martes, 21 de julio de 2026

¿Vale la pena pagar por ChatGPT?

 Por Carlos Bravo Reyes y Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

En los últimos días, ChatGPT presentó varias novedades: varios modelos de lenguaje, conversación en vivo y, en especial, la opción Work, solo para las cuentas de pago. Este cambio, tal vez uno de los más llamativos en el año, nos hizo pensar si es necesario pagar o seguir gratis.

Durante mucho tiempo, la diferencia entre utilizar la versión gratuita y la versión de pago de ChatGPT parecía reducirse a una cuestión de límites. Quien pagaba podía conversar durante más tiempo, cargar más archivos o generar un mayor número de imágenes. Pero estas novedades modifican esa percepción. La diferencia ya no reside solamente en cuánto se usa ChatGPT, sino en el tipo de trabajo que se realiza con esta herramienta.

La versión gratuita continúa siendo una opción capaz de responder preguntas, buscar información en Internet, analizar algunos archivos, crear imágenes y acceder a GPT personalizados. Para una persona que entra ocasionalmente, realiza una consulta y luego cierra la aplicación, estas funciones pueden ser suficientes. No existe una razón seria para recomendar una suscripción a quien todavía no ha integrado ChatGPT en sus actividades habituales.

La situación cambia cuando la inteligencia artificial deja de ser una herramienta de consulta y comienza a formar parte del trabajo cotidiano. Un profesor que planifica clases, revisa documentos, analiza respuestas de sus estudiantes, prepara presentaciones, genera imágenes y organiza una investigación necesita algo más que respuestas aisladas. Necesita continuidad, capacidad de análisis, acceso a modelos de razonamiento y menos interrupciones provocadas por los límites de uso.

ChatGPT forma parte de mi actividad diaria. Lo empleo para investigar, organizar ideas, diseñar clases, revisar textos, construir instrumentos de evaluación, generar materiales visuales y explorar nuevas formas de integrar la inteligencia artificial en la educación. Desde esta perspectiva, la pregunta ya no es si la versión de pago ofrece más funciones. La pregunta adecuada es cuánto valor produce dentro de mi trabajo.

No todos los usuarios necesitan la misma versión

Podemos reconocer varios niveles de utilización. El primero corresponde al usuario ocasional. Es la persona que entra una o dos veces por semana para buscar un dato, resolver una duda, resumir un texto corto o redactar un mensaje. Su relación con ChatGPT es semejante a la que mantiene con un buscador. Formula una pregunta, recibe una respuesta y termina la conversación. Para este usuario, la versión gratuita suele ser suficiente.

El segundo nivel corresponde al usuario frecuente. Aquí encontramos estudiantes, profesores y profesionales que utilizan ChatGPT varias veces durante la semana. Suben documentos, solicitan explicaciones, revisan textos, generan imágenes o consultan información reciente. Este usuario comienza a sentir las restricciones de la versión gratuita. Puede alcanzar el límite del modelo principal, quedar temporalmente sin acceso al análisis de archivos o tener que esperar para continuar una tarea. Es lo que sucede a diario con nuestros estudiantes.

La versión gratuita no deja de funcionar al alcanzar ciertos límites, pero puede cambiar hacia un modelo de respaldo o suspender temporalmente algunas herramientas. OpenAI explica que los límites del plan gratuito son dinámicos y que el análisis de datos, la carga de archivos y la creación de imágenes poseen restricciones propias. Esto significa que una tarea puede quedar interrumpida justo en el momento en que el usuario necesita continuarla.

El tercer nivel es el usuario intensivo. En este grupo se encuentran quienes utilizan ChatGPT todos los días y lo incorporan a procesos formativos, investigativos, creativos o profesionales. Para ellos, la conversación no termina con una respuesta. Cada resultado conduce a una revisión, una nueva pregunta, la comparación con otras fuentes o la elaboración de un producto.

