miércoles, 25 de marzo de 2026

Las bibliotecas universitarias aprovechan la experiencia de las librerías locales para crear colecciones centradas en la comunidad.

 Tomado de Universo Abierto

University Libraries leverage local bookstore expertise to build community-centered collections. University Libraries, University of Colorado Boulder. Publicado el 10 de febrero de 2026. Disponible en: https://libraries.colorado.edu/2026/02/10/university-libraries-leverage-local-bookstore-expertise-build-community-centered

Se presenta una iniciativa innovadora para hacer que las colecciones bibliotecarias sean más inclusivas y relevantes para las comunidades locales mediante alianzas con librerías independientes de la zona.

A partir de una visita a la Boulder Bookstore, la bibliotecaria Amanda Rybin Koob incorporó libros recomendados por personal experto de esa librería a la colección de la biblioteca universitaria, dando inicio a una colaboración más amplia con tres librerías independientes: Boulder Bookstore y dos librerías de Denver —Petals and Pages (propiedad de mujeres y especializada en literatura LGBTQ+ y poesía) y The Shop at MATTER (espacio de diseño, imprenta y librería propiedad de mujeres negras)—. Estas alianzas permiten que las bibliotecas accedan a títulos que podrían pasar desapercibidos mediante los métodos tradicionales de adquisición, como publicaciones locales, formatos especiales o libros de pequeñas editoriales, enriqueciendo así la colección con voces diversas.

La estrategia responde a una de las directrices estratégicas de las University Libraries: conectar a las personas con información de alta calidad y con expertos en la materia. Los libros adquiridos a través de estas colaboraciones han ayudado a identificar brechas en las prácticas de compra tradicionales y a incorporar títulos que resaltan experiencias de mujeres y de comunidades racializadas, con casi la mitad de las adquisiciones centradas en voces femeninas y una cuarta parte en identidades no blancas. Además de diversificar las colecciones, la iniciativa apoya la economía local y aprovecha la especialización de las librerías asociadas para descubrir obras que tal vez no se encuentren fácilmente a través de los proveedores habituales de libros académicos.

Más allá de la adquisición de títulos, el proyecto destaca el valor de la experiencia de navegación en persona en librerías independientes, que permite a los bibliotecarios encontrar libros únicos y relevantes para su comunidad. Por ejemplo, al visitar físicamente Boulder Bookstore, Koob descubrió títulos como Material wealth: mining the personal archive of Allen Ginsberg, que no conocía anteriormente pero consideró de interés para su comunidad académica. La colaboración con librerías locales, además de fortalecer las colecciones de la biblioteca, ofrece un modelo inspirador para que otras bibliotecas adapten sus estrategias de selección de materiales de manera reflexiva, centrada en la comunidad y en el apoyo a negocios locales.

Tomado de Universo Abierto

martes, 24 de marzo de 2026

¿Y si no quiero usar IA generativa en mis clases?

 Por Ramón Besonias


No hay que ser muy observador para advertir en nuestro entorno laboral de los centros educativos que el uso de la IA generativa por parte de los docentes es aún residual y anecdótica. Los usos se reducen a tareas sencillas, creación de contenido y reducción de rutinas burocráticas. El encaje didáctico y curricular de la IA en el proceso de enseñanza es inusual. Pocos docentes llevan años investigando a base de ensayo-error, prueba y aplicación, evaluación y reajuste. Esto, unido a la constante y acelerada evolución de las prestaciones de estas herramientas, hace difícil que el docente sepa cómo adaptar bajo criterios pedagógicos sólidos y contrastados el uso equilibrado de la IA en el aula.


Sin embargo, existen otros factores que lo impiden o mitigan. El más evidente: la voluntad. No pocos docentes deciden no usar IA generativa, ya sea porque la consideran a priori -sin experiencia ni argumentos- enemiga del aprendizaje significativo, o porque la marea incesante de mensajes sobre esta supuesta revolución tecnológica les aturde y bloquea, sintiendo que se han quedado desfasados, es imposible seguir este ritmo neurótico y ya es tarde para ellos. 

Quizá hace uno o dos años no lo apreciaban, pero a estas alturas saben que la IA generativa está incidiendo en las rutinas de trabajo del estudiante, fomentando hábitos de copia y pega y uso ineficaz de las herramientas. Sienten que sus estudiantes saben más que ellos y la pereza y el escaso convencimiento les frena la voluntad de aprender. No quiero formarme en IA generativa y sé que mis estudiantes la usan a destajo y sin criterios. ¿Qué hacer entonces? Nada. Asumo que la usan y por lo menos así dedican un rato a preparar las tareas que les pido. Si no, harían menos o no harían nada. Vista gorda, como dice el docente en la imagen de cabecera. Aunque saben que lo hizo con IA, no penalizan la tarea ni buscan otros medios de enseñanza que lo impidan mediante criterios de evaluación y tareas que fomenten la autonomía y el desarrollo de destrezas cognitivas básicas. Si a esto le sumamos que el estudiante es competente tecnológica y lingüísticamente, ojos que no ven... Le apruebo y listo. Con 35 en clase, como para empezar a formarse y cambiar metodologías. Sigo la linde acostumbrada y que sea lo que Dios quiera. Total, la inspección no te llama si apruebas a casi todos. Eso sí, de vez en cuanto entro en Chat GPT para consultarle y que me zurza un remiendo. 

