miércoles, 3 de junio de 2026

Un análisis sobre los datos de la identificación

 Por Javier Tourón

Muchas veces dije que la fuga de cerebros no comienza en el aeropuerto, lo hace en las aulas donde muchos alumnos no están adecuadamente estimulados ni retados intelectualmente. En el blog hay muchas entradas referidas a la problemática de la identificación. Aquí tienes algunas que puedes leer o releer. Los datos van cambiando pero el problema subsiste. Es una cuestión estructural, a mi juicio.

Esta es una entrada que se conecta a otra página en un formato que he realizado con la ayuda de la IA (Anthropic, 2025. Claude (claude-sonnet-4-6) [Large language model]. https://claude.ai ). La imagen de esta entrada está generada con Gemini. El enlace que incluyo abajo os llevará a una página dinámica en la que todo esta explicado sencillamente y sin grandes peroratas. Hay también un simulador que permite hacer muchas cábalas y estimaciones sobre las diversas dimensiones del problema al gusto de cada uno y cómo las diversas prevalencias que señalemos repercuten en la situación de cada comunidad.

Me parece que no es necesario extenderse más. Espero que podáis sacarle mucha punta a este asunto que es el primero y principal cuando hablamos de atender las altas capacides. Solo incluyo lo que se dice en la sección seis del referido documento para incitaros al estudio completo del mismo:

Los datos no mienten. Lo que duele es lo que no cuentan.

Detrás de cada cifra de este informe hay una decisión —protocolar, presupuestaria, social— que ha definido quién encaja en la etiqueta de «altas capacidades» y quién se queda fuera. Las niñas, los niños de Aragón o Cataluña, los que están en Infantil, los que cursan FP. Todos ellos, sistemáticamente menos identificados.

«Diagnosticar tarde no es diagnosticar bien. Y no diagnosticar nunca, simplemente, es renunciar.»

Estos datos invitan a una conversación incómoda pero necesaria sobre cómo nuestro sistema educativo detecta —o ignora— el talento. Porque cada niño no identificado es una oportunidad perdida; y cada niña no detectada, una doble injusticia.

Para acceder al documento dinámico que he preparado, a partir de los datos de población e identificados ofrecidos por el Ministerio de Educación para el curso 24/25, puedes pulsar abajo.

martes, 2 de junio de 2026

Aitoxicación: hiperestimulación digital y crisis de la atención en la era algorítmica

 Por Mercedes Leticia Sánchez Ambriz y Carlos Bravo Reyes

“Solo iba a jugar cinco minutos”.

¡Eso pensé mientras abría Block Blast! antes de empezar la tarea. Una partida rápida. Solo una. Pero después apareció otra combinación de colores, otro sonido satisfactorio, otra recompensa inmediata. Perdí la noción del tiempo.

Luego abrí Roblox.

Entré “un momento” para explorar un mapa nuevo y terminé saltando entre mundos, recompensas, sonidos, chats y estímulos visuales constantes. Todo cambiaba rápido. Todo se movía. Todo estaba diseñado para mantenerme ahí.

Más tarde intenté leer un texto para la escuela.

Dos páginas.

No pude continuar.

El cerebro me pedía otra cosa.

Quería movimiento.

Quería imágenes.

Quería sonido.

Quería velocidad.

Y entonces apareció una escena cada vez más común en muchos hogares y aulas: niños que observan un libro y preguntan inmediatamente si “hay video”. Estudiantes que encuentran difícil sostener la atención en un texto escrito porque su cerebro se ha habituado a dinámicas de hiperestimulación digital donde siempre ocurre algo nuevo cada pocos segundos.

Muchos niños ya no solo desean entretenimiento: demandan acción constante. Necesitan ver personajes moviéndose a toda velocidad, colores cambiando rápidamente, sonidos inmediatos, recompensas instantáneas y pantallas donde siempre ocurra algo nuevo. La quietud comienza a percibirse como aburrimiento. El silencio se vuelve incómodo. La pausa pierde valor frente al estímulo permanente.

Ya no basta leer.

Ahora muchos necesitan “ver”.

Necesitan movimiento constante, recompensas inmediatas, estímulos visuales rápidos y cambios permanentes de atención. Pero además aparece otro fenómeno silencioso: la necesidad continua de información digital.