Este es el punto donde la versión de pago adquiere sentido. ChatGPT Plus ofrece mayor acceso a los modelos, respuestas más rápidas, análisis avanzado, investigación profunda, carga ampliada de archivos, generación de imágenes, proyectos, tareas programadas, GPT personalizados y acceso ampliado a ChatGPT Work. Su precio oficial es de 20 dólares mensuales, aunque sus límites pueden variar según la demanda y las condiciones del sistema.

Existe un cuarto nivel: el usuario profesional de alta intensidad. Es quien desarrolla muchas tareas complejas durante varias horas, trabaja con grandes cantidades de información o requiere modelos de razonamiento superiores. Para este perfil existen las modalidades Pro. Sin embargo, una mayor capacidad técnica no significa que toda persona necesite este plan. La elección debe responder al volumen real de trabajo y no al deseo de disponer de la versión más avanzada.

La relación puede expresarse de una manera sencilla. Si ChatGPT es utilizado como buscador ocasional, la versión gratuita cumple su función. Si actúa como asistente académico diario, Plus comienza a justificarse. Si se convierte en una infraestructura permanente de producción profesional, puede tener sentido valorar una modalidad superior.

Pagar no garantiza un mejor uso

La suscripción ofrece acceso, pero no sustituye el criterio del usuario. Una persona puede pagar por ChatGPT y continuar formulando preguntas superficiales. También puede aceptar respuestas sin verificarlas, generar textos que no comprende o delegar decisiones que le corresponden. En ese caso, la versión de pago solo permite producir más contenido, pero no mejor conocimiento.

La diferencia aparece cuando el usuario transforma las funciones disponibles en procesos de aprendizaje y producción consciente. Un modelo de razonamiento avanzado resulta útil si se utiliza para examinar un problema desde varias perspectivas. La investigación profunda adquiere valor cuando sus fuentes son revisadas. La memoria es pertinente cuando ayuda a mantener la continuidad de un proyecto. La carga de archivos tiene sentido cuando permite comparar textos, identificar relaciones y construir nuevas interpretaciones.

Las novedades de este mes refuerzan esta idea. ChatGPT Work permite desarrollar tareas prolongadas, trabajar con archivos y aplicaciones conectadas, crear documentos, hojas de cálculo, presentaciones, informes y sitios. El usuario puede observar el proceso, responder preguntas y modificar la dirección del trabajo. Las tareas programadas permiten mantener búsquedas periódicas, seguir publicaciones o vigilar cambios en un tema. ChatGPT Sites transforma ideas y contenidos en recursos interactivos.

Para un profesor universitario, estas funciones abren posibilidades que van mucho más allá de redactar un texto. Se puede organizar una revisión teórica, analizar los resultados de una encuesta, preparar una presentación, generar un instrumento de evaluación y construir un recurso interactivo dentro de una misma línea de trabajo. La ventaja no se encuentra en realizar cada tarea de forma aislada, sino en conectarlas y mantener su continuidad.

En mi experiencia, el beneficio de la versión de pago tampoco se mide por la cantidad de mensajes enviados. Se mide por las horas de trabajo que ayuda a reorganizar, por las ideas que permite contrastar y por la continuidad que mantiene entre diferentes proyectos. ChatGPT no reemplaza mi experiencia pedagógica ni mi responsabilidad intelectual. Funciona como un mediador con el que dialogo, cuestiono resultados, detecto errores y elaboro nuevas propuestas.

Esta relación diaria también contiene un riesgo. Cuantas más funciones ofrece la herramienta, mayor puede ser la dependencia. El acceso permanente a modelos avanzados puede conducir a consultar antes de pensar, generar antes de planificar y aceptar antes de verificar. Estas ideas las presentamos en nuestro libro sobre Aitoxicación La suscripción debe ir acompañada de una disciplina de uso: definir el propósito, formular buenas preguntas, revisar las respuestas, contrastar las fuentes y conservar la autoría de las decisiones.

