martes, 26 de septiembre de 2023

Lenguaje inclusivo: dar a las personas su verdadero nombre

Por Andrés García Barrios Tomado de EDUNEWS del Tec de Monterrey

Aquella mañana de finales de los años cincuenta, Salvador Ascencio, estudiante de secundaria del Instituto Simón Bolívar de la Ciudad de México, se aburría de lo lindo en la clase de Física. Alzó la mano, y con una maliciosa idea en la cabeza, pidió permiso para ir al baño. Ya afuera, esperó a que su gran amigo, Billy Aguirre, entendiera el verdadero motivo por el que había salido del salón: ¡irse de pinta los dos juntos! Billy no salía… y no salía… y Salvador decidió invocarlo no a través de gritos o silbidos ─que podían delatarlo─ sino apropiándose de lo último que había logrado asimilar de cuanto el profesor de Física había estado explicando y anotando en el pizarrón: el comportamiento físico de las ondas. Cerrando los ojos, se concentró en “transmitir una onda mental” a su amigo, para que saliera del salón. Para su sorpresa, la puerta se abrió enseguida, enmarcando la figura de Billy, que había acabado de comprender la propuesta. Salvador quedó convencido de que la invocación había funcionado. Feliz, pataleando de emoción, abrazó a Billy: “¡Agarraste la onda!” La emoción corrió entre los amigos.

Aquella experiencia, y la frase acuñada, no quedaron sólo entre ellos dos: como una especie de estribillo se propagó entre los demás chavos del salón, que como piezas de dominó fueron cayendo en aquel placentero uso de la palabra onda. Jóvenes a fin de cuentas, empezaron a descubrir los múltiples y maravillosos significados que podían darle: la gente tiraba buena onda o mala onda, también se le podía tirar la onda a alguien que te gustaba… Entrabas en ondatenías onda, agarrabas la onda (también podías estar fuera de onda o alguien podía sacarte de onda, por supuesto). Finalmente, toda aquella forma de hablar se sintetizó en un saludo efectivísimo: “¿Qué onda?”

Apropiados de aquella forma de hablar, los chavos siguieron su vida, que unos años más tarde incluyó el ir a pasear a la Zona Rosa, un pequeño cuadrante de la colonia Juárez que se había puesto de moda entre jóvenes escritores, músicos y artistas plásticos. Al parecer, la presencia de los alumnos del Simón Bolivar fue bien recibida por los afectos a la Zona, quienes los adoptaron como una especie de mascotas con todo su divertido y contagioso entusiasmo… y por supuesto, con aquel nuevo uso de la palabra onda, que pronto pegó entre los presentes y comenzó a afianzarse y a extenderse.

El modismo empezó a sonar en otros círculos de la ciudad, entonces no tan grande como ahora. Todos los usos inventados por aquellos chavos, más los nuevos que su flexibilidad permitía, hicieron de la nueva expresión un ícono de la época, al grado de que un día se le vio aparecer en los exitosísimos cuentos y novelas del famoso joven escritor José Agustín y de otros que en aquel tiempo innovaban introduciendo en sus textos el habla cotidiana de los chavos. “Escritores de la Onda”, empezó a llamárseles.

Muchos años más tarde, cuando este movimiento literario ya figuraba en la historia de las letras en México (y cuando, por su parte, la palabra onda ya se había convertido en el vocablo de uso común que es ahora en varios países), José Agustín recibió la visita de un ya maduro Salvador Ascencio, quien le contó cómo había surgido la palabra que daba nombre a su famoso movimiento literario. Deslumbrado, el escritor decidió investigar la historia que aquel extraño personaje le había narrado, y se encontró con que… ¡en efecto, testigos que habían frecuentado en aquellos tiempos la Zona Rosa confirmaban que habían sido “unos chavos del Simón Bolívar” los que habían llegado por primera vez con el nuevo uso de la palabra!

Cuento aquí la historia tal como me la refirió hace casi diez años su protagonista, el propio Salvador (tristemente ahora ya fallecido), con quien pude contactarme a través de su hermano Víctor, amigo de toda la vida de mi hermana. El propio Víctor me cuenta que él era un niño cuando su hermano y sus amigos llegaban a casa parloteando todo aquello de la onda, sin que él pudiera entender de qué hablaban. Al parecer, hay un texto de José Agustín donde relata la historia que le contó Salvador, pero no he podido encontrarlo (hoy la palabra ya aparece con sus acepciones sesenteras en el Real Diccionario de la Onda… perdón, de la Lengua).