Muchos niños, adolescentes e incluso adultos ya no toleran fácilmente los espacios de silencio, pausa o desconexión. Existe una necesidad permanente de revisar notificaciones, consumir videos, desplazarse infinitamente en redes sociales, consultar contenido nuevo o mantenerse continuamente estimulados digitalmente. El cerebro comienza a acostumbrarse a un flujo ininterrumpido de información y entretenimiento. Antes de salir de la casa, el primer objeto que llevamos con nosotros es el celular.

Incluso momentos cotidianos que antes implicaban espera o contemplación ahora son ocupados por pantallas:

·         mientras comen,

·         mientras viajan,

·         antes de dormir,

·         al despertar,

·         durante tareas escolares,

·         o incluso mientras conversan con otras personas.

La ausencia de estímulos digitales comienza a generar incomodidad.

El problema no es únicamente tecnológico; también es neurocognitivo, educativo y cultural.

Las plataformas digitales, los videojuegos, las redes sociales y muchos sistemas basados en inteligencia artificial han perfeccionado mecanismos de recompensa capaces de producir pequeñas descargas constantes de satisfacción inmediata. Cada sonido, notificación, animación, nivel superado o video corto activa procesos de gratificación rápida que el cerebro comienza a buscar continuamente.

En otras palabras, el cerebro empieza a habituarse a la dopamina digital.

Aquí emerge uno de los fenómenos más preocupantes de nuestra época: la aitoxicación.

La aitoxicación no se refiere solamente al uso intensivo de inteligencia artificial. Implica la saturación permanente de estímulos digitales, respuestas automatizadas y dinámicas algorítmicas que reducen progresivamente la capacidad de concentración profunda, reflexión sostenida y pensamiento crítico.

A diferencia de la infoxicación, centrada en el exceso de información, la aitoxicación implica algo más complejo: la automatización creciente del pensamiento y la dependencia cognitiva hacia sistemas diseñados para evitar el silencio, la pausa y el esfuerzo reflexivo.

Hoy millones de estudiantes alternan continuamente entre:

1.       videojuegos,

2.       videos cortos,

3.       inteligencia artificial,

4.       notificaciones,

5.       plataformas digitales,

6.       recompensas inmediatas,

7.       información constante

8.       y contenido hiper estimulante.

El problema aparece cuando el cerebro comienza a percibir la lectura profunda, la escritura o el análisis como procesos “demasiado lentos”.

Muchos docentes ya observan este fenómeno en el aula:

·         dificultad para sostener atención

·         ansiedad frente a textos extensos

·         necesidad permanente de estímulos visuales,

·         aburrimiento rápido,

·         baja tolerancia al esfuerzo cognitivo,

·         dependencia creciente de recursos audiovisuales,

·         y necesidad constante de revisar dispositivos o consumir nueva información digital.

Incluso algunos estudiantes comienzan a rechazar materiales escritos si no vienen acompañados de videos, animaciones o elementos interactivos. Otros experimentan frustración cuando una explicación exige concentración prolongada o lectura reflexiva.

Esto no significa que la tecnología sea negativa por sí misma. La inteligencia artificial y las plataformas digitales también ofrecen oportunidades valiosas para el aprendizaje, la personalización educativa y el acceso al conocimiento.

Sin embargo, el problema aparece cuando la tecnología deja de ser una herramienta y se convierte en un reemplazo del pensamiento propio, de la lectura crítica y de la capacidad de sostener la atención.

La integridad intelectual no solo implica evitar el plagio o citar correctamente. También supone conservar la capacidad humana de pensar, analizar, interpretar y reflexionar sin depender completamente de estímulos automáticos o respuestas inmediatas generadas por algoritmos.

La educación contemporánea enfrenta entonces un desafío profundo: enseñar a convivir con la tecnología sin renunciar a la concentración, la lectura profunda y el pensamiento crítico.

Porque tal vez el mayor riesgo de esta era no sea únicamente la desinformación.

Tal vez el verdadero problema sea que cada vez nos cuesta más detenernos a pensar.

