lunes, 8 de junio de 2026

La inteligencia artificial no comprende el conocimiento: riesgos epistemológicos para la investigación científica contemporánea

 Por Mercedes Leticia Sánchez Ambriz y Carlos Bravo Reyes

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

Nunca antes había sido tan sencillo producir un texto académico. Hoy, un investigador puede solicitar a una inteligencia artificial la redacción de un resumen, un marco teórico, una introducción metodológica o incluso una interpretación preliminar de resultados en cuestión de segundos. La velocidad, fluidez y coherencia aparente de estos sistemas generan la impresión de estar frente a una tecnología capaz de comprender el conocimiento humano. Sin embargo, detrás de esta capacidad lingüística existe una limitación fundamental que la educación superior y la investigación científica no pueden ignorar: la inteligencia artificial carece de comprensión epistemológica.

Este problema va mucho más allá de los errores técnicos o de las conocidas “alucinaciones” de la inteligencia artificial. El verdadero riesgo aparece cuando el investigador comienza a delegar procesos esenciales del pensamiento científico a sistemas que no comprenden la naturaleza, validez y justificación del conocimiento que producen. En ese momento, la investigación deja de construirse desde el análisis crítico y comienza a desplazarse hacia formas de automatización intelectual que pueden erosionar progresivamente la integridad académica (Gallent-Torres et al., 2023).

La inteligencia artificial generativa funciona mediante modelos probabilísticos entrenados con enormes cantidades de datos. Su capacidad consiste en identificar patrones lingüísticos y predecir secuencias plausibles de palabras, no en comprender conceptos desde una perspectiva epistemológica. Esto significa que la IA puede producir textos coherentes y académicamente convincentes sin distinguir entre afirmaciones científicamente válidas, interpretaciones discutibles o errores conceptuales. En la actualidad cada vez nos percatamos que las respuestas a la misma preguntas en diferentes LLM son casi similares, lo que da a entender que las IA se están copiando entre sí.

Como advierte Carr (2010), las tecnologías digitales modifican progresivamente la forma en que procesamos la información, afectando la profundidad de la atención y la capacidad de reflexión crítica. En este contexto, la IA no solo acelera procesos de escritura, sino que también puede favorecer relaciones cada vez más superficiales con el conocimiento.

Producción textual y producción científica

Uno de los principales problemas contemporáneos es la creciente confusión entre producción textual y producción científica. La facilidad para obtener respuestas inmediatas puede generar una falsa sensación de comprensión académica. Un texto producido mediante IA puede incorporar terminología especializada, estructuras argumentativas complejas y referencias aparentemente coherentes; sin embargo, ello no garantiza rigor metodológico, validez epistemológica ni pensamiento crítico.

La plausibilidad discursiva no equivale a conocimiento científico. Un discurso bien redactado puede ocultar debilidades conceptuales importantes cuando no existe verificación empírica, contrastación de fuentes o análisis crítico profundo.

En diversos contextos universitarios comienzan a observarse prácticas académicas orientadas más hacia la rapidez de producción textual que hacia la comprensión profunda del conocimiento. La expansión de herramientas de inteligencia artificial generativa ha facilitado el acceso inmediato a resúmenes, explicaciones y estructuras argumentativas completas, situación que puede incentivar formas de aprendizaje superficiales si no existe acompañamiento pedagógico crítico (Flor-Terán & Sandoval-Reyes, 2024).

Diversos estudios recientes advierten que la automatización de procesos cognitivos puede debilitar habilidades esenciales como la interpretación, contrastar fuentes y la construcción autónoma del pensamiento académico (Caldevilla-Domínguez, 2024). La investigación corre el riesgo de transformarse progresivamente en un proceso de ensamblaje textual automatizado en lugar de constituirse como un ejercicio reflexivo de producción de conocimiento.

La simulación de comprensión

Uno de los fenómenos más delicados de la inteligencia artificial contemporánea es su capacidad para simular comprensión. Los modelos generativos producen respuestas que aparentan reflexión, análisis o pensamiento crítico; sin embargo, operan exclusivamente mediante correlaciones estadísticas y predicción probabilística del lenguaje.

La inteligencia artificial no posee conciencia epistemológica sobre causalidad, evidencia, verificabilidad o falsedad científica. Como plantearía Popper (1959), el conocimiento científico exige contrastación crítica y posibilidad de refutación, condiciones imposibles de ejecutar conscientemente por sistemas que carecen de comprensión real del mundo.

En consecuencia, un texto generado por IA puede exhibir coherencia sintáctica y sofisticación terminológica sin garantizar consistencia conceptual ni validez metodológica. Esta situación incrementa el riesgo de que estudiantes e investigadores confundan calidad discursiva con producción genuina de conocimiento científico.

