viernes, 18 de enero de 2019

Y mi plaza, ¿cuándo sale?

Escribe Neila Campos

Esta es seguramente una de las preguntas más políticamente incorrectas que uno puede hacer en la Universidad, ya que las plazas que se convocan son públicas y, por tanto, no son de nadie. Si uno lleva un tiempo trabajando en el ámbito universitario, podría preguntarse, como mucho, “cuándo saldrá una plaza a la que yo me pueda presentar”. Así, en teoría, se convoca la plaza, uno se presenta y, si es el mejor, la obtiene.
Eso parece muy fácil de decir, pero hay un factor del que nos estamos olvidando. En cualquier entorno laboral normalmente hay una trayectoria profesional: uno comienza por el nivel más bajo del escalafón y, si es competente y hace bien su trabajo, va ascendiendo escalones. Quizá el trabajador puede empezar pasando un período de prueba y, si la supera, avanzar a la siguiente fase.
Más o menos eso es lo que se hace en las universidades de la mayoría de los países punteros en el mundo: un profesor universitario ha de pasar un “período de prueba” cuya duración es fija (normalmente entre cuatro y seis años), y después de dicho período la universidad decide si la persona es adecuada o no para ocupar un puesto de plantilla. El candidato sabe que durante ese período ha de alcanzar determinadas metas en cuanto a investigación y docencia, y pasa evaluaciones intermedias que le ayudan a saber si está cumpliendo los objetivos o si por el contrario debe esforzarse más.
Dicho sistema es lo que suele llamarse en inglés tenure track, que podría traducirse como “camino hacia la posición fija”. Lo cual significa, entre otras cosas, que en estas universidades hay un camino y que desde el principio está claro cómo recorrerlo y en cuánto tiempo. Nadie tiene que preguntarse “cuándo sale su plaza”. Pero en el sistema español a veces parece que no hay camino, y ni siquiera se hace al andar.
Track también tiene en inglés el sentido de monitorizar. El candidato es monitorizado durante todo el tiempo que dura esta fase; proceso que puede culminar con una evaluación final, pero que no depende solo de ella. Después, una vez conseguida la plaza fija o de plantilla, similares criterios se pueden utilizar para que el docente continúe ascendiendo en el escalafón: se monitoriza su desempeño a lo largo de los años y, si es satisfactorio, se le sigue promocionando.
Estas universidades saben la importancia de estabilizar a una plantilla de calidad. Y también saben la importancia de incorporar nuevos talentos. Por eso, cuando convocan públicamente una plaza para atraer a los mejores candidatos y así abrir la puerta a aires nuevos, ello no interfiere para nada en la promoción de los profesores en tenure track: se trata de dos procesos independientes.
Los sistemas tipo tenure track, con distintas variantes y matices, se utilizan en países como Estados Unidos, Canadá, y desde hace unos años en la mayor parte de la Unión Europea, salvo de momento excepciones como Gran Bretaña, Francia y España. En algunos países sirve para alcanzar el estatus funcionarial o equivalente; en otros no existe dicho estatus sino el de contrato indefinido o permanente que se puede revocar bajo determinadas circunstancias. También, en algunos lugares se valora, y en otros se exige, que antes de entrar en el período de prueba el candidato haya trabajado durante un tiempo fuera de la misma universidad.
En nuestro país, como es sabido, sí existe para el profesorado universitario el estatus funcionarial.  Pero el camino para alcanzarlo dista mucho de estar claro.
