jueves, 19 de marzo de 2026

El sector creativo en tiempos de la IA generativa

 Por Ramón Besonias


Imagen generada con ChatGPT a partir de mi prompt

Recientemente, leí el tuit de Katherine Vega que puedes ver más abajo. Se trata de una escritora vinculada a la ficción popular (romance, misterio y terror) -esa que tanto éxito tiene en el lector joven- y muy activa en redes sociales y comunidades de escritura online. El post abre un debate frecuente entre autores sobre IA e ilustradores. En este caso, Vega defiende el uso de portadas de bajo coste en vez de pedirle a la IA que te las genere. 

La postura de Vega es la del autor que autoedita desde Amazon, aunque también hay editoriales consagradas que reconocen usar IA para las portadas. Bloomsbury reconoció que una de las imágenes usadas en la portada de un libro de Sarah J. Maas procedía de arte generado con IA. La editorial explicó que el diseñador interno había elegido una imagen de un banco de imágenes sin saber que había sido generada con IA. La editorial Tor fue criticada porque la portada de la novela Gothikana incorporaba elementos generados con IA dentro del diseño final. Tor explicó que: el diseño final era humano pero algunos elementos visuales provenían de generación IA. 

Este fenómeno es más común en la autoedición y editoriales residuales. Las editoriales grandes defienden públicamente a los autores frente a la IA, pero al mismo tiempo el sector del diseño editorial empieza a integrarla silenciosamente en el flujo creativo, sobre todo para retocar algunos elementos. Esta práctica es cada vez más recurrente en los propios creativos. Al igual que hace décadas se incorporó la tableta digital, ahora la IA combina con el trabajo artesanal. Muchos creativos rechazan ese maridaje por varias razones, entre ellas la más común es que los modelos de IA se alimentan con imágenes de numerosos autores. Un debate que tiene difícil encaje, más allá de la posibilidad de que las empresas de Ia generativa paguen derechos a determinados autores.  



Este escenario afecta de forma distinta a editoriales, autores, ilustradores y al propio mercado del libro. Entre los efectos más evidentes, podemos destacar:

  • Reducción drástica de costes y democratización de la autopublicación.  Encargar una portada profesional puede costar entre 300 y varios miles de euros, dependiendo del ilustrador y el trabajo. Una portada con IA puede generarse en minutos y por unos pocos euros. De ahí que sea práctica común usar IA en autores que autopublican en Amazon KDP o editoriales pequeñas. Permite publicar libros que antes no habrían sido viables económicamente. Consecuencia de esta tendencia: Más libros publicados, pero también más saturación del mercado y menor calidad de las propuestas.
  • Presión sobre ilustradores y diseñadores de portadas. Muchos ilustradores profesionales temen que el trabajo por encargo desaparezca, se devalúe el oficio, se copien estilos sin consentimiento. Algunos artistas han denunciado que generadores de imágenes producen obras muy similares a su estilo, obligándoles incluso a pedir que se retiren imágenes generadas a partir de su trabajo. Los ilustradores jóvenes o emergentes son los más vulnerables el trabajo de portada era uno de los ingresos más frecuentes en la ilustración editorial. Esto provoca la reducción de encargos profesionales, especialmente en géneros como fantasía, ciencia ficción o romance. 
  • Debate legal y ético sobre derechos de autor. Este es el gran campo de batalla actual. ¿Se entrenaron los modelos con ilustraciones protegidas? ¿Una portada generada por IA es una obra original? ¿Quién posee los derechos? La industria editorial está presionando para regular esto, porque muchos sistemas de IA se entrenaron con obras protegidas sin permiso ni compensación a sus autores. Aunque surjan nuevas normativas sobre IA en arte editorial, la velocidad de estas tecnologías y su impacto en las rutinas de trabajo creativo y consumo del lector vuelve obsoleta cualquier legislación. A su vez, ¿cómo legislar en un marco internacional? La diversidad de criterios y la lentitud de los procesos impide su aplicación.
  • Transformación del proceso editorial. En las editoriales grandes está emergiendo un modelo híbrido. La IA no sustituye totalmente al diseñador, sino que genera bocetos rápidos, crea conceptos visuales, permite probar estilos, acelera el proceso creativo. Después, el diseñador humano ajusta composición, tipografía, identidad visual, coherencia con la colección. La IA no elimina el diseño editorial, pero lo vuelve más productivo y más técnico. Este proceso creativo se acabará imponiendo en todos los espacios de producción, industriales y minoristas. Sucede tanto en este caso de las portadas como también en la ilustración de libros, cómics y producción audiovisual.



