martes, 26 de marzo de 2019

Humanización, aprendizaje-servicio y espacios virtuales de aprendizaje

Escribe Lorenzo García Aretio
Sin lugar a dudas, las tecnologías de la información y la comunicación han transformado nuestra forma de ver y actuar en el mundo, lo que ha derivado a que también en el sector educativo se haya experimentado una sacudida sin precedentes. Nadie cuestiona que los procesos de enseñanza aprendizaje se ven enriquecidos por las posibilidades que plantean las tecnologías, pero, a la vez, debe ser consciente de que la educación debe iniciar a las nuevas generaciones a saber vivir e interactuar en un mundo tecnologizado e hiperconectado. Ni las relaciones sociales, ni los puestos de trabajo es posible concebirlos ya al margen de la tecnología. Entornos que no pueden ser ajenos a los comportamientos éticos y responsables. 
Por otra parte, la educación superior atraviesa, pedagógicamente hablando, una etapa orientada a la innovación en la que el influjo tecnológico desempeña un rol indiscutible. Universidades de todas las regiones del globo actualizan revisan sus metodologías docentes y el papel que juega la innovación y la investigación en sus relaciones con la sociedad. Entre otras cosas, esto ha supuesto un redescubrimiento de la centralidad de los estudiantes en el proceso educativo, la necesidad de promover aprendizajes más prácticos en las titulaciones y que, además, desarrollen el compromiso cívico de los estudiantes. De esta forma, muchas universidades han implantado políticas de innovación centradas en el aprendizaje y el desarrollo de competencias donde la responsabilidad social de la propia Universidad con la comunidad juega un papel importante. Un ejemplo paradigmático de todo esto son los programas de aprendizaje-servicio (ApS) que se desarrollan, de forma más o menos institucionalizada, en las instituciones universitarias presenciales y a distancia. 
En efecto, al potencial innovador del aprendizaje-servicio cabe sumar las posibilidades transformadoras de las tecnologías digitales en la educación superior, máxime si trabajamos en entornos virtuales de aprendizaje. Nuestro objetivo con este monográfico no es otro que analizar las dinámicas e interacciones que se producen entre ambos mundos: entornos virtuales, tecnologías digitales y aprendizaje-servicio. Mostrando, además, la dimensión solidaria y prosocial que emerge cuando las tecnologías se alinean con una intencionalidad educativa humanista. 
Por tanto, es preciso abrir y ahondar la reflexión sobre estas temáticas que afectan decisivamente al futuro de las universidades virtuales y a distancia. Temáticas que tienen que ver con las posibilidades pedagógicas de las tecnologías digitales en la construcción de ciudadanos responsables y con la expansión de los proyectos de aprendizaje-servicio en el ciberespacio: en qué consiste la modalidad virtual del aprendizaje-servicio; qué particularidades tienen los proyectos de ApS apoyados en entornos virtuales; el papel de las tecnologías y las redes sociales en los proyectos de ApS; cómo no perder de vista el carácter prosocial y solidario de los proyectos de ApS en contextos virtuales, qué aportan las universidades a distancia y virtuales en la transmisión de valores y en la construcción de (ciber)espacios de participación y compromiso cívico. 
Todas estas reflexiones nos llevaron a programar un Monográfico de la RIED. Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, la Revista Iberoamericana de la Educación Digital sobre esta temática y encargamos la coordinación del mismo a dos expertos de la UNED de España: Dra. Marta Ruíz Corbella y Dr. Juan García Gutiérrez.
Para abordar este monográfico, además de proponer este call for papers, contamos con expertos de universidades iberoamericanas, europeas y anglosajonas que ofrecerán una perspectiva suficientemente plural, amplia y enriquecedora de esta temática.
Palabras clave a las que deben atender los artículos remitidos: TIC, educación a distancia, educación virtual, aprendizaje servicio, compromiso ético, educación superior. 
Fecha límite para la entrega de originales, a través de la plataforma de la revista (sección Monográficos): 15 mayo 2019:   http://revistas.uned.es/index.php/ried

Tomado de Contextos universitarios mediados con permiso de su autor

domingo, 24 de marzo de 2019

Estar informado (semanal 23/3/2019)

