lunes, 31 de agosto de 2026

Cómo preguntar a la IA sobre tus documentos: un Gemini Notebook en tu propio ordenador

 Por Juan José De Haro


Cualquier persona que trabaje con documentación acumula un fondo de textos que consulta una y otra vez: normativa, actas, memorias, apuntes, artículos. Preguntarle a una inteligencia artificial sobre ese material choca siempre con el mismo muro: hay que subirlo a algún sitio, o pegarlo en la conversación, o confiar en que el modelo lo recuerde de su entrenamiento, cosa que no ocurre.

Este artículo explica qué es un RAG (Retrieval Augmented Generation, en español «generación aumentada por recuperación»), qué es el protocolo MCP (Model Context Protocol, en español «protocolo de contexto del modelo») que hace posible esa conexión, cómo funciona el conjunto y cómo montarlo sin escribir una línea de código.

Si solo quieres las instrucciones, ve directamente a la guía rápida del final: reúne las tres que hacen falta, listas para copiar y pegar. El resto del artículo explica qué hace cada una y por qué, que es lo que permite juzgar si el resultado es bueno.

El código está publicado: el sistema completo que se describe aquí, con un fondo documental de ejemplo ya indexado, está en github.com/jjdeharo/cuadernos-rag, con licencia libre. Quien prefiera verlo antes de leer nada más, puede empezar por ahí.

Pódcast del artículo realizado por Gemini Notebook

Qué es un RAG

Un buscador colocado delante de una inteligencia artificial.

Un modelo de lenguaje, que es el programa que hay detrás de ChatGPT, Claude o Gemini, no puede leer mil páginas cada vez que recibe una pregunta porque no caben en una consulta y, aunque lo hiciese, resultaría lento y costoso. Lo que hace un RAG es localizar primero los pocos fragmentos que hacen falta para responder a esa pregunta concreta, y entregar solo eso. El modelo no aprende los documentos ni los memoriza: los consulta, como haría cualquiera con un libro delante, e indica de dónde ha salido cada afirmación.

La consecuencia práctica es doble. Por un lado, deja de haber límite de volumen: da igual que el fondo documental sean quinientas páginas o veinte mil, porque en cada consulta solo viajan unos pocos fragmentos. Por otro, y más importante, cada respuesta puede citar su fuente. En materia normativa o técnica, una respuesta sin fuente no tiene ningún valor.

Qué es el MCP

Un RAG, por sí solo, es una herramienta de línea de comandos: se le hace una pregunta y devuelve fragmentos. Útil, pero incómodo.

MCP son las siglas de Model Context Protocol, un estándar abierto propuesto por Anthropic a finales de 2024 y adoptado después por los demás asistentes. Resuelve un problema muy concreto: cómo permitir que una IA use herramientas externas sin que haya que programar una integración distinta para cada combinación de herramienta y asistente. Con MCP, quien construye la herramienta la describe una sola vez, y cualquier asistente compatible sabe cómo usarla.

Aplicado a un RAG, el cambio es importante, ya que en lugar de ejecutar búsquedas a mano y pegar los resultados en una conversación, el asistente busca por su cuenta, tantas veces como necesite. Ante una pregunta que cruza tres documentos distintos, hace tres búsquedas con vocabulario distinto, compara lo que encuentra y responde citando cada fuente. El fondo documental deja de ser un archivo aparte y pasa a estar dentro de la conversación.

Un servidor MCP no es más que un programa que declara qué sabe hacer. En el caso de un RAG documental, cuatro operaciones bastan: buscar pasajes, listar los documentos disponibles, ampliar el contexto de un pasaje concreto y recorrer un documento entero. El asistente decide cuándo usar cada una.

Conviene añadir una instrucción que gobierne su uso, porque sin ella el asistente tenderá a responder de memoria. Basta con una regla explícita: no afirmar nada que no proceda de una búsqueda, buscar varias veces reformulando con el vocabulario propio de cada fuente, citar siempre el identificador del pasaje, y decir con claridad cuándo el fondo documental no cubre la pregunta.

Cómo funciona por dentro

Son cuatro piezas, y solo la última tiene que ver con la inteligencia artificial tal y como la entiende la mayoría.

Convertir a texto. PDF, páginas web, documentos de Word, audio transcrito: todo tiene que acabar siendo texto plano. Un PDF no guarda un texto, guarda dónde va cada letra en la página; al leerlo hay que reconstruir el orden, y en tablas o en textos a dos columnas se falla a menudo. Es la pieza menos vistosa y la que estropea el resultado con más frecuencia.

Trocear. Consiste en partir cada documento en fragmentos manejables y, aunque parezca un detalle de poca importancia, es lo que más determina la calidad final. Un troceado rudimentario corta cada mil palabras sin atender a dónde cae el corte, mientras que uno cuidadoso respeta la estructura del texto: en una norma, por ejemplo, un fragmento por artículo. La diferencia se aprecia en cuanto se formula una consulta concreta, porque en el primer caso llega un trozo que empieza a mitad de un artículo y se interrumpe antes de acabar el siguiente, mientras que en el segundo llega el artículo completo, con su título.