Por ejemplo, supongamos que se convoca –sin que sea previsible cuándo– una plaza de profesor titular. Esto puede servir para dos cosas: para estabilizar a un miembro de la plantilla ya existente, si éste se presenta a la plaza, o bien para incorporar a una nueva adquisición. Pero no las dos cosas, porque la plaza solo es una. Esto pone en una situación muy incómoda a todos: al candidato nuevo, porque piensa que ya hay un aspirante “dentro”; al que ya está dentro, porque alguien “de fuera” va a interferir en su trayectoria de promoción; y al tribunal, porque tiene que elegir entre incorporar y estabilizar, cuando ambas son vitales e imprescindibles para la universidad y no deberían nunca entrar en conflicto.
Esto último resulta más evidente si tenemos en cuenta que algunas figuras docentes en nuestro país tienen fecha de caducidad, como por ejemplo las figuras de profesor ayudante y ayudante doctor, que solo se pueden ocupar durante 4+4 años. Si se acaba el tiempo, la persona ya no puede continuar con la misma figura, ni siquiera en otra universidad española. Con lo cual, pasado ese período, uno puede fácilmente irse “a la calle”incluso aunque haya cumplido los objetivos en su trabajoPara ello, solo hace falta que cuando “salga la plaza” ocurra la casualidad de que se presente otra persona con un mejor currículum. Estas perspectivas conducen a confusión y falta de claridad en el planteamiento de la trayectoria profesional, además de contribuir al desánimo entre quienes eligen la carrera académica. ¿Sucede alguna situación similar en otros ámbitos laborales?
Señalemos que en las universidades con tenure track también el candidato puede “suspender” la evaluación, y en ese caso igualmente se va “a la calle”Pero eso dependerá exclusivamente de sus propios méritos –o de la falta de ellos–, y no del factor (fundamentalmente aleatorio) de quién acierte a presentarse en ese momento a la misma plaza. También es posible que, en algunos sistemas, el número de plazas fijas ofrecidas sea menor que el número de aspirantes en tenure track, por lo cual se produce necesariamente una selección, limitada en este caso a la promoción interna.
Por otra parte, nuestro sistema de plazas abiertas -si creemos que la intención es buena- está diseñado supuestamente para seleccionar a los mejores. Si alguien tiene más méritos en su currículum, ¿qué importa si esa persona viene de “fuera” o de “dentro”? ¿No es bueno elegir siempre a los mejores? (aunque esto dependerá de lo que uno entienda por “mejores”, claro).
Ese es un modo de ver las cosas. Pero también los sistemas tipo tenure track seleccionan a los mejores, y no solo los eligen sino que además los retienen. Los mejores tendrán que lograr entrar y, una vez allí, tendrán que lograr mantenerse. Captar y retener al talento es fundamental para la supervivencia de la universidad, la cual ha de ofrecer cierta estabilidad laboral. Si no, una buena parte de los más capacitados se irá -mejor dicho, se seguirá yendo- a otros países, o a la siempre mejor pagada empresa privada.
En definitiva, si en esta trayectoria profesional no hay mecanismos de promoción interna, dicha promoción habrá de efectuarse de la única manera posible: mediante la convocatoria de una plaza abierta a todas las candidaturas.
La tan traída y llevada endogamia universitaria parece muy difícil de erradicar, pero quizá la situación mejoraría con un adecuado diseño y regulación de la carrera académica, incluyendo adoptar un sistema en que la incorporación de nuevo personal y la promoción de la plantilla no se estorben mutuamente. Así podría darse a cada una de las dos facetas la importancia que se merece para el desarrollo de una universidad de calidad.
La reivindicación de una carrera académica bien diseñada y estable en nuestro país es uno de los puntos del Decálogo de La Facultad Invisible.
Tomado del Blog de Studia XXI con permiso de sus editores