  • Cambio profundo en lo que entendemos como portada.  Históricamente, la portada era una obra artística singular encargada a un ilustrador concreto como parte de la identidad cultural del libro. Hoy empieza a convertirse en un objeto de marketing optimizado para miniaturas online (Amazon, Goodreads, etc.). En ese contexto, la IA funciona muy bien porque puede generar cientos de variaciones portadas adaptadas al algoritmo de venta. Solo en productos muy exclusivos la portada adquiere un carácter más artesanal. Algunos autores ya están generando 20-50 portadas con IA, prueban varias en el mercado y se quedan con la que vende más. Esta deriva puede mitigar la tendencia a usar la portada como estilo de marca y centrarse más en el perfil del lector. 
  • Aparición de la estética IA. Las imágenes generadas por IA comienzan a tener un estilo reconocible, incluso cuando imitan estilos humanos: iluminación cinematográfica exagerada, hiperrealismo brillante, composiciones muy centradas, exceso de detalle... Muchos lectores empiezan a detectar inmediatamente una portada generada con IA. Esto genera dos movimientos opuestos. Por un lado, la proliferación estética de géneros comerciales (romance, fantasía, thriller) adoptan IA masivamente. Por otro, la reacción artesanal de algunas editoriales literarias que apuestan por la ilustración manual y un diseño más minimalista. Es un fenómeno que recuerda a lo que ocurrió cuando apareció la fotografía en el siglo XIX: la pintura respondió con el impresionismo. Es previsible que la IA transforme con el tiempo tendencias estéticas. 
  • Crisis de la autoría. ¿Quién es el autor de una portada generada por IA? ¿El escritor? ¿El diseñador? ¿El modelo que aprendió de miles de ilustradores? Roland Barthes decretó antes de la IA la muerte del autor. La IA parece sentenciar esa idea. La imagen ya no tiene un autor identificable, es una síntesis estadística de millones de imágenes previas. La portada deja de ser la visión de un artista y pasa a ser una recombinación cultural automática. Artísticamente, esto conduce a una época donde el peso se traslada del autor a la obra y su técnica


Con IA generativa hoy es posible crear en pocas horas texto del libro, portada, descripción comercial, palabras clave, incluso reseñas promocionales. Plataformas como Kindle Direct Publishing permiten publicar casi sin coste. Esto ha provocado algo nuevo: algunos usuarios publican decenas o cientos de libros al mes, muchos generados con IA sin apenas revisión humana. No se trata de autores, sino casi de micro-editoriales automatizadas. Las ventas se democratizan y las editoriales más lucrativas pierden cuota de mercado. Muchos venden poco, pero arañan lectores a productos ya asentados. No es de extrañar que las grandes editoriales acaben adoptando las mismas técnicas que usan las pequeñas. En Amazon aparecieron más de 200 libros sobre el mismo tema en pocas semanas: guías sobre criptomonedas, trading o incluso salud, muchas generadas con IA. Varios libros daban consejos médicos incorrectos porque estaban generados automáticamente. Esto llevó a Amazon a introducir límites de publicación diaria para autores.

Otro fenómeno emergente son los llamados libros SEO. No están pensados para ser leídos, sino para aparecer en búsquedas. Ejemplos típicos: “Guía completa del ayuno intermitente 2025”, “Cómo ganar dinero con IA en 7 días”, “Manual definitivo de productividad”. El proceso suele ser detectar una palabra clave popular, generar un libro con IA, crear portada y descripción, y publicarlo rápidamente. Muchos de estos libros venden poco o nada, pero algunos sí logran ventas porque aparecen en resultados de búsqueda. 

Esto genera una paradoja. La IA permite publicar más libros que nunca, reducir costes y democratizar la escritura. Pero al mismo tiempo produce saturación del mercado, dificultad para descubrir obras valiosas y pérdida de confianza del lector. Es algo parecido a lo que ocurrió con la música en streaming, los vídeos en YouTube o los blogs en los años 2000. No tardarán las grandes empresas del sector en ofrecer plataformas que mitiguen el impacto de esta democratización editorial. Por ahora, lo único que están haciendo es etiquetar el contenido generado con IA y limitar la publicación de esas obras. Amazon ya limitó el número de libros que un autor puede subir al día. Las editoriales tradicionales pueden recuperar valor como filtros de calidad, aunque es difícil que el lector aprecie en esa distinción. La cultura de consumo de libros está cambiando, no solo a causa de la Ia generativa, también de la redes sociales. La fidelización del lector convierte al escritor en youtuber y le obliga a estar presente en todas las redes sociales donde pulula el potencial lector. 

No solo los ilustradores se ven afectados por este escenario. También los escritores, que mutan de autor a director de contenido. Hasta ahora el escritor realizaba casi todo el proceso: investigar, escribir, revisar, reescribir. Con la IA, el proceso empieza a parecerse más al cine. El escritor diseña la idea, estructura el libro, guía a la IA, selecciona versiones, reescribe. Es decir, pasa de ser autor absoluto a director de un proceso creativo híbrido. Muchos escritores ya usan IA para brainstorming, estructura de capítulos, alternativas de estilo, edición lingüística... 