Convertir cada fragmento en números. De esto no se encarga un asistente de los que conversan, sino un programa mucho más pequeño, entrenado para una sola tarea: no redacta ni responde nada, solo lee un texto y devuelve números. A cada fragmento le asigna una lista de más de mil números que funciona como unas coordenadas: igual que una latitud y una longitud sitúan un lugar en un mapa, esos números sitúan el fragmento en un espacio donde la posición depende del significado. Los textos que hablan de lo mismo quedan cerca unos de otros, aunque estén escritos con palabras distintas; los que hablan de cosas diferentes quedan lejos.

A partir de ahí, buscar deja de ser comparar palabras y pasa a ser medir distancias. La pregunta se convierte también en un punto de ese mapa, y el sistema devuelve los fragmentos que han quedado más cerca. Por eso una consulta como «¿cuánta gente hace falta para que la reunión sea válida?» encuentra un párrafo que habla del «quorum de constitución», sin que compartan una sola palabra.

Buscar y citar. La búsqueda por significado es muy eficaz y tiene un punto ciego: los nombres propios y las referencias exactas. Ante una consulta por un artículo numerado o por unas siglas, falla, porque esas expresiones no significan nada, solo nombran. Por eso se hacen dos búsquedas a la vez (la de significado y la literal, por palabras) y se combinan los resultados. Después, un segundo modelo igual de mudo, llamado reranker, relee los mejores candidatos junto a la pregunta y los reordena. De ahí salen los fragmentos que se entregan al asistente, cada uno con su procedencia.

Todo esto ocurre en el propio ordenador, y conviene distinguir las tres piezas que intervienen, porque en la jerga a las tres se las llama «modelos» y no son lo mismo:

  • El conversor a números, o modelo de embeddings, que traduce cada fragmento a su lista de coordenadas. Ocupa unos dos gigabytes.
  • El reordenador, o reranker, que afina la lista de candidatos que ha devuelto la búsqueda. Ocupa algo más de uno.
  • El asistente, Claude, ChatGPT, Gemini, que es el que redacta la respuesta final.

Los dos primeros viven en el disco, se descargan una vez y funcionan sin conexión y sin coste. Mientras se consulta, además, se cargan en memoria: conviene tener unos cuatro gigabytes de RAM libres, aparte de los tres y medio que ocupan en el disco. Es un gasto que solo dura lo que dura la consulta, porque un sistema bien montado los suelta cuando pasan unos minutos sin preguntas. No conversan ni generan texto: entra un texto y sale un resultado numérico. Solo el tercero es lo que la mayoría llama «una IA», y no ve el fondo documental entero, sino los pocos fragmentos que la búsqueda le pone delante. Ningún documento sale del equipo.

Cómo montarlo sin saber programar

Hacen falta dos cosas: los documentos y un asistente que trabaje dentro del ordenador, con permiso para escribir programas y ejecutarlos. Hoy hay tres opciones equivalentes, y todas están disponibles tanto en el terminal como en una aplicación de escritorio, para quien prefiera no escribir órdenes:

  • Claude, de Anthropic: la orden claude en el terminal, o la aplicación de escritorio, que reúne tres modos: conversación, Claude Code y Cowork.
  • Codex, de OpenAI: la orden codex en el terminal, o su aplicación de escritorio, disponible para macOS, Windows y Linux.
  • Antigravity, de Google: un entorno de escritorio propio y la orden agy en el terminal, que desde junio de 2026 sustituye al anterior Gemini CLI.

Cualquiera de ellas sirve, y se instalan en un minuto. Lo único que importa es que el asistente pueda leer y escribir ficheros en las carpetas del equipo y ejecutar órdenes en él.

Esas tres son las que montan el sistema, y para eso conviene un modelo potente. Pero una vez montado, quien lo consulta a diario puede ser otro, y ahí entra una cuarta posibilidad: un modelo instalado en el propio ordenador. LM Studio es el camino sencillo, una aplicación de escritorio para Windows, macOS y Linux con una tienda de modelos integrada, que además reconoce el servidor del RAG igual que lo haría cualquier asistente comercial. llama.cpp es la alternativa para quien no quiera aplicación gráfica, con algo más de soltura técnica a cambio.

Merece la pena por una razón concreta. Con un asistente comercial, los documentos no salen del equipo, pero los pocos fragmentos que la búsqueda selecciona viajan con cada pregunta. Para normativa pública da igual; para un expediente o unas actas con nombres propios, no. Con un modelo local no sale nada: ni los documentos, ni los fragmentos, ni las preguntas. El precio es real, eso sí: sin una tarjeta gráfica potente, la respuesta tarda decenas de segundos, y los modelos que caben en un ordenador corriente citan con menos rigor. Para material sensible compensa; para material público, el asistente de siempre responde mejor y antes.

Conviene comprobar un detalle en las modalidades que trabajan dentro de una máquina virtual aislada, como el modo Cowork: si esa máquina es remota, los documentos salen del ordenador, que es justo lo que se pretendía evitar. Las versiones que operan directamente sobre las carpetas locales no plantean ese problema.

A partir de ahí basta con encargar el trabajo. La instrucción que sigue está escrita para el asistente, no para quien la copia: no hace falta entender cada línea, porque cada una le pide una decisión técnica concreta y le impide tomar el atajo de cobrar por el servicio o de subir el material a algún sitio.

Quiero poder preguntarte sobre mis documentos sin que
salgan de mi ordenador. Móntame un RAG local.