Por mi parte, si me atrevo a referir esta historia es porque confío tanto en mis dos fuentes como en el hecho de que las cosas bien pudieron ocurrir tal como se me relataron y al mismo tiempo de otras maneras, superponiendo todas esas intuiciones, confluencias e interferencias que participan en la creación de un idioma.

La maravillosa anécdota merecería para ella sola uno o varios ensayos, y de ser posible, una investigación en forma. Yo la traigo aquí por dos motivos: confieso que el más importante es que no quiero retenerla más para mí solo y llevo tiempo esperando el pretexto para contarla. El segundo es que con el presente artículo me ha llegado el pretexto perfecto, toda vez que mi intención es discutir aquí sobre la forma en que cambia el lenguaje, en particular sobre el llamado lenguaje inclusivo en cuanto al género, que de acuerdo con la ONU, es “la manera de expresarse oralmente y por escrito sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular y sin perpetuar estereotipos de género”. Un caso de ello es la  propuesta de hacer modificaciones al español para convertir palabras de género masculino o femenino en género neutro, por ejemplo con el uso de la e, la x o la @ y así sustituir “alumnos/alumnas” por alumnes, alumnxs o alumn@s. O incluso, la propuesta de crear una nueva vocal inclusiva ─de nombre «secte»─ diseñada por los mexicanos Mario García Torres, artista plástico, y Aldo Arillo, tipógrafo (este último, egresado y profesor de CEDIM The School of Design, Campus Monterrey, México). Según sus creadores, “secte” sería la sexta vocal del alfabeto y “podría reemplazar la e, la @ o la x, que se han usado de manera informal en el lenguaje inclusivo.

Para empezar, la historia de Salvador Ascencio describe de una forma divertida y contundente algo que en realidad todos sabemos: que el lenguaje se propaga y se renueva como un eco… y no como un dictado; es decir, que una vez que integramos el dispositivo que llamamos “idioma materno”, sólo se puede injertar en él nuevas palabras y nuevos usos gramaticales si se hace en ideal armonía con las personas y con el contexto. Una explicación del éxito de la palabra onda en los años sesenta y setenta es que sus primeros autores fueron gente joven urgida como siempre de signos de identidad, y porque socialmente se insertaba en la poderosa corriente new age, que entre otras cosas intentaba dar explicaciones científicas a los fenómenos “espirituales”, afirmando por ejemplo que “el alma” es una forma de energía que se expresa en forma de ondas.

Hoy, al hablar de cambiar reglas gramaticales para volverlas inclusivas, hace explosión la pregunta de si el lenguaje se puede modificar por decreto. Cambiar una palabra o un uso gramatical, ¿depende de nuestra voluntad o es algo que va más allá de toda intención consciente? Según muchos, el lenguaje es una especie de estructura viva, tan compleja como cualquier realidad biológica, e igual que éstas no admite implantes arbitrarios. Sus componentes no son partes aisladas sino íntimamente relacionadas entre sí, de tal forma que un cambio en un lugar afecta al sistema entero, y todo intento de introducir un elemento artificial corre el riesgo de atentar contra la naturaleza del conjunto.

Quiero ser completamente categórico en este punto, y expresar mi oposición a que se legisle e impongan leyes en materia de lenguaje inclusivo, porque también pretendo declarar aquí mi total solidaridad con aquellas personas que se rebelan a seguir siendo nombradas de formas con las que no se identifican. El mismo peso del lenguaje que me sirvió para oponerme a la artificialidad me sirve ahora para denunciar cómo las palabras caen sobre la gente y le imponen una estructura que no sólo constriñe una parte de ella sino su persona entera. Y es que el hecho de que el lenguaje se cree y propague de forma espontánea no implica que no pueda un día descubrirse en él un trasfondo discriminatorio.

En materia de lenguaje inclusivo me gusta siempre empezar aludiendo al uso que hacemos de la palabra hombre para referirnos a la humanidad entera. Aún son mayoría quienes no ven nada raro en hablar de La historia del hombre o del Hombre moderno, y piensan que de ninguna manera ese uso excluye a las mujeres. Según ellos, no podemos decir que éstas no están contempladas en esa palabra, pues bien, aún si estuviéramos de acuerdo con tal afirmación, deberíamos decir también que tampoco las incluye. En la palabra hombre, la mujer permanece invisible y solo aparece si se la hace evidente: tenemos que acordarnos de ella para incluirla, para que exista (recuerdo ahora el maravilloso título de un libro sobre el tema: “El hombre primitivo es también una mujer”).