El docente que representa esta actitud no es escaso. De hecho quizá sea el más habitual. Lo raro es encontrar docentes voluntariosos, que se forman en IA generativa y la llevan al aula. De los que reciben una formación inicial, no repiten otra al curso siguiente y el uso que le dan es rudimentario: que me haga tareas, compile contenido y me resuelva rutinas tediosas. La integración de la IA en el diseño curricular es escaso. También lo es el docente que tenga conocimiento técnico, experiencia didáctica a pie de aula y criterio pedagógico como para ser referente para otros docentes. Estamos en una fase embrionaria en lo referente al encaje curricular de la IA generativa. 

Algunos docentes escépticos que adoptan esa actitud, lo hacen con ciertos cambios en su práctica diaria. Por supuesto, no enseñan a usar IA generativa no la permiten. Cada vez piden menos tareas para casa, sus estudiantes las hacen en clase, sin acceso a móviles ni portátiles, en formato escrito u oral. No diversifican las técnicas de evaluación. Incluso la prueba escrita empieza a ponerse en entredicho por la sospecha de uso de artilugios sutiles. No hacen oídos sordos, pero tampoco adoptan una actitud proactiva, de reflexión respecto a cómo enseñar bajo este escenario. Se atrincheran sin más. 

Mientras tanto, prácticamente el 100% de estudiantes de Secundaria y Universidad -y aumenta los que la usan en Primaria, desde edades más tempranas- ya usa la IA generativa a diario. A diario. En el ámbito escolar y también en el personal. Sin ayuda familiar ni educativa, sin criterio ético ni pedagógico y sin filtros de acceso y uso. Las escuelas son espacios en los que los menores poseen mayor competencia digital que sus docentes. Este es el escenario. 

¿Tendencia en las políticas educativas? Atrincherarse. Prohibir, no por criterio ético o didáctico, no, por evitar demandas y problemas. Una actitud que no solo no les sale barata, también políticamente rentable. Exorcizan los miedos familiares ocultando el polvo bajo la alfombra. Y la casa por barrer. Los hábitos se mantienen, el desconocimiento, el recelo irracional, y con ello una vuelta a métodos de evaluación conservadores. Entiéndase lo de conservador en el sentido literal del término. Virgencita, que me quede como estoy, no sea que tenga más trabajo o me busque un problema. 

Esto de los problemas es especialmente relevante. Los gestores e inspectores en línea gruesa no se caldean y tiran por la vía rápida: no lo uses, no sea que tengas cada semana a un padre/madre quejándose, una demanda por uso ilícito o falta de ética. ¿Resultado? El docente se reprime y auto censura. IA mala. A lo sumo, usa la plataforma subcontratada de cada comunidad autónoma, capada y vigilada. El estudiante, como es de esperar, no usa en su vida cotidiana esas plataformas. Va donde están los iguales y hacen lo que ellos hacen. Chat GPT es la reina top sin la que no se puede vivir. Le sigue Canva para hacer presentaciones de copia y pega, pero que molan. Y poco más. Todo ello sin los prismáticos del docente y tu madre vigilando. Doble rasero, doble moral. Y la casa por barrer.

¿Panorama? Todo esto de la IA va rápido, los estudiantes se adaptan bien, pero sin ética ni criterio. El grueso de docentes despotrican, pasan, recelan, solo una minoría toma nota y se pone las pilas, pero lentamente, sin cuajar en las rutinas de aula. Si uno o dos docentes de un grupo usan IA con sus estudiantes y el resto no, la tortilla se pocha, no se asientan hábitos. A esto se suma otro factor esencial, pero deficiente: No incluimos a las familias en este reto de formarnos y colaborar, y si quisiéramos, las familias no quieren. Se apuntan dos o tres. Brotes verdes, insuficientes, pero tan necesarios.

Bueno, y tú, ¿dónde te ves en este sainete? Cuenta, cuenta. ¿Cómo contribuyes para mejorar lo presente? Cuenta, cuenta. 

Resumen de ideas del artículo. Generado por Gemini a partir de mi prompt

Toamdo de IA educativa

lunes, 23 de marzo de 2026

¿Nos está haciendo la IA más inteligentes… o menos? Implicaciones para la alta capacidad y el desarrollo del talento

 Por Javier Tourón 

Vivimos un momento histórico fascinante y, a la vez, inquietante. La inteligencia artificial —y en particular la IA generativa— ha irrumpido en nuestra vida cotidiana con una velocidad difícil de exagerar. Escribe, programa, resume, diseña, responde, sugiere, engaña (sobre esto mira la nota al final)… y cada vez lo hace mejor. Pero la pregunta importante no es qué puede hacer la IA. La pregunta importante es qué está haciendo con nosotros.

Robert J. Sternberg, una de las voces más influyentes en el estudio de la inteligencia, la creatividad y las altas capacidades, aborda en este artículo –que se puede descargar desde el enlace que incluyo al final– una cuestión de enorme calado:

¿Aumenta la IA nuestras capacidades cognitivas, las disminuye o produce una combinación de ambas? ¿Y qué significa todo esto para la identificación y el desarrollo de las personas con alta capacidad?