Pregúntame dónde están los documentos y decide tú
dónde conviene instalar todo lo demás.

- Todo en local y gratis: embeddings con fastembed
  (multilingual-e5-large) y un reranker multilingüe.
- Índice en SQLite con sqlite-vec y FTS5, búsqueda
  híbrida (significado + palabras exactas) fusionada
  con RRF.
- Trocea respetando la estructura del documento
  (artículos, apartados) y limpia las palabras que
  los PDF parten al maquetar.
- Cada respuesta debe citar documento y artículo.
- Móntalo como servidor MCP, para poder consultarlo
  en lenguaje natural.
- Los dos modelos ocupan más de tres gigabytes en
  memoria y habrá un proceso del servidor por cada
  programa conectado: cárgalos solo en la primera
  búsqueda y suéltalos tras unos minutos sin usarse.
- Que el indexado sea incremental: añadir un
  documento no puede obligar a rehacerlo todo.

Antes de ponerte, mira qué documentos hay y explícame
en lenguaje llano cómo piensas partirlos y por qué.
Si algo de lo que te pido no encaja con este material,
dímelo y propón otra cosa.

Esa última petición es la más importante de todas, y conviene no saltársela: obliga al asistente a enseñar cómo piensa partir los documentos antes de ponerse a trabajar, que es donde se decide casi todo. Basta con leer su propuesta y comprobar que respeta la estructura del material (los artículos de una norma, los puntos del orden del día de un acta, los capítulos de un informe) en lugar de cortar cada tantas palabras.

Las tres condiciones finales también merecen explicación. La de las citas separa una herramienta de consulta de un generador de respuestas plausibles. La de la memoria evita el descuido más caro de todos: un servidor que carga los dos modelos nada más arrancar y se queda con tres gigabytes ocupados aunque nadie pregunte nada, multiplicado por cada programa que lo tenga conectado. Y la del indexado incremental evita un error frecuente: una primera versión que rehace el trabajo entero cada vez que se añade o corrige un documento, con tres cuartos de hora de cálculo en cada ocasión.

La alternativa a construirlo desde cero es partir de algo que ya funciona. El código de un sistema así, con todo lo descrito, está publicado en github.com/jjdeharo/cuadernos-rag bajo licencia libre. Incluye, a modo de ejemplo, un fondo documental de quince normas y guías sobre uso ético y legal de la IA en educación (el RGPD, la LOPDGDD, el reglamento europeo de inteligencia artificial, guías de la Agencia Española de Protección de Datos, marcos de la UNESCO), ya indexado y listo para consultar. Ese ejemplo concreto importa poco: lo aprovechable es la estructura, que sirve igual para actas municipales, bibliografía académica o documentación técnica de una empresa.

Añadir nuevos cuadernos

Esta es la parte que suele quedar sin explicar, y es la que convierte un experimento en una herramienta de uso diario.

Quien viene de Gemini Notebook está acostumbrado a tener un cuaderno por tema: uno de normativa, otro de actas, otro con la bibliografía de un curso. Aquí funciona igual, y con una ventaja: lo que ocupa espacio, que son los programas y los dos modelos, más de tres gigabytes, se instala una sola vez y lo comparten todos los cuadernos. Cada tema nuevo añade únicamente sus documentos y su índice, unos pocos megabytes. No hay límite de cuadernos ni cuota que agotar.

Crear uno nuevo no exige tocar nada por dentro: basta con pedírselo al asistente en la misma conversación de siempre, indicando dónde están los documentos y qué nombre quieres darle. Él prepara la carpeta, convierte los PDF a texto, repara las palabras que la maquetación parte con guiones, descarta lo que no sea texto aprovechable y construye el índice. Un cuaderno de unos cuantos PDF está listo en unos minutos.

La instrucción, otra vez escrita para el asistente y no para quien la copia:

Ya tengo montado el RAG. Quiero un cuaderno nuevo,
aparte del que ya existe.

Los documentos están en <carpeta>. Llámalo <nombre>.

- Aprovecha lo que ya está instalado: los programas,
  el entorno y los dos modelos. No descargues ni
  instales nada otra vez.
- El cuaderno nuevo va aparte: sus documentos y su
  índice, sin tocar los del anterior.
- Trocea y limpia igual que en el primero.
- Déjalo accesible desde el mismo servidor MCP, para
  poder preguntar por su nombre.

Antes de empezar, dime qué documentos has encontrado
y cómo piensas partirlos.

Lo importante es la primera condición. Sin ella, el asistente puede ponerse a instalarlo todo de nuevo, con otra copia de los modelos, y el ordenador acaba con tres gigabytes repetidos por cada cuaderno.

Añadir documentos a un cuaderno que ya existe es todavía más simple: se dejan los ficheros nuevos y se pide que lo actualice. Aquí importa una de las condiciones que se le exigieron al montarlo, la del indexado incremental: el sistema guarda una huella de cada documento y solo procesa los que han cambiado, así que incorporar un PDF cuesta el tiempo de ese PDF, alrededor de un minuto por cada cien mil caracteres, y no el del fondo entero. Sin esa condición, añadir una circular de dos folios obligaría a rehacerlo todo.