jueves, 17 de enero de 2019

5ª Edición de STM Report

Escribe Marta Ruiz Corbella. Editora de Educación XX1 y de Aula Magna 2.0
Desde hace 12 años esta asociación lleva a cabo un análisis sobre la situación y evolución de los elementos clave de la edición de las revistas científicas pertenecientes a su Asociación, proporcionando una interesante revisión de la comunicación científica, la evolución de los diferentes ámbitos de la edición y las innovaciones que se producen en este campo. Aunque se centre en las publicaciones asociadas a este consorcio, es un indudable referente en este campo. En cuanto al contenido que aborda este informe, se centra en la comunicación científica, las revistas, el acceso abierto en estas publicaciones, y los avances tecnológicos en la edición de estas revistas como grandes apartados.
Es sintomático que el número revistas y de artículos publicados cada año crece de manera sostenida durante las últimas décadas  en una proporción de, aproximadamente, un 3,5% por año. Ahora, debemos ser conscientes de que en los últimos años, este crecimiento se ha acelerado a un 5% por año. La razón de este incremento es el crecimiento de los gastos en investigación y desarrollo, junto con el aumento del número de investigadores. Y en este punto, por primera vez, China ha superado a los Estados Unidos al convertirse en el principal productor de investigación a nivel mundial. 
Retomando este quinto Informe, en él se continua insistiendo en que las revistas son parte clave del proceso comunicación académica, a la vez que parte fundamental del proceso de la investigación científica. Esto se debe a que todavía se mantienen como referentes para el registro de la producción bibliográfica del autor; el mantenimiento de la calidad a través de la revisión por pares y la prestación de su conservación y recuperación. Además, la comunidad científica sigue valorando los temas de calidad y confianza que aportan las revistas científicas, y cuestionan otros canales de comunicación científica que no estén sujetos a la revisión por pares o no presenten un reconocimiento por parte de esta comunidad.
Destacan la evolución de la publicación científica hacia un proceso continuo, en el que la edición se lleva a cabo de forma inmediata, vinculada a los datos de la investigación. Continúan manteniendo la revisión por pares como fase clave para los académicos, aunque son conscientes de las deficiencias que deben ser solventadas. Esto se debe, en parte al crecimiento en investigación y a que están surgiendo voces que reclaman un proceso más transparente, proponiendo nuevas fórmulas para la revisión de los originales.
En cuanto al uso de las redes sociales para la comunicación científica, el correo electrónico continua siendo el medio estrella, aunque Twitter se va convirtiendo en un medio cada vez más común entre este colectivo. Otra vía muy usada es ResearchGate, que se utiliza más como presentación del perfil científico, que como canal de comunicación.
Otro punto conflictivo se centra en el Factor de Impacto, ámbito en el que las crecientes propuestas de métricas alternativas están alcanzando mayor reconocimiento entre la comunidad científica.
Otros muchos temas son abordados en este Informe, por lo que invitamos a leerlo.
Tomado de Aula Magna 2.0 con permiso de sus editores

miércoles, 16 de enero de 2019

La voz de los estudiantes en la Universidad

Escribe Iker Del Var Suárez

Desde el pupitre del estudiante, la universidad se ve de manera diferente. Mi experiencia este año en la universidad española, teñida por cierta desilusión, me lleva a escribir estas líneas, con el ánimo de poder trascender las conversaciones y quejas entre compañeros y llegar a un espacio de debate constructivo.
Como estudiante, uno llega a la universidad con la esperanza de encontrar los conocimientos que le formarán como persona y ciudadano. Y, si bien, por supuesto, la mayoría de los profesores corresponden tales expectativas, es cierto que algunos otros no.
En mi experiencia en la universidad, he encontrado profesores que no vienen a clase, o pierden la mitad del tiempo lectivo con sus retrasos, improvisan manifiestamente la lección, no siguen ningún tipo de programa, expresan su indiferencia ante el curso enseñado… Éstas son realidades que, aunque no habituales, se dan hoy en día en nuestras universidades.
En estos casos concretos –que, es preciso resaltar, no son tan frecuentes–, como estudiantes, es fácil que nos frustremos y, en último término, sintamos cierta decepción. Muchos de nosotros, en estos casos, caemos en una espiral que nos lleva a perder nuestra motivación inicial. Muchas veces, además, estos profesores no reciben una crítica constructiva que les permita mejorar. En esta situación nadie sale beneficiado: los docentes quedan indiferentes y nosotros desorientados. No es culpa de ninguno de los dos; creo que, por el contrario, simplemente hay una falta comunicación entre las partes.
Nosotros sabemos de la importancia y la grandeza de la universidad. Es más, venimos con ganas de beber de ella y empoderarnos: la universidad es el futuro de nuestra sociedad, el núcleo de nuestros horizontes. De manera que ¿cómo podríamos volver a estimular esa inquietud por enseñar en aquellos docentes faltos de ilusión? ¿Cómo podemos mejorar estas situaciones para crear espacios educativos sanos para alumno y profesor?
Un lugar por el que comenzar sería aumentar los estímulos positivos que damos al profesorado en nuestras instituciones. Por ejemplo, instaurar premios anuales a los mejores docentes, basándose en los votos tanto de colegas como de estudiantes. Ello incentivaría un mayor dinamismo pedagógico y dinámicas más interactivas, involucrando y motivando de igual manera a estudiante y docente. Algo tan simple y simbólico como esto introduciría en el debate público de la universidad el crucial tema de la mejora de nuestra educación, y nos permitiría fortalecer nuestras relaciones para, juntos, emprender esta tarea.
De la parte de los estudiantes, por supuesto, también hay responsabilidad, y creo que más de uno de nosotros estaría dispuesto a aceptarlo y mejorar. Pero para unir nuestros esfuerzos y hacerlo colectivamente, docentes y estudiantes, es preciso que nos comuniquemos; que nos expresemos y que compartamos nuestras inquietudes entre nosotros. Para llegar a ideas innovadoras necesitamos pensar juntos.
Es por ello que creo que el diálogo es no solo necesario, sino que guarda un gran potencial para la educación. Un diálogo más allá de los rígidos marcos institucionales de los consejos universitarios, quizá enmarcado en metodologías nuevas, voluntarias y sugerentes. En espacios innovadores donde administradores, docentes y estudiantes pudieran discutir e intercambiar ideas con miras en mejorar nuestra educación y el ambiente laboral universitario, así como la calidad de nuestras instituciones educativas. Donde veamos como la inquietud del profesor no tiene porque ser incompatible con la del estudiante. Y donde juntos podamos luchar por una mejora de nuestra educación y de nuestro día a día.
En la universidad, como en todo lugar, no todo es ideal. Pero para luchar por que lo sea, debemos partir de la comunidad de experiencias. Y el diálogo es clave para emprender ese camino.
Tomado del Blog de Studia XXI con permiso de sus editores

