viernes, 7 de marzo de 2014

¿Qué cuestionan los estudiantes en la universidad?

Publicado por: Carlos Bravo Reyes

Si se trata de los contenidos de clase muy poco o nada, esa es mi respuesta y aquí puede parecer que se acaba el artículo, pero recién comienza. El inicio de este comentario tiene que ver con el hijo de cuatro años de un amigo, que unos meses atrás y en una visita a su casa, me atropelló a preguntas de todo tipo, que siempre terminaban con un por qué.

Todos pasamos por esa fase, la curiosidad de conocer las razones de lo que nos rodea es amplia. Para el niño no hay límites, su curiosidad es inagotable y lamentablemente regulada por los mayores.

En la casa no todas las preguntas tienen respuestas, algunas ni siquiera son preguntadas y otras quedaron en el deseo de hacerlas. ¿Y en la escuela? La respuesta es obvia, tenemos que cumplir el programa de la asignatura, ajustarnos a los tiempos, tomar los exámenes, responder los cuestionamientos de los padres y recibir las críticas permanentes.

En la escuela el ensayo y error es poco permitido, para eso está el profesor hacedor de la verdad, lo que dice y hace es poco probable que un alumno pueda cuestionarlo, ni siquiera por curiosidad, menos por rebeldía. Si ese estudiante hace algo que no es lo habitual el profesor sospecha de su actitud y es capaz de reprobarlo y criticarlo. Mi esposa me comentaba del mal recuerdo de una profesora, que le rechazó sus fichas de un libro, por el solo hecho de ser correctas. La respuesta de la maestra, ante su reclamo fue cortante: no te creo, no lo hiciste.

Una alumna de posgrado recordó cuando se le ocurrió preguntarle a la maestra de historia, el lugar dónde Cristóbal Colón estaba enterrado y la maestra molesta por no tener la menor idea de la respuesta la ofendió tanto, que hasta hoy, con más de 20 años de vida profesional le cuesta trabajo hacer preguntas en público.

Ese tipo de profesores siguen existiendo y seguirán transitando por los pasillos de las escuelas, aun cuando se diga lo contrario, es un mal que no tiene aspirina para su cura.

Y en la universidad?

Caricatura del DrC. Fernando Perera
En la universidad pasa algo similar, por no decir igual, la curiosidad de los estudiantes la liquidamos rápidamente con una frase lapidaria: no hay tiempo.

Estamos llenando las aulas de pizarras digitales, dotamos a los profesores de computadoras, extendemos la red Wifi a todo el recinto universitario, pero la curiosidad está en el mejor de los casos dormida, pero muerta en muchos.

El ensayo y error tan necesario para el desarrollo profesional está desterrado de la universidad, si cometes un error no hay tiempo para que lo enmiendes, es un error y sigue siendo un error.

Propongo que meditemos sobre la curiosidad de nuestros estudiantes, como el hijo de mi amigo que en treinta minutos me hizo más de diez preguntas, pidamos a nuestros estudiantes que pregunten, que no se limiten a preguntar. Si no lo sé lo indago, lo buscamos entre todos, pero no liquidemos la curiosidad.

Propongo que mejoremos nuestros exámenes, donde la prueba y el error sea un parámetro valido, que mueva el conocimiento del estudiante a otro nivel, que despierte su curiosidad.

Propongo por último que practiquemos el arte de pensar, de reflexionar sobre la curiosidad, sobre la pregunta, sobre el ensayo y el error y en especial en nuestra forma de estimular la curiosidad. 
 
Este post ha sido publicado originalmente en 366-días (solo 366 entradas). Autorizada por el autor su publicación en este Blog CUED.

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