Ahora bien, muchos estamos de acuerdo con la propuesta de dejar de hablar de “el hombre”, así en genérico, y de referirnos siempre, por ejemplo, a “el hombre y la mujer”. Sin embargo, estoy seguro de que el número de adeptos se reduciría enormemente si un déspota ilustrado impusiera eso como ley. Por una parte, las personas tenemos todo el derecho a que no se nos nombre con términos con los que definitivamente no nos identificamos, es decir, a que se nos llame de la manera en que sí deseamos. Decirle a alguien “hombre” cuando esta palabra le repele, puede ser causa de mucho sufrimiento injusto. Sin embargo, al mismo tiempo es un hecho que imponerle a alguien que hable de una manera que no le es natural, supone también un considerable grado de violencia. Para muchos, tener que hablar “editando” una y otra vez lo que dicen, les resulta enormemente agresivo, por más que sean “de mente abierta”.

¿Debemos aceptar que la sociedad es un campo de batalla y que en este enfrentamiento unos tendrán que someterse? ¿Es posible buscar un punto de conciliación, una solución que no surja de una decisión unilateral? Como en otros de mis artículos, ha llegado aquí el momento de hablar de la educación que yo quiero, y fantasear con que las cosas se dan conforme a ésta y que encontramos un punto medio. Para ello recurro ahora al filósofo alemán Martín Heidegger y al momento en que creó la palabra dasein para traer al mundo del lenguaje lo que para él y para muchos fue una intuición formidable (el tipo de Ser que es el ser humano). Mi idea es que, al hallar ese nombre, Heidegger llevó a cabo no sólo un acto de designación sino algo más profundo, un bautizo. Nombró algo que por primera vez surgía ante él. Como todos sabemos, bautizar a alguien no es un acto mecánico, no es un acto gramatical en el sentido en que nos hacen ver la gramática en la primaria, es decir como una herramienta: pertenece a la gramática sólo si pensamos en ésta como la fuente originaria de donde brotan las palabras. Con el bautizo no se cambia el apelativo de una persona que ya existía antes sino que se da nombre a una persona nueva. Y eso es lo que nos piden las personas LGBTQI+, que les acompañemos en una especie de bautizo en donde elles no sean designades de manera superficial, funcional, sino transformades desde el fondo mismo del lenguaje.

Entre esa profundidad que todos anhelamos y la ley que tiende a conservar lo existente, debe haber un diálogo constante. Por mi parte, desearía convencer a quienes no quieren ni oír hablar de lenguaje inclusivo, de que al hacerlo, se están perdiendo de todo un tramo de su humanidad personal. A la par, me uno a quienes siguen convocando a la sociedad entera a este ritual en que los seres humanos nos damos unos a otros nuestro verdadero nombre.

Tomado de EDUNEWS del Tec de Monterrey

lunes, 25 de septiembre de 2023

Sobre la IA: ¿Qué debemos regular?

 Tomado de Universo Abierto

«Regulatory Framework Proposal on Artificial Intelligence | Shaping Europe’s Digital Future», 30 de junio de 2023. https://digital-strategy.ec.europa.eu/en/policies/regulatory-framework-ai.

La Comisión Europea propuesto el primer marco legal sobre inteligencia artificial (IA) que aborda los riesgos de la IA y coloca a Europa en una posición líder a nivel mundial.

La propuesta regulatoria tiene como objetivo proporcionar a los desarrolladores, implementadores y usuarios de IA requisitos y obligaciones claras con respecto a usos específicos de la IA. Al mismo tiempo, la propuesta busca reducir las cargas administrativas y financieras para las empresas, en particular las pequeñas y medianas empresas (PYMEs).

La propuesta forma parte de un paquete más amplio sobre IA, que también incluye el Plan Coordinado actualizado sobre IA. Juntos, el marco regulatorio y el Plan Coordinado garantizarán la seguridad y los derechos fundamentales de las personas y las empresas en lo que respecta a la IA. Además, fortalecerán la adopción, inversión e innovación en IA en toda la Unión Europea.

¿Por qué necesitamos normas sobre la inteligencia artificial (IA)?

