lunes, 5 de septiembre de 2016

El profesorado semilla.

Escribe Ángel Fidalgo


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Cuando un estudiante suspende o abandona los estudios, es habitual echar la culpa al mismo estudiante y decir que “no valía para estudiar”; no se hace responsable al profesorado de ese fracaso. Es cierto también que cuando ocurre lo contrario, cuando un estudiante tiene buenas notas, tampoco se hace responsable al profesorado. Cuando esto ocurre es el estudiante el único responsable, se trata de un excelente estudiante y con una gran ilusión por los estudios.
Ante la sociedad tiene más repercusión social nuestro rol de “juez” que nuestro rol de formador. El problema no es lo que piense la sociedad, sino lo que el propio profesorado opina. Algunos profesores piensan que su rol principal es el de juez, que su principal misión es acreditar si una persona tiene conocimientos suficientes sobre su asignatura. Pero para realizar esta labor vale casi cualquier persona ya que muchos exámenes podrían ser preparados por personas sin conocimiento del tema, bastaría con elegir unas preguntas de un libro y posteriormente corregirlas.
Sin embargo, el rol que no puede tener cualquier persona es precisamente el de formador. El trabajo y misión del profesorado es conseguir que florezca el conocimiento de su alumnado. El profesorado realiza bien su trabajo cuando consigue que su alumnado tenga conocimientos, destrezas y habilidades suficientes para superar cualquier prueba de evaluación relacionada con los conocimientos que imparte. Evidentemente, el profesorado fracasa cuando, de forma habitual, una alta tasa de estudiantes no superan sus pruebas.
Hay mucho profesorado, buenos profesores no lo son todos y excelentes solo unos cuantos.
¿Quién es el profesorado excelente? Aquel que no solo hace florecer el conocimiento del alumnado, sino que consigue plantar dentro de él una semilla de conocimiento que irá creciendo durante toda la vida del alumnado.
Mi recomendación es que para el próximo curso intente plantar semillas en todo el nuevo alumnado que la sociedad ponga en sus manos.

Tomado de Innovación educativa con permiso de su autor