viernes, 24 de abril de 2026

El poder de las multimodales externas en el aula

 Por Mercedes Leticia Sánchez Ambriz y Carlos Bravo Reyes

En los entornos educativos contemporáneos, caracterizados por la diversidad de estudiantes y la creciente presencia de recursos digitales, la labor docente ya no se limita únicamente a transmitir información, sino que implica diseñar estrategias pedagógicas que favorezcan la comprensión y promuevan aprendizajes significativos. En este contexto, las representaciones multimodales externas adquieren una relevancia fundamental, ya que permiten articular diferentes formas de presentar la información mediante recursos visuales, auditivos e interactivos, fortaleciendo así los procesos cognitivos del estudiantado.

Las representaciones multimodales externas comprenden herramientas como gráficos, simulaciones, videos, animaciones y entornos digitales interactivos, las cuales combinan distintos sistemas de signos para facilitar la construcción del conocimiento. De acuerdo con Schnotz (2005), estas representaciones cumplen una función esencial en el aprendizaje porque proporcionan estructuras externas que favorecen la construcción de modelos mentales internos más sólidos. Esto significa que los recursos multimodales no son simples apoyos visuales, sino mediaciones pedagógicas que pueden potenciar la comprensión cuando son utilizados con una intención didáctica clara.

Desde esta perspectiva, la integración de representaciones multimodales en el aula puede contribuir a mejorar la comprensión de contenidos complejos, especialmente cuando se busca atender la diversidad de estilos y ritmos de aprendizaje. Mayer (2021) sostiene que el aprendizaje se fortalece cuando la información se presenta de manera coordinada a través de distintos canales, como el visual y el auditivo, ya que esto facilita el procesamiento cognitivo y reduce la sobrecarga mental. Sin embargo, este beneficio depende de la calidad del diseño pedagógico, puesto que una combinación desordenada o excesiva de estímulos puede generar distracción y dificultar la comprensión.

En el contexto latinoamericano, las representaciones multimodales externas poseen un valor estratégico debido a las brechas educativas, tecnológicas y socioculturales que aún persisten en muchos sistemas escolares. En escenarios marcados por la diversidad lingüística, la desigualdad en el acceso a recursos y los distintos niveles de alfabetización digital, la integración de recursos visuales y auditivos puede ampliar las oportunidades de participación y comprensión del estudiantado. En este sentido, la multimodalidad se convierte en una herramienta de inclusión pedagógica que favorece el acceso equitativo al conocimiento.

Para que estas herramientas sean realmente efectivas, su incorporación en el aula debe responder a criterios pedagógicos bien definidos. Un primer criterio es la intencionalidad didáctica, que implica seleccionar recursos en función de objetivos de aprendizaje concretos. El uso de herramientas digitales no garantiza por sí mismo mejores resultados; por el contrario, cuando la tecnología se incorpora sin una finalidad clara, puede convertirse en un elemento distractor. Por ello, el diseño multimodal debe estar orientado a fortalecer procesos específicos de comprensión, análisis o aplicación.

Un segundo criterio es la accesibilidad, especialmente importante en contextos donde existen limitaciones tecnológicas. Los recursos multimodales deben ser funcionales en distintos dispositivos y condiciones de conectividad, de manera que todos los estudiantes puedan acceder a ellos sin barreras significativas. Esto implica utilizar plataformas ligeras, formatos compatibles y diseños responsivos que faciliten la interacción desde computadoras o dispositivos móviles. La accesibilidad tecnológica no solo mejora la experiencia de aprendizaje, sino que también contribuye a reducir desigualdades en el acceso educativo.

El tercer criterio es la pertinencia cultural, entendida como la capacidad de los recursos multimodales para dialogar con los contextos y experiencias del estudiantado. Incorporar ejemplos, imágenes y narrativas cercanas a la realidad sociocultural de los estudiantes favorece procesos de identificación y comprensión más significativos. La tecnología educativa adquiere mayor valor cuando reconoce la diversidad cultural y contextualiza los contenidos de manera relevante para quienes aprenden.