La regulación propuesta sobre la IA garantiza que los europeos puedan confiar en lo que la IA tiene para ofrecer. Si bien la mayoría de los sistemas de IA presentan un riesgo limitado o nulo y pueden contribuir a resolver muchos desafíos sociales, ciertos sistemas de IA crean riesgos que debemos abordar para evitar resultados indeseables.

Por ejemplo, a menudo no es posible averiguar por qué un sistema de IA ha tomado una decisión o predicción y ha tomado una acción particular. Por lo tanto, puede resultar difícil evaluar si alguien ha sido perjudicado injustamente, como en una decisión de contratación o en una solicitud para un programa de beneficios públicos.

Aunque la legislación existente proporciona cierta protección, no es suficiente para abordar los desafíos específicos que pueden plantear los sistemas de IA.

Las normas propuestas:

  • Abordar los riesgos creados específicamente por las aplicaciones de IA.
  • Proponer una lista de aplicaciones de alto riesgo.
  • Establecer requisitos claros para los sistemas de IA en aplicaciones de alto riesgo.
  • Definir obligaciones específicas para los usuarios de IA y los proveedores de aplicaciones de alto riesgo.
  • Proponner una evaluación de conformidad antes de que el sistema de IA se ponga en servicio o se coloque en el mercado.
  • Proponer la aplicación después de que dicho sistema de IA se haya colocado en el mercado.
  • Proponer una estructura de gobernanza a nivel europeo y nacional.

El Marco Regulatorio define 4 niveles de riesgo en la inteligencia artificial (IA):

  1. Riesgo inaceptable
  2. Riesgo alto
  3. Riesgo limitado
  4. Riesgo mínimo o nulo

Riesgo inaceptable

Todos los sistemas de inteligencia artificial (IA) considerados una amenaza evidente para la seguridad, los medios de vida y los derechos de las personas serán prohibidos, desde la calificación social por parte de los gobiernos hasta los juguetes que utilizan asistentes de voz que fomentan un comportamiento peligroso.

Riesgo alto

Los sistemas de IA identificados como de alto riesgo incluyen la tecnología de IA utilizada en:

  • Infraestructuras críticas (por ejemplo, transporte), que podrían poner en riesgo la vida y la salud de los ciudadanos.
  • Educación o formación profesional, que pueden determinar el acceso a la educación y la carrera profesional de alguien (por ejemplo, calificación de exámenes).
  • Componentes de seguridad de productos (por ejemplo, aplicaciones de IA en cirugía asistida por robots).
  • Empleo, gestión de trabajadores y acceso al trabajo por cuenta propia (por ejemplo, software de clasificación de CV para procedimientos de contratación).
  • Servicios privados y públicos esenciales (por ejemplo, calificación crediticia que niega a los ciudadanos la oportunidad de obtener un préstamo).
  • Aplicación de la ley que puede interferir con los derechos fundamentales de las personas (por ejemplo, evaluación de la fiabilidad de la evidencia).
  • Gestión de migración, asilo y control fronterizo (por ejemplo, verificación de la autenticidad de documentos de viaje).
  • Administración de justicia y procesos democráticos (por ejemplo, aplicación de la ley a un conjunto concreto de hechos).

Los sistemas de IA de alto riesgo estarán sujetos a estrictas obligaciones antes de que puedan ser puestos en el mercado:

  • Sistemas adecuados de evaluación y mitigación de riesgos.
  • Alta calidad de los conjuntos de datos que alimentan el sistema para minimizar riesgos y resultados discriminatorios.
  • Registro de la actividad para garantizar la trazabilidad de los resultados.
  • Documentación detallada que proporcione toda la información necesaria sobre el sistema y su propósito para que las autoridades evalúen su cumplimiento.
  • Información clara y adecuada para el usuario.
  • Medidas apropiadas de supervisión humana para minimizar el riesgo.
  • Alto nivel de robustez, seguridad y precisión.

Todos los sistemas de identificación biométrica remota se consideran de alto riesgo y están sujetos a requisitos estrictos. El uso de la identificación biométrica remota en espacios de acceso público con fines de aplicación de la ley está, en principio, prohibido.

Se definen y regulan estrictamente excepciones limitadas, como cuando sea necesario buscar a un niño desaparecido, prevenir una amenaza terrorista específica e inminente o detectar, localizar, identificar o procesar a un autor o sospechoso de un delito grave.