CUED: Apostar por la Universidad

CUED: Una entrevista a Joseph Renzuli | https://t.co/EZMwd9tyGp

CUED: La universidad en funciones | https://t.co/NoYoR410iP

CUED: El papel de los medios en la visibilización de los más capaces | https://t.co/DLEBT6sGAl

CUED: Sobre el sentido de los procesos de garantía y de mejora de la calidad de la educación universitaria | https://t.co/XVb9pliV0o

Los estudios de grado en las universidades españolas (I): evolución y análisis de la oferta actual | https://t.co/BFyirubqAp

Formação de professores a distância para o uso de jogos digitais na escola: mudanças na prática pedagógica? | Ramos | RIED. Revista Iberoamericana de Educación a Distancia | https://t.co/oc4nh2ovIn

El reto de la tecnología blockchain en la Formación y en la Educación | https://t.co/jngTvfbuHZ

España tendrá un déficit de más de 100.000 jóvenes cualificados en diez años | https://t.co/dGaaWnEKfa

Proyecto Jedi , Decálogo para cambiar la universidad | https://t.co/bntz5nXonG

Las habilidades digitales, claves en el mercado laboral | https://t.co/Ad0N1LjvSm

De los nativos digitales a los smartphones zombies | No Toquen Nada  | https://t.co/EwQz2CixxJ

Zapatero y Rajoy no se “atizan” en la universidad | https://t.co/rsItZGkkYF

"If you use social media then you are not working" – How do social scientists perceive altmetrics and online forms of scholarly communication? | https://t.co/OmRIduG624

Tres hábitos de nuestro alumnado causados por el modelo educativo que lastran el aprendizaje ¿Cómo luchar contra ellos? – | https://t.co/1xt3zO44Eb

Las universidades multiplican los grados, una trampa para ganar alumnos que la privada sí rentabiliza | https://t.co/uXBriXtGjq

Roberto Fernández: 'Es falso que sólo con más dinero ya se hace todo bien' | https://t.co/G2AITYkOPA

La brecha educativa y tecnológica, retos para Europa | Tendencias | EL PAÍS Retina | https://t.co/va2CO3joZW

Cotec: La universidad quiere aprender de la Educación Primaria y Secundaria | Fortuna | https://t.co/mC8ypm6Ndy

Flexibilidad, docentes menos académicos y conexión con la sociedad: recetas de Cotec para "hackear" la universidad | https://t.co/ZYLjLdiAra

¿Qué pasa en Internet durante un minuto en 2019? | https://t.co/AQzo0XaZ4B

eLearning Trends Set To Transform Online Learning In 2019 | https://t.co/x0a3DugQr7

La Universidad de Stanford unirá las ciencias y las humanidades en nuevo hub de investigación de la inteligencia artificial — | https://t.co/zXjwk6zPox

Existe déficit en habilidades críticas en dos tercios del mundo, según estudio de Coursera — | https://t.co/yzvPbIarDw

¿Qué es lifelong learning y en qué consiste? — | https://t.co/qagcn8VuqW

Las contradicciones de la educación » Enrique Dans | https://t.co/Bd28P1uRTM

Marina Gorbis: “Las personas están redescubriendo el valor de las pequeñas interacciones y comunidades” — | https://t.co/4lkIc7I7lP

¿La clave de la curiosidad? Hacer las preguntas correctas — | https://t.co/EC704q0nao

No, el método Montessori no es “aprender jugando” | Mamás y Papás | https://t.co/Uu6uhzlAn0

The Hottest Chat App for Teens Is Google Docs | https://t.co/2W3n83a00g

Diez poderosas ideas para reiniciar la Universidad | https://t.co/BQIdrPHWS1

Should university and college instructors ban cell phones in their classes? | Tony Bates | https://t.co/MjufdGCemW

La incidencia del contexto socioeconómico en el empleo de los egresados universitarios | https://t.co/XxsCQLrISU

La gamificación motiva a alumnos y profesores | https://t.co/950uDedfEv

El escándalo de los sobornos resquebraja el sistema universitario de EE.UU. | https://t.co/aZs1KPqlrK

Las nuevas open research platforms: ¿cambiando las reglas del juego? | https://t.co/kOr0VFolvL

Altmetrics, indicadores alternativos para las revistas de Comunicación de Web of Science  | https://t.co/1gVmtfJAR8