 

Referencias

Caldevilla-Domínguez, D. (2024). Usos éticos de la IA en la universidad moderna: Más allá del plagio. EDU Review, 12(1), 57–65. https://doi.org/10.37467/revedu.v12.5184

Egan, L. (2024). Plagiarism: History, Culture, and Prevention. University of North Dakota.

Flor-Terán, G. A., & Sandoval-Reyes, P. A. (2024). La ética en el uso de la inteligencia artificial (IA) en la educación: desafíos y oportunidades. Polo del Conocimiento, 9(11), 255–282.

Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., & Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad académica. RELIEVE, 29(2). http://doi.org/10.30827/relieve.v29i2.29134

Ibarra Beltrán, Á. de J., Aguayo Álvarez, Z., & Velázquez García, R. E. (2023). Desmitificando el plagio digital: percepciones y realidades de la ética estudiantil desde el Centro Universitario de Tonalá. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 4(5), 1418–1431. https://doi.org/10.56712/latam.v4i5.1403

Vargas-Morúa, E. (2021). El plagio: consideraciones para su prevención. Espiga, 21(41), 68–85.

Vílchez Ruiz, M. I. (2024). Contenido educativo con inteligencia artificial: ¿Restringir o enseñar a personalizar éticamente en el ámbito educativo? Revista Científica Ciencia y Tecnología, 24(44).

Tomado de 366-días

lunes, 1 de junio de 2026

¿Tus estudiantes copian con IA en los exámenes? Repensando la evaluación

 Por Ramón Besonías



La irrupción de la IA generativa ha venido a poner patas arriba los modelos de evaluación. Los estudiantes usan la IA de forma mecánica, copiando y pegando el contenido sin filtro ni iteración reflexiva. Hacen trampa con IA en los exámenes sin que nos demos cuenta. 

El docente a priori adopta una actitud a la defensiva, buscando huellas de la IA en las tareas y vigilando al estudiante en los exámenes. Pero más pronto que tarde se da cuenta de que no sirve para mucho. Entonces, ¿qué hacer? ¿Qué alternativa hay a ejercer de policía o inspector?

Repensar los medios de evaluación, rediseñar la experiencia de aprendizaje.  

Hoy cualquiera puede generar un texto aparentemente perfecto en segundos, pero comprender, relacionar, argumentar, adaptar ideas, explicar decisiones o transferir conocimientos a situaciones nuevas sigue siendo profundamente humano… y profundamente difícil de automatizar. Los estudiantes, ante el esfuerzo cognitivo que exigen estas destrezas, tiende a delegar en la IA, debilitando competencias esenciales.

Por eso, en lugar de entrar en una carrera infinita de vigilancia y control, quizá tenga más sentido desplazar el foco: menos “pillar” y más “hacer pensar”. 

Comparto tres láminas visuales que nacen precisamente de esa idea. ¿Qué aporta cada una? 

Puedes descargarlas aquí


  • Plantea un cambio de mirada: pasar de un enfoque defensivo basado en la sospecha a un enfoque transformador centrado en el aprendizaje, el proceso y la confianza. 


  • Reúne estrategias concretas para dificultar la copia en exámenes escritos sin convertir el aula en una cárcel digital: preguntas de transferencia, explicaciones orales breves, variantes mínimas, rastros de proceso, reformulaciones improvisadas o tareas menos delegables. 


  • Propone formatos de examen más creativos y competenciales: exámenes narrativos, visuales, comparativos, abiertos, con materiales permitidos, análisis de errores, construcción progresiva o toma de decisiones justificadas. 



No son “trucos mágicos”. Tampoco eliminan completamente la posibilidad de copiar. Eso probablemente sea imposible. Pero sí ayudan a construir algo mucho más importante: situaciones donde copiar sirva cada vez menos… porque pensar sea la mejor estrategia disponible. 


Te añado un ejemplo práctico a aplicar en Lengua y Literatura en Bachillerato:


La IA no solo nos obliga a replantear herramientas, sino también qué entendemos por aprender, evaluar y enseñar. Porque un buen examen no es el que evita toda copia. Es el que consigue que el pensamiento tenga más valor que el atajo.