Por esta razón, no afirmaría que la versión de pago es mejor para todos. Es mejor para determinados usuarios y bajo ciertas condiciones. Resulta conveniente para quien trabaja con ChatGPT de manera frecuente, desarrolla tareas complejas, necesita continuidad y utiliza sus resultados con criterio. La versión gratuita sigue siendo una puerta de entrada válida para explorar la herramienta, aprender a formular instrucciones y decidir si realmente puede integrarse a una actividad académica o profesional.

La decisión final puede resolverse mediante una pregunta: ¿ChatGPT ocupa un lugar ocasional o permanente dentro de mi trabajo? Si la respuesta es ocasional, la versión gratuita cubre las necesidades. Si la respuesta es permanente, como sucede en mi caso, la versión de pago deja de ser un lujo tecnológico y se convierte en una inversión de trabajo. Su verdadero valor no está en tener más inteligencia artificial disponible, sino en saber para qué usarla, cómo integrarla y cuándo detenerse para pensar con criterio propio.

Tomado de 366-días

lunes, 20 de julio de 2026

Habitar la tecnología: de la aceptación pasiva a la intervención crítica

 Por Paola Dellepiane

Y un día el modem dejó de tener señal. Y el problema no fue eléctrico: #PersonalFlow decidió cortar el servicio de Internet.

La interacción humano-máquina comenzó a través de “PiA”, el asistente virtual de Personal.

¿Solución?

“Para la solución definitiva, es necesario que coordinemos la cita, donde los técnicos te cambiarían el equipo por el servicio actual de Personal Flow en tu zona”


“...para mejorar la calidad de nuestros servicios y darte una solución definitiva, vamos a coordinar una visita técnica para migrar a fibra óptica (FTTH), que es la tecnología actual del servicio en la zona”.


Acordada la visita, el técnico llegó a mi domicilio con la misión de cambiar el modem y establecer la conexión del nuevo cableado. 

Ya en la terraza del edificio, encargado mediante, quedó confirmado: días antes habían pasado "otros técnicos" de #PersonalFlow a realizar una “limpieza de cableado”. Los cables estaban cortados, entre ellos, por supuesto el mío. 

No basta con aceptar pasivamente los relatos que prometen innovación y progreso, es fundamental cuestionarnos, analizar sus efectos y considerar a quién/quiénes beneficia realmente. 

Una afirmación que se escucha frecuentemente es que “las tecnologías no son ni buenas ni malas, depende del uso que le demos”. Y resulta una afirmación débil, pues las tecnologías son mucho más: son maneras de mirar, representar, entender y estar en el mundo. En particular, si nos detenemos en las tecnologías digitales, definen lo que somos y cómo nos relacionamos con los otros. 

En este sentido, las tecnologías resultan extensiones de los valores humanos, que responden a lógicas de eficiencia y progreso, pero que también reproducen y amplifican desigualdades sociales. Es necesario reconocer que las tecnologías que el mercado pone a disposición de la sociedad no nacen de forma espontánea o ingenua. Son producto de decisiones y estrategias que han conducido a un desarrollo -y fundamentalmente a una inversión- en una dirección en lugar de otras muchas posibles. Y aquí, un llamado punto de atención: como argumenta Langdon Winner, la tecnología no es neutral, sino que está inherentemente ligada a valores e intereses particulares. 

Con frecuencia, la tecnología se presenta como si llegara por sorpresa: el ejemplo más actual es la Inteligencia Artificial Generativa. Y una vez que su presencia está consumada, se nos exige buscar la forma de “aprovecharla”, aunque en su diseño nunca haya estado presente este objetivo. Nos encontramos ante una pérdida de nuestra agencia frente a dicha tecnología.

La agencia no consiste simplemente en usar tecnologías, sino en comprenderlas suficientemente como para poder decidir sobre ellas, transformarlas y evitar que “determinen” nuestras prácticas (Martin Parselis).

La conceptualización de lo digital como una doble fuerza motriz, entre lo físico y digital- en palabras de Alessandro Baricco-  define nuestra capacidad de intervención en relación con las tecnologías. 

Vuelvo al ejemplo del modem de fibra óptica de #PersonalFlow: la cuestión no es tecnología sí o tecnologías no, sino qué tecnologías diseñadas y producidas por quién, para qué, cómo y cuándo.