La automatización del discurso académico puede producir un efecto particularmente problemático: la sustitución gradual del esfuerzo intelectual por respuestas automatizadas aparentemente suficientes. Cuando la IA comienza a reemplazar tareas fundamentales como interpretar resultados, construir categorías analíticas o establecer relaciones teóricas, deja de funcionar como apoyo instrumental y empieza a ocupar espacios que pertenecen al juicio científico humano (Vílchez Ruiz, 2024).

Riesgos epistemológicos para la investigación científica

El principal riesgo epistemológico no consiste únicamente en la aparición de errores o imprecisiones. El problema más profundo es el debilitamiento progresivo de las capacidades intelectuales necesarias para investigar críticamente.

La investigación científica requiere:

  • problematizar fenómenos,
  • formular hipótesis,
  • interpretar evidencia,
  • reconocer limitaciones metodológicas,
  • y construir explicaciones fundamentadas.

Estas competencias no pueden delegarse completamente a sistemas automatizados porque implican razonamiento crítico, interpretación contextual y responsabilidad intelectual.

Desde una perspectiva metodológica, el uso de inteligencia artificial en investigación científica debe mantenerse bajo supervisión humana permanente. La IA puede ser útil para:

  • organizar información,
  • sintetizar documentos,
  • apoyar búsquedas preliminares,
  • o mejorar procesos de redacción.

No obstante, la validación conceptual, el análisis crítico y la interpretación de resultados deben seguir siendo responsabilidad del investigador.

Delegar completamente estas funciones en sistemas automatizados podría afectar seriamente la calidad epistemológica de la producción científica y debilitar la integridad académica de las investigaciones (Egan, 2024).

Inteligencia artificial y educación superior

La educación superior enfrenta actualmente el desafío de integrar la inteligencia artificial sin sustituir el desarrollo del pensamiento crítico. La discusión ya no debe centrarse exclusivamente en prohibir herramientas tecnológicas, sino en construir modelos pedagógicos capaces de enseñar su uso ético, crítico y transparente.

La integridad académica ya no puede reducirse únicamente a la prevención del plagio. Actualmente implica:

  • honestidad intelectual,
  • transparencia metodológica,
  • uso responsable de herramientas digitales,
  • y capacidad de construir pensamiento propio (Flores Morales et al., 2024).

Diversas investigaciones recientes sostienen que las universidades deben promover alfabetización digital crítica y formación ética sobre inteligencia artificial. Los estudiantes necesitan comprender:

  • cómo funcionan los modelos generativos,
  • cuáles son sus limitaciones,
  • qué riesgos presentan,
  • y cómo verificar críticamente la información que producen.

En este contexto, la IA puede convertirse tanto en una herramienta pedagógica valiosa como en un factor de dependencia cognitiva, dependiendo de cómo sea utilizada institucional y académicamente (Ibarra Beltrán et al., 2023).

Ética, transparencia e integridad académica

El debate sobre inteligencia artificial no debe centrarse únicamente en detectar fraude académico. La discusión más relevante consiste en comprender cómo preservar la honestidad intelectual en entornos crecientemente automatizados.

El uso ético de inteligencia artificial exige transparencia. Investigadores y estudiantes deberían declarar explícitamente:

  • cuándo utilizaron IA,
  • con qué finalidad,
  • y cuáles fueron los límites de su participación humana.

La transparencia metodológica fortalece la confianza académica y permite distinguir entre apoyo instrumental legítimo y sustitución indebida del trabajo intelectual.

Asimismo, las universidades necesitan actualizar sus políticas de integridad académica para responder a escenarios tecnológicos cada vez más complejos. La discusión contemporánea ya no puede limitarse a categorías tradicionales de plagio, sino que debe incorporar:

  • automatización intelectual,
  • dependencia cognitiva,
  • autoría híbrida,
  • y validación crítica de contenidos generados algorítmicamente (Vargas-Morúa, 2021).

Recomendaciones

1. Fortalecer la alfabetización epistemológica

Las universidades deben enseñar no solo el uso técnico de herramientas digitales, sino también sus límites epistemológicos y éticos.

2. Promover transparencia sobre el uso de IA

Los trabajos académicos deberían incluir declaraciones explícitas sobre el uso de inteligencia artificial en procesos de investigación o redacción.

3. Priorizar la validación humana

Toda información generada mediante IA debe ser contrastada con fuentes académicas verificables y revisada críticamente por el investigador.

4. Diseñar evaluaciones centradas en pensamiento crítico

Las instituciones educativas deberían priorizar actividades que evalúen interpretación, argumentación y reflexión propia más que reproducción textual.

5. Actualizar políticas institucionales

Las universidades necesitan adaptar sus normativas de integridad académica a los nuevos desafíos asociados con inteligencia artificial generativa.

Como hemos visto, la IA constituye una herramienta tecnológica con enorme capacidad de transformación académica; sin embargo, su impacto dependerá fundamentalmente del modo en que sea incorporada en los procesos educativos e investigativos.