Tomado de IA Educativa

viernes, 29 de mayo de 2026

El arte de decodificar la realidad

 Mercedes Leticia Sánchez Ambriz.y Carlos Bravo Reyes


En el contexto digital actual, el acceso masivo e inmediato a la información ha transformado profundamente la manera en que los estudiantes se relacionan con el conocimiento. Si bien esta disponibilidad amplía las oportunidades de aprendizaje, también incrementa la exposición a contenidos poco confiables, sesgados o carentes de respaldo académico. Frente a esta realidad, la capacidad de analizar críticamente la información y decodificar los mensajes presentes en distintos tipos de textos se ha convertido en una competencia esencial para la formación académica y ciudadana.

La sobreabundancia informativa propia de los entornos digitales exige que los estudiantes desarrollen habilidades para identificar la validez de las fuentes, distinguir entre información verificable y contenidos manipulados, y construir criterios propios frente a los discursos que circulan en la red. En este escenario, la lectura crítica deja de ser únicamente una habilidad académica para convertirse en una herramienta indispensable en la sociedad contemporánea.

¿Qué significa decodificar en el siglo XXI?

En el siglo XXI, la decodificación textual supera la simple identificación de palabras o estructuras gramaticales, ya que implica un proceso integral de análisis e interpretación del discurso. Esta competencia puede comprenderse en tres niveles fundamentales: el nivel lingüístico, orientado al reconocimiento de la sintaxis y del vocabulario; el nivel semántico, enfocado en la comprensión de significados, conceptos y relaciones entre ideas; y el nivel pragmático, dirigido a identificar la intención comunicativa, los posibles sesgos y el contexto desde el cual se construye el mensaje.

La relevancia de esta habilidad se intensifica en los entornos digitales actuales, donde gran parte de la información circula a través de discursos que combinan datos, opiniones e intenciones persuasivas. En este escenario, la decodificación crítica permite analizar el contenido más allá de su superficie, reconocer posibles sesgos y evitar interpretaciones guiadas únicamente por reacciones emocionales inmediatas. De este modo, se convierte en una herramienta esencial para la comprensión crítica de la información y para la toma de decisiones informadas en la vida académica y social.

La alfabetización crítica

Constituye una competencia esencial para que los estudiantes desarrollen la capacidad de analizar la información de manera reflexiva y autónoma. En este sentido, Cassany (2006) sostiene que la literacidad crítica permite al lector interpretar los discursos más allá de su significado literal, reconociendo las intenciones, los intereses y los contextos que influyen en la producción de los mensajes. En los entornos digitales actuales, esta competencia adquiere especial relevancia, ya que la abundancia de información exige habilidades para discriminar entre contenidos confiables, interpretaciones sesgadas y mensajes con fines persuasivos.

Desde una perspectiva pedagógica, fortalecer la alfabetización crítica requiere estrategias didácticas orientadas al análisis activo de la información. Una de ellas es la verificación de fuentes, que consiste en identificar el origen de la información, contrastarla con otras fuentes independientes y analizar el contexto en que se produce. Otra estrategia es el reconocimiento de marcas lingüísticas de subjetividad, mediante la identificación de expresiones valorativas o afirmaciones que presentan opiniones como hechos verificables.

Asimismo, el análisis de textos generados por inteligencia artificial puede contribuir a que los estudiantes reconozcan patrones discursivos, detecten aparentes criterios de autoridad sin sustento y desarrollen una postura crítica frente a los contenidos digitales. Estas prácticas favorecen la formación de lectores analíticos capaces de interactuar con la información de manera ética, crítica y responsable.

Conclusiones

La decodificación crítica de textos constituye una competencia fundamental en la formación académica y ciudadana del siglo XXI, especialmente en contextos digitales caracterizados por la sobreabundancia informativa y la circulación de discursos persuasivos.

Desde esta perspectiva, la enseñanza debe orientarse al desarrollo de habilidades analíticas que permitan a los estudiantes cuestionar, contrastar y validar la información a la que acceden.

Además de la comprensión de la información digital, la cual requiere reconocer que la validez de los contenidos depende de procesos rigurosos de verificación, análisis de fuentes y evaluación de sesgos. Por ello, formar en decodificación crítica implica fortalecer en los estudiantes criterios de análisis que les permitan actuar con responsabilidad frente a la información que consumen y comparten.