He considerado de gran interés ofrecer esta traducción a los lectores del blog —docentes, orientadores, investigadores y familias— porque la discusión sobre IA no puede limitarse a su eficiencia productiva. Afecta directamente al modo en que entendemos la inteligencia, el talento, la creatividad y la autonomía personal.

La cuestión no es tecnológica. Es profundamente humana.

A continuación hago una exégesis breve del artículo y al final incluyo los enlaces para acceder al original en inglés y a la versión que he traducido con el amable consentimiento del autor. También quiero indicar que este artículo estará en un monográfico de Frontiers in Education cuyo editor invitado es Marcos Román de la UNED.

Seis posibles escenarios en la era de la IA

Sternberg plantea seis escenarios posibles respecto a la alta capacidad en la era de la IA:

1. Nada ha cambiado. Las personas que antes hubieran sido identificadas con alta capacidad lo siguen siendo ahora. La IA no altera sustancialmente el mapa.

2. Hay muchas más personas con alta capacidad. Quienes saben usar la IA potencian la calidad y cantidad de sus producciones, alcanzando niveles que antes no les eran posibles.

3. Muchos parecen tener alta capacidad… pero no la tienen. No es su competencia, sino el “andamiaje artificial” de la IA lo que produce la apariencia de excelencia.

4. Se pierde alta capacidad. El uso indiscriminado de IA genera externalización cognitiva (cognitive offloading) y deterioro progresivo de habilidades.

5. La IA sustituye los campos de expresión del talento. Profesiones hacia las que se orientó a muchos jóvenes con alta capacidad pueden verse parcialmente absorbidas por la IA.

6. Todo depende del uso que hagamos. Esta es la posición del autor: la IA puede ampliar o erosionar la alta capacidad. No está predeterminado. Es una elección.

El riesgo silencioso: la externalización cognitiva

El principio es sencillo y conocido: lo que no se usa, se pierde. Ocurre con el lenguaje, con la musculatura y con las capacidades cognitivas. El uso de calculadoras, por ejemplo, ha laminado nuestra capacidad de cálculo mental, por ejemplo; la falta de práctica de un idioma extranjero aprendido hace que se pierda, y tantos otros ejemplos.

La IA generativa no es simplemente una herramienta de apoyo (como un lápiz o una calculadora). Realiza parte del trabajo cognitivo de alto nivel. Si delegamos sistemáticamente ese trabajo, el riesgo no es que produzca textos mediocres. El riesgo es que reduzca nuestra implicación cognitiva.

Los estudios citados por Sternberg en su artículo muestran:

  • Menor activación cerebral en tareas asistidas por LLM (Large Language Models).
  • Disminución del pensamiento crítico.
  • Mayor homogeneidad creativa.
  • Influencia actitudinal inconsciente incluso cuando el sesgo es advertido.

La cuestión no es si la IA puede producir buenos resultados. La cuestión es si el proceso cognitivo sigue siendo nuestro.

La habitación china y la ilusión de competencia

Sternberg recupera el argumento de la “Habitación China” de Searle. Un individuo sigue reglas sintácticas sin comprender realmente el significado. Desde fuera parece competente. Pero no entiende nada del idioma. La pregunta incómoda es esta:

¿Estamos empezando a atribuirnos capacidades que en realidad pertenecen al sistema con el que interactuamos? Si evaluamos nuestra competencia solo por el producto final —y no por el proceso cognitivo que lo genera— podemos entrar en una ilusión peligrosa.

Tres tipos de inteligencia en la era de la IA

Sternberg introduce una distinción sugerente, a mi juicio:

🔹 Inteligencia de convocatoria inmediata. La que necesitamos en situaciones imprevistas: entrevistas, decisiones críticas, respuestas en tiempo real.

🔹 Inteligencia de convocatoria próxima. La que requiere breve reflexión, pero sin acceso ilimitado a apoyos externos.

🔹 Inteligencia de convocatoria distal. La que se despliega en proyectos largos y complejos.

Es en esta última donde la IA puede ser más constructiva… siempre que no genere dependencia progresiva.

¿Puede la IA erosionar algo más que la inteligencia general?

El riesgo no se limita al CI, que por otra parte ya sabemos las limitaciones y problemas que tiene

Sternberg advierte sobre posibles efectos en:

  • Pensamiento crítico
  • Creatividad no conformista
  • Inteligencia práctica
  • Sabiduría
  • Inteligencia emocional

Paradójicamente, podríamos perder precisamente el tipo de pensamiento que la IA modela mejor: el pensamiento computacional.

Si externalizamos sistemáticamente la descomposición de problemas, la identificación de patrones o la planificación paso a paso, esas capacidades pueden debilitarse.

6. Resumiendo: ¿Qué significará tener alta capacidad en el futuro?

Sternberg es claroTener un alto CI no bastará.

La alta capacidad del futuro exigirá:

1️⃣ Capacidad real en situaciones de convocatoria inmediata

La IA no tomará por nosotros las decisiones vitales.

2️⃣ Creatividad transformadora

La creatividad que cambia paradigmas y mejora el mundo no puede delegarse.