El verdadero desafío contemporáneo consiste en evitar que la automatización sustituya la capacidad humana de pensar críticamente. La universidad no puede reducirse a espacios de producción acelerada de textos, sino que debe preservar su función esencial como lugar de análisis, cuestionamiento, construcción de conocimiento y formación ética. En este escenario, el pensamiento crítico, la honestidad intelectual y la responsabilidad académica adquieren aún mayor relevancia frente a tecnologías capaces de producir discursos aparentemente sofisticados sin comprensión epistemológica real.

Por ello, la formación universitaria del futuro requerirá no solo competencias digitales, sino también capacidades sólidas de interpretación, evaluación crítica de fuentes, argumentación y reflexión autónoma. La inteligencia artificial puede apoyar procesos académicos importantes, pero nunca debería reemplazar el juicio científico ni la responsabilidad intelectual que caracterizan la auténtica producción de conocimiento.

Conclusiones

La inteligencia artificial generativa representa una de las transformaciones tecnológicas más significativas para la educación superior y la investigación científica contemporánea. Su capacidad para producir textos complejos, organizar información y asistir procesos académicos ofrece oportunidades importantes para optimizar ciertas tareas intelectuales. Sin embargo, estas ventajas también introducen desafíos éticos y epistemológicos que no pueden ser ignorados.

El principal riesgo no radica únicamente en el aumento potencial del plagio o en la automatización de la escritura académica, sino en la progresiva delegación del pensamiento crítico a sistemas que carecen de comprensión epistemológica, conciencia científica y capacidad real de validación conceptual.

La producción lingüística automatizada no equivale necesariamente a producción de conocimiento. Un texto coherente puede aparentar profundidad intelectual sin poseer rigurosidad metodológica ni reflexión crítica auténtica.

Por ello, el desafío contemporáneo de las universidades no consiste exclusivamente en restringir el uso de inteligencia artificial, sino en formar estudiantes e investigadores capaces de utilizarla de manera ética, crítica y responsable. La integridad académica en la era digital exige fortalecer la autoría intelectual, la validación rigurosa de fuentes y la capacidad humana de interpretar, cuestionar y construir conocimiento con autonomía.

El futuro de la investigación científica dependerá menos de la velocidad con que se produzcan textos y más de la capacidad crítica con que las personas comprendan, evalúen y utilicen el conocimiento en contextos tecnológicos cada vez más complejos.

Referencias

Caldevilla-Domínguez, D. (2024). Usos éticos de la IA en la universidad moderna: Más allá del plagio. EDU Review, 12(1), 57–65. https://doi.org/10.37467/revedu.v12.5184

Carr, N. (2010). The shallows: What the Internet is doing to our brains. W. W. Norton & Company.

Egan, L. (2024). Plagiarism: History, culture, and prevention. University of North Dakota.

Flores Morales, J. A., Quinteros María Fe Guadalupe, R., Contreras Maguiña, A. P., & Luna Román, E. A. (2024). Originalidad y honestidad intelectual: Navegando por las aguas del plagio. Revista de Climatología, 24, 2032–2038. https://doi.org/10.59427/rcli/2024/v24cs.2032-2038

Flor-Terán, G. A., & Sandoval-Reyes, P. A. (2024). La ética en el uso de la inteligencia artificial (IA) en la educación: desafíos y oportunidades. Polo del Conocimiento, 9(11), 255–282. https://doi.org/10.23857/pc.v9i11.8276

Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., & Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad académica. RELIEVE, 29(2). https://doi.org/10.30827/relieve.v29i2.29134

Ibarra Beltrán, Á. de J., Aguayo Álvarez, Z., & Velázquez García, R. E. (2023). Desmitificando el plagio digital: Percepciones y realidades de la ética estudiantil desde el Centro Universitario de Tonalá. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 4(5), 1418–1431. https://doi.org/10.56712/latam.v4i5.1403

Popper, K. (1959). The logic of scientific discovery. Hutchinson.

Vargas-Morúa, E. (2021). El plagio: consideraciones para su prevención. Espiga, 21(41), 68–85.

Vílchez Ruiz, M. I. (2024). Contenido educativo con inteligencia artificial: ¿Restringir o enseñar a personalizar éticamente en el ámbito educativo? Revista Científica Ciencia y Tecnología, 24(44).

Tomado de 366-días

viernes, 5 de junio de 2026

Balance del uso que hacemos docentes y estudiantes de la IA generativa

 Por Ramón Besonías.



Según el INE, en su Encuesta sobre Equipamiento y Uso de TIC en los Hogares 2025, publicada el 20 de noviembre de 2025, un 37,9 % de personas de 16 a 74 años han usado IA generativa en los últimos 3 meses. La brecha de uso por sexos es minúscula: hombres, un 39,9 %; mujeres, un 35,9 %.