La integración de herramientas tecnológicas en los procesos educativos solo será verdaderamente formativa si se orienta al fortalecimiento del pensamiento crítico. El uso de la inteligencia artificial y de otros recursos digitales debe contribuir a ampliar la capacidad de análisis del estudiante, sin sustituir su juicio autónomo ni su responsabilidad intelectual. En consecuencia, promover la decodificación crítica en la educación significa fortalecer la capacidad de comprender, evaluar y utilizar la información de manera ética, reflexiva y responsable.

Referencias

Álvarez, T. (2001). Textos expositivos-explicativos y argumentativos. Octaedro.

Cassany, D. (2006). Tras las líneas: Sobre la lectura crítica. Anagrama.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2021). Alfabetización mediática e informativa: Currículum para profesores y educadores. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000377068

Tomado de 366-dias

jueves, 28 de mayo de 2026

Homeschooling: aprender sin escuela

 Por Ana Cristina Álvares Pacheco

En los últimos años, el homeschooling ha comenzado a tener un auge inesperado, en el que cada vez más tutores optan por esta alternativa para educar a sus hijos e hijas. Sin embargo, más allá de alejarse de la escuela tradicional, la también conocida como educación en el hogar” ha suscitado inmensos debates sobre su eficacia y el bienestar de las infancias. 

¿Qué es el homeschooling?

La educación en casa, también llamada homeschooling, es una práctica educativa principalmente orientada al hogar y dirigida por los padres y madres de familia. Fabio Jurado Valencia lo entiende como “aquella educación que trasciende el espacio escolar y que renuncia a sus formas regulativas tradicionales (salones, horarios, docentes, rituales, currículos, calificaciones…) para asignar un lugar al trabajo colaborativo de las familias en la perspectiva de la educación de sus propios hijos”. Un modelo educativo en el que los tutores asumen un rol activo y esencial en la construcción del conocimiento de sus hijos.

Este movimiento comienza a cobrar fuerza en los años 70, influido principalmente por John Holt, educador y pedagogo estadounidense, quien, después de su paso como profesor, quedó desencantado de la educación tradicional. Inicialmente, abogó por una reestructuración de la escuela y el trato que se les daba a los estudiantes, sin embargo, al no obtener resultados, su perspectiva se orientó hacia los tutores de familia, haciendo un llamado a tomar el control de la educación de sus hijos.

Como Holt sostenía desde entonces, para educar en casa, lo más importante era que los tutores sintieran agrado por sus hijos, “disfrutaran su compañía, su presencia, su energía, sus travesuras y pasiones. Tienen que disfrutar todas sus charlas y preguntas de la misma manera que disfrutan contestar esas preguntas”. 

Este modelo educativo se ha vuelto muy popular en los últimos años, sobre todo después de la pandemia, ya que no requiere grandes recursos; en la actualidad, los requisitos son sólo el deseo y la voluntad de llevarlo a cabo y de acompañar a los estudiantes en el proceso educativo.

Tan sólo en Estados Unidos, 3.1 millones de estudiantes fueron educados en casa durante el ciclo escolar 2021-2022; esto representa cerca del 6 % de menores en edad escolar. Mientras que en México los datos son desconocidos, hay quienes afirman que hay cinco mil familias que hacen homeschooling en el país, mientras que otros estiman veinte mil. No obstante, la encuesta Primer censo de familias homeschoolers en México (2019) señala que sólo logró localizar 600 familias.

¿Cómo funciona el homeschooling?

Tal como se señaló previamente, la educación en casa se caracteriza por la instrucción impartida por madres y padres de familia, donde además existen posibilidades que no serían viables en la educación formal. En este sentido, algunos de sus aspectos más atractivos son la flexibilidad y la personalización. 

Los principales enfoques de esta modalidad son el estructurado y el no estructurado; el primero funciona de manera similar a la educación tradicional, con un programa y metas que alcanzar, mientras que en el no estructurado (al cual también se le conoce como unschooling) no se sigue ningún programa y sólo se enseña y aprende según las experiencias cotidianas de los estudiantes.