A partir de estos principios, es posible estructurar la integración de representaciones multimodales en tres fases pedagógicas complementarias: diseño, desarrollo e implementación. En la fase de diseño, el docente define qué procesos cognitivos desea favorecer y selecciona los recursos más adecuados según la naturaleza del contenido. Por ejemplo, para abordar contenidos conceptuales complejos pueden utilizarse organizadores gráficos dinámicos, mientras que para explicar procesos secuenciales resultan más útiles videos interactivos o simulaciones.

En la fase de desarrollo, se construyen o adaptan los recursos considerando criterios de claridad, funcionalidad y accesibilidad. En esta etapa, herramientas digitales como plataformas interactivas, simuladores o aplicaciones web permiten diseñar experiencias de aprendizaje más participativas. Incluso, la inteligencia artificial generativa puede emplearse como apoyo para elaborar guiones, materiales audiovisuales o actividades, siempre que su uso esté mediado por decisiones pedagógicas conscientes y orientadas a garantizar pertinencia y coherencia didáctica.

Finalmente, en la fase de implementación, las representaciones multimodales se integran al proceso de enseñanza como mediaciones que favorecen la interacción y el aprendizaje activo. En esta etapa, el papel del docente sigue siendo central, ya que es quien orienta la experiencia educativa, contextualiza los recursos y acompaña la construcción del conocimiento. La multimodalidad externa no sustituye la mediación pedagógica, sino que amplía sus posibilidades.

A modo de ejemplo, la siguiente secuencia didáctica muestra cómo distintos recursos multimodales pueden integrarse estratégicamente en una clase para responder a funciones cognitivas específicas. Cada recurso no solo cumple una función tecnológica, sino que actúa como mediador pedagógico orientado a favorecer procesos como la activación de la atención, la organización de la información y la aplicación del conocimiento. Esta articulación evidencia que el valor de la multimodalidad externa radica en la intención didáctica con la que se seleccionan e integran los recursos dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Momento

Recurso Multimodal

Función Cognitiva

Inicio

Video corto con narrativa emocional.

Activar la atención y motivación.

Desarrollo

Infografía interactiva en HTML5.

Exploración no lineal y gestión de la carga cognitiva.

Cierre

Cuestionario gamificado o simulador.

Aplicación de conocimientos y retroalimentación inmediata.

 

Hacia una ecología del aprendizaje multimodal

La implementación de representaciones multimodales externas no es un destino tecnológico, sino un proceso continuo de alfabetización digital y pedagógica. Como hemos analizado, el valor de estos recursos no reside en su sofisticación técnica, sino en su capacidad para actuar como mediadores eficaces entre la estructura del conocimiento y la arquitectura cognitiva del estudiante.

Para el docente latinoamericano, este enfoque representa una oportunidad histórica. Al transitar de un modelo monomodal —tradicionalmente centrado en el texto— hacia una praxis de integración multimodal, estamos democratizando el acceso al saber y reconociendo la diversidad de formas en que nuestros estudiantes procesan la realidad.

En última instancia, el éxito de las multimodales externas en nuestras instituciones dependerá de nuestra voluntad para experimentar, diseñar y, sobre todo, compartir estas experiencias en redes de pensamiento colaborativo. El aula del futuro no se define por las pantallas que contiene, sino por la profundidad de las conexiones que estas herramientas permiten establecer entre el docente, el alumno y el conocimiento.

Conclusiones

Las representaciones multimodales externas constituyen una estrategia pedagógica relevante para fortalecer los procesos de enseñanza y aprendizaje en contextos educativos diversos. Su integración en el aula permite articular recursos visuales, auditivos e interactivos que facilitan la comprensión, favorecen la participación del estudiantado y contribuyen a la construcción de aprendizajes más significativos.

Como se evidenció en la secuencia didáctica presentada, cada recurso multimodal puede cumplir una función cognitiva específica dentro del proceso educativo, desde la activación de la atención hasta la aplicación práctica de conocimientos. Esto demuestra que el valor pedagógico de la multimodalidad no reside únicamente en la incorporación de herramientas tecnológicas, sino en la intencionalidad didáctica con la que estas se seleccionan, diseñan e implementan.

En contextos como los latinoamericanos, donde persisten brechas de acceso y diversidad sociocultural, el uso estratégico de representaciones multimodales externas puede convertirse en un medio para favorecer la inclusión educativa y ampliar las oportunidades de aprendizaje. En este sentido, el rol del docente continúa siendo esencial como mediador crítico capaz de transformar los recursos tecnológicos en experiencias pedagógicas pertinentes y significativas.