Edad

Han usado IA generativa

Uso privado

Uso profesional

Educación formal

Total 16-74

37,9 %

30,2 %

17,9 %

16,2 %

16-24 

75,6 %

53,0 %

21,1 %

59,3 %

25-34 

57,2 %

49,7 %

30,7 %

19,4 %

35-44 

43,8 %

36,7 %

23,8 %

12,2 %

45-54 

32,6 %

25,5 %

19,7 %

11,1 %

55-64 

19,2 %

15,6 %

10,1 %

4,8 %

65-74 

7,4 %

6,9 %

1,5 %

1,0 %


Por edades, llama la atención que son los jóvenes quienes más la usan, sobre todo para tareas educativas, mientras que el porcentaje baja significativamente para uso profesional en adultos. Los datos sugieren un alto porcentaje de uso en estudiantes y escaso en docentes

En el resto de Europa, los datos no varían: Eurostat sitúa el uso medio de IA generativa en la UE en torno a 33 % de la población de 16 a 74 años en 2025, por lo que España, con 37,9 %, aparece por encima de la media europea. Eurostat también confirma el mismo patrón: uso mucho más alto en jóvenes y algo superior en hombres que en mujeres.

El informe La IA en la FP: oportunidades y riesgos, elaborado por Ayuda en Acción y CSIC, aporta datos específicos sobre FP. Según la ficha recogida por Educaweb, el estudio se basa en 355 encuestas a docentes de FP y 549 estudiantes de ciclos de FP. En Ciclos Formativos de Grado Superior, el 90 % del alumnado ha usado alguna vez herramientas como ChatGPT y el 43 % lo hace de forma habitual. Entre los usos declarados, el 77 % la emplea para redactar trabajos y el 55 % para estudiar exámenes.

Alumnado de FP, especialmente Grado Superior

Porcentaje

Ha usado alguna vez IA generativa

90 %

Uso habitual

43 %

La usa para redactar trabajos

77 %

La usa para estudiar exámenes

55 %


El VI Informe Empantallados y GAD3, Educar en la era de la IA, trabaja con 507 padres/madres, 207 adolescentes de 14 a 17 años y 208 profesores. El informe señala que la IA tiene ya una presencia significativa en el ámbito educativo: alrededor de la mitad del alumnado y el 60 % del profesorado afirman que está “muy o bastante presente” en la enseñanza. También recoge que los estudiantes la usan sobre todo para buscar información, estructurar trabajos y resolver dudas; un 30 % admite usarla para hablar de temas personales o para realizar trabajos íntegramente.

Empantallados + GAD3, 2025

Dato

Muestra adolescentes

207, 14-17 años

Muestra profesorado

208

Alumnado que percibe la IA muy/bastante presente en educación

En torno a la mitad

Profesorado que percibe la IA muy/bastante presente en educación

En torno al 60 %

Estudiantes que usan IA para búsqueda de información

80 %


El proyecto EdU-InA, financiado por MICIU/AEI/FEDER, encuestó a 730 docentes de varias universidades españolas: UAB, Complutense, Granada, León, Vigo y UOC, entre otras participaciones menores. El dato central: el 53,4 % del profesorado universitario usa IA generativa en docencia, frente al 46,6 % que no la usa. Entre los usos más habituales están adaptar materiales, elaborar materiales docentes, diseñar actividades de evaluación, buscar bibliografía y estructurar presentaciones.

Profesorado universitario, EdU-InA 2025

Porcentaje

Usa IA generativa en docencia

53,4 %

No la usa

46,6 %

Adapta materiales con IA

35,3 %

Elabora materiales docentes

28,9 %

Diseña actividades de evaluación

27,8 %

Busca bibliografía

25,9 %

Estructura presentaciones

22,6 %


Los datos revelan que aunque más de la mitad la usa, su integración en los procesos de enseñanza todavía es limitada. Por ejemplo, solo el 15,6 % la ha usado para planificar docencia, el 13,7 % para impartir docencia y el 12,5 % para actividades donde el alumnado usa IA generativa en al menos la mitad de las clases. No existe un hábito asentado. Se reduce a hazme tareas de aula, sin mucha iteración. 

Hay datos fiables sobre las herramientas más usadas, pero no una fuente oficial pública que cruce cada herramienta con franjas de edad en España. La fuente más sólida para “número de usuarios” es GfK DAM, medidor oficial del consumo digital en España. GfK mide usuarios únicos mensuales de plataformas de IA. Los datos de marzo de 2025 son:

Puesto

Herramienta

Usuarios mensuales 

Audiencia media diaria

Tiempo medio mensual por usuario

ChatGPT

10.768.432

2.654.295

2 h 06 min 48 s

Google Gemini

2.306.477

219.010

34 min 11 s

Microsoft Copilot

2.122.791

240.226

34 min 19 s


La III Encuesta Funcas sobre Inteligencia Artificial, con trabajo de campo en diciembre de 2025 y muestra representativa de población española de 18 a 75 años, confirma lo mismo: ChatGPT, Gemini y Copilot. Según Funcas, el uso frecuente de ChatGPT pasó del 14 % en 2024 al 28 % en 2025; Gemini alcanzó el 11 % y Copilot el 6 %. Perplexity, Grok y Claude quedaban por debajo del 2 % en uso frecuente.