¿Hacia una nueva Ilustración? Una década trascendente. Los grandes avances científicos y tecnológicos de la última década y su impacto | https://t.co/idF6N5i8d6

Donald Clark Plan B: Ai starts to crack the critical thinking... astonishing experiment... | https://t.co/lp97yDTGea

121 Conceptos clave en aprendizaje e innovación educativa | https://t.co/wSRihYoSk6

Mito 3- El e-learning es una formación menos exigente | https://t.co/gSXfiWI6hH

20 años de la Declaración de Bolonia | https://t.co/ySSLQ0aB0b

viernes, 22 de marzo de 2019

Apostar por la Universidad

Escribe Ángel J. Gómez Montoro

El 15 de junio de 2018 publiqué en la tercera de ABC un artículo en el que llamaba a reforzar la confianza en la Universidad en un contexto en el que la institución universitaria ocupaba las principales páginas de los periódicos, y no precisamente por logros académicos o investigadores sino con motivo de unos desafortunados y lamentables casos de mala praxis. En esta entrada se destacan las principales ideas que inspiraron mis reflexiones de entonces. Accedo a ello porque creo que siguen siendo válidas más allá de aquella concreta coyuntura.
Vivimos una época de incertidumbre y cambios acelerados, un contexto en el que como sociedad nos planteamos la eficacia y el sentido de muchos de nuestros tradicionales modos de hacer e, incluso, de no pocas de nuestras instituciones. Un debate tan necesario, pues no se puede vivir de espaldas a la realidad, como delicado, pues se corre el peligro de abandonar fundamentos sólidos por modas pasajeras. La Universidad no queda al margen de este debate y creo que eso no es malo pues lo peor sería el desinterés o la indiferencia.
Si hablamos de reputación universitaria, no hay duda de que Estados Unidos –con sus defectos- puede ser una buena referencia. Es verdad que hablar en general de la universidad norteamericana es ya poco preciso pues bajo ese nombre se encubren realidades muy distintas. Entre sus más de 4.500 instituciones universitarias están las mejores universidades del mundo y también muchas que están bastante por debajo de los estándares europeos. Con todo, poca duda cabe de que las universidades son una de sus principales fortalezas. No es solo que año tras año copen los rankings internacionales. Su investigación, gracias a los recursos públicos y privados que dedican, es objetivamente ejemplar y en sus aulas se forman buena parte de las élites mundiales. Solo hay que darse un paseo por sus campus para confirmar cómo son capaces de atraer y retener el mejor talento de todo el planeta.
Hay sin duda muchos factores que han contribuido a esta situación, pero quisiera detenerme en uno que creo explica en no poca medida su éxito: la cercanía y el compromiso de la sociedad con sus universidades. Los norteamericanos son conscientes de lo mucho que estas han contribuido, y siguen contribuyendo, a que su país sea una potencia mundial. Y las familias reconocen el valor que supone estudiar en la mejor universidad posible, un objetivo al que ‑quizás con excesos- orientan muchos padres toda la educación de sus hijos.
Por otra parte, el interés y el compromiso con la universidad no termina al graduarse. Los lazos afectivos con el alma mater se traducen en importantísimas ayudas económicas. Un alto porcentaje de antiguos alumnos aporta cuotas anuales más o menos generosas y no son excepcionales donaciones millonarias: hace solo unos días los medios informaban de la donación de 100 millones de dólares por parte de un antiguo alumno de Harvard para potenciar la presencia del teatro en la Universidad. Este compromiso les permite formar sus endowments y disponer de fantásticas instalaciones, además de poder ofrecer altos salarios a los mejores profesores o destinar importantes recursos a becas.
Estos datos siguen sorprendiéndonos a los europeos y es cierto que tienen una diversidad de causas, entre ellas, el favorable régimen fiscal de las donaciones. Pero uno de esos elementos es sin duda la idea de que quien triunfa profesionalmente no lo ha hecho solo por sus méritos sino también por la formación recibida, así como la percepción de que hay una obligación moral de devolver a la sociedad parte de lo que se ha recibido.
Más allá de la relación personal que cada universitario americano haya construido con la universidad en la que se gradúo, el interés por el futuro de la Universidad en general es compartido por todos. Frecuentemente, se publican artículos en los medios nacionales destacando avances y logros, pero también denunciando errores y carencias. Problemas como el excesivo endeudamiento de las familias por los créditos al estudio, la preocupación por las agresiones sexuales en los Campus o los más recientes boicots a ponentes polémicos, con lo que supone de limitar la libertad de expresión en un ámbito como el universitario, son, por citar algunos, titulares frecuentes. La sociedad americana percibe su universidad como una institución que, a pesar de sus carencias, contribuye como pocas al desarrollo del país.