En conclusión, avanzar hacia prácticas educativas multimodales implica reconocer que la innovación tecnológica solo adquiere valor formativo cuando está al servicio de objetivos pedagógicos claros, orientados a mejorar la comprensión, promover la equidad y fortalecer la calidad del aprendizaje.

Referencias Bibliográficas

Mayer, R. E. (2021). Multimedia Learning (3rd ed.). Cambridge University Press.

Schnotz, W. (2005). An integrated model of text and picture comprehension. En R. E. Mayer (Ed.), The Cambridge Handbook of Multimedia Learning (pp. 49–69). Cambridge University Press.

Puedes acceder a un resumen en forma de infografía, en la imagen inferior.

Tomado de 366 días.

jueves, 23 de abril de 2026

Experiencias, usos y percepciones de los adolescentes en TikTok, Instagram y Snapchat

 Tomado de Universo Abierto

Faverio, Michelle, y Olivia Sidoti. “Teens’ Experiences on TikTok, Instagram and Snapchat.” Pew Research Center, 15 de abril de 2026. https://www.pewresearch.org/internet/2026/04/15/teens-experiences-on-tiktok-instagram-and-snapchat/

El estudio ofrece una visión matizada: las redes sociales son simultáneamente espacios de conexión, entretenimiento y construcción identitaria, pero también entornos donde se manifiestan presiones sociales, desigualdades y riesgos que requieren atención tanto educativa como regulatoria.

El informe analiza en profundidad cómo los adolescentes estadounidenses (de 13 a 17 años) experimentan y utilizan tres de las principales plataformas sociales actuales: TikTok, Instagram y Snapchat. Lejos de limitarse a medir la frecuencia de uso, el estudio se centra en las motivaciones, dinámicas sociales y percepciones que los jóvenes desarrollan en estos entornos digitales, ofreciendo una visión compleja que combina beneficios, tensiones y riesgos.

Uno de los hallazgos centrales es que, aunque las tres plataformas son ampliamente utilizadas, cumplen funciones diferenciadas dentro del ecosistema social adolescente. TikTok se consolida como un espacio eminentemente orientado al entretenimiento y al consumo de contenidos, donde predomina la lógica del algoritmo y la visibilidad pública. Instagram ocupa una posición intermedia, combinando interacción social, construcción de identidad y seguimiento de contenidos, mientras que Snapchat destaca como la plataforma más vinculada a la comunicación íntima y directa entre iguales. De hecho, el uso de Snapchat para mensajería frecuente supera al de las otras plataformas, lo que indica que los adolescentes distinguen claramente entre espacios públicos y privados en su vida digital.

El estudio subraya que el principal motivo de uso de estas redes es el entretenimiento, seguido de la conexión con amigos. En cambio, aspectos como la información política o el seguimiento de la actualidad ocupan un lugar marginal en las motivaciones adolescentes. Esta orientación refuerza la idea de que las redes sociales, para este grupo de edad, funcionan ante todo como espacios de ocio y sociabilidad cotidiana más que como herramientas informativas o cívicas.

En términos de intensidad de uso, los datos muestran que una gran proporción de adolescentes accede diariamente —y en muchos casos varias veces al día— a estas plataformas, lo que se inscribe en un contexto más amplio de hiperconectividad juvenil: cerca de la mitad afirma estar “casi constantemente” en línea. Este uso intensivo no es homogéneo, ya que existen diferencias por género, edad y contexto social. Por ejemplo, las chicas tienden a utilizar más Instagram y TikTok, mientras que las dinámicas de interacción también varían según el tipo de contenido y la red utilizada.

El informe también aborda las percepciones subjetivas de los adolescentes sobre el impacto de estas plataformas. Muchos reconocen aspectos positivos, como la posibilidad de mantenerse en contacto con amigos, expresarse creativamente o acceder a contenidos divertidos. Sin embargo, también emergen preocupaciones relevantes, especialmente en relación con la presión social, la exposición a contenidos dañinos o el acoso. En particular, Snapchat, pese a su carácter más privado, presenta tasas significativas de experiencias negativas como el bullying, lo que evidencia que la cercanía comunicativa no elimina los riesgos sociales.

