jueves, 20 de agosto de 2026

Hablar con la IA y pedirle que haga cosas por ti: un reto educativo

Por Ramón Besonías.



Las dos herramientas más útiles que ofrecía la IAg hasta hace nada eran los asistentes y los proyectos. Los asistentes permitían superar el mero prompteo, facilitando que todas las conversaciones que tuvieras bajo ese asistente se comportaran de una forma específica, de tal forma que siguieran un flujo guiado de tarea o una función, alimentados con instrucciones y materiales adjuntos. Por su parte, los proyectos ayudan a trabajar durante más tiempo con un objetivo, reto o proyecto, también guiados por instrucciones y alimentados (si lo deseas) con archivos adjuntos. Digamos que el asistente es una herramienta con una función (la llave inglesa, el destornillador...) y el proyecto es una maquinaria que trabaja a largo plazo, recordando en todas las conversaciones lo que hizo. Asistentes y proyectos convertían la IAg en un recurso más adaptado, no teniendo que escribir constantemente lo que deseas y teniendo desorganizados los diferentes usos que le dabas. 

Más de 3 años de IAg han mejorado la capacidad y memoria de los modelos, siendo más eficaces en las respuestas adaptadas. Con el tiempo de uso, aprenden mejor a saber lo que necesitas y reconocen patrones de trabajo. Con supervisión, por supuesto.

Pero hace poco hemos asistido a un cambio cualitativo que cambiará sin duda nuestra forma de usar la IAg: la IA agéntica. El modelo ya no solo responde, también actúa, interactúa con aplicaciones, incluso con tu propio ordenador y hace cosas por ti, automatiza tareas, rutinas de trabajo. Y lo puede hacer mediante el modo de voz, sin necesidad de escribir. Esto cambia sustancialmente el uso. De escribir pasamos a hablar. No necesitas apenas teclear en tu dispositivo. De promptear, a pedir e iterar, obteniendo un producto en múltiples formatos. De estar aislada del resto de tu ecosistema digital, ahora la IAg lo usa para generar lo que le indiques. De asistentes pasamos a habilidades (skills) que invocamos en nuestra IAg para que hagan lo que previamente hemos diseñado. Google está pensando a finales de año eliminar sus asistentes (Gems) y sustituirlo por estas habilidades y herramientas agénticas que trabajen 24/7 en tu dispositivo. 

Los proyectos se mantienen, convirtiéndose en el centro de operaciones de nuestro trabajo con IAg, organizado, adaptado a las necesidades de cada tarea con ayuda de agentes que no solo te contestan en texto o voz, sino que realizan la tarea por ti a partir de tus indicaciones, directas y/o a través de skills. A veces, esos proyectos invocarán a aplicaciones de tu dispositivo (Drive, Gmail. Canva, ) para que te ayuden a hacer esa tarea. ChatGPT los llama Complementos

Skills y complementos vitaminan la IAg, la convierten en un taller de trabajo. Y no solo lo tiene en formato web, también existen aplicaciones de escritorio que puedes descargar. ¿Qué ventaja tiene la aplicación? Que puede interactuar con tu dispositivo y usar y alojar archivos desde tu disco duro. 

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que estamos en su comienzo. Spark de Google aún no está disponible en España y Work de ChatGPT está muy reciente y en constante mejora. A fecha de hoy, ChatGPT Work está disponible para cuentas gratuitas en las aplicaciones de escritorio de macOS y Windows. En cambio, en web y móvil requiere cuentas de pago Plus, Pro, Business, Enterprise o Edu. Las cuentas Go no tienen Work en la web de ChatGPT. Pero es cuestión de tiempo que lo que antes era de pago, mañana sea gratuito. Aún así, si quieres sacarle provecho a la IA agéntica, es inevitable pasar por caja. La IAg gratuita se te quedará pequeña

Este nuevo modelo de trabajo se puede usar también en móviles, lo que agiliza y hace más versátil su uso. No es raro que en unos años, la IA agéntica esté integrada en todos los dispositivos como un ecosistema que permita usar a través de la IA cualquier aplicación y realizar tareas a través de dictados de voz en vivo. Ya se puede hacer, aunque de forma aún limitada y con constantes mejoras y revisiones de seguridad. Los estudiantes se acostumbrarán -ya lo hacen- a hablar con sus dispositivos, no a escribir. Esto supondrá un reto para la escuela. El llamado nativo digital será con el tiempo nativo IA y en sus hábitos cotidianos usará más la oralidad que el texto. Igualmente, afectará a su forma de pensar, aprender y realizar tareas. 