La mayor parte de quienes eligen la educación en casa opta por un enfoque estructurado, pues, al no regirse por los calendarios escolares ni por los programas de estudio de las instituciones, las familias pueden establecer los horarios y ritmos de aprendizaje, adecuándolos a las necesidades del núcleo familiar. Asimismo, les es posible diseñar los planes de estudio según sus intereses y contar con la capacidad de incorporar actividades o proyectos que representen aprendizajes significativos con mayor facilidad que en otros entornos.

Aunado a esto, se disminuyen las tareas en casa durante el tiempo libre de la familia, pues se estima que los homeschoolers dedican, en promedio, cuatro horas estructuradas realizando tareas de tipo educativo.

Aunque podría parecer complicado crear un plan de estudios desde cero, la realidad es que existen miles de guías y recursos educativos para las familias que siguen la modalidad de homeschooling. Incluso existen instituciones que ofrecen, tanto de forma gratuita como de paga, planes de estudio, libros de texto y material didáctico listo para personalizar según se requiera.

Esto es más factible si la vida escolar en casa se reduce a un estudiante, aunque también puede lograrse con más integrantes. Se sigue una modalidad similar a la de las escuelas multigrado, en la que se enseñan los mismos temas, pero con un contenido diferente, adecuado al nivel de cada aprendiz.

En cuanto a la certificación y validez de los estudios, la legislación educativa en México no prohíbe el homeschooling, sin embargo, tampoco se encuentra regulado. Para ello, existen instituciones privadas que ofrecen programas avalados por la Secretaría de Educación Pública (SEP), conocidas como escuelas sombrilla, mientras que otros tutores optan por hacer uso de las certificaciones del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA). De esta manera, mientras sus estudios estén certificados, los homeschoolers no tendrían ningún problema para acceder a la educación superior.

Razones para educar en casa

El National Home Education Research Institute estima que, en Estados Unidos, tan sólo en el ciclo escolar 2024-2025, más de 3.4 millones de menores estudiaban en el nivel K-12, lo que representa más de 2.5 millones de lo que se estimaba en 2019, con un crecimiento entre el 2 y 8 % anual. Según el National Center for Educational Statistics, las razones para educar en casa son variadas, sin embargo, su censo consideró principalmente las siguientes:

  • Preocupaciones sobre el ambiente escolar, tales como la seguridad, drogas o presión entre pares (80.3 %).
  • Deseos de impartir lecciones morales (74.7 %).
  • Enfatizar la vida familiar (74.6 %).
  • Insatisfacción con la oferta académica de las escuelas (72.6 %).
  • Deseos de impartir lecciones religiosas (58.9 %).
  • Deseos de proporcionar un enfoque no tradicional a la educación del niño o la niña (54.2 %).
  • Otra razones (34.8 %).
  • El menor tiene necesidades especiales (23.1 %).
  • El menor tiene un problema de salud físico o mental (15.6 %).
  • El menor tiene una enfermedad temporal (2.8 %). 

Dentro del apartado “Otras razones”, los tutores se enfocaron principalmente en el acoso escolar, motivos financieros, viajes y la búsqueda de un horario más flexible. Por otro lado, Jamie Martin resume los principales motivos para educar en casa a continuación:

  • Insatisfacción con las opciones educativas disponibles.
  • Mayor flexibilidad en horarios y currículo.
  • Diferentes filosofías religiosas o educativas.
  • Protección frente al acoso (bullying), la presión de grupo y la violencia escolar.
  • Más oportunidades para el vínculo familiar.
  • La creencia de que las infancias no progresan dentro de la estructura escolar tradicional.
  • Mayor capacidad para atender problemas de salud física y mental.

En México, de acuerdo con información de Aline Suárez del Real, ABP Sustenta lanzó una convocatoria para conocer la situación del homeschooling en el país, en la que 620 familias respondieron con sus razones para educar en casa. Según los datos de este censo, en el cual se podía elegir más de una opción, 360 familias eligieron la modalidad para otorgar una educación a la medida,126 para educar a los menores en las creencias religiosas de la familia, 125 lo hicieron debido al bullying sufrido en la educación escolarizada, 75 por las necesidades especiales que no son atendidas en la escuela y 68 por falta de recursos para una institución privada y renuencia de acudir a la educación pública, entre otros. 