Un aspecto clave del estudio es la comparación entre la percepción de los adolescentes y la de sus padres. Mientras que los jóvenes tienden a valorar más positivamente su experiencia en redes sociales, los adultos muestran una preocupación considerable, especialmente en relación con el tiempo de uso —sobre todo en TikTok— y sus posibles efectos sobre la salud mental y el bienestar. Esta brecha generacional pone de relieve tensiones en la interpretación del papel de la tecnología en la vida cotidiana.

Finalmente, el informe se sitúa en un contexto más amplio de transformación del ecosistema digital juvenil. Aunque TikTok, Instagram y Snapchat siguen siendo centrales, el predominio del vídeo y la lógica algorítmica están redefiniendo las formas de interacción y consumo. Al mismo tiempo, el descenso de plataformas tradicionales como Facebook y el auge de nuevas prácticas digitales indican que el comportamiento adolescente en redes sociales es dinámico y en constante evolución.

Tomado de Universo Abierto

miércoles, 22 de abril de 2026

Evaluación educativa e inteligencia artificial. A propósito de los más capaces

 Por Javier Tourón

Hoy quiero hacer un a modo de resumen del «tsunami» tecnológico que está rediseñando nuestras aulas, para volver a nuestros asuntos. No estamos ante una simple herramienta, sino ante una arquitectura de apoyo multidimensional que nos obliga a preguntarnos: ¿queremos personas que piensen con herramientas o personas que deleguen su pensamiento en ellas? ¿Qué implican estos cambios en nuestras aulas?, ¿en nuestros currículos?, ¿en nuestras metodologías docentes? ¿en los esquemas de aprendizaje de nuestros estudiantes? Ya dije hace unas fechas que la pregunta no es: ¿IA, sí o no? Como tampoco nos preguntamos si móvil sí o no. La pregunta es para qué y cómo.

1. La IA como propulsor: personalización y profundización

Un alumno con altas capacidades (AACC), en el aula tradicional a menudo se siente como si tuviese que caminar con «pesas en los pies». La IA ofrece una solución definitiva al histórico «Problema de las 2 Sigma» de Bloom, permitiendo una hiper-personalización a gran escala que antes era inviable, tal como ya señalé en una entrada anterior. Esto debe catapultar:

  • El aprendizaje al propio ritmo (cuántas veces hemos hablado del self-paced learning): los sistemas adaptativos, casi una quimera hace décadas, permiten que el estudiante navegue por conceptos complejos a su velocidad, eliminando el «techo» del currículo estándar. Es decir, «si pueden, déjalos volar y no los obligues a caminar». Los recursos están ahí, solo hay que utilizarlos con criterio y oportunidad.
  • Zona de Desarrollo Próximo: la IA actúa como un generador de desafíos constantes, situando al alumno siempre en el nivel de reto óptimo para evitar el aburrimiento. Esto lo hemos llamado Optimal Match, concepto archiconocido que puedes revisar aquí.
  • Profundización: permite explorar áreas específicas e intereses personales de forma autónoma, transformando el aprendizaje en una aventura significativa. ¿Recordáis aquello de convertir la escuela en una aventura diaria y no en una tortura? Este enlace es de 2014!

2. Los Riesgos: la «habitación china» y la deuda cognitiva

Sin embargo, debemos evitar que la IA se convierta en una «muleta» que provoque la atrofia del esfuerzo.

  • La habitación china: siguiendo a Searle, corremos el riesgo de que el alumno parezca competente al manipular símbolos (procesar datos con IA) sin tener una comprensión semántica real. En esta entrada Sternberg se refiere a este asunto con toda claridad.
  • La deuda cognitiva: externalizar procesos mentales de alto nivel debilita las conexiones neuronales. Escaneos cerebrales (EEG) muestran que los usuarios dependientes de la IA tienen una conectividad significativamente menor en áreas clave para la memoria y la creatividad. Ya hablamos de esto aquí.
  • La amnesia inmediata: El 83% de los usuarios de IA no puede recordar el contenido de un ensayo apenas unos minutos después de haberlo generado, ya que el aprendizaje sin esfuerzo no deja huella en la memoria. Esto parece bastante obvio: si el ensayo lo ha generado otro, no hay modo de que lo recuerde uno… Esto tiene implicaciones para la evaluación de los productos de los alumnos.