La velocidad de producción está aumentando de forma radical. Un ensayo que antes requería semanas de investigación, meses de escritura, puede ahora tener un primer borrador en días. Pero esto produce un efecto paradójico: más libros publicados, pero menos tiempo para madurar ideas. Esto recuerda a lo que ocurrió con los blogs en los años 2000. Tras una década de saturación, es previsible que cambie la tendencia. Más oferta, peor calidad, puede derivar en menos lectores o formatos diferentes de lectura. Veremos. Supongo que como todo cambio, traerá dificultades y oportunidades. 

Una posibilidad muy interesante es que los libros se vuelvan adaptables al lector. Con IA un libro podría simplificarse para estudiantes, ampliarse para especialistas, cambiar ejemplos según el país. Es decir, un mismo libro podría tener versiones dinámicas. Esto podría afectar mucho a manuales educativos, divulgación científica, libros de aprendizaje. En el sector educativo, esto permitiría la autoedición por parte del docente de materiales adaptados, ahorrando dinero a las familias y facilitando una enseñanza más personalizada.

En el mundo académico, el uso de IA ya está ocurriendo y está generando un debate muy intenso en universidades, revistas científicas y editoriales del sector. No se trata tanto de libros escritos completamente por IA, sino de textos híbridos donde la IA interviene en diferentes fases del proceso intelectual. Los investigadores utilizan IA para resumir artículos científicos, localizar bibliografía relevante, identificar conexiones entre autores, estructurar temas de investigación. Herramientas de IA ayudan a navegar bases de datos enormes, lo que acelera mucho la fase inicial del trabajo académico. En este nivel, la IA funciona como una biblioteca ampliada o un asistente de investigación.

Otro uso académico recurrente es para mejorar el estilo del texto reescribir párrafos poco claros, adaptar el texto a inglés académico, revisar coherencia y estructura. En este caso la IA actúa como una especie de editor lingüístico avanzado. Es comparable a herramientas como correctores o editores de estilo, pero mucho más potentes. 

El debate está sobre la mesa. Algunos textos académicos incluyen párrafos generados por IA, reformulaciones profundas de ideas, síntesis argumentativas generadas por modelos. ¿Debe reconocerse a la IA como autora? En 2023, varias revistas científicas decidieron que la IA no puede figurar como autora, porque no puede asumir responsabilidad intelectual sobre el texto. Por ejemplo, editoriales académicas como Springer Nature establecieron que la IA puede usarse como herramienta, pero no puede aparecer como autora del artículo. Metodología de trabajo, fuentes de base y autoría son conceptos diferentes.

El mismo debate que tiene lugar en la enseñanza secundaria, se da en la Universidad y los círculos de investigación. Si la IA se usa demasiado para estructurar argumentos, generar síntesis, producir interpretaciones, puede producirse algo parecido a lo que se denomina pensamiento delegado. El autor ya no desarrolla plenamente el proceso intelectual, sino que lo externaliza parcialmente a la máquina.

Por otro lado, la IA puede convertirse en algo parecido a un interlocutor filosófico permanente. Un autor puede discutir ideas con la IA, probar objeciones, explorar caminos conceptuales. La IA podría convertirse en una especie de Sócrates artificial, que cuestiona ideas y obliga a clarificarlas. El que escribe la ha usado para esto en numerosas ocasiones, y ha invitado a sus estudiantes a entrenarse con la IA para practicar la argumentación. 


Nadie puede consolar al ilustrador o escritor que ve cómo esta tendencia cultural y tecnológica reduce su cuenta corriente. La ecuación le afecta de manera radical y debe protegerse, al menos hasta que encuentre formas de reconducir su modelo de negocio. 

Una encuesta realizada a unos 9.000 escritores y traductores en España muestra un consenso casi total sobre el problema del entrenamiento de modelos con obras protegidas. El 96,5 % exige que se solicite autorización antes de usar sus textos para entrenar IA generativa. Esto refleja dos preocupaciones principales del sector: uso de obras sin remuneración para entrenar modelos y pérdida potencial de ingresos futuros. Además, asociaciones profesionales denuncian que ya aparecen traducciones generadas por IA en el mercado editorial sin transparencia contractual.

La traducción editorial en España ya tenía una situación económica débil antes de la IA. Datos recientes del sector reflejan tarifas prácticamente estancadas desde hace unos 20 años muchos traductores trabajan con pluriempleo. La aparición de la IA añade nuevas tensiones, como presión para aceptar post-edición de traducciones automáticas y menor volumen de traducciones completas encargadas a humanos. Además, hay que recordar algo importante sobre el mercado editorial español: el 17,2 % de los libros publicados en España son traducciones. Eso significa que la traducción es una pieza estructural del sector, por lo que cualquier automatización afecta a miles de profesionales.