Asimismo, en el texto El homeschooling en México: su regulación y perspectivas de aplicación, los autores explican que en investigaciones previas se ha separado en dos categorías a los padres y madres de familia que deciden educar en casa, en primer lugar, aquellos que “ven la educación en el hogar como algo natural, opuesta a estructuras falsas y restrictivas de educación escolar; los que consideran a la educación en el hogar como una alternativa vinculada a su deseo de transmitir valores determinados a los menores, y aquellos para quienes el homeschooling ha sido su último recurso, es decir, una no-elección, una necesidad”. 

Debates sobre este modelo educativo

Con el aumento de esta modalidad, también han incrementado las inquietudes sobre el desempeño escolar y el bienestar de los homeschoolers. Una de las principales preocupaciones sobre este modelo educativo es la posible falta de contacto de las infancias con el entorno exterior, ajeno a la vida familiar. Diversos estudios, como el de Soto-Icaza, Aboitiz y Billeke, resaltan la importancia de la interacción social en la infancia, en el desarrollo cognitivo, social y comunicativo, así como en el desarrollo de habilidades como la empatía y la resolución de conflictos. 

Autores como Navarro-Arredondo y Gómez-Macfarlan, también señalan que el contenido administrado en estas clases puede tener una calidad deficiente o que se vea determinado por la ideología de las familias, llevando a un “adoctrinamiento” de los estudiantes. De la misma manera, se cuestiona la idea de que no es necesario poseer experiencia o educación como profesor, siendo una evidencia más de la desvalorización de la profesión docente. 

El 5 de febrero de 2026, Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, declaró que su gobierno está buscando regular esta modalidad debido a la importancia de la escuela tradicional para la integración. Dicha iniciativa surge principalmente como respuesta al aumento de menores educados en casa, pasando de 111,700 en el otoño de 2024 a 126,000 al otoño de 2025. 

El homeschooling es legal en al menos 30 países del mundo, como lo son Estados Unidos, Irlanda, Dinamarca, Portugal, Francia y Polonia, sin embargo, es rechazado y considerado ilegal en Alemania, mientras que otros no cuentan con regulación suficiente sobre el tema. En España, Colombia y México, por ejemplo, la educación es obligatoria, pero no la modalidad escolarizada. A la par, Martha Rebolledo explica a Aline Suárez del Real que la regulación no siempre es bien recibida por las familias, pues implicaría la pérdida de libertad que otorga el homeschooling, sin embargo, la misma también puede poner en riesgo a los menores, ya que se podría desconocer si son víctimas de algún tipo de violencia.

Por otro lado, el National Home Education Research Institute señala que quienes son educados en casa suelen obtener puntuaciones entre 15 y 25 puntos porcentuales, superiores a las de los alumnos de escuelas públicas, en las pruebas estandarizadas de rendimiento académico, con un promedio de 50 puntos en un rango de 1 a 99. Además, diversos estudios muestran que dichos estudiantes suelen presentar un mejor desarrollo social, emocional y psicológico. Asimismo, se explica que el 87 % de estos estudios muestran que los estudiantes educados en casa tienen un rendimiento estadísticamente significativamente superior al de los estudiantes de escuelas convencionales.

Sin embargo, el mismo instituto advierte que estos datos no prueban que los resultados estén relacionados con el homeschooling, sino que se cree que dichos hallazgos están estrechamente vinculados con la demografía de las familias que se inclinan por este tipo de estudios. Aunado a los distintos medios, como el Washington Post, que señalan a Brian D. Ray, presidente del National Home Education Research Institute, por alterar sus investigaciones y ser motivado por su dogma, más que por el distanciamiento académico. 

Además de las críticas que algunos de sus propios hijos han realizado públicamente sobre su educación, destacando sus carencias educativas, haber trabajado en su organización durante los días de escuela y haber sufrido abuso físico. Ziebart, hija de Ray, también describe que ver a sus propios hijos asistir a la escuela le hace pasar un tipo de duelo, pues sus hijos “se enfrentan a diario a desafíos como diferentes sistemas de creencias, diferentes niños y diferentes maneras de ver el mundo,” una situación que, apunta, le fue negada por haber sido educada en casa. 