No necesitamos promesas tecnológicas, necesitamos poder intervenir en la construcción de espacios digitales que habitaremos, y no solo usarlos pasivamente.

Una tecnología crítica es aquella que hace visible su propia construcción social, política y técnica, permitiendo que las personas comprendan cómo funciona, cuestionen los valores que incorpora y participen en su transformación. Partiendo que el carácter crítico no reside exclusivamente en el “artefacto”, sino en la relación entre la tecnología con los usuarios, ampliando su capacidad de acción.

Es urgente entonces poner el foco en nuestra agencia, en el desarrollo de una cultura técnica que amplíe nuestra capacidad de agencia y que abra posibilidades de intervención sobre los sistemas tecnológicos. 

Finalmente, ser críticos, no es estar en contra de la tecnología. 

En lo personal, mi mayor preocupación (y ocupación)  es poder contribuir a formar ciudadanos capaces de comprender críticamente la tecnología.

Tomado de Aplicaciones educativas en entornos virtuales

viernes, 17 de julio de 2026

Sesgo de severidad por aversión al puntaje máximo.

 Por Carlos Bravo Reyes y Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

En estos días estamos cerrando las notas de nuestras asignaturas y me vino a la mente una conversación que establecí con estudiantes de la asignatura Evaluación educativa. En una de las clases les pregunté que se colocaran en el papel de profesor y tenían un estudiante que concluyó con 99 puntos.

¿Le otorgan 100 o lo dejan en 99? Casi todos indicaron que 100 era justo, que la diferencia de un punto no hacía ni mejor ni peor al estudiante, pero sí que elevaba su autoestima al obtener la máxima calificación.

Estoy totalmente de acuerdo con ellos. Sucede que nos encontramos con docentes cuyo nivel de severidad es bien alto. Desde la evaluación educativa, el problema es claro: en una evaluación referida a criterios, el estudiante se mide contra esos criterios previamente definidos, no contra una idea abstracta de perfección. No existe un reglamento que obligue al profesor a cambiar su criterio; solo el sentido común es lo más cercano a una evaluación justa.

Valdría la pena que el profesor revise el historial del estudiante y ver sus calificaciones anteriores para acceder a la máxima puntuación, o simplemente recuerde que la perfección no existe y sí el deseo de mejorar cada día.

La discusión entre el 99 o el 100 no es matemática, es ética y axiológica. Expresa una concepción del mérito, de la excelencia y de la justicia evaluativa. Cuando el docente niega el 100 aunque el estudiante cumpla todos los criterios, no está corrigiendo un desempeño, sino imponiendo una creencia personal sobre la imposibilidad de la perfección.

Desde el punto de vista axiológico, tiene que ver con los valores que guían la calificación: justicia, mérito, excelencia, esfuerzo, honestidad, reconocimiento y cumplimiento. Cabe la pregunta: ¿qué valor defiende el profesor al no dar 100? Puede creer que defiende la humildad, la exigencia o la superación constante. Pero también puede estar negando el reconocimiento pleno de un logro.

En el plano ético, la calificación afecta al estudiante. Una nota no es solo un número. Es una decisión con consecuencias académicas, emocionales y formativas. Si el estudiante cumplió todos los criterios y el docente le pone 99 por una regla personal no declarada, hay un problema ético: la calificación deja de responder al desempeño y pasa a responder a la creencia del evaluador.

El 100 puede comunicar: “Alcanzaste plenamente los criterios establecidos”. El 99 puede comunicar otra cosa: “Hiciste todo bien, pero nunca será suficiente”. Esa diferencia tiene impacto formativo. Puede estimular la mejora, pero también producir frustración si el estudiante percibe arbitrariedad.

La diferencia entre 99 y 100 es matemáticamente de un punto; sin embargo, en el plano humano es de muchos puntos.