No hay aún un estudio exclusivamente español con cifras precisas para ilustradores editoriales, pero las encuestas europeas usadas por asociaciones españolas muestran tendencias claras: el 26 % de ilustradores ya ha perdido encargos debido a IA generativa y más de un tercio afirma que han bajado las tarifas. Los ilustradores editoriales españoles señalan tres problemas concretos: sustitución de encargos por imágenes generadas con IA, uso de estilos aprendidos de artistas humanos y presión para reducir precios.

El mercado del libro en España no está cayendo. En 2025, hubo una facturación superior a 1.250 millones de euros, con 76 millones de libros impresos vendidos. El sector editorial crece, pero la distribución del valor dentro del sector está cambiando. Las ventas aumentan, pero algunos oficios ven reducirse ingresos o encargos. Un estudio de profesionales editoriales del mundo hispanohablante indica que más del 75 % cree inevitable la adopción de IA en la industria del libro. Eso sugiere que incluso quienes ven riesgos económicos asumen que el cambio no se va a detener.

Un estudio sobre música en España estima que la IA podría reducir hasta un 28 % los ingresos por derechos de autor hacia 2028. Aunque es otro sector cultural, muchos analistas consideran que el patrón podría repetirse en otras industrias creativas. 

El impacto en España está en una fase temprana pero visible. Los datos actuales muestran tres tendencias claras: 

  • Preocupación generalizada del sector creativo, sobre todo en autores y traductores, que reclaman regulación y remuneración. 
  • Transformación del trabajo más que desaparición inmediata.
  • Mercado del libro estable, pero redistribución del valor. Las ventas crecen, pero no todos los oficios se benefician igual.


¿Cómo afecta esto a las generaciones más jóvenes? En primer lugar, están creciendo en un entorno en el que el contenido cultural se vuelve más abundante, más barato y más rápido de producir. Acceden más fácilmente y la IA les permite generar materiales educativos, traducir textos, producir explicaciones adaptadas. Eso reduce barreras de acceso al conocimiento. Pero a su vez se rodean de más libros, más artículos, más contenido generado automáticamente. El reto ya no es acceder a textos, sino distinguir los valiosos. Esto convierte la alfabetización cultural en un reto esencial. Aprender a filtrar, no solo a leer. El cambio más importante puede ser cómo se forma el pensamiento. Si la IA resume textos, propone argumentos, genera explicaciones, existe el riesgo de que algunos estudiantes externalicen parte del proceso intelectual. Pero también puede ocurrir lo contrario. La educación puede orientarse más hacia interpretar, discutir, evaluar argumentos y formular preguntas.

Cuando esos estudiantes entren en el mercado laboral, y si aspiran a profesiones culturales o creativas, es previsible que la IA no elimine esas profesiones, pero cambiará su estructura económica. Probablemente habrá una mayor competencia global. La IA permite producir contenido en cualquier lugar. Esto significa que el trabajador creativo competirá con otros humanos máquinas. Habrá creadores muy reconocidos y creadores que trabajan en mercados muy baratos. La clase media cultural puede reducirse. Muchos profesionales deberán ser creativos y a su vez usar herramientas de IA. 

Quizá el cambio más relevante será como consumidores. Cambiará su relación con los productos culturales. Hoy y en un futuro cercano, los lectores jóvenes encontrarán libros generados parcialmente por IA, portadas generadas por IA, traducciones automáticas revisadas. Pero probablemente el lector medio no se obsesionará con eso. Se fijarán más en la calidad de la obra, la historia, la emoción que produce. No tanto en el proceso técnico de creación. Para un lector joven, saber en qué confiar será tan importante como saber leer.

Esto nos lleva al papel de la educación. Además de enseñar contenidos, deberá enseñar pensamiento crítico, evaluación de fuentes, comprensión profunda de textos, creatividad propia. Es decir, habilidades que la IA no puede sustituir fácilmente. La IA puede producir más textos que nunca. Pero eso no significa necesariamente más pensamiento. El desafío educativo será ayudar a los estudiantes a no limitarse a consumir contenido, sino generar y compartir pensamiento propio.

Tomado de IA educativa

miércoles, 18 de marzo de 2026

IA en educación superior y el mundo del trabajo

 Por Paola Dellepiana

El avance tecnológico, lejos de ser un fenómeno puramente técnico, representa un agente de profunda transformación socioeconómica y política que redefine las relaciones de poder, la estructura de la desigualdad y la naturaleza del trabajo. Desde este lugar, las oportunidades de empleo para los futuros graduados presentarán cambios significativos en su naturaleza y demanda. A nivel global, se proyecta una reconfiguración importante del mercado laboral en el corto y mediano plazo. 

