Por Ángel Fidalgo

A la salida de un restaurante de Chongqing, que según nos dijeron es el más grande del mundo, nos encontramos con más de setenta camiones aparcados en un lateral de la carretera, con sus conductores dentro. Al ver aquella escena comenté en voz alta para qué estarían allí tantos camiones. La conductora del coche en el que viajábamos, Yunxia, detuvo el vehículo, bajó la ventanilla y preguntó a uno de los conductores. Su reacción me sorprendió y se lo comenté. Entonces me respondió con total naturalidad: “Si tienes una duda, no es culpa tuya”
La frase me sorprendió, parece que Yunxia tenía un resorte que se activaba cuando tenía una duda, simplemente preguntaba y también decía que si no le contestaban que no se avergonzaba, preguntaba inmediatamente a otra persona. Para ella, tener una duda y preguntar eran dos cosas inseparables.
El valor de la duda como recurso de aprendizaje es de los más potentes, si un alumno tiene una duda es muy probable que el resto del alumnado también la tengan, aunque ellos aún no lo sepan. Esto no parece comprenderlo el alumnado ya que cuando un alumno te hace una pregunta el resto aprovecha el tiempo para mirar el móvil, hablar entre ellos o desconectan durante unos segundos. Es como si pensaran que la duda es un tema personal entre el alumno que pregunta y el profesor que responde.
Por esta razón, trabajo mucho (y lo consigo) para que cuando una persona pregunta algo en clase, el resto del alumnado atienda e incluso pueda responder.
Para Yunxia, preguntar era un acto reflejo. En cambio, en muchas de nuestras aulas universitarias, cuando surge una duda, el acto reflejo suele ser justamente el contrario: desconectar.
Tenemos que ayudar a nuestro alumnado a entender que preguntar en clase no es un signo de debilidad, sino un acto de generosidad. Quien formula una duda crea una oportunidad de aprendizaje para toda la clase. Y quienes no preguntan deberían comprender que las preguntas de sus compañeros son uno de los recursos de aprendizaje más valiosos de los que disponen. Y también para el profesorado, que gracias a ellas puede entender mejor qué está ocurriendo realmente en el aula.
Si queremos una mejora del aprendizaje sencilla, rápida y sin inversión económica, consigamos que preguntar sea el acto reflejo que sigue a una duda.
Tomado de Investigación e innovación educativa
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