3. El alumno como «director de orquesta» y el profesor como brújula

En este paradigma, el alumno debe ser el «director de orquesta»: utiliza la potencia de la máquina para gestionar datos, pero aporta su propio discernimiento, criterio y rigor para dar sentido al resultado.

Por su parte, el docente deja de ser el «sabio en el escenario» (the sage on the stage) para ser un mentor y brújula (the guide on the side). ¿Ya nos hemos olvidado de las virtualidades de las metodologías activas y del flipped classroom? Su función [la del profesor] es ser un «pensador en voz alta», modelando cómo dudar, verificar fuentes y gestionar la incertidumbre frente a la máquina.

4. La voz crítica de los alumnos con alta capacidad

Ya hablamos de esto hace unas semanas a propósito de un estudio de campo llevado a cabo recientemente. Puedes ver la entrada a partir de este enlace.

Es fascinante, y algo a tener muy en cuenta, el notar que los alumnos con AACC suelen ser los más críticos con la IA, cuestionándola no por ignorancia, sino por una alta exigencia de autenticidad y justicia.

  • Dilución de la creatividad: temen que la IA homogenice su trabajo. Es icónica la anécdota de la alumna que rechazó un dibujo de IA de un delfín diciendo: «yo lo mismo pintaré; a diferencia de la IA, yo sé dónde va la aleta dorsal».
  • Escepticismo técnico: definen a menudo la IA como «clunky» (torpe) o poco confiable para razonamientos divergentes y profundos.
  • Frustración con las restricciones: se sienten penalizados cuando los centros, por miedo al mal uso de otros, bloquean herramientas digitales legítimas que ellos necesitan para organizar sus ideas ágilmente.

5. Guía de Uso: cuándo invitar (y cuándo no) a la IA al aprendizaje

DimensiónPara qué USAR la IA (Pros)Para qué NO usarla (contras)
PersonalizaciónAdaptar el nivel de reto y ritmo a la capacidad real, rompiendo el techo del aula.Sustituir el esfuerzo intelectual básico por resultados automáticos sin reflexión.
InvestigaciónFiltrar miles de fuentes masivas (Píldora de Investigación) para ganar tiempo de análisis profundo.Aceptar respuestas como verdades absolutas sin auditar sesgos, errores o «alucinaciones».
CreatividadComo compañero de brainstorming para generar conexiones inusuales y andamiaje.Delegar la esencia personal, la voz propia o la autoría genuina del trabajo creativo.
AccesibilidadApoyar a alumnos con doble excepcionalidad (2e) con herramientas de texto a voz o andamiaje.Delegar la comprensión emocional, la empatía o la mentoría personal, que son irreemplazables.
ProductividadAutomatizar tareas mecánicas y repetitivas (resúmenes básicos, calendarios) para liberar tiempo de tutoría.Externalizar procesos de pensamiento crítico, sabiduría o toma de decisiones éticas y vitales.

6. La Transformación de la evaluación y las tareas

Para verificar que el aprendizaje es real y que la IA no ha tomado el mando, la evaluación debe modificarse y pasar de juzgar el producto a auditar el proceso. Hace tiempo que es más relevante preguntar no ¿qué sabes? sino ¿qué sabes hacer con lo que sabes? Veamos unos simples ejemplos:

  • Auditoría cognitiva: en lugar de pedir al alumno un ensayo, entrégale uno generado por la IA que contenga un error sutil o una omisión profunda. La tarea del alumno es actuar como autoridad técnica: encontrar el fallo, explicar por qué ocurrió y proponer una solución superior basada en su propio rigor.
  • Inteligencia de convocatoria inmediata: evaluar mediante debates en tiempo real, entrevistas o defensas orales donde el alumno no tenga apoyo externo. Si un alumno no puede defender su tesis cara a cara, su competencia es solo una «ilusión de saber». ¿No os recuerda esto a la defensa de una tesis doctoral o tesis de máster, por ejemplo?
  • Tareas de reflexión «pre-pantalla»: pedir al alumno que genere sus propias ideas e hipótesis antes de interactuar con la IA, para que esta sea un compañero de debate y no un oráculo inicial.