lunes, 14 de enero de 2019

Una asignatura pendiente: la educación ética y del carácter en la universidad

Escribe José María Torralba

"Spain is different”. Este eslogan turístico –que trae a la memoria épocas felizmente pasadas– sigue describiendo numerosos aspectos de nuestro país. En el debate público y en la vitalidad de la sociedad civil algunos miramos con cierta envidia a otros países de nuestro entorno. En el ámbito universitario, sin ignorar las fortalezas del sistema educativo e investigador, todos somos conscientes de las asignaturas pendientes que tenemos.
Sin embargo, en mi opinión, una de esas asignaturas pendientes pasa con frecuencia desapercibida. Me refiero a la educación ética en las universidades. Una rápida consulta a los planes de estudios de varios centros académicos revela que, por ejemplo, en grados como Administración y Dirección de Empresas es habitual que no haya ningún curso de ética de los negocios o responsabilidad social. Y algo similar ocurre en otras titulaciones con claras implicaciones para la sociedad, como por ejemplo las relacionadas con la investigación científica o la enseñanza escolar.
Es ya un lugar común afirmar que las causas de la última crisis económica se encuentran –al menos, en parte– en los valores que guiaron las políticas económicas y la mentalidad de las personas: la famosa “cultura del pelotazo”, la especulación financiera, la falta de honestidad o valentía de algunos reguladores, etc. De hecho, así se llegó a reconocer en el Foro Económico de Davos en 2010: “Nuestra visión del mundo fue errónea. Por tanto, lo que tenemos que corregir es nuestra visión del mundo”. Esta afirmación indica, acertadamente, que en cuestiones sociales y políticas lo decisivo es –casi siempre– la cultura y no tanto las regulaciones y los procedimientos. Sin embargo, ahora que la economía parece ir mejorando, a pesar de que ha habido modificaciones legislativas, las tendencias sociales continúan en la misma línea, de modo que el riesgo de que se repita una crisis similar no está mucho más lejos que hace diez años.
¿Quién es el responsable de que las cosas cambien en la sociedad? La respuesta habitual en nuestras latitudes es: el Estado y los políticos. Sin pretender quitarles ninguna responsabilidad (es su trabajo), me atrevería a decir que, en este aspecto, tan responsable o más es la institución universitaria. Es ella quien prepara a los futuros profesionales. Además, sus campus reciben a los nuevos ciudadanos y futuros dirigentes sociales, precisamente en unas edades que son decisivas para el desarrollo y maduración de las personas.
Un pequeño signo de esta toma de conciencia son las mejoras que escuelas de negocios de muy diversos países han ido introduciendo en sus planes de estudio. Quizá el obstáculo que haya en nuestro país para tomar con más decisión esa senda sea que se considera que la ética es un asunto privado. La ética no pertenecería a la esfera pública, ya que esta debería ser moralmente neutra. Parece que en sociedades democráticas como las nuestras, donde coexiste una creciente pluralidad de opiniones sobre la moral y los valores, el objetivo sería alcanzar consensos fácticos que permitan a cada uno dirigir su vida como mejor le parezca (mientras no interfiera con otros), sin que en ningún caso se impongan valores privados a los demás o a la sociedad. Pero, en realidad, la vida social democrática se basa en ciertos valores morales compartidos.
En el ámbito de la educación primaria y secundaria ha habido un cambio radical a este respecto en los últimos decenios. Tras décadas de debates, hay una clara conciencia sobre la necesidad de introducir programas de educación ética y del carácter en ese nivel educativo. Lo moral es un aspecto esencial de la educación y la buena salud de la sociedad depende de que se cultive y desarrolle. Sin embargo, se podría objetar que a la universidad llegan personas que ya han alcanzado la mayoría de edad y, por tanto, sería impropio pretender “influir” en su visión de la vida ofreciéndoles formación ética. De hecho, hay algunos estudios que reflejan la presencia de esta mentalidad entre nuestros profesores.
Sin embargo, me gustaría argumentar brevemente por qué se trata de una visión desenfocada. Por un lado, también en la educación superior las tendencias internacionales van en esa misma dirección. Según se explica en el excelente libro Debating Moral Education. Rethinking the Role of the Modern University, el debate ya no está en si corresponde a la universidad ofrecer educación ética, sino en determinar cuál es el mejor modo de hacerlo. La razón es que resulta inevitable transmitir valores y actitudes morales, tanto institucionalmente (con las decisiones y las políticas que se adoptan), como individualmente (pues los profesores enseñan tanto con lo que dicen como con lo que hacen). Del profesor no sólo se aprenden contenidos, sino también un modo de ser: cómo se enseña y se practica la ciencia o el derecho. Además, en el ámbito educativo siempre aparecen cuestiones de justicia, convivencia y servicio; e inspirar a los estudiantes y motivarles personalmente es tan importante como conocer la materia y dar buenas clases. Se quiera o no, todos damos ejemplo (positivo o negativo).
Por otro lado, los universitarios de nuestro país afirman que esperan recibir formación en “valores y actitudes sobre la vida”, como reflejan algunas encuestas realizadas en universidades públicas. Con independencia de la representatividad estadística de esos estudios, parece claro que la preparación profesional no se puede limitar a ofrecer conocimientos técnicos, puesto que todos deberán enfrentarse a problemas y dilemas éticos en el desempeño de su profesión. Y esos dilemas les afectarán personalmente, en sus vidas.