3️⃣ Sabiduría e inteligencia práctica

Decidir qué mundo queremos y cómo construirlo es una tarea humana.

4️⃣ Humildad intelectual

Reconocer límites, evitar la ilusión performativa y mantener autonomía cognitiva.

La decisión es individual

Las empresas tecnológicas buscan rentabilidad. Las organizaciones buscan eficiencia.
Las instituciones tienen sus propias agendas. Pero la decisión última es personal.

Podemos usar la IA para ampliar nuestras capacidades. O podemos usarla para sustituirlas.

La alta capacidad en la era de la IA no será solo cuestión de rendimiento. Será cuestión de autonomía.


Hasta aquí un esbozo del contenido del artículo que puedes conseguir traducido por mí en este enlace. La versión original en inglés se puede descargar desde este enlace.

La pregunta final no es tecnológica. Es antropológica. ¿Queremos ser personas que piensan con herramientas? ¿O personas que delegan su pensamiento en las herramientas?

La IA no decidirá por nosotros, pero sí decidiremos lo que la IA haga con nosotros. Por eso no se deben imponer soluciones emocionales al uso de la tecnología que, a la postre, no sirven para nada porque la tecnología está aquí. Lo decisivo es analizar con prudencia y profundidad los límites en los que queremos que las herramientas nos ayuden. Ellas son un medio, no un fin. Por eso digo que la respuesta es antropológica. Aclaremos nuestros fines y utilicemos con sagacidad los medios.

Os recomiendo una lectura atenta del artículo de Sternberg. No os dejará indiferentes.

Nota. Mientras termino este post me encuentro con una noticia en X que parece de ciencia ficción, pero no lo es. Te invito a verla aquí.

Tomado de Javier Tourón

jueves, 19 de marzo de 2026

El sector creativo en tiempos de la IA generativa

 Por Ramón Besonias


Imagen generada con ChatGPT a partir de mi prompt

Recientemente, leí el tuit de Katherine Vega que puedes ver más abajo. Se trata de una escritora vinculada a la ficción popular (romance, misterio y terror) -esa que tanto éxito tiene en el lector joven- y muy activa en redes sociales y comunidades de escritura online. El post abre un debate frecuente entre autores sobre IA e ilustradores. En este caso, Vega defiende el uso de portadas de bajo coste en vez de pedirle a la IA que te las genere. 

La postura de Vega es la del autor que autoedita desde Amazon, aunque también hay editoriales consagradas que reconocen usar IA para las portadas. Bloomsbury reconoció que una de las imágenes usadas en la portada de un libro de Sarah J. Maas procedía de arte generado con IA. La editorial explicó que el diseñador interno había elegido una imagen de un banco de imágenes sin saber que había sido generada con IA. La editorial Tor fue criticada porque la portada de la novela Gothikana incorporaba elementos generados con IA dentro del diseño final. Tor explicó que: el diseño final era humano pero algunos elementos visuales provenían de generación IA. 

Este fenómeno es más común en la autoedición y editoriales residuales. Las editoriales grandes defienden públicamente a los autores frente a la IA, pero al mismo tiempo el sector del diseño editorial empieza a integrarla silenciosamente en el flujo creativo, sobre todo para retocar algunos elementos. Esta práctica es cada vez más recurrente en los propios creativos. Al igual que hace décadas se incorporó la tableta digital, ahora la IA combina con el trabajo artesanal. Muchos creativos rechazan ese maridaje por varias razones, entre ellas la más común es que los modelos de IA se alimentan con imágenes de numerosos autores. Un debate que tiene difícil encaje, más allá de la posibilidad de que las empresas de Ia generativa paguen derechos a determinados autores.  



Este escenario afecta de forma distinta a editoriales, autores, ilustradores y al propio mercado del libro. Entre los efectos más evidentes, podemos destacar:

  • Reducción drástica de costes y democratización de la autopublicación.  Encargar una portada profesional puede costar entre 300 y varios miles de euros, dependiendo del ilustrador y el trabajo. Una portada con IA puede generarse en minutos y por unos pocos euros. De ahí que sea práctica común usar IA en autores que autopublican en Amazon KDP o editoriales pequeñas. Permite publicar libros que antes no habrían sido viables económicamente. Consecuencia de esta tendencia: Más libros publicados, pero también más saturación del mercado y menor calidad de las propuestas.
  • Presión sobre ilustradores y diseñadores de portadas. Muchos ilustradores profesionales temen que el trabajo por encargo desaparezca, se devalúe el oficio, se copien estilos sin consentimiento. Algunos artistas han denunciado que generadores de imágenes producen obras muy similares a su estilo, obligándoles incluso a pedir que se retiren imágenes generadas a partir de su trabajo. Los ilustradores jóvenes o emergentes son los más vulnerables el trabajo de portada era uno de los ingresos más frecuentes en la ilustración editorial. Esto provoca la reducción de encargos profesionales, especialmente en géneros como fantasía, ciencia ficción o romance. 
  • Debate legal y ético sobre derechos de autor. Este es el gran campo de batalla actual. ¿Se entrenaron los modelos con ilustraciones protegidas? ¿Una portada generada por IA es una obra original? ¿Quién posee los derechos? La industria editorial está presionando para regular esto, porque muchos sistemas de IA se entrenaron con obras protegidas sin permiso ni compensación a sus autores. Aunque surjan nuevas normativas sobre IA en arte editorial, la velocidad de estas tecnologías y su impacto en las rutinas de trabajo creativo y consumo del lector vuelve obsoleta cualquier legislación. A su vez, ¿cómo legislar en un marco internacional? La diversidad de criterios y la lentitud de los procesos impide su aplicación.
  • Transformación del proceso editorial. En las editoriales grandes está emergiendo un modelo híbrido. La IA no sustituye totalmente al diseñador, sino que genera bocetos rápidos, crea conceptos visuales, permite probar estilos, acelera el proceso creativo. Después, el diseñador humano ajusta composición, tipografía, identidad visual, coherencia con la colección. La IA no elimina el diseño editorial, pero lo vuelve más productivo y más técnico. Este proceso creativo se acabará imponiendo en todos los espacios de producción, industriales y minoristas. Sucede tanto en este caso de las portadas como también en la ilustración de libros, cómics y producción audiovisual.