Tomado de 366 días.

martes, 14 de julio de 2026

Soberanía digital en Europa: ciudadanos y empresas reclaman una mayor autonomía tecnológica

 Tomado de Universo Digital

Fundación Telefónica. Soberanía digital en Europa 2026. Madrid: Fundación Telefónica, 2026. https://www.fundaciontelefonica.com/soberania-digital-europa-2026/

El informe Soberanía digital en Europa 2026, elaborado por Fundación Telefónica en colaboración con Metroscopia, constituye el primer gran barómetro sobre la percepción que tienen ciudadanos y empresas españolas acerca de la autonomía tecnológica europea. El estudio analiza el grado de conocimiento del concepto de soberanía digital, las preocupaciones derivadas de la dependencia tecnológica de terceros países y las prioridades para reforzar la competitividad europea en un contexto marcado por la inteligencia artificial, la economía del dato y la creciente rivalidad geopolítica.

Los resultados muestran un amplio consenso sobre la necesidad de que Europa fortalezca sus capacidades tecnológicas. El 86 % de los ciudadanos y el 87 % de las empresas consideran imprescindible desarrollar tecnologías propias para competir en igualdad de condiciones con Estados Unidos y China. Asimismo, la mayoría percibe que la dependencia de plataformas, infraestructuras y servicios digitales extranjeros supone un riesgo estratégico para la economía, la seguridad y la capacidad de innovación europea.

El informe también pone de manifiesto una creciente preocupación por la protección de los datos personales y corporativos. Aunque el término «soberanía digital» aún es poco conocido entre la población, existe una elevada sensibilidad respecto al control de la información, la privacidad y la necesidad de que los datos críticos permanezcan bajo jurisdicción europea. En este contexto, una parte significativa de la ciudadanía estaría dispuesta a utilizar alternativas europeas si ofrecieran prestaciones equivalentes a las de los grandes proveedores internacionales.

Desde la perspectiva empresarial, la soberanía digital se considera un elemento clave para garantizar la resiliencia económica, impulsar la innovación y reforzar la competitividad. Las organizaciones identifican como prioridades el desarrollo de infraestructuras digitales propias, la inversión en inteligencia artificial, computación en la nube, ciberseguridad y talento tecnológico, junto con una mayor coordinación entre administraciones públicas, empresas y centros de investigación.

El estudio defiende que la soberanía digital debe entenderse no como un aislamiento tecnológico, sino como la capacidad de Europa para decidir sobre sus infraestructuras, datos y tecnologías estratégicas, preservando al mismo tiempo un modelo abierto basado en la innovación, la cooperación y los valores democráticos. Fundación Telefónica propone impulsar un ecosistema europeo que combine inversión, regulación, desarrollo tecnológico y formación para reducir las dependencias estratégicas y fortalecer la autonomía digital del continente.

Tomado de Universo digital

lunes, 13 de julio de 2026

ChatGPT se renueva: del prompt al agente

 Por Ramón Besonías.


Un 30 de noviembre de 2022 llegó a España ChatGPT gratis para todos. En menos de 4 años, hemos pasado de una IA que alucinaba dos de cada tres veces y generaba manos de 6 dedos a otra mucho más pulida y eficaz, aunque la supervisión y control humano siga siendo esencial para obtener resultados adaptados a tus necesidades y que respeten tu privacidad. 



Estos días, OpenAI ha sacado a la luz una interfaz con herramientas y modelos nuevos. Este cambio no es superficial. Supone el paso de la IA conversacional a una agéntica, que diseñe y automatice tareas. ChatGPT se vuelve más oral, más autónoma y con más capacidad. Aquella IA basada en el prompt de múltiples iteraciones secuenciadas en una larga conversación da paso a otra en no es necesario tanta iteración, ya que te guía en el proceso de forma automática hasta dejar lista la tarea. Y no solo esto. La IA ya no solo genera tareas rutinarias. Construye, crea, realiza acciones autónomas a partir de instrucciones previas programadas. Dejas que trabaje y cuando esté listo te avisa. Y todo ello lo puedes hacer en modo voz.