Volvamos ahora a nuestra realidad para preguntarnos qué sucede en España. Ese compromiso –que no complacencia- de los norteamericanos contrasta con un cansino espíritu crítico que se refleja en los medios de comunicación y en muchas conversaciones. Se aprecia en la opinión pública una actitud pesimista que ha ido creciendo por las posiciones no ciertamente brillantes –aunque tampoco malas, hay que decir- de las universidades españolas en los rankings internacionales. Y cíclicamente vuelven a surgir debates sobre la endogamia, la inadecuada gobernanza, la lejanía, del mundo empresarial, etc. Unos debates que, por desgracia, no concluyen en propuestas concretas de mejora y, en todo caso, no consiguen los cambios de los que nuestras Universidades están tan necesitadas.
Ante estas críticas, la tentación de la Universidad es adoptar una actitud defensiva y de frustración por lo que considera ataques injustos al no reconocerse la contribución que -muchas veces con escasos y claramente insuficientes recursos- se ha hecho al desarrollo económico y social que ha vivido nuestro país en las últimas décadas.
Aunque entiendo que no es fácil articularlo en propuestas concretas –algo que, no obstante, no es imposible y muchas de ellas han aparecido en este mismo blog- sí tengo claro que si queremos que la situación cambie, es necesario superar esos reproches mutuos. Si de verdad nos creemos que el desarrollo de la sociedad depende en buena medida de la educación y la ciencia, es necesario alinear esfuerzos y trabajar de la mano, sin esperar a que se arreglen todos los problemas, algo que nunca sucederá.
La sociedad no puede ni debe tener una complacencia acrítica con las Universidades, pues ello no ayudaría nada; pero no debería verlas como instituciones ajenas o distantes, o limitarse a criticar su ineficiencia o sus defectos como si fuera un espectador ajeno. Por parte de las universidades, debe haber un compromiso para acometer las reformas necesarias, aunque muchas de ellas requerirán también decisiones políticas que van más allá de su capacidad de decisión. Y estoy convencido de que, si queremos que el sistema mejore, las reformas deberían potenciar la autonomía y la competitividad, una de las claves del éxito del modelo norteamericano a la que me referí ya en otra entrada de este blog (ver aquí y aquí)
A nuestro sistema le sobra rigidez (y las últimas reformas, con la ingente burocracia que han supuesto, no han venido precisamente a disminuirla). Los que gobiernan las universidades -especialmente las públicas- tienen un escaso margen de decisión para definir su modelo y no pueden seleccionar a su profesorado ni a la mayoría de su personal de administración y servicios. A ello se suma la escasa movilidad del alumnado (que prefiere estudiar en su Comunidad Autónoma o en su propia ciudad), y del profesorado, que acostumbra a concentrar su vida académica en la misma universidad (en la que, con frecuencia, también ha estudiado).
No puedo detenerme en cómo llevar a cabo esos cambios pero sí quiero dejar claro que no soy partidario de imponerlos; es más, creo que muchas universidades pueden seguir con el perfil actual, dando un servicio sobre todo a la Comunidad Autónoma que la financia (aunque desde luego habría que repasar los mapas de titulaciones de cada una de ellas para ver cómo hacer sistemas universitarios más eficientes y que garanticen un mejor uso de los recursos públicos). Lo que propongo es que aquellas otras universidades que, de acuerdo con su Comunidad Autónoma, quieran cambiar, puedan hacerlo. Si se me permite la comparación, deberíamos ir hacia un sistema en el que la mayoría de las universidades jueguen la liga nacional, con un nivel de calidad alto, pero donde algunas puedan jugar la Champions. Y estoy convencido de que esa diversificación sería muy beneficiosa para el conjunto y no solo para las Universidades capaces de posicionarse mejor.
Esto requiere algunos cambios importantes: en primer lugar, en el modelo de gobierno de las universidades públicas, algo que han hecho otros países con buenos resultados; requiere, asimismo, un sistema más flexible de retribución del profesorado, que permita a las universidades atraer a buenos académicos ‑nacionales e internacionales- mediante mejoras salariales y materiales. Y requiere, por último, favorecer la movilidad del alumnado, lo que pasa por mejorar el actual sistema de becas, pues solo si los mejores estudiantes pueden elegir los mejores centros, con independencia de su renta y del lugar en el que vivan, habrá verdadera competencia (véase al respecto la interesante entrada de Juan Hernández Armenteros publicado hace unos días en este blog).
Esos son, por otra parte, pasos imprescindibles para la internacionalización, es decir, para poder atraer talento -tanto en alumnos como en profesores- de cualquier parte del mundo. España está en una posición óptima para atraer estudiantes de Latinoamérica, pero también de otros países, pues el conocimiento del castellano es algo muy atractivo para quienes ya dominan el inglés. Podemos –y deberíamos- tener en nuestros grados –en el posgrado esa presencia es ya mayor- un porcentaje importante de estudiantes internacionales. Y no hablo desde la teoría: permítanme que me refiera a mi propia Universidad donde en este curso 2018/19 el 25 por ciento de los alumnos que han empezado sus grados proceden de fuera de España.
Hay desde luego mucho que hacer, pero no podemos avanzar desde la crítica estéril y mucho menos desde la desconfianza. Solo tendremos universidades excelentes si como sociedad apostamos por ellas, las sentimos como propias y nos comprometemos –con recursos económicos y las reformas políticas necesarias–a su éxito.