Al preguntar, con un solo cuaderno no hace falta decir cuál; con varios, se nombra el que interesa. El asistente los ve todos y, si la pregunta lo pide, puede buscar en el que corresponda.

Cuándo montar un RAG

Con poco material no hace falta montar nada.

Los modelos actuales procesan cientos de miles de palabras de una sola vez. Por debajo de unas trescientas páginas, basta con dejar los documentos en una carpeta y pedirle al asistente que los lea directamente. Buscando por su cuenta, acierta más que cualquier RAG, porque puede leer, releer y afinar la búsqueda tantas veces como haga falta. Entre trescientas y mil quinientas páginas hay una zona intermedia: el material cabe, pero se relee entero en cada pregunta, y eso resulta lento y caro en una consulta diaria, por lo que se aconseja montar el RAG. Por encima de mil quinientas páginas ya no cabe, y el RAG deja de ser opcional.

El criterio es el volumen de texto, no el número de archivos. Cincuenta circulares de dos folios no llegan a cien páginas; tres memorias anuales pueden superar las mil.

Guía rápida

Las tres instrucciones, sin explicaciones. Se pegan tal cual en Claude, Codex o Antigravity, sustituyendo lo que va entre ángulos.

1. Montar el primer cuaderno. Una sola vez.

Quiero poder preguntarte sobre mis documentos sin que
salgan de mi ordenador. Móntame un RAG local.

Pregúntame dónde están los documentos y decide tú
dónde conviene instalar todo lo demás.

- Todo en local y gratis: embeddings con fastembed
  (multilingual-e5-large) y un reranker multilingüe.
- Índice en SQLite con sqlite-vec y FTS5, búsqueda
  híbrida (significado + palabras exactas) fusionada
  con RRF.
- Trocea respetando la estructura del documento
  (artículos, apartados) y limpia las palabras que
  los PDF parten al maquetar.
- Cada respuesta debe citar documento y artículo.
- Móntalo como servidor MCP, para poder consultarlo
  en lenguaje natural.
- Los dos modelos ocupan más de tres gigabytes en
  memoria y habrá un proceso del servidor por cada
  programa conectado: cárgalos solo en la primera
  búsqueda y suéltalos tras unos minutos sin usarse.
- Que el indexado sea incremental: añadir un
  documento no puede obligar a rehacerlo todo.

Antes de ponerte, mira qué documentos hay y explícame
en lenguaje llano cómo piensas partirlos y por qué.
Si algo de lo que te pido no encaja con este material,
dímelo y propón otra cosa.

2. Crear otro cuaderno, reutilizando lo ya instalado.

Ya tengo montado el RAG. Quiero un cuaderno nuevo,
aparte del que ya existe.

Los documentos están en <carpeta>. Llámalo <nombre>.

- Aprovecha lo que ya está instalado: los programas,
  el entorno y los dos modelos. No descargues ni
  instales nada otra vez.
- El cuaderno nuevo va aparte: sus documentos y su
  índice, sin tocar los del anterior.
- Trocea y limpia igual que en el primero.
- Déjalo accesible desde el mismo servidor MCP, para
  poder preguntar por su nombre.

Antes de empezar, dime qué documentos has encontrado
y cómo piensas partirlos.

3. Añadir documentos a un cuaderno que ya existe. Lo más frecuente con el tiempo.

Añade estos documentos al cuaderno <nombre>:
<carpeta o lista de ficheros>

- Trátalos igual que los que ya están: mismo troceado
  y misma limpieza.
- Aprovecha el indexado incremental: procesa solo lo
  nuevo, sin rehacer el índice entero.
- Al terminar, dime qué has añadido y qué documentos
  contiene ahora el cuaderno.

En los tres casos conviene leer lo que responde antes de dejarle continuar. Si su plan no respeta la estructura de los documentos (los artículos de una norma, los puntos del orden del día de un acta), es el momento de decírselo, porque de ese detalle depende la calidad de todas las respuestas posteriores.

Tomado de Bilateria

viernes, 28 de agosto de 2026

Crear y usar habilidades (skills) educativas

 Por Ramón Besonías



Google ha anunciado que más pronto que tarde eliminará los Gems (asistentes) de su plataforma (link) como un paso más dentro de la total integración de su modelo agéntico Spark, donde las habilidades (skills) sustituirán a los asistentes. Será un proceso lento, ya que en Europa no llegará Spark hasta finales de año. Si andas un poco perdido sobre qué es una skill o en qué consiste este cambio sustancial en los modelos de IA, te recomiendo un artículo reciente en este blog (link). Por su parte, ChatGPT, que ya tiene integrado Work en las cuentas de pago, permitiendo crear y usar skills, ha dejado caer que hará algo similar con los famosos asistentes o GPTs. Se habla de la posibilidad de migrar tus GPTs al formato skill, de tal forma que algunas rutinas puedas mantenerlas. Aún no se han dado pasos. Si entras en tu Gemini o ChatGPT, verás que los asistentes están allí. Quizá ChatGPT mantenga durante más tiempo asistentes y habilidades, pero todo parece indicar que tarde o temprano la nueva IA agéntica tendrá como motores de trabajo las habilidades (skills) y los proyectos (cuadernos en Gemini), y que este nuevo formato de interacción acabará con el tiempo llegando también la las cuentas gratuitas. 