En conclusión, la educación del talento en el siglo XXI no se define por cuánta información se posee, sino por la autonomía intelectual y la capacidad de ser pensadores críticos que auditan la tecnología. El conocimiento propio, forjado a través del estudio y el análisis, es el único vuelo que realmente nos pertenece.

Permitidme terminar con un pensamiento de gran filósofo Alejandro Llano pronunciado hace más de treinta años:

“Lo descriptivo cederá la primera posición a lo metodológico. Lo formativo tendrá mayor relevancia que lo informativo. El objetivo focal será una intensa y amplia preparación intelectual: aprender a pensar con rigor, hondura y creatividad” (Llano, A., 1994, discurso apertura de curso Universidad de Navarra).

¡Nada que añadir!

Como complemento de esta entrada adjunto esta imagen que he realizado con NotebookLM y que puede ser un buen resumen de lo expuesto en esta entrada y alguna anterior. Espero que os resulte de interés.



Tomado de Javier Tourón


martes, 21 de abril de 2026

Diseña tu recurso educativo (app y HTML)

 Por Ramón Besonías.


He diseñado un Gem (asistente especializado) enfocado en el diseño de recursos educativos. Su objetivo es sencillo: permitir que cualquier profesor transforme sus materiales en aplicaciones interactivas autónomas que funcionan en cualquier pizarra digital o dispositivo, y además poder descargar ese recurso en formato html para poder verlo e interactuar con él en cualquier navegador y cuando desee.

🔗 Enlace al asistente


Este Gem no se limita a escribir el código; te guía en un proceso iterativo:

  • Diagnóstico: Analiza tu contexto y nivel de alumnos para proponer el mejor formato.

  • Diseño: Sugiere elementos de usabilidad, feedback visual y lógica de acierto/error que a veces olvidamos al diseñar.

  • Generación: Crea la aplicación en un panel de vista previa (Canvas) para que puedas probarla antes de terminarla.

  • Descarga: Una vez lista, la propia app incluye un botón para guardar en HTML el recurso y así puedas usarlo sin necesidad de internet. 


Modelos de ejemplo

He preparado dos ejemplos prácticos que puedes probar y descargar para ver el potencial de esta herramienta. No están pulidos. Los he creado para que veas ejemplos y su potencial didáctico.

1. Gymkana por Sevilla 

Una aventura por Sevilla donde estudiantes ingleses de nivel B2 practican el español, observando detalles reales y aplicando gramática.

  • Objetivo: Fomentar el descubrimiento cultural y la interacción social.

  • Funcionamiento: Incluye barras de progreso, pistas desplegables y retos de observación visual.

🔗 Enlace a la app interactiva

💾 Descargar HTML para uso offline

(Al pinchar, se te abrirá una ventana. Dale a Archivo, y después a Descargar)


2. Diccionario visual "Mi Comida"

Un recurso para estudiantes marroquíes de español nivel A1 que combina imagen y sonido.

  • Objetivo: Refuerzo de vocabulario y fonética mediante el sistema Text-to-Speech (TTS).

  • Funcionamiento: Dos modos de uso: Estudio (para escuchar y repetir) Juego (desafíos de identificación auditiva).

🔗 Enlace a la app interactiva

💾 Descargar HTML para uso offline

(Al pinchar, se te abrirá una ventana. Dale a Archivo, y después a Descargar)




¿Cómo empezar?

Solo tienes que subir tus apuntes, un esquema o una lista de vocabulario al asistente y decirle: "Quiero convertir esto en una app interactiva..." El sistema se encargará de crear una interfaz táctil, limpia y lista para el aula. 

Al final del proceso se activará en modo Canvas de Gemini y deberás ir limando la app para que quede como deseas. Comprueba que el botón de la parte inferior te deja descargar el HTML. Pruébalo en tu navegador.

Ambas opciones, app mediante link o HTML descargable, son compatibles y útiles según para qué:

  • La app es cómoda: pones el link en tu pizarra digital o se lo pasas a los estudiantes y listo. Y puedes seguir editándola a tu gusto.
  • El HTML sirve si no tienes internet o ya no recuerdas dónde está la app. Es un recurso en modo archivo muy cómodo para compartir. Pero es fija, no se puede modificar.
Tomado de IA EDUCATIVA

lunes, 20 de abril de 2026

Las apps de IA y el efecto Tamagotchi

Por Carlos Bravo Reyes y Mercedes Leticia Sánchez Ambriz.