La IA agéntica hace que los pasos del proceso de elaboración de tareas se deleguen en una IA agéntica. Del corta y pega manual pasamos al powerpoint, y de éste al Canva, que requiere cada vez menos la mediación humana. Con la IA agéntica, puedes invocar a Canva, decirle en modo voz lo que deseas y dejar que lo haga. Revisas el resultado, lo afinas con instrucciones de voz y listo para ser usado. Un estudiante poco motivado y con ganas de acabar cuanto antes delegará mucho más. Házmelo y listo. Y si el docente carece de competencia digital, quizá pueda creer que el estudiante ha hecho un gran trabajo. A mínimo que te zambullas en este ecosistema de trabajo con IA, verás que es fácil ofrecer un producto vistoso sin apenas sudar tú. 

Por eso es necesario que el docente se adelante al estudiante, conozca estas herramientas, testee sus limitaciones y posibilidades, procurando que en el proceso de aprendizaje se propicie una delegación sostenible, que favorezca que el estudiante piense, argumente, analice sin dejar que la IA se lo haga todo. Reto complicado. La IA avanza rápido, el estudiante se adapta mejor y más rápido que sus docentes. Por eso, a veces adoptamos una postura a la defensiva. En vez de aprender, prohibimos. Es más cómodo que formarse. Pero los hábitos siguen ahí, el estudiante no dejará de usarla, y lo hará cada vez con más competencia. No en la dirección que deseamos, pero será competente en su uso práctico. 

A su vez, tendremos que repensar la enseñanza en un contexto social y productivo que muta hacia nuevos paradigmas. ¿Cómo fortalecer esas destrezas cognitivas en el nativo IA que habla más que lee o escribe, que ya no diseña, procesa ni elabora las tareas educativas, sino que le pide a viva voz a una IA que se las haga? Habrá que buscar métodos de evaluación que faciliten que dentro de ese proceso de aprendizaje existan fases donde la IA no intervenga y el estudiante no necesite delegar en ella, pero que igualmente recurran a la IA en aquello en lo que pueda ofrecer un servicio útil, efectivo, a partir del diseño y directrices del estudiante. ¿Por qué hacerle ascos a la IA si favorece un aprendizaje significativo y la creación de materiales donde el estudiante sea el director analítico y creativo? Ese será el ecosistema de trabajo futuro que deberá asumir en las próximas décadas. Eso sí, ya no será el mundo analógico, ni siquiera el digital, al que estábamos acostumbrados. Debemos asumir esa transición. Enseñar a ciudadanos que se comunicarán, aprenderán y trabajarán de formas en las que nosotros, generaciones híbridas, no nos criamos ni adoptamos en nuestra vida cotidiana y trabajo. 

Lo que ahora son agentes, proyectos, complementos, skills, en unos años derivará en IA con mayor poder de automatización y versatilidad de uso. En manos de un menor, la tentación a delegar del todo es previsible. Ahí es donde la escuela debe estar, para preparar al futuro adulto a no ser un mero consumidor pasivo y un trabajador incompetente, sino adoptar una actitud proactiva, crítica, creativa, que tome las riendas de cualquier uso de la IA. Esa actitud será una ventaja competitiva en un futuro mercado de trabajo, que marcará a fuego la frontera entre creadores y consumidores. 