Si tienes una cuenta gratuita, por ahora oirás esto desde el burladero. No te afectará. Por ahora. Pero sin duda esta será la nueva forma de interactuar con la IA en los próximos años. De promptear pasaremos a los agentes que hacen cosas por ti en modo voz y en vivo, conectándose a aplicaciones online que sueles usar o interactuando con tu ordenador. Y las habilidades o skills serán la herramienta más usada porque facilitan flujos de trabajo específicos, previamente configurados por ti. Le pides, por ejemplo, a ChatGPT que diseñe contigo una habilidad y lo hace. Cuando esté pulida, le solicitas que genere el archivo zip de la skill y la subes. Cuando quieras usar esa skill, la invocas desde el modo Work, poniendo @ + el nombre de la skill, y listo. Ve iterando hasta conseguir tu objetivo.


¿Cómo se diseña una skill? Primero. No todo lo que haces con la IA requiere una skill. Solo es necesaria cuando sueles adoptar formas de trabajo, tipo de tareas, proyectos, objetivos, que son habituales o recurrentes. Si no es así, con un chat normal basta. No merece la pena activar una skill -que además agota los límites mensuales de tu cuenta de ChatGPT- para una consulta o tarea puntual, un flujo de trabajo sencillo o que tú dominas y sabes cómo iterarlo. Tampoco si quieres explorar sobre un tema, sin profundizar ni requerir un trabajo continuado, o cambias de contexto, trabajas con un archivo específico sin necesidad de conexiones complejas con otros materiales. Y por supuesto, si no deseas conectarte a otras aplicaciones o crear materiales como sites, apps, simulaciones... 

La skill está pensada para cargas complejas de trabajo o elaboración de materiales que van más allá de crea un pdf. Se invocan cuando el trabajo es más especializado y normalmente requiere horas o días de pulido y retoque. Si no es así, mejor un chat convencional. No es necesario activar el modo Work y abrir una skill. Los posibles casos de uso para docentes son infinitos:
  • Diseñar SdA completas. 
  • Crear situaciones de aprendizaje. 
  • Adaptar actividades a distintos niveles. 
  • Generar materiales para varias sesiones. 
  • Crear instrumentos de evaluación. 
  • Generar versiones graduadas de una actividad. 
  • Adaptar textos a distintos niveles de lectura. 
  • Diseñar apoyos para alumnado con dificultades. 
  • Crear itinerarios personalizados de aprendizaje. 
  • Diseñar investigaciones. 
  • Crear análisis de fuentes. 
  • Preparar planes de tutoría. 
  • Analizar el currículo de una asignatura. 
  • Convertir el currículo en programación práctica. 
  • Diseñar una programación trimestral. 
  • Crear planes de recuperación. 
  • Preparar materiales para oposiciones. 
  • Analizar documentos educativos complejos. 
  • Diseñar protocolos de uso de IA. 
  • Coordinar procesos complejos que requieren varios pasos. 
  • ...

Mi recomendación es que crees en ChatGPT un proyecto para diseñar las skills. Recuerda incluir instrucciones para ese proyecto. Puede ayudarte la IA a crearlas. Una vez tengas listo tu proyecto, podrás desde allí diseñar cada skill en una conversación. La IA te irá guiando hasta darte el archivo zip final para que lo instales y uses. No las crees de golpe, sin iteraciones pautadas. Dile que irás puliendo los detalles hasta que obtengas la skill refinada y lista. Aún así, una vez instalada, una skill puede ser mejorada o sustituirse por otra. Pruébala, y si no te convence, ve de nuevo a la conversación donde la creaste, díselo y crea una nueva versión que se ajuste a lo que deseas.

Las skills de ChatGPT salieron hace muy poco. Desde entonces, he creado tres: una de diseño gráfico, otra de investigación filosófica y una tercera para docentes ELE que quieran trabajar la oralidad en el aula. Una de apoyo creativo, otra de investigación y otra metodológica. 


InvesPhilo: skill de investigación


InvesPhilo -así la he llamado- permite acompañarte en procesos de investigación filosófica prolongados, que requieren rigor, planificación, fuentes adecuadas, líneas de trabajo, argumentación, desarrollo. Puede utilizarse en niveles muy distintos de profundidad
  • Exploración breve: aclarar una idea, analizar un concepto, discutir una tesis, buscar objeciones. 
  • Prototipado de investigación: detectar problemas, formular preguntas de investigación, diseñar hipótesis o posibles líneas. 
  • Investigación académica: elaborar estados de la cuestión, revisar bibliografía, contrastar autores y tradiciones. 
  • Investigaciones prolongadas: acompañar durante semanas o meses un libro, una tesis doctoral o una línea de investigación. 
  • Producción final: transformar lo investigado en un paper, artículo, capítulo, proyecto de tesis, ponencia, libro, etc. 
  • Revisión crítica: actuar como revisor disruptivo de una tesis, argumento o manuscrito.
Esta skill trabaja como un interlocutor-investigador. El usuario puede empezar prácticamente desde cualquier punto: una pregunta, una intuición, un autor, una noticia, un concepto, una bibliografía o un borrador. A partir de ahí, puede combinar varias operaciones
  • Detectar qué pregunta filosófica hay realmente detrás de una intuición. 
  • Distinguir significados, genealogías, usos y ambigüedades. 
  • Explicitar premisas, analizar inferencias y formular conclusiones. 
  • Buscar objeciones, contraejemplos y alternativas fuertes. 
  • Localizar bibliografía académica real y verificable. 
  • Evitar presentar un autor detrás de otro y construir relaciones argumentativas entre ellos. 
  • Abrir conexiones interdisciplinares: psicología, IA, neurociencia, sociología, física, lingüística, etc., siempre manteniendo un núcleo filosófico. 
  • Señalar distinciones, conexiones o hipótesis que podrían convertirse en una aportación. 
  • Transformar la investigación en un producto, solo cuando el usuario lo decida.
Las fuentes no aparecen simplemente al final como bibliografía. Se integran en el razonamiento. Las referencias deben ser reales y verificables. La skill no debe inventar artículos, autores, DOI, páginas o citas. Cuando utiliza una fuente importante puede proporcionar: referencia bibliográfica completa, DOI o identificador, enlace, idioma original, tipo de fuente, qué aporta, qué argumento respalda, limitaciones o controversias.