Comparto un mini tutorial de esta nueva interfaz de ChatGPT, que trasciende el límite de lo conversacional para invitarnos a un uso más automatizable. 

Vídeo creado en Google Vids



Esto cambia la forma de usar la IA y a su vez marca una brecha importante de usabilidad. La cuenta gratuita está muy limitada, tiene escaso alcance y profundidad. A mínimo que la pruebes, más pronto que tarde se te queda pequeña. Este reciente paso de OpenAI marca una mayor distancia entre los modelos de pago y el gratuito. La ingeniería social actúa con cuentagotas medidas. No es casualidad que en noviembre de 2025 sacaran Go, su versión low cost, a 10€. De esta forma, las distancias entre modelos facilitan la toma de decisiones del usuario hacia modelos de pago, sin notar una inversión personal relevante de un modelo a otro.

La misma decisión de OpenAI con ChatGPT la está tomando o tomará el resto de empresas, como Google o Anthropic. El usuario personal o profesional, de menudeo no intensivo ni asociado a una empresa, notará cada vez más que el modelo gratuito se le queda pequeño. Como cuando te dan a probar una degustación minúscula antes de decidir si llevarte la docena de pasteles. Muchos usuarios seguirán probando la degustación porque no han incorporado la IA a sus rutinas y la usan de forma residual y esporádica. Un porcentaje de ese perfil de usuario, no sabemos si significativo, se pasará a opciones de pago. El modelo Go de 10€ pasará a ser percibido con el tiempo como su hermano pequeño gratuito. 

Un proceso de aclimatación tecnológica similar tuvo lugar con los móviles. De ser herramientas para adultos específicos viajantes y camioneros pasó a ser un objeto esencial para adultos y jóvenes. Móviles e IA comparten una característica similar: se incorporan a rutinas de comunicación y trabajo, haciéndose gestionables, pero imprescindibles. Quizá con la IA aún no veamos esa inmersión intrusiva porque estamos en una fase embrionaria, pero la linde marca el camino. La inserción en procesos de gestión y producción será la puntilla. Solo falta que sean seguros. 2026 y 2027 serán los años de la seguridad agéntica. Es cuestión de tiempo que nos pase lo que sucedió con los cajeros automáticos. Confiar en el dinero de plástico no fue rápido ni fácil, y hoy las nuevas generaciones pagan con sus relojes y móviles. Cuando esa aclimatación se asiente en las costumbres cotidianas, la IA pasará a ser una herramienta más de uso generalizado. Con sanas resistencias y controles, pero inevitable.