No te pierdas el debate entre dos personas, una a favor del empleo de la IA y la otra que se opone a su empleo constante; el podcast lo escuchas desde aquí.

Recientemente, en medio de una clase, pregunté a mis estudiantes si conocían Sócrates, una herramienta de IA, que en semestres pasados empleé con frecuencia. Inmediatamente escribí en el navegador la URL de dicha aplicación y de pronto una pantalla en blanco, pensé en un error y nada; la app dejó de existir.

Cada día nace una nueva aplicación de inteligencia artificial. La probamos, nos entusiasma, la llevamos al aula, la comentamos con colegas, la presentamos en un congreso y, en no pocos casos, hasta escribimos sobre sus bondades. Nos convencemos de que esta app llegó para quedarse y cada día crecer más. Organizamos algunas clases en base a ella, la insertamos en los métodos y la evaluación. Luego ocurre algo que ya se está volviendo habitual: la app cambia sus condiciones de uso, se vuelve de pago, es absorbida por otra plataforma o, simplemente, deja de ser visible, desaparece como me ocurrió días atrás.

Esta escena me lleva a recordar al Tamagotchi. Aquel juguete que llenó los mercados a finales de los noventa comenzaba como un huevo, crecía con los cuidados de los niños y podía morir. Había que atenderlo, seguirlo, alimentarlo y sostenerlo. Su existencia dependía de una relación constante. Algo parecido ocurre hoy con muchas aplicaciones de IA. Nacen con fuerza, reclaman atención, generan apego y, de pronto, dejan de existir en el lugar que ocupaban en nuestras rutinas digitales. La comparación puede estar traída por los pelos, pero ayuda a nombrar un fenómeno serio: la vida breve de muchas herramientas tecnológicas y el modo en que esa fragilidad termina afectando la práctica pedagógica.

El problema no radica en que aparezcan nuevas aplicaciones. Esa dinámica forma parte del ecosistema digital contemporáneo. El problema comienza cuando el docente deposita en una herramienta efímera una función que debería descansar en una decisión pedagógica más estable. En ese punto, la desaparición de la app deja de ser una anécdota tecnológica y se convierte en una dificultad didáctica. Es necesario destacar que otras muchas herramientas empleadas diariamente, crecen en sus posibilidades y mejora de interacción y están lejos de desaparecer. Tal vez debamos fijarnos más en ellas, que en las otras para evitar el efecto Tamagotshi.

Del huevo digital al vacío metodológico

El ciclo suele repetirse de manera similar. Primero aparece una app con una promesa potente. Dice ahorrar tiempo, mejorar resultados, personalizar aprendizajes o ampliar la creatividad del estudiante. Después llega la etapa del entusiasmo. Se multiplican los tutoriales, los videos de recomendación, las pruebas rápidas y las publicaciones en redes. La herramienta entra a las clases, a los talleres y a las conversaciones académicas. Todo parece apuntar a que estamos ante una innovación de largo alcance.

Al poco tiempo, el escenario cambia. La aplicación comienza a poner límites, a cerrar funciones, a modificar su interfaz o a exigir pagos que antes no pedía. En otros casos, desaparece sin anuncio visible para la mayoría de los usuarios. Queda entonces una sensación extraña. Aquello que hace poco era tema de moda se convierte en un recuerdo amargo. El aula, sin embargo, no funciona con recuerdos amargos y lamentos tecnológicos. El aula necesita continuidad, criterios y decisiones que soporten el paso del tiempo.

En educación, esto merece una lectura crítica. Una cosa es usar una app como medio complementario, tal vez como experimento. Otra muy distinta es organizar una experiencia de aprendizaje entera alrededor de una tecnología cuya permanencia nadie puede garantizar. La fascinación por la novedad, en ese contexto, puede nublar el juicio profesional. El docente empieza a seguir herramientas como quien sigue una tendencia, y no como quien examina recursos desde objetivos, contenidos, mediaciones y formas de evaluación.