Recuerda: la skill está preparada para que una investigación no termine en una sesión. 

Posibles usos:
  • Debate filosófico: «Quiero pensar contigo si una IA puede tener responsabilidad moral. No quiero escribir nada todavía».
  • Exploración conceptual: «Analicemos el concepto de ... Busca distintas concepciones filosóficas y problemas». 
  • Línea de investigación: «Quiero investigar la relación entre delegación cognitiva, autonomía e IA. Ayúdame a descubrir posibles líneas originales». 
  • Estado de la cuestión: «Haz conmigo una investigación sobre los debates actuales en torno a ...». 
  • Tesis doctoral: «Estoy empezando una tesis sobre ... Quiero utilizar esta skill durante todo el proceso». 
  • Paper: «De todo lo que hemos investigado, creo que ya tenngo una tesis. Comprueba primero errores, datos, línea de investigación... y después diseñemos un prototipo preliminar sobre el que debo trabajar». 
  • Ensayo: «Quiero convertir esta investigación en un ensayo sobre ... Ayúdame a construir la arquitectura». 
  • Revisión disruptiva: «Ataca mi tesis como lo haría un revisor académico especialmente exigente». 
  • Bibliografía: «Localiza literatura académica reciente sobre ... Quiero referencias verificables y enlaces». 
  • Análisis de un autor: «Quiero investigar hasta qué punto el concepto de técnica en Heidegger puede proyectarse legítimamente sobre la IA generativa, distinguiendo texto, interpretación y nuestra propia proyección».
El grado de delegación lo determinas tú, adaptado a cada objetivo y contexto. Lo ideal es que te tomes las skills como acompañante, guía, que sugiere, confronta, planifica, estructura, comprueba, aporta. No para hacerte el trabajo y listo.


ELEvoz: la oralidad en el aula de ELE


ELEvoz permite acompañar al docente de ELE en cualquier proceso de trabajo y planificación educativa, siempre y cuando a ese proceso de incorporen formatos orales. El objetivo es ayudar a docentes de ELE a comprender, diagnosticar, decidir, diseñar, adaptar, crear, integrar curricularmente y revisar experiencias relacionadas con la oralidad, utilizando interacción humana, tecnología, IA y multimodalidad cuando aporten valor. 

La finalidad es mejorar la competencia comunicativa oral. La tecnología es un medio. La skill se adapta, cuando resulte relevante, al tipo de alumnado, su nivel, repertorio lingüístico, edad, país, situación sociolingüística, institución, finalidad, modalidad, marco curricular, recursos, restricciones de la institución o país...

La skill opera primero con la pregunta sobre qué aprendizaje o experiencia comunicativa necesitamos, y solo después facilita los medios que pueden favorecerlo y aportando la tecnología que permita cumplir adecuadamente el objetivo. No basta con que una actividad sea pedagógicamente atractiva. Tiene que poder realizarse realmente. Siempre que proceda, la práctica mediada por IA debe favorecer posteriormente mayor autonomía e interacción humana. No adaptar cambiando simplemente A2 por B1. La skill debe identificar qué características del contexto modifican realmente la solución. El docente es quien decide, la skill asesora, propone y cuestiona. No sustituye el criterio profesional.

La skill asume que no todos los docentes de ELE trabajan en instituciones educativas convencionales. Se adapta a diferentes entornos y contextos institucionales y sociolingüísticos, así como a múltiples modalidades de enseñanza.

¿Cuándo es útil? Cuando la petición implique oralidad en ELE, conversación, interacción oral, comprensión oral, producción oral, pronunciación, fluidez, mediación oral, estrategias conversacionales, debate, roleplay, simulaciones, audios, podcast, mensajes de voz, transcripción con finalidad didáctica, síntesis de voz, IA conversacional, herramientas de voz, avatares comunicativos, oralidad multimodal, evaluación de oralidad, diseño curricular de oralidad, programación de competencia oral, integración de IA/voz en cursos ELE. También cuando el docente aporte una actividad, un recurso, una herramienta, una dificultad, un currículo, una programación, y quiera analizarlos desde la perspectiva de la oralidad. Sin esa relación no es conveniente usar esta skill. Requiere necesariamente el uso didáctico de la oralidad.