Existen modelos de IA con capacidades muy variadas en función de su potencial uso o contexto. Entre otros muchos perfiles podríamos diferenciar estos más relevantes: 
  • El ciudadano que recurre a la IA para consultas puntuales, dudas prácticas o necesidades muy personales. Su interacción suele limitarse al prompt de menudeo: preguntar, resumir, traducir, buscar ideas o resolver pequeñas tareas. Habitualmente utiliza una cuenta gratuita.
  • La persona que emplea la IA en su trabajo, pero de forma esporádica y vinculada a objetivos concretos: redactar un documento, preparar una presentación, crear una tarea, resumir información o generar materiales. Este perfil suele dar el primer salto desde la cuenta gratuita hacia un plan básico de pago. 
  • El usuario que quiere comprender mejor la herramienta, experimentar con ella y adaptarla a necesidades más complejas. No se limita a pedir resultados: diseña flujos de trabajo, crea asistentes, combina herramientas y busca mayor profundidad. Suele recurrir a planes como ChatGPT Plus, Gemini Pro u otras opciones equivalentes.
  • El autónomo o la pequeña organización que incorpora una cuenta profesional de IA generativa para reducir carga administrativa y centralizar parte de su gestión: documentación, presupuestos, seguimiento de clientes, comunicación, análisis, planificación o burocracia interna.
  • La empresa que contrata a una startup o proveedor especializado para implantar un sistema interno de automatización. Estos servicios conectan agentes de IA con procesos concretos como facturación, atención al cliente, recursos humanos, gestión documental, ventas, informes o soporte interno.
  • Las grandes organizaciones que trabajan con modelos de frontera y los someten a exigencias extremas de rendimiento, seguridad, integración y escala. Aquí la diferencia no está solo en el modelo, sino en la ingeniería fina que permite adaptarlo a sistemas complejos, datos internos y procesos críticos.
  • Equipos públicos y privados que utilizan modelos de frontera para acelerar descubrimientos, explorar hipótesis, analizar grandes volúmenes de datos, diseñar experimentos o resolver problemas científicos y técnicos de alta complejidad. En algunos casos, estos usos contribuyen a avances significativos.
  • Gobiernos, fuerzas armadas y empresas del sector de defensa que aplican la IA a inteligencia, simulación, logística, vigilancia, ciberseguridad, disuasión y planificación estratégica. En estos contextos, la tecnología puede utilizarse tanto para la defensa como para aumentar la capacidad de intervención o agresión en conflictos. 
Comparando unas con otras, la IA gratuita es un tirachinas con agujeros. Lo es incluso para quienes pagamos por un uso individual. Y aún así, a mínimo que la uses la IA generativa con frecuencia y la pongas a prueba, apreciarás mejoras sustanciales que la separan de sus primeras versiones. La primera frontera significativa de uso se aprecia cuando pasas de usarla como chatbot conversacional a diseñar tareas y proyectos adaptados, cada vez más complejos. La segunda, cuando te animas a aprender a usarla como agente que automatice ciertas tareas o rutinas. 

El perfil medio de docente que usa IA está aún dentro de la primera frontera. ChatGPT gratuito y uso rudimentario. A menudo se da el caso que la IA de su centro educativo es de mejor calidad que en su vida privada. ¿Usos? Consultas, tareas sencillas de aula y gestión documental. Este uso limitado provoca una sensación de que la IA puede hacer menos de lo que creemos, que se sigue equivocando y es enemiga del aprendizaje, ya que esperamos que haga lo que queremos por ciencia infusa, sin las directrices previas y detalladas del usuario y con un modelo gratuito limitado. Se nota mucho cuando en las redes sociales un usuario critica a la IA desde el desconocimiento o un uso muy rudimentario y limitado, a diferencia de quien se forma, la usa con cabeza y percibe las posibilidades y limitaciones a partir de la práctica y no de las expectativas o el ruido mediático.

Este último mes, las empresas más importantes de IA generativa están desplegando modelos que empiezan a establecer una fina, pero importante frontera de uso y capacidad entre la conversación y la automatización, el prompt y el agente. Este paso se está dando más en el ámbito empresarial que en el privado y educativo. La aclimatación es más lenta en la vida cotidiana porque las necesidades son primarias y suficientes. 

En el ámbito educativo, el despliegue de agentes de IA avanza con más lentitud porque exige niveles elevados de seguridad, privacidad, trazabilidad y control institucional. Sin embargo, la barrera ya no es principalmente técnica. Hoy es posible implantar en cada centro educativo —o en una infraestructura compartida por varios centros— un entorno privado y seguro, con acceso restringido, datos protegidos, modelos alojados o conectados bajo control institucional y guardarraíles adaptados al contexto educativo. 

Ese tipo de infraestructura podría automatizar una parte importante de la burocracia y de la gestión administrativa: elaboración de informes, organización documental, atención de consultas internas, seguimiento de incidencias, generación de comunicaciones, análisis de datos, apoyo a la planificación o tramitación de procedimientos repetitivos. 

La lentitud de muchas administraciones educativas no se explica solo por limitaciones tecnológicas. También intervienen una comprensión incompleta de las posibilidades reales, el temor a incumplir la normativa, la falta de formación técnica y estratégica de quienes toman decisiones, la ausencia de perfiles intermedios capaces de traducir las necesidades educativas en soluciones tecnológicas y una cultura administrativa orientada más a evitar riesgos que a diseñar entornos seguros de experimentación. 