El Informe sobre el Futuro del Empleo elaborado por el Foro Económico Mundial (2023) estima que cerca del 23% de los puestos de trabajo actuales cambiarán de aquí a 2027 debido a la adopción de nuevas tecnologías, incluida la IA​. Aunque la transformación tecnológica traerá oportunidades, también conllevará pérdidas de trabajos tradicionales, obligando a los graduados a competir en un entorno más volátil. Sectores como atención al cliente o periodismo, el reemplazo de la interacción humana por asistentes virtuales conlleva la pérdida de matices empáticos y responsabilidad humana en la comunicación.

Según el Foro Económico Mundial, 2024, para 2030 se proyecta la creación de 78 millones de nuevos empleos a nivel global, mientras se anticipa la desaparición de 92 millones de trabajos tradicionales​. Esta transición afectará de manera desigual a las economías, con los países desarrollados liderando la adopción de tecnologías y los países emergentes enfrentando mayores retos para adaptarse. Sin embargo, el mismo informe afirma que los seres humanos siguen superando a las máquinas en creatividad, colaboración, liderazgo y empatía, cualidades difíciles de replicar mediante IA.​  

En Argentina, la situación se percibe con mayor complejidad: el 42% de los trabajadores necesitará desarrollar nuevas habilidades en los próximos cinco años, una cifra superior a la media global. Esto incluye competencias en áreas tecnológicas como análisis de datos y aprendizaje automático, pero también habilidades transversales como la resiliencia y el aprendizaje continuo​.

En este contexto, los empleadores enfrentan desafíos como regulaciones desactualizadas y una cultura organizacional resistente al cambio, lo que suma complejidad a la situación. Según el informe del Observatorio de Innovación Educativa, la adopción efectiva de estas tecnologías requiere una inversión significativa en la formación de talento y en la creación de políticas públicas que promuevan la inclusión digital​. Se valoran cada vez más las habilidades para liderar equipos híbridos -humanos y algoritmos- y la gestión de procesos automatizados.


Fuente: imagen generada con Gemini

En cuanto a las áreas con mayor crecimiento previsto, se incluyen tanto sectores tecnológicos como sectores emergentes: se espera, por ejemplo, una alta demanda de especialistas en IA y aprendizaje automático, analistas de datos e inteligencia de negocios, especialistas en ciberseguridad; así como también, de expertos en sostenibilidad ambiental. ​Además de los campos estrictamente tecnológicos, la transición ecológica impulsa un nuevo escenario de oportunidades laborales, creando roles como especialistas en sostenibilidad y revitalizando sectores clave como la agricultura, la educación y la economía digital, los cuales están proyectados a registrar un aumento absoluto de empleos en los próximos años.

Adicionalmente, diversos estudios de prospectiva enfatizan que para 2025-2030 las empresas valorarán crecientemente habilidades como la creatividad, el pensamiento crítico y analítico, la resolución de problemas complejos, la comunicación efectiva, la resiliencia y la adaptabilidad.​ 

A estas habilidades se suma un conjunto de habilidades digitales, que implican el uso creativo, crítico y seguro de las tecnologías digitales para aprender, trabajar y participar como ciudadanos. En esta línea, Esteve, Castañeda y Adell (2018) proponen un modelo de competencia holístico que toma como aspectos claves para su construcción: la naturaleza de la competencia, de la tecnología y de la acción docente. Una competencia holística, situada, orientada hacia roles de desempeño, función y relación, sistémica, entrenable y constante desarrollo. En este sentido, si bien la demanda de habilidades técnicas relacionadas con IA, tales como programación, ciencia de datos o robótica aumentará, también lo hará la demanda de capacidades cognitivas y socioemocionales que permitan complementar a la tecnología. 

El libro Automatizados. Vida y trabajo en tiempos de inteligencia artificial propone varios interrogantes que son respondidos a lo largo de la obra. 

Sus autores, Eduardo Levy Yeyati y Darío Judzikn, nos proponen cuatro disparadores en clave de interrogantes

  • ¿Qué efecto tendrá la tecnología sobre la probabilidad de conseguir trabajos de calidad?

  • ¿Qué herramienta de distribución de ingresos reemplazará el trabajo cuando este escasee?

  • ¿Existe una trinchera del trabajo humano que sea inmune a la automatización?

  • ¿Qué haremos con las horas de ocio a medida que se vayan acumulando?

Para responder a estos desafíos, las universidades no solo deben actualizar planes de estudio o incorporar equipos de última generación, sino que deben forjar una cultura institucional de innovación y acompañamiento continuo. 

Las competencias blandas y la formación ética se perfilan como ejes diferenciadores en un entorno donde la automatización puede reemplazar muchas tareas técnicas. En este sentido, en la era de la IA, las habilidades más humanas cobrarán un valor diferencial en el mercado laboral.

La diferenciación institucional se construye mostrando capacidad de diálogo con el contexto global, sólido apoyo tecnológico e incentivos para la innovación y el emprendimiento. 

¿Cómo se logra entonces integrar un enfoque multidisciplinario en donde los educadores sean parte de los desarrollos de IA?  