Tomado del blog de Studia XXI con permiso de sus editores

jueves, 21 de marzo de 2019

"Yo no lo veo...", o el papel de los medios en la visibilización de los más capaces

Escribe Javier Tourón


En esta entrada quiero recuperar dos informaciones aparecidas en distinto soporte y momentos, pero que pueden tener su interés como resúmen de tantas ideas sobre los más capaces, su identificación y su educación.

La primera es una entrevista que apareció en el diario La Rioja en diciembre del año 2017. La he releído y sigo bastante de acuerdo con lo dicho.
El otro documento es una entrevista en vídeo que me hicieron y se publicó posteriormente en el canal de una asociación de padres.
Ambos documentos pueden tener interés a modo de resumen. La cuestión es: ¿cuándo cambiará la escuela para abordar las necesidades de todos los escolares?, ¿cuándo las Administraciones legislarán adecuadamente y harán cumplir lo legislado? Por decirlo no será.
Una palabra final para destacar la importancia que los medios de comunicación pueden tener en la tarea de difundir conocimiento y crear una cierta sensibilidad positiva hacia los temas educativos, en particular al que nos ocupa. El impacto es tan grande que también es preciso apelar a la responsabilidad y el rigor a la hora de elaborar reportajes que no siempre ponderan adecuadamente los conocimientos disponibles, o ponen en plano de igualdad las opiniones de unos con las evidencias de otros. Sobre las altas capacidades, su identificación y tratamiento educativo está todo, o casi todo escrito. Hay muchas evidencias científicas y sería bueno que los que escriben "desde fuera" lo tuviesen en cuenta.


Tomado de Javier Tourón con permiso de su autor

miércoles, 20 de marzo de 2019

Sobre el sentido de los procesos de garantía y de mejora de la calidad de la educación universitaria

