martes, 10 de mayo de 2016

Agradecimientos, disculpas y ruegos

Escribe Lorenzo García Aretio


Placa de Reconocimiento
Como vengo narrándoles en estos últimos post, AQUÍ,AQUÍ y AQUÍ, la festividad de San Isidoro de Sevilla ha tenido para mí este año un sentido especial. He recibido el homenaje de mi Facultad como catedrático jubilado, más allá de que continúo con actividad docente e investigadora como Emérito de la UNED.

En el Acto Académico Institucional de la Facultad de Educación, con motivo de la festividad del Patrono, San Isidoro de Sevilla, se realizó la entrega de la medalla de la Facultad a los tres profesores últimamente jubilados. En mi caso, se realizaron oficialmente dos laudatio o semblanza, una en el Boletín de la

Medalla de la Facultad de Educación de la UNED (anverso y reverso)
Facultad FeducaUNED por parte de la Directora de mi Departamento de Teoría de la Educación y Pedagogía Social, Dra. Marta Ruíz Corbella y la otra, en el propio Acto Académico celebrado el pasado 27 de abril, con la intervención del ilustres Profesor Emérito de la UNED, Dr. Ramón Pérez Juste, catedrático, ex-vicerrector y ex-decano en la UNED.

Pues bien, tras la laudatio del Dr. Pérez Juste, el Sr. Rector Magnífico de la UNED, Dr. Alejandro Tiana, me concedió la palabra para responder a estas laudatio. Así es que ese es el texto íntegro que les plasmo a continuación, incluyendo en el mismo algunas líneas que recorté en mi intervención por razones de tiempo.
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Rector Magnífico, Vicerrectores y Decanos presentes en este acto, queridos colegas, queridos amigos. Deseo empezar dando las gracias a mi Decano por permitir y potenciar actos llenos de emotividad, humanidad y reconocimiento como éste. Y ello lo hago con el convencimiento y determinación al afirmar que los universitarios, la familia universitaria, ¡faltaría más!, también tenemos corazón.

Me resulta extraño aparecer aquí interviniendo con una especie de adiós cuando realmente no me voy, sigo con vosotros como Profesor Emérito y viniendo por la Facultad, prácticamente todos los días. Pero hoy, en este acto, no intervengo como tal sino como uno de los tres profesores de esta Facultad, recientemente jubilado.

Amigos, llegados a esta edad, tras haber conseguido en la vida personal, familiar y profesional mucho más de lo que jamás pude esperar, y aunque nunca me callé demasiado, me encuentro ahora más liberado que nunca para decir, sin reservas, lo que pienso y lo que siento, en cuanto a mis agradecimientos, disculpas y ruegos.

LOS AGRADECIMIENTOS

Tras 35 años de servicio continuado en esta institución (4 en Centros Asociados y 31 en la Sede Central), exactamente la mitad de mi vida, que se dice pronto, estoy convencido de que esta Universidad me debe bastante por mi trabajo y dedicación a ella, a todos nos debe mucho. Con respecto a mi persona, pienso que ese servicio mío a la UNED, resulta insignificante frente al tamaño de mi deuda con esta Universidad, con esta Facultad, en definitiva, mi deuda con todos y cada uno de vosotros y lo que representáis para mí. Aquí, en la UNED, tras un largo e intenso recorrido como gestor en muy diferentes cargos académicos, como docente e investigador me he hecho junto a vosotros y junto a otros ilustres académicos que ya no están entre nosotros, y a los que deseo tener también presentes hoy por todo lo que me dieron y aprendí de ellos.