Dicho uso está sujeto a autorización por parte de un órgano judicial u otro organismo independiente y a límites adecuados en cuanto a tiempo, alcance geográfico y bases de datos consultadas.

Riesgo limitado

El riesgo limitado se refiere a los sistemas de IA con obligaciones específicas de transparencia. Cuando se utilizan sistemas de IA como chatbots, los usuarios deben estar conscientes de que están interactuando con una máquina para que puedan tomar una decisión informada sobre si continúan o retroceden.

Riesgo mínimo o nulo

La propuesta permite el uso gratuito de la IA de riesgo mínimo. Esto incluye aplicaciones como videojuegos habilitados para la IA o filtros de correo no deseado. La gran mayoría de los sistemas de IA actualmente utilizados en la Unión Europea entran en esta categoría.

Tomado de Universo Abierto

viernes, 22 de septiembre de 2023

¿Piensas en cómo piensas?

 Por Mariana Sofía Jiménez Nájera

Los salones de baile siempre están rodeados de espejos. En ellos, los bailarines son capaces de verse a sí mismos siempre, y con la ayuda de maestros y de la observación constante pueden corregir sus posturas y pasos para  mejorar su técnica. Como en muchos ámbitos, la reflexión es fundamental dentro del aprendizaje. Sin embargo, dentro del contexto educativo no existe un espejo que nos ayude a vernos a nosotros mismos, pero sí existe un medio, el cual es intangible, para conocer nuestros procesos cognitivos y trabajar en ellos: la metacognición.

¿Para qué pensar en cómo pensar?

La metacognición es la capacidad de las personas de reconocer la manera en la que piensa, y de esta forma pueda planificar, monitorear y evaluar su proceso de pensamiento. Esta habilidad permite a las personas comprender los objetivos de su aprendizaje y cómo lograrlo mediante  estrategias, así como reflexionar sobre sus fortalezas y debilidades con respecto a los resultados obtenidos.

Así como los bailarines viéndose al espejo, las personas pueden mejorar sus técnicas de estudio para recibir nuevos conocimientos efectivamente, además de comprender cómo recuerdan y procesan nueva información. También es una aptitud que propiciará el aprendizaje a lo largo de la vida, y favorecerá el estudio de cualquier materia; lo cual propicia a las personas a continuar aprendiendo, facilitando y normalizando su adaptación a nuevas tendencias y situaciones de aprendizaje.

La metacognición motiva a las personas ya que les permite tener el control de su propio aprendizaje. Al ser capaces de estudiar de manera autorregulada y reconocer cómo piensan, saben cuándo y cómo utilizar la estrategia que más les convenga para lograr sus objetivos de aprendizaje eficazmente. La creatividad, el análisis analítico y la comunicación efectiva son algunas de las habilidades que se desarrollan al estar familiarizados con su proceso de pensamiento. Mientras que la metacognición abarca una gran parte del aprendizaje en general, al momento de estudiar algo nuevo se puede aplicar el siguiente proceso para acostumbrarse a practicar esta habilidad con el siguiente diagrama:

Como podemos observar, debido a la consciencia constante de los propios procesos cognitivos, los resultados del aprendizaje obtenido incrementarán. Las personas conocerán datos muy interesantes sobre sí mismos como: cuáles son los horarios en los que son más productivos, qué los distrae de sus estudios, cuáles son los métodos que más se acoplan a la forma en que memorizan o retienen información, entre otros.

¿Cómo se ve la metacognición en la práctica?

El proceso de metacognición lo podemos aplicar en el siguiente ejemplo: Francisco tiene un examen de su materia menos favorita (Historia) próximamente. Para él es difícil identificar las fechas y los lugares donde ciertos acontecimientos de la Guerra Fría se llevaron a cabo, por lo que él sabe que subrayar el texto o hacer un resumen por sí mismo no le será suficiente para sacar una calificación satisfactoria.

Con el fin de no reprobar la materia, Francisco decide reunirse con un grupo de amigos una semana antes del examen para concentrarse en la temporalidad de los eventos que se llevaron a cabo durante esta guerra. Decide apoyarse en un pintarrón para realizar una línea del tiempo y así acomodar las fechas para visualizarlas fácilmente y compartir conceptos clave con sus compañeros, esto con la finalidad de recordarlas con más facilidad. Conforme se acercaba la fecha del examen, Francisco se sentó a solas para repasar la guía de estudio que realizó con sus amigos, recordando los comentarios que se hicieron durante la reunión.