Continuará.... 

martes, 17 de marzo de 2026

IA y Altas Capacidades: ¿aliada o ancla en el desarrollo del talento?

 Por Javier Tourón

En la era de la Inteligencia Artificial, la pregunta para los docentes, particularmente para los que atienden a alumnos con Altas Capacidades (AACC) ha cambiado. Ya no se trata de cuánta información podemos darles, sino de cómo enseñarles a procesar el océano de datos que tienen a un clic de distancia. ¿Es la IA una amenaza a nuestra autoridad como profesores o la herramienta que finalmente nos permitirá ser los mentores que nuestros alumnos necesitan?

1. El nuevo concepto de autoridad: criterio sobre datos

Muchos docentes sienten que la IA amenaza su rol como fuente de conocimiento. Sin embargo, la verdadera autoridad hoy nace de la humildad intelectual. Poseer datos ya no es un superpoder; el verdadero poder es el discernimiento. Siempre lo fue realmente.

Para un alumno con AACC, ver a un profesor que duda, que verifica una fuente o que admite no saber algo para investigarlo junto a él, es la lección de «pensamiento de alto nivel» más valiosa que existe. No perdemos autoridad al usar la IA; la transformamos en maestría de pensamiento.

2. Aprender a gestionar la incertidumbre: el profesor como «Pensador en Voz Alta»

Es natural sentir vértigo cuando un alumno brillante avanza más rápido que el currículo. Aquí, el docente debe pasar de «impartir» a «modelar».

  • Saber cosas: lo hace la IA.
  • Saber razonar sobre los hechos: lo hace el profesor.

Al convertirnos en «pensadores en voz alta», enseñamos al alumno a auditar a la máquina, a buscar sesgos y a no conformarse con la primera respuesta que podamos obtener. El aula deja de ser un lugar de respuestas cerradas para ser un laboratorio de aprendizaje profundo. Contrastar, verificar, triangular, analizar coherencias y discrepancias… Como dije tantas veces hoy ya no se trata de responder a la pregunta: ¿qué sabes?; más bien a esta otra: ¿qué sabes hacer con lo que sabes? Y eso no se hace con un consumo lineal y pasivo de información escrita, recibida por vía auditiva, visual, etc. Se hace como siempre: «ocupando el entendimiento con los conceptos, teniéndolos presentes en la conciencia».

3. El riesgo calculado: menos mecánica, más conexión

Delegar la parte mecánica del aprendizaje en la IA (búsqueda de datos, resúmenes básicos, ejercicios repetitivos) no es perder el control, es ganar tiempo. Ese tiempo liberado es el que permite al profesor centrarse en lo que la IA nunca podrá replicar: la conexión humana, la validación emocional y la guía ética. ¿Recordáis aquello que dije alguna vez de que la educación se resuelve en un encuentro entre personas, no entre personas y máquinas?

4. Estrategia práctica: el momento «sabías que…»

¿Cómo aplicar esto en un aula diversa sin morir en el intento? A modo de ejemplo, podríamos poner en marcha algo así como la Píldora de Investigación:

  1. La Misión (10 min): Mientras el grupo trabaja en la base, el alumno de AACC usa la IA para buscar una conexión sorprendente sobre el tema.
  2. El Filtro de Calidad: El profesor guía: «¿Por qué este dato es relevante? ¿Cómo sabemos que es cierto?»
  3. Compartir el Hallazgo: Al final, el alumno comparte un «Sabías que…». Esto integra su talento, enriquece a sus compañeros y posiciona al profesor como el mentor que valida y da sentido al descubrimiento.

5. Conclusión: de la herramienta al propósito

El verdadero desafío que enfrentamos no es decidir si la tecnología debe entrar o no en nuestras aulas; esa puerta ya está abierta. Sería como preguntarnos si debemos utilizar o no los teléfonos o la mensajería instantánea. La pregunta que todo educador debe hacerse hoy, a mi modesto entender, no es «IA ¿sí o no?», sino «IA ¿para qué?». Debemos utilizarla para liberar el potencial creativo, para fomentar la autonomía y el pensamiento crítico y para permitir que cada alumno, especialmente aquellos con Altas Capacidades, encuentren su propio camino hacia la excelencia. Te invito a que no seas un espectador de este cambio, sino un protagonista: experimenta, cuestiona y comparte tus hallazgos. El futuro de la educación no lo escribirá un algoritmo, sino los docentes que se atrevan a usarlo como puente hacia un aprendizaje más humano y profundo. ¿Y tú, para qué vas a usar la IA mañana en tu clase?

Tomado de Javier Tourón

lunes, 16 de marzo de 2026

Un nuevo problema pedagógico: La formación ética en inteligencia artificial

 Por Carlos Bravo Reyes y Mercedes Leticia Sánchez Ambriz 

No dejes de escuchar el podcast, con ejemplos que ilustran el artículo.