Dr. R. Pérez Juste
Dra. M. Ruíz Corbella
Muchas gracias, amigo Ramón, por tus sentidas y, seguro, que sinceras palabras. Muchas gracias,  amiga Marta, hoy no has podido estar aquí, por esainmerecida y emotiva glosa sobre mi persona que ayer publicó nuestro Boletín, y gracias, amigas Pilar Lago y M. José Sobejano por tener la oportunidad de compartir con vosotras esta fiesta de los jubilados recientes de esta Facultad. ¡Y ni un nombre más en mis agradecimientos!, sólo los relacionados directamente con este acto. No habría tiempo para nombrar a los que me aportaron, todos algo y muchos, tantísimo.

Sí, casi todos, de una u otra forma, me habéis dado algo de vosotros, me habéis ayudado a ser y a estar. Por eso, agradecimiento a los aquí presentes, a los muchos que se disculparon por no poder estar aquí hoy,  y también a los de fuera de la UNED y a tantos y tantos amigos de fuera de España. Olvidarme ahora del nombre de cualquiera de ellos no me lo hubiese perdonado. Y qué decir en este capítulo de agradecimientos de lo más importante para mí, no os molestéis, están por delante de todos vosotros, mi familia íntima a la que adoro, pero que aquí y ahora, eso no toca.

Pero si pudiera, sí quisiera personalizar con todos y cada uno de esta manera. Mi profundo agradecimiento a ti, que me apoyaste alguna vez, que me ayudaste, que colaboraste conmigo o me pediste o dejaste colaborar contigo, que me enseñaste, que no te hartaste de mí y de mis manías, que me comprendiste, que me fuiste leal, que me defendiste en alguna ocasión, que argumentaste en contra de mi opinión en otras, que me quisiste, qué se yo, en algún caso, que hasta quizás me admiraste, en fin, y para mí eso es bastante, que me sonreíste en alguna ocasión.

Mis amigos, sabed que me acepto muy bien como soy y por eso quiero agradeceros que me ayudasteis a ser así, con mis muchos defectos y, posiblemente, con algunas, aunque sean pocas, virtudes.

MIS DISCULPAS

Con seguridad, alguno de vosotros, o de fuera de este recinto, habrá podido sentirse dañado, o simplemente molesto, por algunas de mis decisiones, comentarios u olvidos, quizás por mi incomprensión a su problema o dificultad, por mis discrepancias con sus ideas, por no ayudar todo lo que alguien esperaba que hiciese. No sé, ¡por tantas cosas!

Una seguridad, sí tengo: jamás fui consciente de infringir daño a alguien, ni siquiera el más mínimo. Otra cuestión es que haya debido tomar una decisión (y he tomado muchas en mis diferentes responsabilidades asumidas) y alguien haya podido pensar que fue una decisión injusta. Pudo ser, pero nunca con conocimiento de causa, nunca con intencionalidad de dañar, ¡estad seguros de ello!

MIS RUEGOS

Tras mis agradecimientos y mis disculpas, os quería trasladar tres ruegos.

En primer lugar, a las personas. Queridos amigos, de más joven ya decía esto mismo,  que nunca olvidemos, nunca ignoremos, a nuestros mayores, nunca despreciemos su experiencia, su legado, por pequeño que éste haya sido. El progreso se construye con la sabiduría y la experiencia acumulada por quienes vamos saliendo, amalgamándolas con la nueva savia, con el impulso, con el inconformismo y la crítica de las nuevas generaciones de universitarios. Al igual, a mí mismo y a mis colegas retirados o en próxima retirada, a los mayores, en fin, ruego humildad para escuchar y esfuerzos por comprender a los más jóvenes. Y en ambos casos, siempre con profundo respeto mutuo.