Olga Khazan, en un reportaje para The Atlantic, asegura que la escasa regulación del homeschooling puede hacer que algunos menores sean vulnerables a situaciones de abuso. Si bien, la mayor parte de las madres y padres  son responsables y tienen buenas intenciones, existen otros que pueden maltratar a sus hijos. La autora explica que en años recientes han salido a la luz diversos testimonios de homeschoolers que fueron víctimas de abusos durante su educación en el hogar. Según datos de “un estudio de 2014 que examinó los casos de 28 niños gravemente maltratados de varios estados, reveló que ocho de las 17 víctimas en edad escolar habían sido retiradas de la escuela tradicional para recibir educación en el hogar”. Un informe de Connecticut halló que, entre 2013 y 2016, «el 36 % de las familias del estado que optaron por la educación en el hogar habían sido objeto de al menos un informe previo de abuso o negligencia”. Mientras que en Estados Unidos se han documentado cerca de 200 muertes de infantes educados en el hogar por abuso o negligencia desde el año 2000. 

Kazhan señala que si bien las infancias escolarizadas tradicionalmente también sufren abuso y negligencia, “al menos ven regularmente a adultos fuera de su familia inmediata, lo que les brinda la posibilidad de buscar ayuda”. Mientras que la falta de contacto entre las familias homeschoolers y las autoridades puede provocar que el abuso pase desapercibido.

Educación para todos

La UNESCO establece que este tipo de educación es capaz de proporcionar una enseñanza de calidad, pero que por sí sola no se encuentra garantizada. Dependerá de si la misma cumple con los estándares que determina el Estado, tal y como se exigen en los derechos humanos, en donde la calidad “se define por determinadas características como la disponibilidad, la accesibilidad y la adaptabilidad, haciendo especial énfasis en contenidos culturalmente apropiados, planes de estudio pertinentes y en la capacidad de satisfacer las diversas necesidades de los alumnos”. La institución señala que evaluar la calidad de la educación en el hogar representa un reto mayor debido a la carencia de datos, así como a la diversidad de contextos en los que ocurre el homeschooling, sin embargo, hace énfasis en los Derechos del Niño, donde la educación “debe promover la socialización, el pensamiento crítico y la participación en la vida social”.

Pese a las connotaciones negativas que pueden plantearse, existe una realidad innegable: el homeschooling está ampliamente caracterizado por el apoyo comunitario. Hay cientos de comunidades y familias que promueven reuniones de estudio o incluso playdates que permiten la interacción entre los menores y la oportunidad de compartir recursos entre las familias. Sin embargo, es un hecho que muchos de los tutores que eligen esta forma de educación, lo hacen para poder tener un mayor control sobre lo que se les enseña a sus hijos e hijas, ya sea por creencias religiosas o morales. 

No obstante, la UNESCO hace hincapié en que “aunque los estudios han demostrado que muchos niños educados en los hogares participan en actividades sociales y poseen capacidades sociales adecuadas, persisten las preocupaciones acerca de la falta de exposición a perspectivas diversas y los posibles efectos sobre la cohesión social”. Con la posibilidad de afectar la socialización y el desarrollo general de los menores al limitar las interacciones y la participación cívica que sí ofrece la educación formal.

Después de todo, “salir del cascarón” y conocer un mundo más allá del que existe en nuestro círculo cercano, es una de las vivencias más importantes de la escuela tradicional. Aunque algunos blogs de familias homeschoolers señalan ser lo más objetivos posible para brindar la mejor educación a sus hijos, es necesario resaltar que es imposible ser 100 % objetivo, ni siquiera la educación escolarizada lo es. Pero al convivir con diferentes profesores y estudiantes, cada uno con su propio bagaje de conocimientos, ideas y creencias, es posible conocer distintas formas de pensar, para así cuestionar nuestras propias ideas o prejuicios. 

El homeschooling es una gran alternativa para aquellas personas cuyo estilo de vida se aleja del convencional. Sin embargo, no debemos olvidar que, al final, la escuela no se trata sólo de transmitir conocimientos, sino de ampliar la manera en que se entiende el mundo.

Tomado de EDUNEWS del Tec de Monterrey