El INE 2025 no ofrece desglose por herramienta concreta, pero sí por uso general de IA generativa. En población de 16 a 74 años, el 37,9 % ha usado alguna herramienta de IA generativa en los tres meses anteriores a la encuesta. Su uso disminuye a medida que aumenta la franja de edad. Esto revela la escasa implantación en los adultos.

Edad

Uso de alguna herramienta de IA generativa

16-24 años

75,6 %

25-34 años

57,2 %

35-44 años

43,8 %

45-54 años

32,6 %

55-64 años

19,2 %

65-74 años

7,4 %


Respecto al uso en la educación Secundaria, el dato oficial del INE 2025 no habla específicamente de Secundaria, pero sirve como contexto: en España, el 75,6 % de los jóvenes de 16 a 24 años ha usado IA generativa en los últimos tres meses, y el 59,3 % la ha usado para educación formal. Es decir, el tramo que incluye parte de Bachillerato, FP y universidad ya tiene un uso muy alto.

El informe Empantallados + GAD3, Educar en la era de la IA, trabaja con adolescentes de 14 a 18 años, familias y profesorado. La muestra incluye alumnado de ESO, FP y Bachillerato: 55 % ESO, 17 % FP y 27 % Bachillerato.

Uso de IA generativa por alumnado

Porcentaje

Búsqueda de información

80 %

Ayuda para iniciar o estructurar trabajos

68 %

Preparación de exámenes / aclarar dudas / simulaciones

58 %

Resolución de problemas matemáticos o científicos

46 %

Creación de contenidos visuales, imágenes o vídeos

44 %

Pedir que haga un trabajo completo

29 %

Hablar con IA sobre temas personales o decisiones importantes

28 %


El dato más delicado es ese 29 % que admite usarla para que le haga un trabajo completo. Seguro que es un porcentaje mayor. En las encuestas, se suele obviar los usos menos legítimos o de dudosa ética.

Por otro lado, los usos se limitan a un uso instrumental rudimentario. No afectan al diseño curricular o creación de SdA, y no se usa para que el estudiante genere contenido. 

Sin embargo, el informe afirma que la IA está muy o bastante presente en la educación para, al menos, la mitad del alumnado, y para 6 de cada 10 docentes en su práctica profesional.

Uno de los datos más útiles para Secundaria es la percepción cruzada docente-estudiante. En 2025, el 54 % del alumnado cree que sus profesores saben más que ellos sobre IA; pero el 55 % del profesorado cree que sus alumnos saben más que ellos. Hay una especie de malentendido mutuo. El alumnado no siempre domina la IA; muchas veces solo la usa. Y parte del profesorado se siente por detrás.

Empantallados + GAD3 recoge que más de la mitad del alumnado considera que no recibe suficiente formación sobre uso adecuado de IA en el aprendizaje: un 19 % está “mucho” de acuerdo y un 40 % “bastante” de acuerdo, es decir, 59 % en total. Además, un 54 % cree que hay profesores que piden tareas que ya no son útiles por la existencia de IA.

Percepción del alumnado

Porcentaje

“No recibimos formación suficiente sobre uso adecuado de IA”

59 %

“Hay profesores que piden tareas que ya no son útiles por la existencia de IA”

54 %

“Mis profesores no saben cómo y cuánto usamos IA para tareas”

51 %


Para docentes no universitarios, los datos son menos específicos por etapa, pero Cotec/40dB ofrece un estudio que se basa en más de 7.000 encuestados de 16 a 65 años, incluyendo comunidad educativa y población general. El 68 % de la población cree que la IA ya se está usando en las escuelas; entre profesionales de la educación sube al 79 %. Además, el 60 % cree que al profesorado le falta formación. Cotec también señala que los profesionales del sector educativo ven utilidad en la IA para tareas docentes: 71 % para creación de materiales, 68 % para planificación de clases y 67 % para seguimiento personalizado.