  • Cambio profundo en lo que entendemos como portada.  Históricamente, la portada era una obra artística singular encargada a un ilustrador concreto como parte de la identidad cultural del libro. Hoy empieza a convertirse en un objeto de marketing optimizado para miniaturas online (Amazon, Goodreads, etc.). En ese contexto, la IA funciona muy bien porque puede generar cientos de variaciones portadas adaptadas al algoritmo de venta. Solo en productos muy exclusivos la portada adquiere un carácter más artesanal. Algunos autores ya están generando 20-50 portadas con IA, prueban varias en el mercado y se quedan con la que vende más. Esta deriva puede mitigar la tendencia a usar la portada como estilo de marca y centrarse más en el perfil del lector. 
  • Aparición de la estética IA. Las imágenes generadas por IA comienzan a tener un estilo reconocible, incluso cuando imitan estilos humanos: iluminación cinematográfica exagerada, hiperrealismo brillante, composiciones muy centradas, exceso de detalle... Muchos lectores empiezan a detectar inmediatamente una portada generada con IA. Esto genera dos movimientos opuestos. Por un lado, la proliferación estética de géneros comerciales (romance, fantasía, thriller) adoptan IA masivamente. Por otro, la reacción artesanal de algunas editoriales literarias que apuestan por la ilustración manual y un diseño más minimalista. Es un fenómeno que recuerda a lo que ocurrió cuando apareció la fotografía en el siglo XIX: la pintura respondió con el impresionismo. Es previsible que la IA transforme con el tiempo tendencias estéticas. 
  • Crisis de la autoría. ¿Quién es el autor de una portada generada por IA? ¿El escritor? ¿El diseñador? ¿El modelo que aprendió de miles de ilustradores? Roland Barthes decretó antes de la IA la muerte del autor. La IA parece sentenciar esa idea. La imagen ya no tiene un autor identificable, es una síntesis estadística de millones de imágenes previas. La portada deja de ser la visión de un artista y pasa a ser una recombinación cultural automática. Artísticamente, esto conduce a una época donde el peso se traslada del autor a la obra y su técnica


Con IA generativa hoy es posible crear en pocas horas texto del libro, portada, descripción comercial, palabras clave, incluso reseñas promocionales. Plataformas como Kindle Direct Publishing permiten publicar casi sin coste. Esto ha provocado algo nuevo: algunos usuarios publican decenas o cientos de libros al mes, muchos generados con IA sin apenas revisión humana. No se trata de autores, sino casi de micro-editoriales automatizadas. Las ventas se democratizan y las editoriales más lucrativas pierden cuota de mercado. Muchos venden poco, pero arañan lectores a productos ya asentados. No es de extrañar que las grandes editoriales acaben adoptando las mismas técnicas que usan las pequeñas. En Amazon aparecieron más de 200 libros sobre el mismo tema en pocas semanas: guías sobre criptomonedas, trading o incluso salud, muchas generadas con IA. Varios libros daban consejos médicos incorrectos porque estaban generados automáticamente. Esto llevó a Amazon a introducir límites de publicación diaria para autores.

Otro fenómeno emergente son los llamados libros SEO. No están pensados para ser leídos, sino para aparecer en búsquedas. Ejemplos típicos: “Guía completa del ayuno intermitente 2025”, “Cómo ganar dinero con IA en 7 días”, “Manual definitivo de productividad”. El proceso suele ser detectar una palabra clave popular, generar un libro con IA, crear portada y descripción, y publicarlo rápidamente. Muchos de estos libros venden poco o nada, pero algunos sí logran ventas porque aparecen en resultados de búsqueda. 

Esto genera una paradoja. La IA permite publicar más libros que nunca, reducir costes y democratizar la escritura. Pero al mismo tiempo produce saturación del mercado, dificultad para descubrir obras valiosas y pérdida de confianza del lector. Es algo parecido a lo que ocurrió con la música en streaming, los vídeos en YouTube o los blogs en los años 2000. No tardarán las grandes empresas del sector en ofrecer plataformas que mitiguen el impacto de esta democratización editorial. Por ahora, lo único que están haciendo es etiquetar el contenido generado con IA y limitar la publicación de esas obras. Amazon ya limitó el número de libros que un autor puede subir al día. Las editoriales tradicionales pueden recuperar valor como filtros de calidad, aunque es difícil que el lector aprecie en esa distinción. La cultura de consumo de libros está cambiando, no solo a causa de la Ia generativa, también de la redes sociales. La fidelización del lector convierte al escritor en youtuber y le obliga a estar presente en todas las redes sociales donde pulula el potencial lector. 

