lunes, 4 de mayo de 2026

Altas capacidades: ¿por qué muchos alumnos no son identificados? Repasando lo básico

 Por Javier Tourón

Durante años hemos asumido —casi sin cuestionarlo— que los alumnos con altas capacidades “se ven”, y si yo no los veo es que no están. Rara vez se admite que quizá no sé qué mirar. Así, lo básico es buscar a los que destacan, sobresalen, que inevitablemente llaman la atención o molestan en la clase. Sin embargo, la realidad en las aulas desmiente esta idea con contundencia: miles de alumnos con alto potencial pasan desapercibidos cada año. La pregunta no es si existen, sino por qué no los vemos. La respuesta también es obvia: falta formación y estudio de fuentes relevantes y sobran prejuicios, opiniones sin fundamento y clichés con tintes de erudición.

Un problema estructural, no anecdótico

Cuando analizamos los datos de identificación en distintos sistemas educativos, encontramos una constante: el porcentaje de alumnos identificados está muy por debajo de lo esperable. En España esto roza el escándalo, poco más de sesenta y siete mil ochocientos alumnos identificados, según los últimos datos disponibles, de una población de poco más de ocho millones lo dice todo. Si quieres ver algunos análisis en el blog puedes seguir este enlace. No se trata de casos aislados ni de errores concretos. Es un problema estructural. Y esto tiene consecuencias. Porque lo que no se identifica, no se atiende. Y lo que no se atiende, difícilmente se desarrolla. ¿Recordamos aquello de que «el talento que no se cultiva se pierde»? Veamos algunos errores.

El primer error: buscar solo alto rendimiento

Uno de los principales obstáculos es la asociación simplista entre altas capacidades y alto rendimiento académico que, indudablemente se da; en particular cuando hay alto rendimiento, pero no siempre, pues puede haber bajo rendimiento y alta capacidad. Durante décadas hemos buscado a los “mejores alumnos” para identificar a los más capaces. Pero no siempre coinciden. Hay alumnos con alto potencial que:

  • se aburren y desconectan
  • no encuentran sentido a las tareas
  • no encajan en el ritmo del aula
  • o simplemente no han tenido oportunidad de desarrollar su talento

Estos alumnos no destacan necesariamente en calificaciones, pero sí en preguntas, en formas de pensar, en intereses profundos o en maneras diferentes de abordar los problemas. Basta que eches un vistazo a los catálogos de características típicas tantas veces señaladas en post anteriores.

El segundo error: esperar perfiles “perfectos”

Otra idea extendida es que el alumno con altas capacidades presenta un desarrollo equilibrado en todas las áreas. Un perfil armónico, sin fisuras. Pero la evidencia muestra lo contrario. Muchos alumnos presentan perfiles desiguales, en ocasiones muy desiguales:

  • alto razonamiento, pero baja escritura
  • gran creatividad, pero escasa motivación escolar
  • pensamiento avanzado, pero dificultades emocionales

Esperar un perfil “perfecto” es, en la práctica, excluir a quienes más necesitan ser comprendidos y atendidos en su peculiares necesidades educativas.

El tercer error: confiar solo en una medida

Durante mucho tiempo, la identificación se ha apoyado casi exclusivamente en pruebas de inteligencia y muchas veces de CI. Aunque estas aportan información valiosa, no pueden ser el único criterio, ya vimos esto en una entrada anterior.

Las altas capacidades son un fenómeno complejo, poliédrico, multidimensional, que incluye:

  • capacidades cognitivas
  • creatividad
  • motivación
  • contexto
  • oportunidades de desarrollo

Reducir todo esto a un número es, sencillamente, insuficiente. O mejor: imposible.

Supone anclarse en las concepciones teóricas de hace más de un siglo. Habría que preguntarse: ¿por qué no permean en el sistema educativo las concepciones actuales? ¿no llegan? ¿O simplemente se ignoran por no complicarse en exceso? Pero sigamos.

El cuarto error: identificar tarde

Con frecuencia, la identificación llega cuando los problemas ya han aparecido, y muchos dicen que esto de las altas capacidades es un problema, cuando el problema realmente es no atenderlas. Identificar tarde puede suponer entre otras muchas cosas:

  • desmotivación
  • bajo rendimiento
  • problemas de conducta
  • desconexión escolar

Por ello siempre he señalado que la identificación debería ser un proceso proactivo, temprano, preventivo y continuo, no una respuesta tardía a una dificultad.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Si queremos mejorar la identificación, necesitamos cambiar el enfoque. No basta con mejorar instrumentos, aunque también haya que hacerlo, lógicamente; hay que revisar cómo entendemos el talento. ¿Qué tal si nos fijamos en estos puntos?

1. Ampliar la mirada

Observar cómo piensa el alumno, qué preguntas hace, qué intereses muestra y cómo aprende. Su originalidad y divergencia, en ocasiones, hace casi innecesario el uso de tests.

2. Incorporar múltiples fuentes

Combinar pruebas, observación docente, familia y desempeño real.

3. Entender la identificación como un proceso

No es un momento concreto en el tiempo o algo que se hace ciertos años o en ciertos cursos, sino algo evolutivo, en cierto modo permanente.

4. Vincular identificación y respuesta

Identificar para poder actuar: ajustar la enseñanza y ofrecer oportunidades de aprender que tengan pocos o ningún límite. Si echas un vistazo a las entradas sobre IA verás que esto es más que posible. Es obvio, pero lo diré una vez más: solo tiene sentido identificar para intervenir, no para cubrir una estadística.

Una cuestión de equidad

Identificar más y mejor no es un lujo ni una cuestión opcional. Es una cuestión de equidad educativa, como ya he señalado en numerosas ocasiones.

Para terminar

Quizá el problema no es que los alumnos con altas capacidades no estén en las aulas. El problema es que seguimos mirándolos con un marco que no nos permite verlos. Cambiar ese marco no es sencillo, pero es imprescindible. Y urgente, desde luego.


Tomado de Javier Tourón