martes, 24 de mayo de 2016

De cómo el profesorado envejece más lentamente que el resto de los humanos.

Escribe Ángel Fidalgo


fuente eterna juventud
La fuente de la juventud. 1546 Lucas Cranach el Viejo. Imagen de dominio público.
El comienzo del curso paraliza el tiempo, tenemos siempre los mismos alumnos, son caras distintas, pero la edad es la misma año tras año.  Aunque año a año envejecemos, mentalmente  nos adaptamos a un contexto que no envejece.
El comienzo del curso representa, de nuevo, la oportunidad de ser partícipes en el cambio en las vidas de nuestro alumnado. Para alguno de ellos la formación supondrá un cambio importante en sus vidas.
El comienzo del curso supone superar las mil y una cargas internas y externas que tenemos en el mundo de la educación. Vamos a tener que volver a ser Quijotes luchando contra molinos de viento.
El comienzo del curso estrenamos nuestro incremento de experiencia del curso anterior. Mejoramos los contenidos, los procesos e incluso nos atrevemos con nuevas tecnologías. Siempre estamos de estreno.
El comienzo del curso es un nuevo reto, reto para motivar al alumnado, para hacerles comprender que el aprendizaje es algo natural al ser humano, que no es una tarea que tengan que hacer de 9 a 14 h y en un aula.
En definitiva, el comienzo del curso supone mantener la ilusión, el compromiso y el deseo de contribuir a que las personas sean más personas.
Creo que el comienzo del curso es mágico, que contribuye a que no envejezcamos mentalmente. Es como una fuente de energía que alimenta nuestra mente y hace que la mantengamos viva.

Tomado de Innovación educativa con permiso de su autor