Al llegar el día del examen, Francisco pudo recordar y relacionar los eventos de la Guerra Fría con los comentarios de sus compañeros, así como la línea del tiempo que hizo en conjunto con ellos; por lo que se sintió seguro al momento de contestar la evaluación. Finalmente, Francisco se enteró de que tuvo una muy buena calificación; por lo que sabe que volverá a prepararse de la misma manera para el siguiente examen.

En este ejemplo, Francisco es consciente que estudiar por sí solo no le servirá para repasar una materia que sabe que se le dificulta, anticipando a su vez sesiones de estudio con sus amigos, para luego estudiar a solas lo repasado con ellos; por tanto, supo manejar una estrategia para llegar a su meta. Utilizó la línea del tiempo que lo ayudó a visualizar con más facilidad los eventos, además de comentarlos para recordarlos más fácilmente. Si él hubiera dejado todo a último momento, no le hubiera dedicado el tiempo suficiente ni estudiado sin la compañía de sus amigos y los resultados hubieran diferido enormemente.

¿Cómo incentivar la metacognición en mis estudiantes?

Siendo una habilidad trascendental en la vida de las personas, la metacognición suele ser infravalorada en todas las etapas educativas. Por consiguiente, es importante que los docentes sean capacitados en esta habilidad, pero no solo para que sea transmitido a su alumnado, sino también para que aprendan sobre sus propias acciones pedagógicas, con la finalidad de anticipar y evaluar; mejorando el modo  de compartir sus conocimientos a un determinado salón de clases.

Del mismo modo, recomendamos algunas actividades que pueden implementarse dentro del aula para desarrollar esta importante herramienta:

  • Informar: Una buena práctica es informar al alumnado lo que se espera de ellos, los temas que se abordarán y el objetivo de la lección. Es así como se clarifica el panorama con respecto a lo que se verá en clase para que los estudiantes puedan establecer estrategias para afrontar la clase del día.
  • Cuestionar: Al hacer una pregunta en clase y que un alumno conteste, es muy útil preguntar el porqué de su respuesta. De esta forma, tanto el docente como el grupo podrán visualizar el proceso de pensamiento de su compañero, lo cual podrá traer a la luz una discusión sobre las diferentes estrategias para llegar al mismo resultado. Es así como los alumnos podrán conocer las diferentes formas de pensar diferentes a las de ellos, y tal vez adoptar algún método distinto a lo que está acostumbrado.
  • Empezar un diario escolar: Tomando en cuenta la introversión de algunos alumnos en el aula, este es una buena opción para impulsar la práctica de la metacognición. Después de una clase puedes pedirles a los alumnos que en un pedazo de una hoja de papel escriban lo que aprendieron o cómo lo aprendieron en un minuto. Si tienes más tiempo o deseas que esta sea una práctica regular, empezar un diario con estas (o más) preguntas al terminar cada clase también es buena idea.
  • Retroalimentación entre compañeros: Para conocer más de cerca los procesos de pensamiento entre compañeros se pueden hacer grupos pequeños para revisar actividades en clase y discutir sobre las estrategias de pensamiento que tomó cada estudiante para llegar a su objetivo.
  • Autocorrección: Los errores son los mejores maestros, aprendes más de ellos a que no cometieras ninguno. Una práctica muy interesante es esta, la cual consiste en que, al entregar los resultados de una evaluación, el o la profesora disponga de las respuestas correctas para que los alumnos comparen y reflexionen acerca de lo que contestaron y lo que es correcto; y así, corregir sus errores ellos mismos.

Las personas que utilizan sus habilidades metacognitivas son más propensas a tener un aprendizaje activo, ya que saben cuando algo no les hace sentido y hacen lo posible para resolver sus dudas, en vez de continuar con sus estudios pasivamente. Es gracias a esto que se desarrollan soft skills (“habilidades blandas” o “habilidades poderosas”) importantes para trabajar en equipo, tales como la colaboración y la resolución de conflictos. La metacognición incentiva el entendimiento de nosotros mismos a través de la reflexión, conociendo nuestras propias fortalezas y debilidades, además de evaluar nuestras acciones para corregirlas y mejorar nuestros procesos. El conocimiento de uno mismo es la clave para tener un aprendizaje más efectivo y duradero, ¡no dudes en tomar unos minutos para reflexionar sobre ti mismo y conocerte cada vez más!

Tomado de EDUNEWS del Tec de Monterrey