La expansión de la inteligencia artificial en la vida cotidiana está modificando la relación entre los estudiantes y el conocimiento. Muchas herramientas permiten producir textos, imágenes, videos, analizar grandes volúmenes de información, responder de manera detallada en muy corto tiempo. Este cambio plantea un desafío educativo que no es únicamente tecnológico. El problema central se sitúa en la dimensión ética, siendo una preocupación de muchas instituciones y organismos internacionales. Un ejemplo lo tenemos en un documento publicado el pasado año por la UNESCO.

Se trata del Marco de competencias para estudiantes en materia de IA. Una publicación que reconoce la necesidad de preparar a los estudiantes para ser ciudadanos responsables y creativos en la era de la IA. Su objetivo se centra en ayudar a los educadores con esta integración, para lo cual describe 12 competencias que atraviesan cuatro dimensiones: una forma de pensar centrada en el ser humano, la ética de la IA, las técnicas y aplicaciones de la IA y la IA para el diseño de sistemas de IA. Estas competencias se desarrollan en tres niveles de progresión: comprender, aplicar y crear.

El marco de competencias en inteligencia artificial para estudiantes plantea que el aprendizaje de la IA debe incluir la reflexión sobre derechos humanos, privacidad de los datos, equidad y responsabilidad humana. La tecnología no puede enseñarse como una herramienta neutral. Debe comprenderse dentro de sus consecuencias sociales y culturales.

La educación superior enfrenta entonces una pregunta pedagógica decisiva. No basta con enseñar a usar la inteligencia artificial. Es necesario formar estudiantes capaces de analizar críticamente sus efectos y de asumir responsabilidad en su uso.

El desafío educativo de la ética de la IA

El uso de inteligencia artificial en educación ha crecido de forma acelerada. Los estudiantes consultan sistemas generativos para responder preguntas, redactar trabajos o resolver problemas. Esta práctica introduce varios problemas éticos. El primero aparece en el concepto de autoría. Cuando un estudiante utiliza una herramienta generativa, surge una interrogante fundamental: ¿quién produce el conocimiento? El estudiante, el sistema o una combinación de ambos.

El segundo problema se relaciona con la veracidad de la información. Los sistemas de IA pueden producir respuestas convincentes que contienen errores o sesgos. El estudiante necesita desarrollar una actitud crítica frente a estos resultados. ¿Pero está preparado? Este problema no es nuevo, siempre ha existido, en especial desde el ámbito digital, solo que ahora se agrava, al ser más fácil de obtener la respuesta.

El último de estos problemas está vinculado con los datos. Muchas aplicaciones de inteligencia artificial procesan grandes volúmenes de información personal. Esto implica reflexionar sobre privacidad, consentimiento y seguridad digital.

El Marco de competencias en IA plantea que los estudiantes deben comprender estas implicaciones éticas y analizar cómo afectan los derechos humanos, la equidad social y la inclusión digital.

Desde la perspectiva educativa, el problema deja de ser tecnológico y se transforma en pedagógico. La pregunta central ya no es cómo usar la IA. La pregunta es cómo formar ciudadanos capaces de convivir con sistemas inteligentes.

Implicaciones pedagógicas para la educación superior

La formación ética en inteligencia artificial requiere cambios en la enseñanza universitaria. La primera implicación consiste en incorporar la reflexión ética dentro de las actividades de aprendizaje. El estudiante no solo debe utilizar herramientas. Debe analizar sus resultados, cuestionar sus decisiones y evaluar sus consecuencias sociales. Los profesores no pueden negar su uso, tampoco decir a la ligera que no acepta el trabajo porque sospecha que fue creado con IA.

La segunda implicación se relaciona con el desarrollo del pensamiento crítico. Los estudiantes deben aprender a identificar sesgos algorítmicos, reconocer limitaciones de los modelos y contrastar la información generada por sistemas inteligentes.

La tercera implicación se vincula con la responsabilidad humana. El Marco de competencias subraya que las decisiones finales deben mantenerse bajo control humano. La inteligencia artificial no reemplaza la responsabilidad del sujeto que la utiliza.

Estas ideas obligan a replantear la práctica docente. La enseñanza de la inteligencia artificial no puede limitarse a talleres técnicos sobre herramientas digitales. Debe incluir debates, análisis de casos y reflexión ética. Debe ser parte del currículo, no solo como una materia, sino como una transversal

A modo de conclusión

La educación en inteligencia artificial plantea uno de los desafíos pedagógicos más importantes del presente. La tecnología avanza con rapidez, pero la formación ética de los estudiantes requiere procesos educativos más profundos.

El Marco de competencias para estudiantes propone que la alfabetización en inteligencia artificial combine conocimientos técnicos con reflexión ética. Este enfoque busca formar estudiantes capaces de comprender la tecnología, evaluar sus impactos y actuar con responsabilidad.