Escribe José María Nyssen

El momento actual pone sobre la mesa nuevos desafíos de variada índole en los que, crecientemente, se llama a la Universidad a tomar parte como un actor fundamental a la hora de afrontarlos. No constituye novedad digna de mención resaltar este hecho. Ahora bien, cabe reflexionar sobre cómo se está dando respuesta a tales desafíos, y en qué medida los procesos de garantía de la calidad juegan o pueden llegar a jugar aquí un papel importante.
No es baladí insistir en que las políticas que, en relación a la garantía de la calidad universitaria, ponen en funcionamiento los gobiernos, las universidades y las agencias de evaluación, habrían de estar de manera importante al servicio de los objetivos dados a la educación superior -también entendida ésta como bien público- en los marcos generales propuestos desde foros como UNESCO (1998 y 2009), el Espacio Europeo de Educación Superior -EEES- (Ministros europeos de educación superior, 1999), Consejo de Europa (2007) y Unión Europea (Parlamento Europeo, 2012).
Como en años anteriores, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), a través de su Informe sobre el estado de la evaluación externa de la calidad en las universidades españolas, ofrece un análisis de situación de la repercusión de las actuaciones de evaluación externa de la calidad en el sistema universitario español y su evolución, incidiendo en la reflexión sobre diversos asuntos de importancia para propiciar la mejora en los procesos y en los resultados vinculados a tales actuaciones. Y lo hace tratando varios temas distribuidos en cuatro grandes bloques.
El primero de éstos bloques se centra en los procesos de evaluación encaminados a la mejora de la calidad de los títulos oficiales universitarios enmarcados en el EEES. Además, presta atención a la futura convivencia de la acreditación de títulos con la acreditación institucional y sus posibles implicaciones. También dentro de este bloque el informe se detiene en las actuaciones de evaluación encaminadas a la concesión de sellos internacionales de calidad a títulos universitarios de grado y de máster como reconocimiento de su orientación profesional en determinados ámbitos.
El segundo bloque se ocupa de la mejora de la calidad en las instituciones y centros de educación superior universitaria. Aquí, se examinan los procesos de evaluación de los sistemas de aseguramiento interno de la calidad de tales centros e instituciones y, en conexión con dichos sistemas, de las actuaciones puestas en funcionamiento desde las universidades para revisar y promover la mejora de la calidad docente. Asimismo, relacionado con los anteriores procesos de evaluación, se reflexiona sobre la nueva acreditación institucional dado el importante papel que ésta está llamada a desempeñar, así como sobre la incidencia que puede tener en otras iniciativas de evaluación externa vigentes.
El tercer bloque del informe da claves sobre la repercusión de los resultados desprendidos de los procesos de evaluación del personal docente investigador (PDI), bien encaminados al reconocimiento de la actividad del PDI en el ejercicio de sus funciones dentro de las universidades, o bien encaminados a la acreditación de candidatos para el acceso a plazas de PDI contratado o funcionario.
Ahora bien, llegados a este punto y considerando los contenidos anteriores, es en el cuarto bloque del informe en el que aquí nos detendremos pues incorpora algunas reflexiones de relevancia sobre la mejora de la calidad enfocada específicamente a la consecución de los objetivos de la educación universitaria a los que se aludía inicialmente.
Los llamados ‘sistemas de garantía de la calidad’, los ‘marcos de cualificaciones’ y los ‘ránquines universitarios’, entre otros, han entrado a formar parte de un entramado instrumental que, al ser concretados en su parte sustantiva, tienen repercusiones directas y evidentes en el comportamiento de la comunidad universitaria a la hora de afrontar su misión y, por extensión, en el resto de la sociedad.
Aun atendiendo al debido respeto a la autonomía de las universidades, una de las cuestiones más importantes en el debate actual de la educación universitaria plantea si, efectivamente, los sistemas universitarios están prestando suficiente atención al conjunto de los objetivos fundamentales de dicha educación o si, por contra, se están centrando solo en una parte de dichos objetivos y apenas están empleando esfuerzos en la consecución de otros también relevantes. Y, en consonancia, surge la pregunta sobre si pudiera estar ocurriendo esto último también con los procesos de garantía de la calidad que contribuyen a orientar a las universidades y a facilitar a éstas mecanismos de rendición de cuentas.
El hecho de no prestar una atención explícita y sistemática a los diferentes objetivos fundamentales de la educación puede generar desequilibrios importantes en cuanto a la atención real que se presta a unos y otros objetivos, e incluso que algunos de ellos, aun siendo importantes, queden relegados en la práctica a un segundo plano.
Así, por ejemplo, se advierte desde determinados foros que “la educación superior debe no solo proporcionar competencias sólidas para el mundo de hoy y de mañana, sino contribuir además a la formación de ciudadanos dotados de principios éticos, comprometidos con la construcción de la paz, la defensa de los derechos humanos y los valores de la democracia (UNESCO, 2009); y, por tanto, se pone de manifiesto el importante papel llamado a desempeñar a la educación superior en muy diferentes facetas a la hora de afrontar retos, entre los que cabría mencionar la inclusión de colectivos con dificultades, la equidad en el acceso a una educación de calidad y en el éxito en su consecución, la sostenibilidad, la internacionalización, etc. Asimismo, dentro de las prioridades que se destacan en el último comunicado de ministros de los países que conforman el EEES (Ministros de educación superior, 2018) se cita el interés por procurar la mejora de la calidad y la relevancia del aprendizaje y la enseñanza, fortalecer la empleabilidad de los titulados y la ciudadanía participativa en sociedades democráticas, así como hacer los sistemas educativos más inclusivos.
De acuerdo con estos ejemplos, varios organismos supranacionales ya ofrecen referentes concretos, entre otros, sobre ciudadanía democrática (CoE, 2016) o desarrollo sostenible en un sentido amplio (UNESCO, 2017); con lo que, al igual que sucede con la revisión en el cumplimiento de aspectos reflejados en los marcos de cualificaciones de los países del EEES, cabría plantearse prestar una mayor atención a este tipo de referentes en ciertos procesos de garantía de calidad aún con un marcado sesgo procedimental y no claramente consciente de la diversidad de objetivos encomendados por la sociedad a la educación superior.
De este modo, entendiendo que los procesos de garantía de calidad tienen un alcance significativo, cabe intentar que los efectos que producen estén claramente al servicio del conjunto de los objetivos fundamentales de la educación universitaria y, por tanto, de las demandas de los estudiantes y la sociedad.
Se trataría aquí, en definitiva, de que los principales objetivos de la educación superior, atendidos por las universidades a través de varias de sus funciones y actuaciones, se vean progresiva y sistemáticamente respaldados en su conjunto de una forma explícita y directa por procesos de garantía de la calidad; pues ello facilitará que tales procesos puedan orientar, acompañar y animar decididamente en el logro equilibrado de tales objetivos.

