras sociedades eligieron la religión, el comercio o la expansión territorial.
¿Se imaginan que una sociedad elija el conocimiento como uno de los objetivos compartidos? ¿cómo sería? ¿qué ocurriría? Desde luego no habría desfiles de sabios ni grandes gestas heroicas. Sus victorias, a menudo silenciosas, se producirían en laboratorios, aulas, bibliotecas, talleres o en las instituciones encargadas de gestionar el bien común. El prestigio social no estaría asociado a la fuerza física ni a la riqueza, sino a la capacidad de aprender, comprender, enseñar y contribuir al progreso colectivo.
En China coincidí con la celebración del Gaokao, la prueba nacional de acceso a la universidad, comparable en cierta medida a nuestra antigua Selectividad o a la actual EBAU. Sin embargo, lo que más me llamó la atención no fue la dificultad de los exámenes ni el número de estudiantes que participaban, sino la actitud de la sociedad en su conjunto.
En algunas ciudades se procuraba reducir el ruido e incluso evitar tocar el claxon para no distraer a los estudiantes. En los hoteles donde se alojaban era habitual encontrar mensajes de ánimo y buenos deseos, y muchas familias viajaban con ellos para acompañarlos durante esos días. Sin embargo, lo que más me sorprendió fue la salida de las pruebas: familiares esperaban a los estudiantes con ramos de flores, aplausos y abrazos, como si regresaran de una gran gesta.
Algo parecido debía ocurrir en Esparta cuando los jóvenes regresaban de una campaña militar o alcanzaban la condición de guerreros. Abrazos, felicitaciones, flores…una sociedad celebrando aquello que considera valioso.
Al igual que los espartanos eran reconocidos por su preparación para la guerra, las sociedades que valoran el aprendizaje y convierten el conocimiento en un objetivo compartido forman personas mejor preparadas para afrontar los desafíos de su tiempo, resolver problemas, innovar, generar riqueza, comprender el mundo e incluso contribuir a transformarlo.
Quizá la verdadera diferencia no esté en los exámenes, sino en la pregunta que se hace cada estudiante: ¿estudio para aprobar o estudio para aprender? Cuando una sociedad valora el conocimiento, la respuesta suele estar bastante clara.
Tomado de Investigación e Innovación educativa
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