El futuro de la educación no dependerá únicamente de la presencia de herramientas inteligentes en el aula. Dependerá de la capacidad de los docentes para formar estudiantes críticos, conscientes y responsables frente al uso de la inteligencia artificial.

La pregunta educativa del siglo XXI no es si los estudiantes utilizarán inteligencia artificial. La pregunta es si sabrán utilizarla con criterio, responsabilidad y sentido humano.

Bibliografía

“AI competency framework for students”, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2025) DOI: https://doi.org/10.54675/EKCU4552

viernes, 13 de marzo de 2026

IA, Altas Capacidades y el rol del profesor en el aula del siglo XXI

 Por Javier Tourón

En el ecosistema educativo actual, la Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una herramienta presente en cada aula. Sin embargo, cuando hablamos de alumnos con Altas Capacidades (AACC), surge una pregunta fundamental: ¿Es la IA un propulsor que amplifica su potencial o una «muleta» que podría perjudicar su capacidad de pensamiento crítico?

La IA como amplificador: rompiendo el techo del aula

Para un alumno con AACC, el ritmo del aula tradicional a menudo le hace sentirse como si caminara con pesas en los pies. La IA ofrece una solución sin precedentes: la hiper-personalización. A diferencia de un currículo lineal, los sistemas de aprendizaje adaptativo permiten que el estudiante navegue por conceptos complejos a su propia velocidad. Si un niño de primaria domina la aritmética en minutos, la IA puede abrirle las puertas a la astrofísica, o a la programación avanzada, proporcionando desafíos que están justo en su «Zona de Desarrollo Próximo». La IA no solo entrega datos; elimina el techo que muchas veces impone el sistema educativo estándar. Ciertamente requiere supervisión y orientación por parte del profesor, entrenamiento técnico, etc. (puedes ver a este respecto el post anterior sobre el rol del profesor).

El riesgo de la «muleta»: fortaleza y esfuerzo en la era del clic

Sin embargo, tener una herramienta que ofrece resúmenes y soluciones en segundos es una espada de doble filo. Para un alumno con AACC, que a menudo procesa la información con gran rapidez, el riesgo es la atrofia del esfuerzo. Si el camino es siempre llano, el «músculo» de la fortaleza no se desarrolla. Por eso, la IA no debe ser un solucionador, sino un generador de desafíos. El verdadero aprendizaje ocurre cuando el alumno actúa como un «Director de Orquesta»: utiliza la potencia de la máquina para gestionar datos, pero aporta su propio criterio para dar sentido y profundidad al resultado. El conocimiento propio es el filtro indispensable que transforma una respuesta automática en un logro intelectual real. Si no hay conocimiento y reflexión propias esto será imposible.

Del consumo a la auditoría: el valor de buscar el error

Una de las estrategias más potentes para fomentar esta mentalidad es la auditoría cognitiva. En lugar de pedirle al alumno que resuelva un problema que la IA ya domina, el reto se invierte: le entregamos una solución generada por la IA que contiene un error sutil o una omisión profunda. Su misión es encontrar el fallo, analizar por qué ocurrió y proponer una solución superior. Este ejercicio desplaza al alumno de una posición pasiva a una de autoridad técnica, enseñándole que la excelencia no nace de la velocidad, sino del rigor y la capacidad de cuestionar lo que parece «perfecto».

Una aventura compartida: el profesor como mentor y brújula

En este nuevo paradigma, la relación entre el docente y el alumno con AACC se transforma profundamente. (Ver los enfoques basados en metodologías activasflipped classroom, por ejemplo). El profesor ya no es quien «imparte la lección» desde un pedestal de autoridad (the sage on the stage), sino un mentor que acompaña al estudiante en un territorio inexplorado (the guide on the side). Mientras la IA se encarga de la profundidad técnica, el profesor se ocupa de lo esencialmente humano: la validación emocional, la gestión de la frustración y el fomento de la intuición. Se convierten en compañeros de una aventura donde ambos investigan, auditan y descubren. Esta conexión personal es la que permite al guía detectar cuándo el alumno está brillando por su cuenta y cuándo se está dejando llevar por la inercia de la máquina.

Conclusión: el esfuerzo como sello de identidad

Al final del día, debemos recordarles a estos alumnos ( y a todos los demás en grados diversos) que la facilidad no es sinónimo de éxito. El conocimiento propio que ha de adquirirse a través del estudio, forjado a través de la duda y el análisis crítico, es el único que genera un verdadero desarrollo del talento. La IA es un copiloto extraordinario, pero el vuelo —con todas sus turbulencias y rectificaciones— le pertenece exclusivamente al ser humano. El logro no reside en la respuesta que da la pantalla, sino en la capacidad de la mente humana para cuestionarla, mejorarla y hacerla suya.

Todo un reto cargado de valor añadido.

Tomado de Javier Tourón