Uso docente potencial según profesionales educativos

Porcentaje

Creación de materiales

71 %

Planificación de clases

68 %

Seguimiento personalizado

67 %

Automatización administrativa

72 %

Reducción de carga burocrática

65 %


Respecto a la evaluación, el 70 % de los docentes encuestados por Empantallados + GAD3 afirma poder reconocer con facilidad si un trabajo ha sido realizado mediante IA. El profesorado cree reconocerlo, lo que no significa necesariamente que pueda hacerlo de forma fiable. De hecho, la investigación internacional sobre detectores y atribución de textos generados por IA es bastante prudente

Para Secundaria, la respuesta no debería ser “detectar mejor”, sino diseñar mejor la evidencia de aprendizaje: procesos, borradores, defensa oral, tareas situadas, comparación de fuentes, metacognición y uso declarado de IA.

Los datos de 2025 muestran una adopción amplia de la IA generativa en el entorno educativo español, pero todavía superficial, instrumental y poco integrada pedagógicamente. 

En el alumnado, el uso dominante sigue siendo de tipo resolutivo inmediato: buscar información, pedir resúmenes, estructurar trabajos, resolver dudas o delegar partes de una tarea. Es decir, una lógica de: “Hazme esto.” “Explícame esto.” “Resúmeme esto.” “Dame ideas.” “Resuélveme el ejercicio.” Esto revela familiaridad de uso, pero no necesariamente competencia crítica, estratégica o metacognitiva. 

Muchos estudiantes no están aprendiendo a dialogar con la IA, contrastar sus respuestas, revisar sesgos, mejorar progresivamente un producto, explicitar decisiones, documentar el proceso o usarla como herramienta de pensamiento. La IA aparece más como atajo operativo que como mediación cognitiva.

En el profesorado ocurre algo parecido, aunque por otras razones. La IA se usa sobre todo para tareas de productividad docente: generar actividades, adaptar textos, preparar materiales, redactar comunicaciones, diseñar cuestionarios, resumir documentos o aliviar carga burocrática. Todo eso puede ser útil, pero se mantiene en la zona de confort profesional: mejora la eficiencia del docente, no transforma necesariamente la experiencia de aprendizaje del alumnado.



Al establecer niveles competenciales en materia de IA, debemos superar el mero enfoque funcional, que determina qué tareas somos capaces de hacer, pero sin criterios pedagógicos y éticos previos. De ahí que un marco que pretenda superar esa limitación debiera:
  • Fijar los grados de delegación cognitiva
  • Determinar la huella de asignación y unos criterios éticos.
  • Graduar los niveles de integración didáctica
Adjunto infografías que ilustran estos modelos a modo de ejemplo.





Por lo dicho hasta ahora, cabe intuir que el uso que hacemos docentes y estudiantes de la IA generativa es aún escaso, residual y se mantiene en un tímido A1-A2. Ese es el perfil genérico. Falta una formación que no se limite al dominio de herramientas y un debate teórico sobre los criterios éticos y didácticos. Hay que avanzar hacia un uso que se integre en las prácticas de aula no solo como recurso de diseño de tareas o exposición pasiva de contenidos.

El docente se adentra en la IA para uso personal, reducción burocrática y pequeñas tareas de diseño de materiales. La mayoría con cuentas gratuitas muy limitadas en tiempo y potencia. El uso es esporádico, y casi nunca progresivo, de aprendizaje constante, que vaya madurando las formas de uso. A esto se suma una actitud recelosa ante la IA. Se usa fuera del aula y cuando se hace dentro del aula es para exposición de materiales. Rara vez la IA se integra en el proceso de aprendizaje de los estudiantes, y mucho menos se diseñan SdA que impliquen que el estudiante use IA de manera guiada y evaluada. No pocos docentes mantienen una actitud defensiva ante la irrupción de la IA en la cultura de trabajo del estudiante (copia y pega). En vez de reaccionar con cambios esenciales en la forma de evaluar, mantienen sus hábitos adquiridos y siguen quejándose de que los estudiantes copian. Viene a ser como ducharse y ponerse de nuevo la ropa sucia.

Los estudiantes saben que los docentes no saben. O al menos desconocen las técnicas complejas de copia y pega con IA. El docente no lleva este debate al aula y el estudiante agradece que así sea. Las metodologías ligadas al examen y la tarea rutinaria alientan esa cultura del copia y pega. El docente no hace pedagogía de la IA, no enseña a usarla de forma eficaz y ética, a menudo porque desconoce como hacerlo él mismo. Las medidas de control y prohibición son placebo para el estudiante, que muy pronto aprende a eludirlas. Esto provoca que el estudiante se acostumbre a usar la IA para sobrevivir y aligerar la carga cognitiva del aprendizaje. Pero no aprende a usar la IA con criterio, facilitando su aprendizaje real, más allá de la mera reproducción pasiva de contenido. Ambos perfiles, el del docente y el del estudiante, se complementan, enquistando esta cultura de uso. 