Tu interacción con esta skill puede tener varias vías de trabajo según sean los objetivos:
  • Comprender: «¿Cómo puede utilizarse la transcripción para trabajar oralidad?» 
  • Diagnosticar: «Mis alumnos B1 hablan correctamente, pero apenas interactúan». 
  • Decidir: «¿Me conviene ChatGPT Voice o una herramienta de pronunciación?» 
  • Diseñar: «Quiero una actividad para negociar un viaje en grupo». 
  • Adaptar: «Tengo esta actividad escrita. Quiero convertirla en oral». 
  • Crear: «Crea el prompt para que la IA actúe como recepcionista». 
  • Integrar: «Quiero incorporar IA por voz a mi programación C1.» 
  • Revisar: «Analiza esta secuencia oral y dime qué mejorarías». 

Lo interesante de esta skill es que es capaz de identificar la competencia dominante en tu petición: comprensión, producción, interacción, mediación, pronunciación, prosodia, fluidez, inteligibilidad, reparación, negociación de significado, iniciativa, adecuación, registro, estrategias conversacionales... Y te ayuda a trabajar con trasvases multimodales, donde la oralidad maride con otros formatos.

La skill se basa en el contexto que le aportes. Trabaja mejor con casuísticas personales o de entorno, así como la normativa adaptada a tu caso: MCER, PCIC, DELE, SIELE, currículo oficial, programación institucional... Puede ser muy útil en lo referente a la evaluación. Puede generar, adaptar o revisar: 
  • Rúbricas de oralidad por nivel y tipo de tarea. 
  • Escalas de observación para interacción, fluidez, pronunciación, mediación o adecuación.
  • Listas de cotejo breves para actividades concretas.
  • Fichas de autoevaluación del alumnado.
  • Instrumentos de coevaluación entre iguales.
  • Guías de feedback oral para el docente.
  • Plantillas de comparación antes/después.
  • Diarios o registros de progreso oral.
  • Criterios para podcast, debate, entrevista, roleplay, exposición o conversación con IA.
  • Rúbricas adaptadas a DELE/SIELE, cuando el marco aplicable esté claro y actualizado.
  • Matrices de evidencias para una programación o proyecto. 
  • Protocolos de evaluación de secuencias multimodales.
  • Fichas para analizar transcripciones de producciones orales. 
  • ...

La IA agéntica tiene una peculiaridad que aumenta su potencial. No es necesario que le des un prompt inicial muy complejo. Puedes dictarle o usar el modo voz para iterar. Usa tu lenguaje. Te va a entender e incorporará todo el flujo de diálogo al resultado final. No te obsesiones por decirle las cosas con detalle. Ve afinando, añadiendo datos, revisando, indicándole tus dudas y lo que no sabes cómo hacer. Verás que es una IA más adaptativa, versátil y con memoria de conversación. Puedes continuarla el día siguiente sin problema. Si lo que deseas es un material o producto final, podrá conectarse con la app que ayude a crearlo o te lo creará desde su interfaz. Por ejemplo, puede crearte un site completo, con alojamiento dentro de ChatGPT.

Puedes descargar alguna de estas dos skills que he creado -pincha sobre sus nombre más arriba-, ver su arquitectura o subirla a ChatGPT y que te la explique y adapte a otra skill similar. Si una skill ajena te resulta útil, pero la quieres crear en otro contexto u objetivo, dásela a la IA y que te la adapte con igual arquitectura, pero con tus detalles. 

Espero que esto te haya abierto el hambre de aprender y probar. 

Tomado de IA educativa

jueves, 27 de agosto de 2026

¿Qué hacen las empresas con la enorme cantidad de información personal que los usuarios revelan durante sus conversaciones?

 Tomado de Universo Abierto


Fried, Ina. “What happens to the secrets you share with AI”. Axios, 17 de agosto de 2026. Artículo original en Axios

El artículo analiza una cuestión cada vez más importante a medida que los chatbots de inteligencia artificial se incorporan a la vida cotidiana: qué hacen realmente las empresas con la enorme cantidad de información personal que los usuarios revelan durante sus conversaciones.

A diferencia de un buscador tradicional o de una red social, un chatbot puede generar un nivel de confianza y de intimidad mucho mayor, porque las personas recurren a él para hablar de problemas de salud, dinero, trabajo, relaciones personales, preocupaciones emocionales o decisiones importantes. Estas conversaciones pueden constituir un retrato extraordinariamente detallado de una persona. Axios advierte que el debate sobre privacidad ya no debe limitarse a saber si las compañías utilizan las conversaciones para entrenar nuevos modelos de IA. La cuestión más importante es qué pueden hacer las empresas con el conocimiento acumulado sobre cada usuario en tiempo real: personalizar las respuestas, recordar información, recomendar contenidos, orientar publicidad o intentar aumentar el tiempo de interacción. 