En este sentido, la educación ética no puede limitarse sólo a los conocimientos teóricos (ser capaz de juzgar qué es lo correcto), sino que también debe tomar en consideración el cultivo del carácter y el desarrollo de la personalidad (cómo llevar a la práctica esos juicios y convertirse en un honrado profesional, por ejemplo). Ciertamente, puede haber distintos modelos y planteamientos en la formación ética, pero a la vista de nuestra historia reciente ya no debería resultar dudosa su necesidad. Esta formación siempre deberá ofrecerse desde la libertad, pues el objetivo es precisamente ayudar a educar personas libres interesadas en el bien de la sociedad y no sólo en su beneficio particular. Además de la libertad, su contenido serían, casi por sentido común, algunos valores fundamentales: la integridad, la verdad y la honestidad, la beneficencia o el respeto por cada persona, entre otros.
A pesar del pesimismo con el que comenzaban estas líneas, en nuestro país ya se trabaja en esta dirección. Pienso, entre otras iniciativas, en el “Proyecto Ética” de la Facultad de Economía de Valencia (en colaboración con el Instituto IECO); en el grupo de “Ética de la virtud” en las profesiones de la Universidad de Navarra; en el proyecto de “Éticas aplicadas” de la Facultad de Filosofía de Valencia; o en el encuentro anual de “Profesores de Ética de las profesiones” de la Pontificia de Comillas. A estas iniciativas se suma la próxima celebración de un congreso europeo sobre educación del carácter a partir de la lectura de los clásicos (antiguos y modernos). De esas lecturas no sólo se aprenden valores éticos, sino también la forma de encarnarlos personalmente y en la sociedad. Hace un año, el Nobel de Economía Edmund Phelps declaraba que nuestro problema es que desde hace treinta años “estamos educando a la gente para que busque el empleo mejor pagado”. En cambio, lo que necesitamos son soñadores capaces de innovar y cambiar el statu quo social y económico. Y para eso, por extraño que parezca, lo que recomienda es precisamente que los estudiantes universitarios lean a los grandes de la literatura y el pensamiento. No en vano es profesor de Columbia, la universidad pionera en esta manera de entender la misión de la universidad.
Tomado del Blog de Studia XXI con permiso de sus editores