En segundo lugar, a mi casa, a esta Facultad. A los que formamos parte de ella, os pido un esfuerzo por prestigiarla tanto dentro como fuera de la UNED. Dentro de esta Universidad haciendo valer nuestras ideas, exigiendo desde aquí dentro lo que nos corresponde y es nuestro, sin menoscabo de la habitual generosidad para compartir con los demás. Nosotros, los de Educación, dentro de esta Universidad, somos (debemos ser) los expertos, los que más sabemos, los que mejor entendemos la educación y el fenómeno educativo en todas sus dimensiones. Y esto, queridos colegas, hay que hacerlo valer en los foros internos y ante las autoridades que corresponda, con seriedad, rigor y, si es el caso, con contundencia. Y mirando hacia fuera de la UNED el esfuerzo ha de ir encaminado por mejorar nuestra docencia hasta el extremo de que nuestros graduados, másteres y doctores sean, si fuera posible, los mejores, y también por avanzar en la investigación educativa y la innovación, por ser pioneros, por estar presentes en todos aquellos foros y redes donde la reflexión académica, el estudio y las ideas puedan ir configurando una educación futura de mayor calidad.

Y el tercer ruego lo dirijo a todos aquellos colegas investigadores de dentro y de fuera, que a lo largo de tantos años hemos ido fraguando un gran corpus de teorías y experiencias en el ámbito de la educación a distancia en cualesquiera de sus formatos y manifestaciones. El ruego es que sigan adelante y que, en mi caso, mientras continúe teniendo fuerzas, me acompañen en esa voluntad permanente para fundamentar la práctica educativa en modalidades diferentes a la convencional presencial. Frente a tanta incomprensión ante quienes nunca creyeron en la educación a distancia, durante estas últimas décadas lo hemos conseguido hacer, pero queda mucho. Animo a todos a continuar esta tarea apasionante.

MI CANTO FINAL A LA ALEGRÍA

En mi vida, he pretendido mostrarme como un hombre enérgico, alegre, feliz, con profundo sentido del humor y he tratado de hacer atractivo el trabajo de cada día, la exigencia de cada momento, para mí y para aquellos que me rodearon. Siempre fue mi norte, que haciendo se avanza y que no haciendo se retrocede. Y si ese hacer lo desarrollamos en convivencia y buena sintonía entre todos, nuestro entorno lo va a agradecer.

Por eso, retomando ideas de Mario Benedetti, en mi trabajo he tratado de defender la alegría, la convivencia positiva, el buen humor, la ironía sana, la chispa simpática, cuando tocaba…, he tratado de defender ese estado como un principio, defenderlo frente a las críticas malsanas, frente a la angustia, la soledad y la tristeza, defenderlo de los agobios diarios, del oportunismo, de la envidia y el individualismo que nos corroen, y también, defenderlo frente a la permanente competición universitaria para ver quien llega antes, frente a las rutinas y burocracia de los plazos que nos atenazan y a las carreras de los quinquenios y sexenios, frente a las acreditaciones y a las ANECAS de turno que nos turban, frente…, a nosotros mismos.

Pues eso, frente a todo esto, intentemos, al menos, sonreír, como diría Saint-Exupéry en El Principito, "no olvides que tu único escudo ante la tristeza es la sonrisa". Y aquello otro de que, además de observarnos con los ojos, nos miremos unos a otros con el corazón. Porque, como apuntaba al principio de esta intervención, los universitarios también tenemos, eso,  corazón.

Así, frente a la tristeza, la amargura, la soledad, los egoísmos, entonemos un Himno a la Alegría, como aquel de Miguel Ríos que dice:

Si en tu camino solo existe la tristeza 
y el llanto amargo 
de la soledad completa, 
ven canta sueña cantado 
vive soñando el nuevo sol 
en que los hombres
volverán a ser hermanos.

Amigas, amigos, a los de aquí y a los de fuera de este recinto, os estoy profundamente agradecido por haberme ayudado a ser un hombre comprometido, alegre y feliz, ¡gracias, muchas gracias, por permitirme seguir siendo vuestro hermano!

Pueden ver el Vídeo de la Laudatio del Dr. Pérez Juste y mi respuesta a continuación. El acto completo de San Isidoro en la Facultad de Educación de la UNED, pueden verlo aquí: https://canal.uned.es/mmobj/index/id/50306



Tomado de García Aretio con permiso de su autor