La incorporación de la IA a la educación no sigue un proceso común. Avanza a tres velocidades distintas, cada una con sus propios ritmos, riesgos y lógicas, y con muy poca conexión entre ellas.
  • La de uso cotidiano de estudiantes y familias. La IA entra en casa y en los dispositivos personales con enorme rapidez, pero a menudo sin pautas claras, sin formación crítica, sin acompañamiento adulto, sin control parental suficiente y sin criterios compartidos sobre privacidad, veracidad o dependencia. Es el espacio más veloz, pero también el más desregulado.
  • La de docentes que intentan incorporar la IA a su práctica profesional. Con frecuencia, este avance depende de iniciativas individuales, formación autodidacta y experimentación personal. Paradoja: muchos profesores ya exploran usos complejos de la IA, pero trabajan en centros donde esta sigue siendo casi inexistente como recurso didáctico, organizativo o institucional. Es una velocidad intermedia, fragmentada y sostenida más por el compromiso personal que por una estrategia de centro.
  • La de las administraciones educativas. Su respuesta suele ser lenta, defensiva y condicionada por el miedo al riesgo, la incertidumbre jurídica y la falta de conocimiento técnico. En lugar de construir entornos seguros de experimentación, muchas instituciones optan por esperar, restringir o aplazar decisiones. El resultado es que la regulación llega después de los usos y la formación llega después de los problemas. Es la velocidad más lenta, aunque debería ser la que organizara y conectara las otras dos.
El problema no es solo que cada ámbito avance a un ritmo diferente, sino que lo haga sin coordinación. La IA privada crece sin orientación. La innovación docente crece sin respaldo. La respuesta institucional llega tarde y, a menudo, en forma de cautela o prohibición. La tormenta perfecta. 

Por otro lado, tampoco existe una reflexión compartida que determine el papel de la IA generativa en el ámbito educativo, y cómo afecta y debe insertarse en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por ahora, las administraciones regulan a partir de papers nacionales, y estos adaptando la normativa europea. Mero papeleo, sin sustrato práctico en la realidad del aula. Mientras tanto, los estudiantes van modelando su propia cultura de uso de la IA ajenos a lo que ven en los centros educativos y el ámbito profesional va poco a poco transformando procesos de trabajo donde la IA tiene un progresivo e importante papel. Por otro lado, en los espacios educativos va ganando terreno una percepción negativa de la IA generativa, con defensa de estrategias defensivas en vez de proactivas. En redes sociales, ganan por goleada quienes vaticinan el apocalipsis frente aquellos que comparten las posibilidades de uso. 

Tiene su sentido: es más fácil y cómodo quejarse desde una atalaya pasiva que probar y descubrir los límites y ventajas, los peligros y posibilidades de uso. Esta percepción negativa cala en las familias, quienes por otro lado se encuentran entre dos frentes contradictorios: por un lado, están invadidas por los vaticinios milenaristas, y por otro, sus hijos y ellos mismos usan la IA a destajo. Hay que volver al libro en papel, la hoja en blanco y el bolígrafo, proclama el pandemónium mediático. Pero después, en casa y en la calle, los adolescentes pasan 8 horas o más delante de una pantalla, sin diversificar las fuentes de su ocio e intereses. 

Estas contradicciones no son patrimonio del ámbito privado. También atraviesan la esfera de lo educativo, donde la percepción negativa de la IA convive con la inevitable necesidad de enfrentarse a un escenario que impele a formarse y actuar. 

La IA agéntica aún tardará en integrarse en los dispositivos móviles y ordenadores. Los estándares de privacidad y seguridad europeos son prudentes y garantistas. Pero cuando lo haga supondrá un salto relevante en los hábitos cotidianos de los estudiantes. Oralidad y automatización de tareas protagonizarán las costumbres más allá del aula, influyendo en la cultura de trabajo y percepción de la educación. Las instituciones educativas, y con ellas el docente, no podemos vivir de espaldas a esto. Hay que dialogar, formarse y reformular la evaluación. 

Tomado de IA educativa