Referencias
ANECA (2018). Informe sobre el estado de la evaluación externa de la calidad en las universidades españolas. Recuperado de: http://www.aneca.es/content/download/14432/178283/file/informe_calidaddeunis17_181026.pdf
Council of Europe (2007). Recommendation Rec (2007) 6 of the Committee of Ministers[of the Council of Europe] to member states on the Public Responsibility for Higher Education and Research. Recuperado de: https://www.coe.int/t/dg4/highereducation/news/pub_res_en.pdf.
Council of Europe (2016). Competences for Democratic Culture. Living together as equals in culturally diverse democratic societies. Strasbourg: Council of Europe. Recuperado de: https://rm.coe.int/CoERMPublicCommonSearchServices/DisplayDCTMContent?documentId=09000016806ccc07.
Ministros europeos de educación superior (1999). The Bologna Declaration of 19 June 1999. Joint declaration of the European Ministers of Education. Recuperado de: http://www.ehea.info/Uploads/Declarations/BOLOGNA_DECLARATION1.pdf.
Ministros europeos de educación superior (2018). Paris Communiqué. Recuperado de: http://www.ehea.info/media.ehea.info/file/2018_Paris/77/1/EHEAParis2018_Communique_final_952771.pdf
Parlamento Europeo (2012). Resolución del Parlamento Europeo, de 20 de abril de 2012, sobre la modernización de los sistemas de educación superior en Europa (2011/2294(INI)). (2013/C 258 E/08). Recuperado de: http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//TEXT+TA+P7-TA-2012-0139+0+DOC+XML+V0//ES.
UNESCO (1998). World Declaration on Higher Education for the Twenty-first Century: Vision and Action. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001419/141952e.pdf.
UNESCO (2009). Comunicado. Conferencia Mundial sobre la Educación Superior – 2009: La nueva dinámica de la educación superior y la investigación para el cambio social y el desarrollo (Sede de la UNESCO, París, 5-8 de julio de 2009). Paris: UNESCO. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001832/183277s.pdf.
UNESCO (2017). Educación para los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Objetivos de aprendizaje. Paris: UNESCO. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0025/002524/252423s.pdf.

Tomado del Blog de Studia XXI con permiso de sus editores