No solo los ilustradores se ven afectados por este escenario. También los escritores, que mutan de autor a director de contenido. Hasta ahora el escritor realizaba casi todo el proceso: investigar, escribir, revisar, reescribir. Con la IA, el proceso empieza a parecerse más al cine. El escritor diseña la idea, estructura el libro, guía a la IA, selecciona versiones, reescribe. Es decir, pasa de ser autor absoluto a director de un proceso creativo híbrido. Muchos escritores ya usan IA para brainstorming, estructura de capítulos, alternativas de estilo, edición lingüística... 

La velocidad de producción está aumentando de forma radical. Un ensayo que antes requería semanas de investigación, meses de escritura, puede ahora tener un primer borrador en días. Pero esto produce un efecto paradójico: más libros publicados, pero menos tiempo para madurar ideas. Esto recuerda a lo que ocurrió con los blogs en los años 2000. Tras una década de saturación, es previsible que cambie la tendencia. Más oferta, peor calidad, puede derivar en menos lectores o formatos diferentes de lectura. Veremos. Supongo que como todo cambio, traerá dificultades y oportunidades. 

Una posibilidad muy interesante es que los libros se vuelvan adaptables al lector. Con IA un libro podría simplificarse para estudiantes, ampliarse para especialistas, cambiar ejemplos según el país. Es decir, un mismo libro podría tener versiones dinámicas. Esto podría afectar mucho a manuales educativos, divulgación científica, libros de aprendizaje. En el sector educativo, esto permitiría la autoedición por parte del docente de materiales adaptados, ahorrando dinero a las familias y facilitando una enseñanza más personalizada.

En el mundo académico, el uso de IA ya está ocurriendo y está generando un debate muy intenso en universidades, revistas científicas y editoriales del sector. No se trata tanto de libros escritos completamente por IA, sino de textos híbridos donde la IA interviene en diferentes fases del proceso intelectual. Los investigadores utilizan IA para resumir artículos científicos, localizar bibliografía relevante, identificar conexiones entre autores, estructurar temas de investigación. Herramientas de IA ayudan a navegar bases de datos enormes, lo que acelera mucho la fase inicial del trabajo académico. En este nivel, la IA funciona como una biblioteca ampliada o un asistente de investigación.

Otro uso académico recurrente es para mejorar el estilo del texto reescribir párrafos poco claros, adaptar el texto a inglés académico, revisar coherencia y estructura. En este caso la IA actúa como una especie de editor lingüístico avanzado. Es comparable a herramientas como correctores o editores de estilo, pero mucho más potentes. 

El debate está sobre la mesa. Algunos textos académicos incluyen párrafos generados por IA, reformulaciones profundas de ideas, síntesis argumentativas generadas por modelos. ¿Debe reconocerse a la IA como autora? En 2023, varias revistas científicas decidieron que la IA no puede figurar como autora, porque no puede asumir responsabilidad intelectual sobre el texto. Por ejemplo, editoriales académicas como Springer Nature establecieron que la IA puede usarse como herramienta, pero no puede aparecer como autora del artículo. Metodología de trabajo, fuentes de base y autoría son conceptos diferentes.

El mismo debate que tiene lugar en la enseñanza secundaria, se da en la Universidad y los círculos de investigación. Si la IA se usa demasiado para estructurar argumentos, generar síntesis, producir interpretaciones, puede producirse algo parecido a lo que se denomina pensamiento delegado. El autor ya no desarrolla plenamente el proceso intelectual, sino que lo externaliza parcialmente a la máquina.

Por otro lado, la IA puede convertirse en algo parecido a un interlocutor filosófico permanente. Un autor puede discutir ideas con la IA, probar objeciones, explorar caminos conceptuales. La IA podría convertirse en una especie de Sócrates artificial, que cuestiona ideas y obliga a clarificarlas. El que escribe la ha usado para esto en numerosas ocasiones, y ha invitado a sus estudiantes a entrenarse con la IA para practicar la argumentación. 


Nadie puede consolar al ilustrador o escritor que ve cómo esta tendencia cultural y tecnológica reduce su cuenta corriente. La ecuación le afecta de manera radical y debe protegerse, al menos hasta que encuentre formas de reconducir su modelo de negocio. 

Una encuesta realizada a unos 9.000 escritores y traductores en España muestra un consenso casi total sobre el problema del entrenamiento de modelos con obras protegidas. El 96,5 % exige que se solicite autorización antes de usar sus textos para entrenar IA generativa. Esto refleja dos preocupaciones principales del sector: uso de obras sin remuneración para entrenar modelos y pérdida potencial de ingresos futuros. Además, asociaciones profesionales denuncian que ya aparecen traducciones generadas por IA en el mercado editorial sin transparencia contractual.