El cambio fundamental es que las empresas de IA están intentando obtener información más allá de la propia ventana de conversación. El artículo señala, por ejemplo, que OpenAI anunció una función opcional de historial informático que permite a ChatGPT conservar información sobre las aplicaciones y sitios web utilizados por una persona. Google, por su parte, comunicó que utilizará por defecto determinadas fotografías y otros materiales que los usuarios incorporan mediante Search para entrenar sus sistemas de IA, aunque existe la posibilidad de excluirse. El potencial beneficio es evidente: cuanto más información conozca un asistente sobre una persona, más personalizadas y útiles pueden ser sus respuestas. Pero también aumenta considerablemente la cantidad de información que una compañía puede reunir sobre la vida de un individuo. El riesgo, por tanto, no reside solamente en que una conversación concreta sea almacenada, sino en que múltiples fragmentos de información puedan combinarse para construir un perfil cada vez más completo y persistente del usuario. 

Una de las preocupaciones más importantes es que los usuarios pueden revelar voluntariamente información que nunca proporcionarían a una empresa tecnológica convencional. Una persona puede contar a un chatbot sus inseguridades, dificultades económicas, problemas laborales, conflictos familiares o preocupaciones relacionadas con su salud simplemente porque percibe al sistema como un interlocutor neutral, disponible y sin capacidad de juzgar. Miranda Bogen, del Center for Democracy & Technology, advierte que la era de la IA puede estar marcada por personas entregando voluntariamente una parte cada vez mayor de su vida digital a herramientas que prometen reducir su carga mental o combatir la soledad. Cuanto más conoce un sistema sobre una persona, más sencillo resulta formular nuevas preguntas que permitan obtener información privada adicional. De este modo, la personalización puede generar un círculo de retroalimentación: más información produce mejores respuestas, las mejores respuestas generan mayor confianza y esa confianza facilita que el usuario revele todavía más información. 

El artículo compara las políticas de privacidad de diferentes compañías y muestra que existen diferencias importantes en la forma de gestionar estos datos. Apple representa uno de los modelos más orientados a la privacidad, ya que intenta procesar determinadas solicitudes de Apple Intelligence directamente en el dispositivo y utiliza Private Cloud Compute para tareas más exigentes. Según Apple, los datos utilizados para realizar estas operaciones no quedan accesibles para la compañía. Este enfoque tiene, sin embargo, una contrapartida: cuanto menos información conserva el sistema sobre el usuario, menor puede ser su capacidad para ofrecer una personalización continuada. Meta se encuentra en el extremo contrario, con una política que permite un uso mucho más amplio de los datos derivados de las interacciones con Meta AI para personalizar contenidos y publicidad dentro de sus servicios. La compañía también ha comenzado a introducir un modo de conversación de incógnito destinado a proporcionar conversaciones temporales sin almacenamiento. 

El desarrollo de la publicidad dentro de los sistemas de IA constituye otro de los grandes interrogantes. Meta, Google y OpenAI están explorando diferentes fórmulas de monetización y, si los chatbots siguen una evolución similar a la de los buscadores y las redes sociales, la publicidad podría adquirir un papel cada vez más importante. Esto crea un incentivo económico potencialmente problemático: si una compañía conoce los intereses, necesidades, vulnerabilidades y preferencias de una persona, puede utilizar ese conocimiento para ofrecer publicidad mucho más personalizada. El riesgo no consiste únicamente en mostrar un anuncio relacionado con una conversación concreta, sino en que el sistema pueda utilizar un conocimiento acumulado sobre el individuo para influir en sus decisiones, prolongar su interacción o persuadirlo de determinadas acciones. Por eso, el artículo plantea un escenario especialmente delicado: un chatbot que conozca los miedos y las inseguridades de una persona podría potencialmente utilizar esa información para modificar su comportamiento. 

Las políticas actuales son muy diferentes entre servicios. Algunas plataformas ofrecen chats temporales que no se utilizan para memoria ni entrenamiento; otras permiten el entrenamiento con datos del usuario únicamente cuando este lo autoriza, mientras que algunas requieren que el usuario se excluya expresamente para evitarlo. También existen sistemas que permiten consultar y borrar la información almacenada o determinadas «memorias», aunque la facilidad para hacerlo varía considerablemente. Además, algunas compañías aplican reglas específicas para información sanitaria, datos de menores o conversaciones realizadas mediante aplicaciones conectadas. Esta diversidad hace que resulte difícil para los usuarios comprender exactamente qué sucede con sus conversaciones. La cuestión de la privacidad se vuelve así mucho más compleja que un simple interruptor de «permitir/no permitir el entrenamiento». Una persona puede impedir que sus conversaciones se utilicen para entrenar modelos y, sin embargo, permitir que esa información se conserve para personalizar futuras interacciones. 

La conclusión central del artículo es especialmente relevante: la pregunta clave ya no es si una empresa entrena sus modelos con nuestras conversaciones, sino qué puede llegar a saber de nosotros gracias a ellas y para qué puede utilizar ese conocimiento. La memoria, la personalización y la integración de los asistentes de IA con otras aplicaciones pueden convertir al chatbot en una especie de intermediario permanente de la vida digital de una persona. Esto ofrece enormes ventajas en términos de comodidad y utilidad, pero también plantea riesgos relacionados con privacidad, manipulación, publicidad personalizada y concentración de información personal. En definitiva, Axios sostiene que los consumidores pueden considerar que los beneficios de un asistente personalizado justifican este intercambio, pero deberían conocer claramente qué información están entregando, cuánto tiempo se conserva, cómo puede combinarse con otros datos y qué usos puede hacer la empresa de ese conocimiento antes de empezar a contarle sus secretos a una IA

Tomado de Universo Abierto