Esta situación se conecta con un fenómeno que cada vez se vuelve más visible: la saturación de propuestas de IA, que conducen a la Aitoxicación, fenómeno que hemos abordado en el blog. Cada semana aparecen nuevas plataformas que prometen hacer mejor lo que otra prometía ayer. La abundancia no siempre mejora el panorama. En ocasiones lo vuelve más confuso. Se instala la sensación de que siempre falta probar la siguiente app, como si el valor pedagógico estuviera en la novedad y no en la coherencia del uso. El resultado puede ser una práctica dispersa, frágil y dependiente del ritmo comercial de las empresas tecnológicas. Todas las herramientas, como hemos comentado más de una vez en el blog, son recursos, medios del proceso pedagógico que se subordinan al método y dependen por completo de la relación objetivos contenidos.

Lo que debe permanecer cuando la app desaparece

La primera lección que deja el efecto Tamagotchi es clara: el centro del trabajo docente no puede ser la app. El centro debe ser la intención pedagógica, el objetivo a alcanzar. La pregunta decisiva no es qué herramienta está de moda, sino qué se quiere lograr en el aprendizaje. Si la meta consiste en promover pensamiento crítico, fortalecer la redacción, organizar información, comparar fuentes o producir una imagen con sentido didáctico, entonces la función debe quedar por encima de la plataforma concreta. Es decir, se subordina a la metodología seleccionada.

La segunda lección tiene que ver con la transferencia metodológica. Una buena actividad debería poder migrar de una app a otra sin perder su valor formativo. Si una estrategia solo funciona con una plataforma específica, la dependencia es demasiado alta. En cambio, si la tarea conserva su estructura, aunque cambie el soporte, hay mayor solidez didáctica. El docente deja de ser usuario cautivo de una app y pasa a ser diseñador de experiencias de aprendizaje.

La tercera lección remite a la curación de herramientas. No basta con conocer muchas aplicaciones. Hace falta aprender a seleccionar, que es el primer paso en la ruta crítica en el trabajo con los medios. Conviene mirar estabilidad, claridad en las condiciones de uso, facilidad de acceso y de manejo por parte de los estudiantes, posibilidades de exportar resultados, protección de datos y pertinencia para el contexto educativo real, entre otras razones. Una app puede resultar espectacular en una demostración breve y fallar por completo en una secuencia de clase más exigente. Ahora bien, no toda adopción intensa de una herramienta implica dependencia ingenua; en algunos casos, el uso sostenido permite consolidar prácticas valiosas. El problema no es la frecuencia de uso, sino la ausencia de criterios para reemplazar, adaptar o evaluar la herramienta.

La cuarta lección alcanza a la escritura académica y a la divulgación educativa. Cada vez que un docente o investigador escribe sobre una app de IA, debería evitar el tono de deslumbramiento. Presentar una herramienta como solución definitiva, o la que cambia todo lo que antes hacías con otra IA, suele ser una forma de simplificación. Es más honesto analizarla como recurso provisional, situado y condicionado por un mercado muy inestable. Esa cautela no enfría la innovación, la vuelve más seria.

También hay una enseñanza para los estudiantes. Formarlos solo en el manejo de una app concreta produce aprendizajes débiles. Formarlos en criterios, preguntas, análisis, evaluación de fuentes y producción reflexiva produce capacidades que sobreviven a la desaparición de una plataforma. La educación no puede depender de la duración comercial de un producto digital. Debe apoyarse en procesos cognitivos que mantengan vigencia, aunque cambie el entorno tecnológico.

Por eso, la metáfora del Tamagotchi no es una simple imagen nostálgica. Permite comprender un rasgo central del presente digital. Muchas aplicaciones de IA nacen como huevo brillante, crecen con rapidez, capturan nuestra atención y luego se apagan. El riesgo aparece cuando el docente también apaga con ellas una parte de su estrategia de enseñanza; entonces conviene detenerse. La mediación pedagógica no puede tener la misma esperanza de vida que una app.

Las herramientas pasarán, unas morirán pronto, otras mutarán y algunas serán absorbidas por plataformas mayores. El reto del docente consiste en no confundir innovación con dependencia. Probar, explorar y experimentar sigue siendo necesario. Lo que no debe perderse es la distancia crítica. En tiempos de sobreoferta tecnológica, esa distancia se vuelve una forma de madurez profesional.

Tal vez esa sea la enseñanza más útil de todo este proceso: no hay que enamorarse de la app. Hay que trabajar con criterios que sigan vivos cuando la app ya no esté. 

Tomado de 366-días