La traducción editorial en España ya tenía una situación económica débil antes de la IA. Datos recientes del sector reflejan tarifas prácticamente estancadas desde hace unos 20 años muchos traductores trabajan con pluriempleo. La aparición de la IA añade nuevas tensiones, como presión para aceptar post-edición de traducciones automáticas y menor volumen de traducciones completas encargadas a humanos. Además, hay que recordar algo importante sobre el mercado editorial español: el 17,2 % de los libros publicados en España son traducciones. Eso significa que la traducción es una pieza estructural del sector, por lo que cualquier automatización afecta a miles de profesionales.

No hay aún un estudio exclusivamente español con cifras precisas para ilustradores editoriales, pero las encuestas europeas usadas por asociaciones españolas muestran tendencias claras: el 26 % de ilustradores ya ha perdido encargos debido a IA generativa y más de un tercio afirma que han bajado las tarifas. Los ilustradores editoriales españoles señalan tres problemas concretos: sustitución de encargos por imágenes generadas con IA, uso de estilos aprendidos de artistas humanos y presión para reducir precios.

El mercado del libro en España no está cayendo. En 2025, hubo una facturación superior a 1.250 millones de euros, con 76 millones de libros impresos vendidos. El sector editorial crece, pero la distribución del valor dentro del sector está cambiando. Las ventas aumentan, pero algunos oficios ven reducirse ingresos o encargos. Un estudio de profesionales editoriales del mundo hispanohablante indica que más del 75 % cree inevitable la adopción de IA en la industria del libro. Eso sugiere que incluso quienes ven riesgos económicos asumen que el cambio no se va a detener.

Un estudio sobre música en España estima que la IA podría reducir hasta un 28 % los ingresos por derechos de autor hacia 2028. Aunque es otro sector cultural, muchos analistas consideran que el patrón podría repetirse en otras industrias creativas. 

El impacto en España está en una fase temprana pero visible. Los datos actuales muestran tres tendencias claras: 

  • Preocupación generalizada del sector creativo, sobre todo en autores y traductores, que reclaman regulación y remuneración. 
  • Transformación del trabajo más que desaparición inmediata.
  • Mercado del libro estable, pero redistribución del valor. Las ventas crecen, pero no todos los oficios se benefician igual.


¿Cómo afecta esto a las generaciones más jóvenes? En primer lugar, están creciendo en un entorno en el que el contenido cultural se vuelve más abundante, más barato y más rápido de producir. Acceden más fácilmente y la IA les permite generar materiales educativos, traducir textos, producir explicaciones adaptadas. Eso reduce barreras de acceso al conocimiento. Pero a su vez se rodean de más libros, más artículos, más contenido generado automáticamente. El reto ya no es acceder a textos, sino distinguir los valiosos. Esto convierte la alfabetización cultural en un reto esencial. Aprender a filtrar, no solo a leer. El cambio más importante puede ser cómo se forma el pensamiento. Si la IA resume textos, propone argumentos, genera explicaciones, existe el riesgo de que algunos estudiantes externalicen parte del proceso intelectual. Pero también puede ocurrir lo contrario. La educación puede orientarse más hacia interpretar, discutir, evaluar argumentos y formular preguntas.

Cuando esos estudiantes entren en el mercado laboral, y si aspiran a profesiones culturales o creativas, es previsible que la IA no elimine esas profesiones, pero cambiará su estructura económica. Probablemente habrá una mayor competencia global. La IA permite producir contenido en cualquier lugar. Esto significa que el trabajador creativo competirá con otros humanos máquinas. Habrá creadores muy reconocidos y creadores que trabajan en mercados muy baratos. La clase media cultural puede reducirse. Muchos profesionales deberán ser creativos y a su vez usar herramientas de IA. 

Quizá el cambio más relevante será como consumidores. Cambiará su relación con los productos culturales. Hoy y en un futuro cercano, los lectores jóvenes encontrarán libros generados parcialmente por IA, portadas generadas por IA, traducciones automáticas revisadas. Pero probablemente el lector medio no se obsesionará con eso. Se fijarán más en la calidad de la obra, la historia, la emoción que produce. No tanto en el proceso técnico de creación. Para un lector joven, saber en qué confiar será tan importante como saber leer.

Esto nos lleva al papel de la educación. Además de enseñar contenidos, deberá enseñar pensamiento crítico, evaluación de fuentes, comprensión profunda de textos, creatividad propia. Es decir, habilidades que la IA no puede sustituir fácilmente. La IA puede producir más textos que nunca. Pero eso no significa necesariamente más pensamiento. El desafío educativo será ayudar a los estudiantes a no limitarse a consumir contenido, sino generar y compartir pensamiento propio.

Tomado de IA educativa

miércoles, 18 de marzo de 2026

IA en educación superior y el mundo del trabajo

 Por Paola Dellepiana

El avance tecnológico, lejos de ser un fenómeno puramente técnico, representa un agente de profunda transformación socioeconómica y política que redefine las relaciones de poder, la estructura de la desigualdad y la naturaleza del trabajo. Desde este lugar, las oportunidades de empleo para los futuros graduados presentarán cambios significativos en su naturaleza y demanda. A nivel global, se proyecta una reconfiguración importante del mercado laboral en el corto y mediano plazo. 