Como docentes y estudiantes usan IA gratuita, es fácil obtener resultados erróneos y genéricos, limitados en el tiempo de uso. Y los que usan plataformas de IA para centros educativas, están atados a reglas de privacidad y limitación de uso que difieren mucho del uso cotidiano del estudiante y del docente fuera del ámbito educativo. Donde realmente aprenden -docente y estudiantes- es fuera del aula, en el menudeo en la privacidad de su casa, donde el libre albedrío camina a sus anchas. Solo en la escuela se puede hablar y usar la IA de forma más sana, segura, eficaz y creativa.  Debiera. Pero aún no estamos arañando apenas la superficie de uso. Se desaprovecha su potencial y se desconocen los riesgos, límites y posibilidades. Esto provoca miedo, recelo y mal uso. 

Las empresas de IA generativa están a 1 o 2 años de implantar sistemas de pago mensual a los que el usuario se verá obligado ante la imposibilidad de hacer un uso siquiera escaso de la versión gratuita, que sin duda tendrá cada vez más límites y publicidad añadida. Lo que sucede hoy con el streaming sucederá con la IA generativa. El problema es que la IA generativa, pese a que lleva 4 años entre nosotros, aún no tiene una implantación masiva e imbricada en necesidades sociales. Con la versión gratuita sobra para el uso que hace de ella un usuario nada exigente (la mayoría). Y a esto hay que añadir que si no quieres pagar, existen alternativas desde China o IA en local para usuarios más atrevidos y con conocimientos.

Según GfK DAM, medidor oficial del consumo digital en España, en marzo de 2025 la plataforma OpenAI tuvo en España:

Indicador

España, marzo 2025

Usuarios únicos mensuales de OpenAI

10.768.432

Audiencia media diaria

2.654.295

Tiempo medio mensual por usuario

2 h 06 min 48 s


Reuters informó, citando a The Information, que en julio de 2025 unos 35 millones de usuarios pagaban por Plus o Pro, aproximadamente el 5 % de la base activa semanal global de ChatGPT. Ese dato es global, no España.

En España, ChatGPT tenía 10,7 millones de usuarios únicos mensuales en marzo de 2025 según GfK DAM, pero ese dato no distingue entre usuarios gratuitos y de pago, aunque se puede intuir que el porcentaje de usuarios de pago es tímido. 

Dentro de los centros educativos, cada comunidad autónoma ofrece ya servicios limitados a cuentas de IA generativa, la mayoría ligadas a Google o Microsoft.

Existe una disociación entre la IA dentro y fuera del aula. Se percibe como amenaza fuera y como tímido recurso educativo dentro, ligado sobre todo a la tarea interna del docente y con claras reservas y cierto recelo. El uso es escaso y residual, con muchas limitaciones de uso y una formación que empieza a ofertarse por las instituciones educativas, pero que aún no cala en la cultura didáctica del docente. 

La IA aún no se percibe como un elemento esencial dentro del sistema educativo, sino más bien como un virus en ciernes y una herramienta de corto alcance. Dos emociones se dividen dentro comunidad educativa: una, teme, repudia, se defiende; la otra, se asoma con curiosidad tímida, desde la distancia, con acciones de escarceo, prueba, que no calan en rutinas de trabajo y métodos de evaluación. 

En el ámbito profesional, tampoco se percibe esa inminencia de impacto en los procesos de aprendizaje y producción. Los currículos apenas tocan la IA como herramienta nuclear que definirán las prácticas laborales. 

Estamos en una fase de incertidumbre y curioseo. Poco más. Las instituciones educativas parecen más preocupadas en blindar normativamente su uso, para evitar denuncias, que en diseñar planes de formación integral que incorporen la IA no solo como herramienta, sino un nuevo paradigma que impacta en nuestra forma de enseñar, aprender y trabajar.

El uso educativo de la IA atraviesa una cierta burbuja de percepción que genera una imagen distorsionada de las realidades vividas a pie de aula. Como ya sucediera con otras herramientas y metodologías, el uso didáctico significativo se reduce a una minoría de docentes. El resto genera de forma residual tareas rudimentarias con cuentas gratuitas de ChatGPT. Pese a que ya este curso 2025-2026 las consejerías han puesto en marcha planes formativos, estos no han cuajado aún en rutinas de trabajo docente. Pocos docentes diseñan SdA que impliquen que los estudiantes usen materiales diseñados por ellos con ayuda de IA. Menos aún docentes que diseñen experiencias de aprendizajes en las que el estudiante use IA de forma pautada y evaluada. 

Mientras tanto, el impacto de la IA generativa en los hábitos cotidianos sí avanza con rapidez, afectando a costumbres de lectura y consumo, incluso modificando en los estudiantes su idea de lo que debe aprenderse y cómo.  Cada vez hay más estudiantes que repelen las clases magistrales, especialmente en Bachillerato y Universidad, y usan materiales de YouTube o con mediación de IA generativa. 