sábado, 12 de enero de 2019

Estar informado (semanal 12/1/2019)


RIED: Nuevo número de RIED (enero 2019) | https://t.co/WHLmzZjNVQ

La contribución de RIED en 30 años de actividad científica | Schmitt Nunes | https://t.co/BbPAiXMK9w


La Universidad británica alerta de la fuga de talentos por el Brexit | https://t.co/Boqlos5yi0

Empezar la carrera en Roma, seguir en Bruselas y acabarla en Madrid | Sociedad | https://t.co/VmPrLQZ0Tu

'Las universidades anglosajonas tienen una ventaja en los rankings por el idioma' (Ben Sowter, Director del ranking QS) | https://t.co/hGlFz7lX2S

The Evolving Transactional Nature of Credentialing: The Future of Alternative Credentials | https://t.co/AYez70qKXh

Los MOOC están muy vivos. Respuestas a algunas preguntas | García Aretio | https://t.co/CGopyR1yNc

Does Higher Education Still Prepare People for Jobs? | https://t.co/0kXn8ia8AN

The Future of MOOCs Must Be Decolonized | https://t.co/DlZDE0Ug8P

El debate sobre el pensamiento computacional en educación | Jordi Adell  | https://t.co/bnD3a0YxsN

Tecnología para la enseñanza y el aprendizaje de lenguas extranjeras: revisión de la literatura | Fernando Trujillo | https://t.co/CqvPPP2UPq

El Gobierno alarma a la Universidad al endosarle las cotizaciones de los becarios | https://t.co/G9TVWDF4t1

Sobre el sentido de los procesos de garantía y de mejora de la calidad de la educación universitaria | https://t.co/YS80uGO3GC

Estudiantes se mudan para conseguir su título | https://t.co/Pz2q7TsFL9

Certificación de la Competencia Digital Docente: propuesta para el profesorado universitario | Paz Prendes | https://t.co/oaUnDAzU8o

Call for papers: Aprendizaje-Servicio y tecnologías digitales | https://t.co/Ou0UmxhGoZ

How Online Learning Platforms Can Support Lifelong Learners And Drive Business | https://t.co/hhOxsiuMFo

Learning about Careers: Open data and Labour Market Intelligence/Aprendizaje sobre carreras: datos abiertos e inteligencia del mercado laboral | Attwell | https://t.co/78kXU7SRax

A Visualisation Dashboard for Contested Collective Intelligence Learning Analytics to Improve Sensemaking of Group Discussion/Un panel de visualización para la Inteligencia Colectiva Controvertida ... | https://t.co/sHL301Vahw

La Divulgación Científica, Un “must” En Tiempos De Noticias Falsas | https://t.co/scsQCs2zHq

REVISTA DIM | https://t.co/LM4A6xNRWe

The world is changing. Here’s how companies must adapt | https://t.co/uiIbeOCIj2

The Future Of Intelligent Assistants In Online Training | https://t.co/DNFV5NnBc6

Aprender a través de dispositivos móviles | https://t.co/x5rRB0X2mL

From sMOOC to tMOOC, learning towards professional transference: ECO European Project. De sMOOC a tMOOC, el aprendizaje hacia la transferencia profesional: El proyecto europeo ECO | https://t.co/kb1dwqRwnI

Social Leadership: Renewal and Loss | https://t.co/bpD3PTNu4X

2019: Year of human renaissance? | Learning with 'e's | https://t.co/FeNwiBUXqn

Training versus Learning – | https://t.co/lh1hcSDGvA

Debates sobre Tecnología y Educación: Caminos contemporáneos y conversaciones pendientes | Linda Castañeda  | https://t.co/H1EEixYl3o