El Informe sobre el Futuro del Empleo elaborado por el Foro Económico Mundial (2023) estima que cerca del 23% de los puestos de trabajo actuales cambiarán de aquí a 2027 debido a la adopción de nuevas tecnologías, incluida la IA​. Aunque la transformación tecnológica traerá oportunidades, también conllevará pérdidas de trabajos tradicionales, obligando a los graduados a competir en un entorno más volátil. Sectores como atención al cliente o periodismo, el reemplazo de la interacción humana por asistentes virtuales conlleva la pérdida de matices empáticos y responsabilidad humana en la comunicación.

Según el Foro Económico Mundial, 2024, para 2030 se proyecta la creación de 78 millones de nuevos empleos a nivel global, mientras se anticipa la desaparición de 92 millones de trabajos tradicionales​. Esta transición afectará de manera desigual a las economías, con los países desarrollados liderando la adopción de tecnologías y los países emergentes enfrentando mayores retos para adaptarse. Sin embargo, el mismo informe afirma que los seres humanos siguen superando a las máquinas en creatividad, colaboración, liderazgo y empatía, cualidades difíciles de replicar mediante IA.​  

En Argentina, la situación se percibe con mayor complejidad: el 42% de los trabajadores necesitará desarrollar nuevas habilidades en los próximos cinco años, una cifra superior a la media global. Esto incluye competencias en áreas tecnológicas como análisis de datos y aprendizaje automático, pero también habilidades transversales como la resiliencia y el aprendizaje continuo​.

En este contexto, los empleadores enfrentan desafíos como regulaciones desactualizadas y una cultura organizacional resistente al cambio, lo que suma complejidad a la situación. Según el informe del Observatorio de Innovación Educativa, la adopción efectiva de estas tecnologías requiere una inversión significativa en la formación de talento y en la creación de políticas públicas que promuevan la inclusión digital​. Se valoran cada vez más las habilidades para liderar equipos híbridos -humanos y algoritmos- y la gestión de procesos automatizados.


Fuente: imagen generada con Gemini

En cuanto a las áreas con mayor crecimiento previsto, se incluyen tanto sectores tecnológicos como sectores emergentes: se espera, por ejemplo, una alta demanda de especialistas en IA y aprendizaje automático, analistas de datos e inteligencia de negocios, especialistas en ciberseguridad; así como también, de expertos en sostenibilidad ambiental. ​Además de los campos estrictamente tecnológicos, la transición ecológica impulsa un nuevo escenario de oportunidades laborales, creando roles como especialistas en sostenibilidad y revitalizando sectores clave como la agricultura, la educación y la economía digital, los cuales están proyectados a registrar un aumento absoluto de empleos en los próximos años.

Adicionalmente, diversos estudios de prospectiva enfatizan que para 2025-2030 las empresas valorarán crecientemente habilidades como la creatividad, el pensamiento crítico y analítico, la resolución de problemas complejos, la comunicación efectiva, la resiliencia y la adaptabilidad.​ 

A estas habilidades se suma un conjunto de habilidades digitales, que implican el uso creativo, crítico y seguro de las tecnologías digitales para aprender, trabajar y participar como ciudadanos. En esta línea, Esteve, Castañeda y Adell (2018) proponen un modelo de competencia holístico que toma como aspectos claves para su construcción: la naturaleza de la competencia, de la tecnología y de la acción docente. Una competencia holística, situada, orientada hacia roles de desempeño, función y relación, sistémica, entrenable y constante desarrollo. En este sentido, si bien la demanda de habilidades técnicas relacionadas con IA, tales como programación, ciencia de datos o robótica aumentará, también lo hará la demanda de capacidades cognitivas y socioemocionales que permitan complementar a la tecnología. 

El libro Automatizados. Vida y trabajo en tiempos de inteligencia artificial propone varios interrogantes que son respondidos a lo largo de la obra. 

Sus autores, Eduardo Levy Yeyati y Darío Judzikn, nos proponen cuatro disparadores en clave de interrogantes

  • ¿Qué efecto tendrá la tecnología sobre la probabilidad de conseguir trabajos de calidad?

  • ¿Qué herramienta de distribución de ingresos reemplazará el trabajo cuando este escasee?

  • ¿Existe una trinchera del trabajo humano que sea inmune a la automatización?

  • ¿Qué haremos con las horas de ocio a medida que se vayan acumulando?

Para responder a estos desafíos, las universidades no solo deben actualizar planes de estudio o incorporar equipos de última generación, sino que deben forjar una cultura institucional de innovación y acompañamiento continuo. 

Las competencias blandas y la formación ética se perfilan como ejes diferenciadores en un entorno donde la automatización puede reemplazar muchas tareas técnicas. En este sentido, en la era de la IA, las habilidades más humanas cobrarán un valor diferencial en el mercado laboral.

La diferenciación institucional se construye mostrando capacidad de diálogo con el contexto global, sólido apoyo tecnológico e incentivos para la innovación y el emprendimiento. 

¿Cómo se logra entonces integrar un enfoque multidisciplinario en donde los educadores sean parte de los desarrollos de IA?  

Continuará....