Piénsalo: ¿eres consumidor o creador con IA? Estas categorías son aplicables también al docente. Y lo eran antes de la IA. ¿Dejabas en manos del libro de texto todo el proceso de enseñanza o adaptabas materiales, creabas nuevos, ajustabas constantemente los recursos, los diversificabas y evaluabas? La IA no cambia este binomio, lo traslada a un contexto donde su dialéctica será aún más agresiva que en anteriores ecosistemas tecnológicos, ya que requerirá una adaptación más cruda. A día de hoy, la mayoría de docentes son consumidores de IA, no han dado el paso a empoderarse ante ella y empezar a crear con ella, tomando el pulso a sus limitaciones y posibilidades didácticas. Esto nos hace vulnerables ante el avance progresivo de la IA y la rapidez con la que se está integrando en los hábitos cotidianos, transformando en los estudiantes su forma de percibir el aprendizaje. ¿Cómo enseñar a estudiantes que tienen en su mano una herramienta que puede ayudarles a realizar todo lo que un docente imagine que pueda hacer? La diferencia entre que se acostumbre a delegar o sea él quien aprenda a dirigir el proceso de uso es una responsabilidad que está en nuestro tejado. 

La adopción de una IA agéntica inmersiva, presente en todos los dispositivos, no llegará mañana ni el próximo año. Tardará en llegar, inocularse y hacer efecto en las rutinas de ocio y trabajo. Por eso, aún tenemos tiempo para aprender y actuar. Cuando suceda y no nos pille preparados a docentes y familias, puede que tenga un efecto en los menores similar al de las redes sociales, con la diferencia que las redes sociales se circunscriben al ámbito de ocio y comunicación. La IA vertebrará todos los contextos, también los de aprendizaje y trabajo. En el aprendizaje, lo está haciendo lentamente. En el trabajo, mucho más. Quizá por eso en niveles universitarios y de FP no se ha percibido aún como una urgencia, ya que la IA no está presente en la mayoría de los entornos de trabajo. Cuando lo haga, solo entonces, los currículos, por ejemplo, de ciclos formativos se empezarán a repensar. Más tarde que pronto, porque se supone que el sistema educativo debería adelantarse a lo que vendrá, facilitando no solo la adaptación, también la innovación. 

Para muchos esta lentitud de integración de la IA en el mundo laboral es buena noticia, ya que genera miedo e incertidumbre escuchar o leer noticias a diario sobre lo que será capaz de hacer la IA y el impacto que tendrá sobre el trabajo. Por eso, adoptamos una actitud de recelo y cautela, pero sin sensación de urgencia o necesidad. Si llega, que llegue. Ya me pondré al día. En el ámbito educativo, es un error, ya que genera velocidades contradictorias. La IA se integra en los hábitos del estudiante sin filtros ni criterios, sin acompañamiento ni formación, mientras el docente va a paso de tortuga, incluso con hostilidad hacia este ecosistema emergente. El choque es inevitable y ya está sucediendo. Cada vez más docentes se quejan de cómo la IA cambia los hábitos de los estudiantes ante las tareas asignadas y su forma de estudiar. La actitud del docente suele ser de indignación y defensa, lo que no ayuda mucho a afrontar el problema desde actitudes proactivas y decisiones educativas, no punitivas o de control.

Solemos seguir actuando desde categorías no solo pre IA, incluso pre YouTube. Como si esto no afectara de forma sustancial al aprendizaje y no fuera con nosotros la necesidad  de una revisión profunda de nuestra forma de enseñar. Al adoptar posturas dialécticas que enfrentan el desarrollo tecnológico con el humanístico y científico, anulamos la posibilidad de que los estudiantes aprendan a combinarlos y afrontar sus distopías. El saber como una torre numantina, infranqueable, que debemos proteger de los enemigos del conocimiento. Infructuosa táctica. Como si el saber fuera un legado inmóvil, eterno y sagrado, no sometido a cambios sociales y tecnológicos que mutan su contenido y forma. 

Reitero: ¿Cómo enseñar a estudiantes que hablan con la IA y le piden que haga cosas por ellos? La pregunta me hizo recordar la famosa novela de K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿No debiéramos, en vez de detectar y perseguir a los replicantes, comprenderlos? En fin. Más preguntas que respuestas. Pero hacérselas en un buen comienzo, ¿no crees?

Resumen visual generado con IA a partir de mi texto

Tomado de IA Educativa 

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