Esto genera una doble velocidad. En la vida cotidiana, todo va rápido y sin criterios; en la escuela, lento y sin un diseño curricular que tome las riendas de la influencia de este cambio de paradigma tecnológico en las destrezas cognitivas del estudiante. De ahí que surjan grupos de presión cada vez más recurrentes que defienden la estrategia defensiva y prohibicionista. Control y vigilancia frente a formación y uso educativo guiado. Esta dialéctica persistirá en el debate público sobre los retos de la educación en el futuro inmediato. La división de actitudes es inevitable. 

Quizá en no más de 5 años veamos mover ficha a las consejerías en lo referente a la desburocratización de la actividad docente y cierta automatización de procesos de evaluación formal. Las rúbricas de toda la vida, pero rellenadas por una Ia a partir de un volcado de datos. Algunas editoriales están ya ofreciendo plataformas de automatización de tareas. Que otro te ofrezca un entorno reglado de automatización es muy cómodo, pero no asegura una verdadera atención individualizada del estudiante, un conocimiento de factores subjetivos que una IA no es capaz de percibir ni evaluar. Sin embargo, lo más previsible es que la mayor parte de docentes delegue en editoriales y plataformas oficiales la gestión de esos procesos. Formarse en IA generativa requiere tiempo y voluntad, y la celeridad en la mejora de estas herramientas hace que el docente tenga una cierta sensación de mareo, si no de hartazgo. La alergia tecnológica es inevitable. 

A esto se suma el melón de la evaluación estandarizada, que no solo puede ser fácilmente emulada por una IA generativa, sino que nos obliga a repensar nuestra forma de enseñar y evaluar. Dos modelos anversos pugnan en este conflicto
  • El que defiende blindarse frente a lo que interpreta como una indeseable distopía, abogando por más control, vigilancia, pruebas objetivas... Según este enfoque, la tecnologías es un agravante tóxico, que debilita el conocimiento y atrofia las capacidades del estudiante. 
  • El que aboga por reforzar estrategias competenciales que no se limiten a la reproducción de contenidos mediante exámenes, sino que diversifiquen la forma de evaluar e integren la tecnología de forma sana y segura. 
Ambos modelos son difíciles de poner en práctica. Son utopías que responden a nuestra propia incertidumbre e impotencia. No es realista defender un sistema blindado contra el impacto de la tecnología, como tampoco lo es pensar que de la noche a la mañana todos los docentes aplicarán una enseñanza competencial bajo un sistema educativo depauperado, sin medios, abogado por la burocracia y el cortoplacismo político. Aristóteles respondería al estilo de Salomón: es más factible moverse en la cuerda floja del término medio.

Y aún así nada será fácil. La tecnología viene para quedarse y por cómo calza la burra es previsible que sea un factor que agrave la brecha social y económica, dejando a una parte de la población fuera de este núcleo de transformación, como mero consumidor pasivo y empleado de baja cualificación. No es un escenario futurible, lo podemos observar ya. Cada vez le cuesta más a un hijo/a de familia obrera acceder a una formación superior, y cuando llega se encuentra con un ecosistema laboral en constante mutación, que puede invalidar su elección formativa. Los cuellos de botella académicos se estrechan, afectando incluso a aquellos que creen tener más oportunidades. Y solo estamos en la antesala de este cambio de modelo productivo. Aún no se observa un impacto relevante en muchos nichos laborales. Otros ya notan su virulencia. Nadie tiene las respuestas ni una bola mágica que prevea ese futuro no tan lejano. Por eso, la escuela debiera ser un espacio de resistencia, fortaleza, creatividad, ingenio, optimismo compartido, más que de derrotismo o crítica estéril. 


Por esto y otros factores, la ralentización de la innovación en materia de IA educativa es previsible. Se conseguirá un nivel competencial básico en los docentes, como ya sucedió con la capacitación digital de 1ª generación -cuando llegaron los ordenadores al aula en los 90- y de 2ª generación -la revolución de contenidos multimodales y redes sociales en los 2000-, pero no una integración que afecte de forma esencial a los procesos de enseñanza. Hay que tener en cuenta que la aceleración del cambio tecnológico contrasta con la necesidad de hacerse preguntas sobre cómo enseñar y aprender destrezas esenciales como leer, escribir y hablar. Destrezas vulnerables a causa de algunos hábitos tecnológicos y el contexto social que los configuran. ¿Cómo proteger esas destrezas básicas? ¿Qué enseñar y cómo hacerlo? La educación se ve obligada a volver a repensar su oficio desde la misma médula que lo define. Son tiempos de más preguntas que certezas. Por eso es tan necesario como docentes estar abierto a compartir, aprender de otros, aportar, escuchar, provocar juntos espacios de reflexión y creatividad donde el estudiante tome las riendas de su futuro sin delegar en la IA su ingenio, en definitiva lo que nos hace humanos.
 
Tomado de IA educativa